Capítulo 2
Pov Edward.
La infancia es una etapa que jamás olvidare, mis padre son los mejores que conocido, suena raro pero he vistos padres que son unos irresponsables, pero los mío han luchado para que no nos falte nada, los mejores colegios, las mejores preparatorias y por supuesto las mejores Universidades, todo para que nosotros fuéramos alguien en la vida y poder mantener a nuestra familia si alguna vez la teníamos.
Carlisle Cullen, el mejor medico de todo el estado de Washington, cirujano y ahora director del hospital de Forks, el mejor padre que alguien puede tener, el pasaba cada tiempo libre con nosotros, jugábamos mucho baseball o también jugaba a las muñecas con mi hermana, eso era digno de ver, nosotros constantemente nos burlábamos de aquello. Esme Platt, es un amor de mujer, siempre ha estado a nuestro lado para apoyarnos y aconsejarnos cada vez que lo necesitamos, pasando miles de noches en vela cuando alguno de nosotros estaba enfermo o solo eran simples pesadillas. Ella es una de las mejores decoradoras del país, reconocida y sobre todo solicitada por su gran trabajo, es increíble que ella quiera vivir en un lugar donde siempre llueve y todo es verde, ella podría vivir en pleno corazón de New york, pero el amor es más grande que cualquier cosa, por eso se mudó junto con mi padre a ese lugar, a ese pequeño pueblo llamado Forks. Antes vivíamos cómodamente en Los ángeles California, pero a mi padre le ofrecieron un puesto que no quiso rechazar y se fueron a Forks.
Emmett es mi hermano mayor, él es como un niño en un cuerpo de hombre, musculoso, como Hulk, aun no creo que sea mi hermano, si no fuera porque ambos compartimos los ojos de mi madre, un color verde esmeralda, aunque los de Emmett son un poco más oscuros que los míos. Él tiene 24 años y se ha mudado a Port Ángeles y va a trabajar en el hospital junto con mi padre, es enfermero, no quiso hacer carrera en cirugía, él es feliz así y mi padre también. Alice que tenía 16 años cuando se mudaron, estaba feliz con aquella decisión, ella es muy menudita, con rasgos de duende, su cabello es de un negro oscuro como el carbón, sus ojos de color celestes como los de mi padre, muy alegre y extrovertida, amante de las compras y de los cambios de look, ella seguiría estudiando en Forks y también seguiría estudiando en la universidad, quería estudiar Diseño su gran pasión y luego poner una casa de modas y ser reconocida por todo el mundo.
Yo, Edward Cullen, Pediatra y era feliz o eso creía hasta hace dos años y medios. En la universidad conocí a la que sería mi esposa, fue en el primer año, su nombre Leah Black, una morenaza que me robo el corazón, unos ojos negros hermosos, nos conocimos en una de las clases, pues ella también estaba estudiando Pediatría, salimos un par de veces y comenzamos una relación, todo era como debía, salíamos, compartíamos varios gustos y nos encantaba pasar tiempo juntos. Lo pasábamos bien a los 6 meses de nuestra relación y en completa sorpresa supe que ella estaba embarazada, a pesar de todo lo que con lleva un embarazo, eso de sus antojos y las benditas hormonas, estábamos felices aun que mis padres no mucho ya que esperaban a que termináramos la universidad, luego casarnos y allí tener familia. A los nueve meses después, el día 31 de julio del 2003 nació Jacob Williams Cullen Black, nuestro hijo, era un niño se piel rojiza, ojos cafés y de cabello oscuro. Nada parecido a mí y como siempre mi hermana Alice me dijo que algo estaba mal, pero yo no le tome en cuenta, era una niña de 16 años, porque iba a escuchar a alguien que trataba de arruinar mi felicidad y la de mi ahora familia.
Al mes de que Jacob naciera, nos casamos ya que así lo hubiera querido mis padres, solo para que mi vida completa se callera a pedazos unos días después de la boda, ella comenzó a estar cada vez más distante, ya no éramos lo que solíamos ser, ya no habían caricias ni besos, ya no habían las tardes paseando o solo hablando, ella comenzó a dejar de lado a Jacob, sin darnos cuentas nos alejamos y siempre tenía escusas para todo, si yo le proponía un plan para que saliéramos juntos como una familia, ella decía que tenía que estudios o trabajar, ya nunca más estuvimos juntos. A los cinco meses de casados, descubrí que mi esposa me era infiel y peor aún, mi hijo no era mío, sino que era de su amante, por lo que entendí que ella me engaño durante toda nuestra relación. Todo se volvía negro, ella me había sido infiel desde el principio y yo no me había dado cuenta, había sido tan estúpido para no ver las señales, o solo estaba enamorado. Todo lo que tenía tenia se había esfumado, el alma me dolía y solo quería desaparecer, había sido un estúpido por creer en ella, por pensar en que sería feliz para siempre, había sido un completo idiota pensando en que el amor era lo único que necesitábamos para ser felices, pero que equivocado estaba, ella jamás me amo, todo había sido una mentira y jamás supe el porqué de toda esa mierda o porque estuvo conmigo cuando bien podía estar con su amante.
Un día cualquiera había ido a la universidad solo me quedaban un par de meses y todo se habría terminado, había tomado la decisión de no hundirme en la miseria, estábamos haciendo los papeles del divorcio y pelearía por la custodia del niño, sea como sea Jacob era mi hijo y nadie me lo quitaría, había dejado a Jacob con mi madrear, no quería contratar una niñera cuando mi madre me rogaba que se lo dejara. Saliendo de una de mis clases mi teléfono sonó, era mi padre avisándome que Leah tenido un accidente de tránsito, iba con un hombre, supe que andaba con su amante, mis padres lo sabían todo, no tenía caso ocultar lo inevitable. Corrí hasta el hospital allí Carlisle me dijo que el chico con el que iba con Leah había muerto ya que no llevaba el cinturón de seguridad por lo que salió eyectado por el parabrisas, muriendo en el lugar del accidente, no sabía si estar feliz o triste. Me llevo donde estaba Leah, estaba llena de cables y tubos, su rostro estaba completamente desfigurado, mi padre no dio muchas esperanzas.
Me acerque a su cama, estaba con la ropa adecuada para estar en la unidad de cuidados intensivos, ella tenía sus ojos cerrados y el holter sonaba débilmente, su corazón estaba ya en sus últimos momentos, aquel accidente fue demasiado horrible para que salieran vivos de aquello. Tome su mano con delicadeza y sus ojos se abrieron buscando a alguien, cuando me vio a su lado sosteniendo su mano, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Perdóname —susurro con voz rasposa, haciendo una mueca de dolor, mi padre me habia advertido, si ella salía de esto iba a ser un verdadero milagro.
—No hables —me baje la mascarilla para que me escuchara con claridad— no te esfuerces.
—Sam —susurro nuevamente su voz ronca, ni en sus últimos momentos dejaba de recordar a su amante— Sam…
—¿Es él? —pregunte, él era el padre de Jacob, obviamente eso yo lo sabía, pero tenía que estar seguro de eso.
—Si —una lágrima recorrió su mejilla hasta perderse en su cabello—, cuídalo…
Esas fueron las últimas palabras de Leah, su familia y la mía, nos encargamos de todo el papeleo y lo de la funeraria. La familia de Sam nunca supo que Jacob era su hijo y yo tampoco se los hice saber, ya que él era solo mío. Al día siguiente del funeral me entere que cuando habían tenido el accidente Leah se estaba fugando con Sam, me dio demasiada rabia, ya que ni siquiera se preocupó de su hijo, porque no solo me cedió el divorcio y la custodia de Jake, no, ella solo complico más las cosas. Meses después mi madre se mudó y así tuve que contratar a una niñera para que me ayudara con el cuidado de Jacob mientras yo estudiaba y trabaja algunas horas. Mi madre constantemente me decía que me mudara y terminara mis estudios en Seattle de esa forma ella me ayudaba con el cuidado de Jacob y nos ahorraríamos ese dinero de la niñera. Pero yo quería terminar mis estudios en Los ángeles y después ver que hacer, decidiría si quedarme en los Ángeles trabajando o iba a probar suerte en aquel pequeño pueblo de Forks.
Por fin había terminado mis estudios y mi madre seguía insistiendo en que me mudara, diciéndome que mi padre me podría buscar un trabajo en el hospital de Forks y diciendo todos los beneficios que tendría al llegar allí, también estaba chantajeándome con cuidar a Jacob, seria gratis y me ahorría un par de dólares y a mí personalmente no me gustaba la idea de irme a un lugar tan lluvioso y húmedo. Más por mi miedo a que Jacob se enferme con solo pisar el suelo.
—No lo sé mamá —dije en un susurro, estábamos hablando por teléfono, Jacob estaba durmiendo su siesta, estaba sentado en el suelo con mi espalda apoyada en la cama— faltan unos días para el cumpleaños de Jacob.
—Con mayor razón hijo, que mejor regalo que tu hijo vea a su familia —su voz llena de emoción, sabía que pronto ganaría—, te aseguro que Jacob le encantara estar aquí.
—Está bien, mañana partiremos hacia Forks —sonreí cuando escuche el grito de emoción de mi madre, tuve que alejar el teléfono varios centímetros ya que si no lo hacía pronto quedaría sordo—. Te dejo mamá, tengo que empacar.
—Avísanos sobre la hora de aterrizaje para que te recojamos —hizo una pausa—. Alice ya tiene listo el cuarto de Jacob.
—No sé por qué no me sorprende, digo que ella ya lo tuviera listo el cuarto, algunas veces ese duende me da miedo —solté entre risas.
—Es su habilidad para saber las cosas —suspiro para luego volver a hablar—, ella solo quiere tenerte cerca, ya sabes, quiere a sus hermanos mayores aquí, todos juntos.
—Sí, lo sé, bueno mami, nos vemos mañana…
—Hasta mañana cariño —y la llamada se cortó.
Puse el teléfono en la mesita de noche que estaba a un costado de mi cama, allí estaba Jacob durmiendo, puse varias almohadas a su alrededor para comenzar a empacar, sé que a mi hijo le haría mucha ilusión ir a ver a sus abuelos y tíos. Saque las maletas del closet y comencé a echar la ropa de mi hijo en ella, mientras llamaba al aeropuerto para reservar los boletos a Seattle. Encontré un vuelo a las 3 de la tarde, me pareció bien ya que a Forks llegaríamos a las nueve de la noche, no quería que fuera muy tarde solo por Jake. Empaque las cosas de Jacob en unas cajas, hice mi maletas y metí mis cd´s en las cajas, sentí sus pasitos en el pasillo, no me había dado cuenta de que llevaba tiempo sentado en el suelo de la sala de estar.
—Papi —llamo Jacob.
—Estoy aquí, campeón —dije mientras aún estaba poniendo los cd´s en la caja.
—¿Qué estás haciendo? —pregunto Jake sentándose a mi lado mirándome con mucha curiosidad.
—Te tengo una sorpresa —dije tomándolo en mis brazos y poniéndolo en mi regazo, él sonrió muy grande lleno de alegría, le encantaban las sorpresas.
—¿Y qué es? —pregunto mirándome entusiasmado.
—Mañana nos iremos a vivir con la abuela Esme y el abuelo Carlisle —dije lentamente mirando su expresión.
—¡Si! —grito abalanzándose a mis brazos, abrazándome por el cuello y yo solo era capaz de reír, me encantaba ver a mi hijo feliz.
Insistió en ayudarme a empacar, solo nos detuvimos a cenar, no sabía cocinar, pero sabía defenderme, aunque no siempre todo era comible, por lo que hice macarrones con queso, mi hijo los adora, así que mataba dos pájaros de un tiro, tenía cena y mantenía a mi hijo feliz, para ser exactos ya teníamos toda la casa empacada, cuando terminamos de cenar llame a lo de la mudanza para que se llevaran las cosas, llame a mi madre avisándole lo del vuelo, ella y mi padre nos irían a recoger.
Me costó mucho hacer dormir a Jacob, su biberón y un cambio de pañales no bastaron, tuve que contarle un par de cuentos, pero al final no sirvió, solo se durmió cuando le dije que si no lo hacía de quedaría aquí, sé que era un poco cruel, pero el pequeño no quería dormir. Cuando ya lo hizo pude respirar profundamente y dejarme llevar.
Ya nos queda poco para aterrizar y Jacob estaba completamente babeando mirando por la ventana, jamás había volado y eso le gustaba, gracias al cielo que no era como esos niños que lloraban todo el viaje o que no de los que no se quedaban nunca tranquilos. El avión aterrizó en él Sea-tac a las cinco en punto. Jacob no dejaba saltar mientras íbamos por el equipaje, ya con el carro lleno de nuestras maletas y con mi hijo encima salimos a buscar a mis padres y cuando por fin los encontré, corrieron hacia nosotros, Jacob no tardo en querer bajarse, cuando estuvo en el suelo corrió hacia los brazos de mi madre riendo y saltando, creo que alejaría a mi hijo de su tía Alice por unas cuantas horas.
—Es bueno verte hijo —saludo mi padre después de darme un abrazo.
—Hola, papá —salude a mi padre mirando a mi madre con mi hijo.
—Abuelita, abuelita —repetía mi hijo en los brazos de mi madre, me acerque a ella y bese su frente, aunque no lo admita, ella me había hecho mucha falta.
—¿Cómo estás? —pregunto mi madre cuando estábamos en el auto y mi padre tomaba la carretera, Jacob iba muy entusiasmado en su sillita, hablando sobre el vuelo y los muchos mimos que recibió de las azafatas.
—Bien, creo que este cambio de ciudad nos hará bien —sonreí mientras Jacob miraba por la ventana, mis padres le habían comprado una sillita para el coche.
Todo el camino hacia Forks era una aventura para Jacob, creo que había tomado la mejor decisión para ambos, creo que aquí podríamos realizar una nueva vida lejos de los malos recuerdos y tener una nueva oportunidad. Llegamos a Forks a eso de las ocho y algo, Jacob se había quedado dormido y como era de esperarse había comenzado a llover, rápidamente entramos a la gran casa de mis padres, era una mansión, de tres plantas, de color blanco con grandes ventanales, eso hacía que se aprovechara la luz del día. Nuestra habitación estaría en la tercera planta, solo nos separaba una puerta y eso me tranquilizaba.
Deje a Jacob en su cuna después de que mi madre le diera algo de comer y se quedara completamente dormido, aun no se acostumbraba a dormir en su cama y por mi estaba bien de esa manera. Suspire mirando a mi hijo dormir, me gustaba saber que él estaba bien. Me fui a mi habitación, allí saque mi ropa separando mi pijama. Antes de irme a la cama, baje las escaleras hasta llegar a la cocina. Allí estaba mi padre con mi madre terminando de cenar.
—¿Dónde está Alice? —pregunte sentándome en uno de los taburetes del desayunador.
—No lo sé, hacen días que sale siempre a la hora de cenar, siempre llega como a las nueve —contesto mi padre con un tono preocupado.
—No crees que ella ya debería estar Aquí —dije apoyando mis manos en el desayunador, ella era muy joven para andar a estas horas en la calle.
La puerta frontal se abrió para unos segundos después, Alice entrara a la cocina con una sonrisa en sus labios, cuando me vio corrió a mi lado para abrazarme, yo la recibe con un fuerte abrazo ya que la extrañaba demasiado, pero no me gustaba que anduviera afuera sola y más cuando es de noche. No importaba que si estábamos en Forks donde nunca sucede nada o en plena ciudad. Me separe de ella un poco serio y ella lo noto.
—¿Qué pasa? —me pregunta Alice mirándome.
—¿Se puede saber dónde estabas a estas horas? —pregunte un poco molesto. Ella frunció el ceño y luego a miro a mi madre.
—Estaba haciendo unas cosas, si quieres mañana me puedes acompañar —dijo para después salir murmurando unas cuantas palabras que no alcance a escuchar.
—Creo que fuiste un poco duro con ella —dijo mi madre mientras ponía los platos en el lava-vajillas.
—Solo me preocupo por ella, apenas tiene 18 —conteste levantándome de la mesa—. Si algo le pasa mientras esta en la calle, nadie tiene el poder sobre nuestras vidas por lo que tratare de cuidar a mi hermana mientras yo esté aquí, es hora de que el hermano mayor la cuide — Sonreí y les guiñe un ojo cosa que hizo que mi madre sonriera y mi padre negara con la cabeza divertido.
Mi padre sonrió pero no dijo nada, ellos eran buenos padre pero por darnos espacio dejaban que las cosas se fueran de sus manos, Alice debía tener cuidado y sé que ella es un alma libre pero y la cuidare pero por lo pronto me asegurare de que nada le pase.
El fin de semana pasó y Jacob se acostumbró al clima de Forks muy rápido, para que decir que estaba más que contento con tener a sus abuelos cerca y con la Tita Alice para satisfacer cada locura que mi hijo decía, se podía decir que él era el más feliz sobre esta decisión, Emmett había venido un par de veces y estaba preparándose para su primer día en el hospital, yo por mi lado tenía una entrevista con el director del hospital ósea mi padre, además de unos socios, ya que no quería que se dijera que yo había obtenido el trabajo por mi padre.
Ayer lunes fue el cumpleaños de Jacob y lo celebramos en familia, en la mañana lo lleve a la guardería del pueblo para inscribirlo, no quería que mi madre dejara su libertad por cuidar a mi hijo, por lo que él podría hacer más amigos y aprender un par de cosas. Y en la noche mi madre hizo una cena con una torta de postre, mi hijo estaba sonriendo como jamás lo había hecho, soplo las velitas después de pedir un deseo. Cuando el cansancio se hizo sentir en su pequeño cuerpo cayó rendido en el sofá. Mi padre lo llevo a su recamara mientras yo seguía hablando con Alice, quien estaba tratando de convencerme para ir a un lugar, Emmett ya se había ido por lo que a mí me tocaba esa tortura y escuchando todo tipo de argumentos hasta que al final después de minutos de tortura accedí.
—Gracias no quería ir sola, aparte así me ahorraría un par de regaños —sonrió poniéndose su chaqueta.
—Solo iremos a ese lugar por un rato —advertí.
— Está bien, esto es mejor que nada — se encogió de hombros.
—Mamá, acompañare a Alice ¿puedes vigilar a Jake mientras vuelvo? — le pregunte a mi madre que venía entrando a la sala.
—Claro, hijo ve y diviértete —se acercó a mi dándome un abrazo— Gracias por cuidarla tanto —susurro en mi oído.
—sabes que siempre lo hare —me separe de ella y sonreí—, volveremos pronto.
Ella asintió y me coloque mi chaqueta tomando las llaves del coche de papá, tendría que ir a ver un coche mañana no podía seguir dependiendo de su coche. Alice literalmente saltaba en el asiento de copiloto. No sabía por qué la emoción, solo espero que hoy me dijera que pasaba.
Me dijo que me estacionara cerca de un restaurant, hice lo que me pedio, cuando detuve el motor, ella salió del coche caminando hacia una pequeña plaza que había frente al local, ella se sentó en una de las bancas y se perdía mirando hacia el restaurant, me senté junto a ella. El local era grande, con ventanales y tenía unas letras grande que decían "Dinner´s Hale" fruncí el ceño mirando a mi hermana si ella quería ir a un restaurant porque no entraba y ya.
—¿Alice? —la llame, ella seguía con la mirada en el local de enfrente.
—Desde que él abrió este restaurant he venido todos los días a verlo —sonrió nostálgica— Nunca he tenido el valor para entrar, siempre lo veo desde aquí…
Fije mi vista en el hombre que estaba atendiendo una mesa cerca de la ventana. Ella lo quedo mirando fijamente como si estuviera perdida en el espacio. El chico era alto de unos 24 años más o menos, era musculoso, pero no tanto, su cabello era de un color miel. Esto era lo que hacia mi hermana a la hora de cenar, venía a ver a su "amor".
—Deberías entrar y hablar con el —ella me miro como si estuviera loco.
—No puedo, él es mayor que yo y él no se interesaría en un niña que aún no ha terminado el instituto, si entro allí — dijo apuntando hacia el restaurant — ya jamás poder salir de allí.
— Deberías arriesgarte y si él te parte el corazón yo le partiré la cara — sonreí cuando ella soltó una carcajada.
— Algún día lo intentare — se levantó y me miro—, es hora de irnos, ellos cerraran pronto.
Me levante y en completo silencio regresamos a casa, ahora hablaría con mis padres para que ya no se preocuparan por Alice. Jacob despertó temprano y con la idea de tener un perrito como regalo de Cumpleaños, el día de ayer había estado en la guardería para que se acostumbrara a otros niños, insistió tanto con lo del perro que después de hablar con mi madre para saber dónde podríamos conseguir uno y también para saber si ella estaba de acuerdo con ello. Ella por supuesto que estaría de acuerdo, era de mi hijo de quien estábamos hablando.
Luego de que llegara de la guardería iríamos a buscar ese cachorro, según mi madre cerca del hospital siempre se pone alguien a regalar o vender animales.
Como las cinco de la tarde Jacob salimos de casa para ir a por ese cachorro, él estaba feliz y cantaba que tendría un perrito nuevo. Aparque en el hospital y busque a los alrededores y a una calle del hospital había una chica de pie con una caja y agachada había una niña de un año o dos, comencé a caminar con Jacob hacia la chica.
—Lindo perrito —balbuceaba la pequeña frente a los cachorros.
—Mira papi, hay perritos —dijo emocionado Jake luchando para que lo bajara, cuando sus piecitos tocaron el suelo se acercó a la niña y la saludaba con un beso en la mejilla.
—Jacob —dijo la niña emocionada abrazando a mi hijo. Me acerque a ellos mirándolos entretenidos, al parecer ellos se conocían.
—Mira Nessa, él es mi papi —dijo Jake mire a la niña y esta se sonrojo mirándome con cierta timidez y mordió su pequeño labio.
—Yo soy Vanessa —se presentó lentamente para no equivocarse, se esforzaba para hablar bien.
—Hola Vanessa, yo soy Edward Cullen —sonreí acariciando su pequeña mejilla colorada, tenía un hermoso sonrojo, me pregunto porque estará sola.
Mientras los niños acariciaban los cachorros, yo le pregunte a la chica por los perros. Ella me dijo que era de raza y que necesitaba regalarlos ya que pronto se iría del estado por lo que no podría llevarlos. Los perros eran Husky Siberiano tenían dos meses, solo le quedaban dos, unos negro de ojos blancos y uno café de ojos celeste clarito.
—Vanessa —llame a la niña y ella me quedo mirando— ¿te llevaras un perrito?
—Yo le tengo que pregunta a mi… —miro a su lado y sus ojos se llenaron de lágrimas y su pequeña barbilla comenzó a temblar haciendo un adorable puchero.
—Nena, ¿Qué pasa? —pregunte preocupado secando las lágrimas que recorrían sus mejillas.
—No sé dónde está —dijo llorando, entendí que estaba perdida y que no sabía dónde estaba su mami, rápidamente me preocupe por esa madre que tiene que estar completamente angustiada por no encontrar a su hija.
Jacob tomo unos de los perritos y se lo dio a Vanessa, ella dejo de llorar, pero aun sus ojitos estaban tristes y abrazaba al perro buscando consuelo, Jacob tomo el otro perrito negro de ojos blancos, mientras que Vanessa tenía el perrito de color café y ojos de color celeste.
—¿Quieres ir a buscar a tu mami? —le pregunte con suavidad, de seguro la madre la estaría buscando ya. Comenzamos caminar hacia el hospital de seguro mi padre nos podríamos ayudar, gracias a Dios Jacob le hablaba a la niña, creo que la conocía de la guardería y eso ayudaba para que ella se distrajera un poco.
Llegamos al hospital luego de un par de minutos y me fije que había mucho movimiento, varios guardias corriendo para todos lados y algunas enfermeras corriendo y revisando todo.
—No se alejen de mí —le dije a los chicos, algo podría estar pasando y sea lo que sea tenía que proteger a los pequeños.
Comenzamos a caminar hacia los ascensores para ir el hasta el despacho de mi padre, apreté el botón y esperamos a que las puertas se abrieran, di un salto al escuchar un grito de una mujer, me gire para ver de quien se trataba.
—¡VANESSA! —vi a una chica de cabellos castaños y de ojos color chocolate corriendo hacia nosotros completamente desesperada, jamás había visto una mujer en ese estado, su rostro lleno de lágrimas, Vanessa al verla salió corriendo con el perrito aun en los brazos. Se veía tierna con sus piececitos moviéndose con cortos pasos y pobre cachorro se movía para todos lados.
La chica tomo a Vanessa en sus brazos abrazándola con fuerzas sin darse cuenta del pequeño perrito Jacob sonreía mirando a ambas chicas abrazándose. Ella sería su madre ya que se veía realmente desesperada por Vanessa, pero era tan joven debería de tener unos 19 0 20 años no más, que pena no haberse cuidado antes de haber traído al mundo a un niño.
—¿Dónde estabas? Me tenías preocupada, sabes que no te tienes que mover de mi lado —decía la castaña llorando y Vanessa solo asentía enterrando su pequeña nariz en la cabeza del cachorro como era posible que la mujer no se diera cuenta del perrito.
—Disculpa —dije acercándome con Jacob. Ella levanto la vista hacia mí. Sus ojos estaban rojos por las lágrimas y reflejaban el miedo que paso al no saber de Vanessa cerca.
—Gracias, por encontrarla… me estaba muriendo de los nervios cuando no la vi junto a mí, ya estaba pensando …—cualquier madre que estuviera pasando por ese dolor de no saber de su hijo pensaría lo peor, se puso de pie, era una chica baja, delgada y muy hermosa de manera natural, sin ninguna pisca de maquillaje, realmente hermosa. Extrañamente estaba cautivado por esta chica.
—No fue nada, creo que fue solo casualidad, estaba afuera junto a una chica que tenía unos perritos —dije sonriéndole dándole un poco de seguridad de que estaba en buenas manos.
—Vamos para que Rose te revise —le dijo la castaña tomando en sus brazo a su hija, sí que estaba preocupada por la pequeña.
—No creo que sea necesario, yo soy médico y la niña está bien, está muy sana — Asegure con una media sonrisa.
—Gracias —se volvió a la niña y se quedó mirando al animal que tenía la niña en sus brazos. Recién en estos momentos ella se daba cuenta del cachorro— ¿Vanessa que es eso? —Sonreí el escucharla.
—Es mío —dijo la niña abrazando al cachorro bastante orgullosa—, se llama Jackie —sonríe estirando al cachorro delante de la castaña, pobre cachorro parecía que lo estuvieran ahogando.
—Nessa, sabes que no podemos tener un perro —le respondió un poco firme, quizás vivían en un departamento y no les permitían tener un cachorro, pero luego pensé que estábamos en un pueblo por lo que de seguro vivía en una casa. De seguro su marido o novio no les gustaban los animales. Un nudo se alejó en mi estómago por aquel pensamiento.
—Pedo yo quiero uno —hizo un puchero como los hace Alice me pregunto si ellas se conocían.
—Si quieres yo las puedo ayudar con lo que necesite el cachorro —dije mirando a Vanessa ella sonrió mostrándome sus dientecitos blancos
—No es necesario, de verdad —la chica negó con la cabeza varias veces, me encantaría poder leer su mente.
—Mira, no es ningún problema, además así, el perro de Jacob podrá visitar a su hermana —sonreí tratando de persuadirla y creo que eso estaba ayudando ya que sus ojos se ablandaron y poco a poco sonrió.
—Otra vez gracias —se levantó y miro a Jacob—. Por cierto, Soy Isabella Swan —extendió su mano hacia mi yo con gusto la tome. Un electricidad recorrió mi cuerpo cuando nuestras manos se encontraron, supe que ella también lo había sentido porque sus ojos se quedaron mirando mis manos y luego miro directamente a mis ojos.
—Edward Cullen —dije perdido en las sensaciones y en la electricidad que estaba pasando entre nosotros, fue como si todo a nuestro alrededor desapareciera.
Jamás había sentido algo así, ni cuando conocí a Leah, eso me hacía sentir raro y solo quería se quitara, me ponía incómodo y solo quería ser normal otra vez.
