¿Los demonios también pueden tener bondad?
Había pasado los años, años que en mi alma me dolía cada vez más la perdida de Louis, tal vez si era mi culpa, tal vez debí prevenirle de aquello, pero que podía hacer una niña de 7 años, había pasado 10 años reclamándome en mis adentros, por qué mi mejor amigo no estaba a mi lado, tanto tiempo y su familia parecía haberlo olvidado, por las noches lloraba en silencio, ya no estaba aquel que me defendía de mis hermanos, aquel que me sacaba una sonrisa cuando era regañada por mis padres, ahora a mi edad no tenía un pretendiente y ese era un gran problema.
-¿Cuándo rayos se ira de esta casa?- gritaba furioso mi padre- ya es momento de que se case – parecía no tener fin sus palabras dolorosas.
- Yo no puedo hacer nada por algún motivo ellos huyen, les asusta nuestra hija – mi madre se encogía de hombros – no nos queda más que mantenerla todavía – reponían ellos, me daba tanto coraje, pues yo trabajaba en una pequeña tienda de pan arreglando el lugar, daba dinero a la casa y ellos todavía me trataban de aquella manera.
- nunca debió nacer – fue lo último que escuche, tras salir corriendo ir aquella capilla abandonada, tras la muerte de mi mejor amigo y llorar en silencio.
- no sabes cuánto te extraño Louis – decía al viento, mientras mis lágrimas seguían cayendo- debería irme contigo- repuse, pero al escuchar una voz me hacía sentir mejor.
- No mueras querida amiga, vive por mí – era la voz de Louis, tal vez era mi imaginación, pero tan nítida y perfecta, que entendí perfectamente bien que era el alma de mi mejor amigo apoyándome desde el cielo.
- Gracias – respondí limpiando mis lágrimas.
Los días pasaban tras el trabajo, tenía que llevar unos encargos lejos del establecimiento, por ello me pagarían algo extra, tras aquellas palabras del fantasma de mi mejor amigo la vida parecía sonreírme, tanto tiempo sintiéndome observada, tal vez él lo hacía desde el cielo, la sonrisa llegaba, no importaba las palabras dolorosas que mis padres decían durante mi presencia y cuando no estaba, que solo me miraban como una simple carga para ellos.
Mis hermanos encargándose de ofenderme como siempre, tras a ver como todo había pasado cada vez eran más fuertes sus insultos, tal vez de ser clase media, no formar parte de la nobleza y ser un total de 11 hermanos siendo yo la menor de todos ellos, algunos Vivian cerca y sus esposas solo querían que les ayudara en el hogar, recordaba aquella historia de cenicienta, mi caso parecía ser algo así, sin la madrastra malvada, sin las hermanastras , siendo peor, mi propia familia, que buscaban como explotarme en cuanto podían, al pensar que ya no podía más, lo único que recordaba era el rostro de mi mejor amigo, aquellas palabras que se escucharon al viento, tal vez en un momento encuentre la felicidad, deseaba rápidamente que así fuera, pero las cosas no son como en los cuentos de hada y aquel príncipe azul no llegaría, aquellas mujeres malas no les sacarían los ojos los cuervos, ellos seguirían en su buena vida, tal vez lo único que me quedaba era escapar de casa, pero no tenía el valor, no tenía la fuerza, a pesar de cuanto me herían sus palabras, cuanto me dolían sus desolaciones, dentro de mí me decía " somos familia" era normal todo aquel desfiguro dentro de la sociedad, era normal todo aquel trato, aunque fuera así , siempre seguiría queriéndolos y velando por su bienestar, tras rezar antes de dormir, a pesar de todo teníamos la misma sangre y siempre seria así, yo saldría perdiendo, por ser tan ingenua tan torpe y porque no decirlo estúpida.
Iba a aquel lugar tranquilamente, después de pasar por varias calles lejos del establecimiento, casi perdida por parís, un tipo de extraña prominencia me seguía, la gente parecía no importarle, caminaba cada vez más rápido, su estatura alta y cuerpo corpulento, siendo un leñador de oficio, de unos 40 o más años, su cabello era rubio y corto, su vejes era notoria pero a pesar de ello se le denotaba la gran fuerza, sus ojos verdes denotaban sus intenciones enfermas, tras ver a una mujer desconocida por su barrio de manera enfermiza me seguía, corrí sin detenerme, nadie parecía querer ayudarme, el me seguía, esto me asustaba, tras entrar en un callejón sin salida, pensé que este sería mi final, sería que esta vez sería rota por completo, no importaba si moría, pero temía a la deshonra, temía a que aquellas manos me tocaran y robaran lo que más aprecio guardamos las mujeres, sobre todo en estas épocas, si no lo hacíamos éramos tratadas como las culpables, temía eso y mucho más, si mis padres me miraban como una carga, con tal deshonra ya no quisieran saber nada de mi " maldita la hora en que nací mujer" masculle en susurro " maldita la hora en que vine a este mundo" deseaba morir por completo al ver como aquel tipo se acercaba cada vez más a mi sin escapatoria.
No temas señorita, se la pasara increíble – aquella voz aberrante se relamía los labios como si fuera su mejor festín, temía tanto, sentía asco, por más que quise escapar fue en vano, el muro detrás de mi era muy alto, y si corría a su costado me tomaría rápido cerré mis ojos, las lágrimas salían sin cesar.
Por favor, por favor no me haga daño - decía entre el llanto – por favor, por favor que alguien me ayude – grite desesperadamente.
La voz del señor se apagó, ante mis ojos se denotaba una sombra, su espalda bien formada con una gabardina negra, parecía ser de la aristocracia, su cabello largo hasta el cuello, ondulado, rubio pálido perfectamente hermoso, su piel pálida y blanca, aquel hombre tomo por el cuello a mi agresor, lo puso contra la pared y bebió su sangre, algo que me sorprendía rotundamente, pensaba que solo era historias para asustar a la gente, aquellas historias para que los borrachos no salieran tan noche y que poco les importaba, bebía su sangre con desdén, sus ojos que eran rojos tras hacerlo, se tornaron de un color azul cristalino, sus facciones finas, su hermoso y perfecto rostro, era hecho por los mismos dioses.
¿Se encuentra bien señorita? – se agacho ante mí , me retrocedí asustada tras a ver visto aquello- no le hace daño – sonreí amablemente, me daba la mano , me levante rápidamente con temor, con todas mis fuerzas, sin querer dirigirle la palabra me Salí corriendo, había visto a uno de los hijos de satanás y uno de ellos me había salvado, no entendía nada, tras solo recordar como bebía la sangre de aquel desgraciado que quería abusar de mí, todo me daba vuelta, su rostro era hermoso como el de un ángel " pero hasta el más hermoso ángel puede ser el mismísimo satanás" y esta no era la excepción, una bestia me había salvado sin yo darle las gracias, un hijo de satanás había estado frente a mí.
