SACANDO VERDADES

Hinata nunca había ido a una fiesta de victoria. Nunca había estado en una fiesta en realidad. Ahora que lo pensaba, la última fue su cumpleaños número cuatro. Y llegar a esa casa, donde todo era estrafalario y ruido confuso de gritos y voces, algunas claras, otras alteradas por el alcohol, otras ni siquiera se sabía que las afectaba. Todo era muy intenso. Su primer impulso, fue echarse para atrás, pero justo se encontró con el pecho de Naruto, este le sonrió alegre y de forma natural la rodeo con su brazo.

Hinata se sintió protegida y feliz. Sintió que en ese espacio, ese pequeño espacio que producía el brazo de Naruto con su pecho era su hogar.

Muchos de los amigos de Naruto la miraban con curiosidad pero eran amables, nadie la hizo sentir incomoda hasta que llego… Shion.

La rubia hizo su entrada triunfal como animadora principal, caminando y contoneando las caderas al ritmo de la música, casi parecía que su entrada era planeada.

—El beso al ganador. —Cantaban sus amigas Fuu y Amaru. Vieja tradición en la que la capitana de porristas condecoraba a quien había protagonizado la proeza del partido.

—Espera —dijo Amaru. —No puedes darlo tú, ahora estas con el tarugo. —rio.

Shion, se molesto al escuchar el comentario de su supuesta amiga.

—Lo daré yo. —Dijo Fuu. —Aproximándose a Gaara.

Este ni siquiera se inmuto. Fuu se acercó cada vez más y justo cuando el beso estaba a punto de suceder, el pelirrojo se levantó y dio la vuelta.

Fuu giro su rostro rojo de cólera y tal vez un poco también de vergüenza, ¿Quién se creía que era? Había rechazado un beso de ella. La próxima abeja reina del instituto. ¿En serio?

Fuu no podía dejar las cosas así. Veía las caras de los chicos y de muchas de sus compañeras porristas, apenas soportando las carcajadas que pretendían salir a borbones.

Giro su rostro, y su mirada se detuvo en Naruto, este estaba serio, pero no solo eso. No estaba salo. Rodeaba con sus brazos fuertes, los hombros de una flacucha morocha. ¿Quién rayos era esa?

Ni siquiera tuvo que preguntar. La respuesta salto frente a ella en segundos…

—Hyuuga. —Canturreo Amaru.

Claro, era esa chica loca, fanática de Naruto.

Fuu y Amaru se miraron entre ellas y regresaron su vista a Naruto.

—Mira nada más Narutiiin, —chillo, con fingida felicidad la peliazul, para que todo mundo escuchara. La música se detuvo. —Al fin la has encontrado…

Naruto la miro confundido. ¿Estaba borracha?

Hinata, vio el futuro en un milisegundo. Fuu, diría… —¡No! —Le grito a la chica de cabellos azules. —No lo hagas.

Naruto, miro el terror en los ojos de Hinata y, la abrazó más fuerte. ¿Qué sucedía? —¿Qué sucede? —Le pregunto.

—Me tengo que ir. Debo irme. —Intento deshacerse del abrazo de Naruto.

—Claro que no, Hina, mi vida, tranquila. No sucede nada. —Dijo en un tono maternal escalofriante la pelirroja. (Al menos eso le pareció a Hinata)

—Dejen a Hinata tranquila. —Les advirtió el rubio.

—¿Quién quiere molestar? —Volvió a hablar Fuu.

Temari e Ino se interpusieron entre las porristas y la pareja. —Dejemos el tema chicas.

—Es cierto. Vámonos. —Intento decir Shion, sin lograr que nadie le escuchara.

—Espera amiga. —Le respondió Amaru. —Solo te contare algo. ¿Nunca te hablamos de la chica loca que seguía a Naruto a todos lados y no paraba de dejarle postres en su casillero? ¿Recuerdas? —Rio. —Es ella. ¿No es tierno que por fin estén juntos? Tú ex con su acosadora. Una historia de amor épica. —Rio un poco más.

La gente que los rodeaba se quedó muda.

Naruto no sabía qué hacer, sentía a Hinata temblar en sus brazos y a todos mirando atentos los movimientos de la pareja.

Ino y Temari, miraban con algo similar a lastima combinado con consternación a Hinata.

—¿Hinata? —Naruto le llamo.

Ella no le dijo nada, se quitó su brazo de encima y salió corriendo antes de que alguien dijera:

—¿Qué rayos? —Ese había sido Gaara, que fulminaba con la mirada a las porristas y se acercaba a Naruto, para darle un empujón. —Ve por ella.

Aun a la distancia Hinata escucho las carcajadas del par de porristas que habían revelado a todo el mundo, el secreto que había cargado por años. Por una vez en su vida se había sentido feliz, pero había sido algo tan efímero y pasajero, que pasaba de ser un sueño a una pesadilla.

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