UN HOGAR ENTRE SUS BRAZOS
Se encerró en su habitación. Aun recordaba el día que Amaru le había increpado mirar a Naruto.
Ellos eran aún unos niños, todo visto desde la perspectiva de la ojiperla.
Hinata, tenía la costumbre de ir a casa de los Uzumaki a ver a la señora Kushina, ella se lo había pedido en el funeral de su madre y había insistido varias ocasiones después. Ese día en particular, había llegado Naruto acompañado de muchos chicos, entre ellos estaba Amaru, habían ido a la fiesta de cumpleaños de Gaara y ahora esperaban en casa del rubio a que pasaran por ellos.
Hinata, como de costumbre, miraba con anhelo al rubio que tanto admiraba.
—¿Tú quién eres? —Le pregunto la niña del cabello rojo con desdén.
—So… soy Hinata.
—¿Te gusta Naruto?
La pregunta le había tomado por sorpresa. Pero no podía negarlo. Claro que le gustaba. Aunque hasta ese momento ella era completamente invisible para él. Se había limitado a sonrojarse y asentir.
La chica pelirroja la tomo del brazo bruscamente y la llevo a la cocina. La abofeteo y grito que era una mosca muerta, que jamás alguien como ella estaría a la altura de Naruto. Le había dicho tantas cosas dolorosas, desde que sus ojos parecían de monstro hasta que tenía el cuello tan largo que parecía una jirafa enferma, que su piel era tan pálida que parecía un fantasma, infinidad de cosas ofensivas y horribles para una niña… Solo tenía 11 años en aquella ocasión.
No regreso a la casa Uzumaki, por mucho que insistió la señora Kushina y desde ese día se habida dedicado a verlo desde la distancia.
La misma chica, Amaru, la había visto una vez, llevando los bocadillos a Naruto, y después de acorralarla con Fuu y acabarla en insultos agrego. —No te preocupes, no le diremos que eres tú.
—Aunque le dijéramos, ni él ni nadie saben quién eres. —Había dicho Fuu con malicia…
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Lloro largo y tendido un buen rato. Hasta que un ruidito la despertó. Se escuchaban golpecitos en su ventana. Se levantó y camino hacia ella. Se encontró de frente con Naruto, había subido por la enredadera y le hacía señas para que le abriera la ventana.
Ella lo hizo, más por acto reflejo que por estar consciente.
Naruto se deslizo dentro de la habitación. Camino de un lado a otro y después enfrento a Hinata.
—¿Qué hay? —Intentaba sonar despreocupado.
Hinata inclino u rostro y lo miro con duda. ¿Qué hay?
—¿Estas bien? —Agrego después de unos minutos.
La pelinegra no supo que responder. Aunque lo que gritaba su corazón era. ¡No, claro que no lo estoy!
—No me importa lo que dijeron esas locas.
Hinata lo miro con recelo.
—Yo… yo ya lo sabía. —Confeso Naruto.
Hinata entorno los ojos. No entendía bien lo que sucedía. ¿En qué mundo, alguien que sufre de acoso dice «No me importa»? Lo que tendría que haber hecho era levantar una orden contra ella, decirle que no se le podía acercar e menos de mil metros o algo similar.
—Lo juro, no me importa. Me ha encantado saber que había alguien al pendiente de mí. Sé que suena raro, pero siempre quise saber quién era. Y cuando supe que eras tú… yo solo… no sé… yo quería que tú, fueras ella.
—He sido invisible para ti por años. —Dijo Hinata. ¿Intentaba tomarle el pelo?
—Lo sé. Y es la hora que no entiendo como sucedió eso. Pero me gustas Hinata.
Hinata dudaba mucho de las palabras de Naruto, porque ella era una chica simple, mejor dicho simplona, sin ninguna gracia o punto a favor. —No soy… bella… No soy una chica como Shion.
—Cierto.
Hinata sintió un golpe. Vaya, Naruto no era muy sutil ¿cierto?
—Gracias al cielo, no eres como Shion, pero Hinata, eres hermosa. De eso no tengas duda.
—Pero…
—Me gustas, —volvió a decir. —No para presumirte, me gustas, porque me apoyas y me has dado toda tu atención sin siquiera obtener algo de mí. Yo quiero hacer lo mismo. —Poco a poco se acercó a ella, tomo su mano y la beso. —Quiero saber todo de ti. ¿Me permites? —Acerco su rostro al ruborizado de Hinata. —Me gustas de verdad.
Todo era tan irreal e ilógico. La única explicación coherente y posible era que eso era un sueño. ¡Claro!, tenía que ser un sueño, y en sus sueños, ella podía ser y hacer lo que quisiera ¿cierto?
Por lo que si Naruto le sonreía en ese momento era porque ella lo hacía, ella lo estaba haciendo, todo era producto de su imaginación. Y si quiera besarlo podía hacerlo. Porque era su sueño, ella hacia las cosas ahí.
Entonces se acercó, se acercó todo lo que pudo, se colgó de su cuello como siempre lo había querido y lo beso. Lo beso como si hubieran estado juntos siempre, como si hubieran sido hechos el uno para el otro, moldes de almas gemelas separados por error.
Naruto no se esperaba ese beso. Claro que quería besarla, pero, no se esperaba que ella lo besara, no se esperaba el hambre con el que comenzó a devorar sus labios. Casi le era difícil seguirle el paso, se aferró a su cintura y la apretó hacia sí mismo.
Esa chica resultaba ser fuego. Le pareció increíble. O sea, la niña temerosa, rara, que había pasado desapercibida de sus ojos por años.
Él había ido ahí, preocupado por ella, pensando que estaría hecha pedazos por las palabras de ese par de culebras, y cuando la miro por la ventana, comprobó, que sus sospechas habían sido verdad, tenía los ojos hinchados y algo rojos, lo que indicaba que había llorado mucho o, que había estado durmiendo… pero bueno, lo importante en ese momento era que ella se lo estaba comiendo vivo, en ese momento no había muestras de la Hinata tierna, temerosa y cariñosa, tenía frente a él, a una chica sexy, segura y salvaje… y no sabía cómo actuar… Él solo había ido a aclarar las cosas, a decirle lo que sentía y ahora parecía que su confesión había pasado a segundo plano… se sintió intimidado. No conocía a esta chica, no entendía lo que estaba pasando… ella lo estaba… lo estaba… ¿desnudando?
—Hey, Hinata, para… espera… Hi… Hinata. —Intento tomar las manos de la pelinegra, intento alejarla un poco para mirarla mejor. Error. Lo que vio en Hinata, lo dejo helado.
Ok. Todo lo contrario a helado. Era el cuerpo más perfecto y proporcionado que jamás hubiera visto. ¿En qué momento ella se había deshecho de su ropa?
—¡Dios santo! —Dijo el rubio, verdaderamente impactado de lo que veía.
Hinata, se detuvo, y lo miro confusa.
—Eres la mujer más hermosa del mundo. —Volvió a hablar el ojiazul, casi sin aliento. ¿En qué momento había dejado de respirar? Su mirada había dejado de ser azul. Sus ojos se habían dilatado tanto, que se veían más oscuros, casi negros.
La pelinegra se sintió descolocada. —¿Qu… ?
No termino de hablar, ahora fue Naruto quien se lanzó contra ella. La beso, con igual o más efusividad que ella antes, acaricio sus brazos, y estaba ansioso por recorrer el resto de su cuerpo, pero no se atrevía.
Ella se aferró a sus hombros, sus piernas temblaban y su corazón, corría el riesgo de colapsar, no creía que fuera posible dar tantos latidos por segundo.
En algún momento, y sin ser muy consientes habían llegado a un sofá, Naruto la recostó lentamente y se colocó de forma delicada sobre ella, pero resistiendo el peso de su cuerpo con uno de sus codos, su otra mano, se dedicaba ahora, a acariciar la cara, cuello y cabello de la Hyuuga. Hinata rodeaba su cuello, a pesar del salvajismo con el que había iniciado su encuentro, Hinata era una chica en extremo inocente, y muy inexperta, lo que resultaba evidente, para Naruto, pues aunque lo había besado con hambre, sus movimientos eran torpes.
Él, poco a poco fue mostrándole el camino a seguir, motivando con sus caricias la respuesta de ella. Para Hinata, estar ahí con su rubio amado, le parecía algo natural, aunque aún dudaba que fuera cierto, aun dudaba que no fuera solo un sueño maravillosamente logrado.
Naruto la besaba con tanta exquisitez, tomaba su tiempo, para saborearla, para escucharla, para sentirla, había llevado todo al lado más profundo de sus emociones. Su mano libre, al igual que su boca, comenzaron a explorar otros lugares del cuerpo de la chica. Su mano recorría con más confianza, los costados y sus labios, que para ese momento saboreaban su cuello, marcaban su camino con inclinación al sur.
Cuando el rubio quiso probar suerte con los exuberantes montes que habitaban en el pecho de Hinata, levanto su rostro para observarla, para ver su reacción, pero al hacerlo se congelo, verla, fue como entrar en un hechizo aun más poderoso, se sintió dominado y superado de exitacion. Ella abrió los suyos cuando ya no sintió las caricias del él recorriéndola.
El rubio la miro fijamente. En los ojos de Hinata veía un deseo que no había visto hasta ahora, ni en ella ni en nadie más. Inconscientemente paso su lengua por sus labios, la boca se le había secado y un jadeo salía de ella sin su consentimiento.
Para salir del trance, el rubio parpadeo un par de veces, e intento no demostrar lo intimidado que se sentía por ella.
Hinata llevo su mano temblorosa al torso del rubio. Lo palpo y acaricio, lentamente mientras sentía bajo su tacto como se erizaba la piel bronceada. Dijo algo que Naruto no entendió, él, solo pudo mirar sus preciosos labios rosas brillando por la actividad que tan fervientemente habían desarrollado hace unos instantes.
Lo que había dicho la chica de ojos plateados fue: —No pares…
Pero al notar que el rubio se había quedado estático, fue ella quien continúo con la faena que había dejado el rubio hace unos momentos, empezó a recorrerle el cuello y los hombros son sus besos, Naruto se dejó hacer. Para la Hyuuga en ese momento el resto del mundo no importaba, el cielo podía estarse cayendo, podría estarse terminando la era de la humanidad, pero eso a ella no le importaba. En ese momento solamente importaban ellos.
Eso no era un sueño, era real. Y estaba dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.
—No te imaginas cuanto te amo. —Soltó la pelinegra.
Esto Naruto, si lo escucho. La miro, y vio sus ojos tan brillantes, que temía que estuviera llorando.
—Esta noche mi cuerpo es tuyo. —volvió a decir. —¿Lo… lo… deseas?
A Naruto lo invadió algo similar a la ternura, en efecto, Hinata estaba llorando, el rubio, le retiro un mechón de cabello de la cara, y acaricio su mejilla, deseo protegerla durante el resto de su vida. —No sabes cuánto, no tienes una idea… —le respondió. Volvió a besarla y la abrazo con fuerza.
Las carias se reavivaron y le dieron forma al preámbulo de su unión.
—¿Estas segura de esto? —Le susurro. Él estaba muy nervioso, y suplicaba porque ella no notara sus manos temblorosas.
La Hyuuga asintió.
El rubio trago saliva, respiro profundamente preparándose para lo que venía. Quería ser cuidadoso, quería… quería… confesarle todo lo que sentía. Como ella, se había convertido en el pilar que lo mantenía en pie, sin siquiera saber quién era, pero no podía, las palabras se atoraban en su garganta.
—Hazlo… —Le pidió en un susurro la Hyuuga.
El obedeció. Se dispuso a consumar su unión, al hacerlo, noto el dolor que le provocaba a la pelinegra, Hinata respiraba con dificultad y mordía su labio inferior fuertemente. Naruto le limpio algunas lágrimas que corrían por sus mejillas, él no quería eso, no quería lastimarla… Quería hacerla feliz, quería cuidarla y protegerla… Ella, al notar que Naruto se preocupaba, tomo su rostro entre sus manos y tratando de modelar lo mejor posible su voz, le dijo: —Estoy bien.
Poco a poco el cuerpo de Hinata dejo de tensarse, el placer empezaba a hacerse presente, aunque aún se combinaba con unas cuantas oleadas de dolor.
Al sentirlo, Naruto, se concentró en hacerlo perfecto, en hacer que el regalo que le daba Hinata valiera la pena, para ella. Que quedara en su mente y en su corazón para toda la vida. Porque era un hecho, que jamás iba a dejarla ir. Esas eran sus bases para estar juntos.
Hinata lo amaba con su corazón y su alma, él no podía quedarse atrás.
Más tarde, cuando sus corazones habían regulado los latidos y la calma reinaba en la habitación. Hinata con los ojos cerrados acariciaba la espalda del rubio, aunque lo hubiera intentado, le era imposible quitar sus manos de él, ahora que por fin lo había tenido para ella.
El rubio separo su mejilla del pecho de Hinata y la miro, esperando que ella abriera los suyos y así conectar sus miradas. Cuando lo hizo le dijo: —Yo… no sabía que algunos ángeles tuvieran la luna en la mirada y un hogar entre sus brazos. Pero he encontrado uno.
Hinata nunca estuvo más de acuerdo con las palabras de Naruto. Ella definitivamente estaba en su hogar.
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