Una carta, Mi condena...
Había pasado 1 año desde aquella vez que fui atacada, jamás volví a saber de aquella persona que me salvo, era una gran alivio, puesto aquel sujeto de cabello rubio como el solo y piel de porcelana era un demonio, era hijo de satanás, esos demonios llenos de lujuria y pasión por la sangre, la avaricia era parte de ellos, por eso era natural que tuvieran tan gran categoría en la nobleza o simplemente fueran de gran dinero a diferencia de mi familia de clase media, en aquellas épocas de Francia era difícil, puesto los aristócratas derrochaban dinero por donde quiera y nosotros la clase media llegábamos a la pobreza, de esa misma manera la clase más baja moría de hambre, Francia llevaba una decadencia en esta época, ni un simple vestido podríamos comprar, todo era llevado por los reyes y aquellos nobles aristócratas, familia de alcurnia que se robaba el dinero de nuestros impuestos de gente trabajadora como nosotros, odiaba este gobierno, odiaba todo lo debido a ello, el ver como todos morían de hambre o el poco dinero que teníamos debido a los altos impuestos del rey, realmente no deseaba seguir viviendo en este mundo hostil, pero ante mis pequeños hermanos y mis padres, debíamos mantenerlos con nuestro esfuerzo.
Hermanita tengo hambre, hazme de comer – chillaban uno de mis tantos hermanos.
Ya voy, ya voy – comencé a hacer de comer, sirviendo la comida para todos, de repente uno de mis pequeños hermanos termino de comer.
Quiero más – demando ante ello.
Solo queda mi plato, ya no hay más sopa – repuse ante ello.
Rosette sírvele la tuya – mi madre grito desde el comedor.
Está bien – le di de comer mi sopa, realmente tenía hambre, pero gracias al gobierno, a la aristocracia no siempre podíamos comer.
Tras ir a trabajar, era comentado ya mi edad, tenía 18 años y no había encontrado un buen marido, algunos decían que posible yo me había prostituido para ganar más dinero, era por ello que no había tenido un pretendiente, la verdad era solo una, el trabajo y el cuidado de mis pequeños hermanos, no tenía tiempo de pensar en el casamiento, siempre tenía un mal humor debido a ello, no había hombre que me aguantase, que aguantara mi temperamento, di un largo suspiro al escuchar aquellas palabras mal intencionadas de la gente a quienes se conocía como la "chusma" ya que solo se dedicaban a hablar mal de otras personas, seguí con mis deberes para llegar a casa y seguir con los demás.
Un día se había llegado un rumor, uno de los condes más cotizados de la zona, un joven que no se había casado con ninguna chica de alcurnia, uno de los hombres más ricos de toda Francia, vendría a parís a ofrecer una fiesta, invitaba a toda dama , para que fueran a su fiesta, de esa manera escogería a su esposa, una forma divertida, como si el romance fuera un simple juego para ese conde, el conde Yuuji, realmente poco me importaba, pero debido a los rumores mi madre esperaba que yo fuera elegida por aquel conde que poco conocía.
A la puerta llego una carta, junto con él una caja donde traía un hermoso vestido blanco, un vestido digno de una hija aristócrata, el bordado y la tela era de alta calidad, unas zapatillas transparentes que se amoldaban perfectamente bien en mis pequeños pies.
Mira hija, nos ha llegado esto, mira hija estas invitada, eres una candidata – mi madre estaba tan alegre por aquello, realmente había una puerta de salir de la pobreza y que mejor que casarme con un conde, una persona que no conocía, que mando un vestido y zapatillas como si hubiera investigado perfectamente mis medidas, junto con los estocados y las joyas, algo extraño estaba pasando.
No iré – respondí ante la alegría de mi madre.
Claro que iras, es nuestra oportunidad, si no es así, olvídate de nosotros – sonaba severa.
Debido a la insistencia de mi madre, acabe por aceptar ir, pero algo extraño sucedía, no entendía cómo podía saber mis medidas, por qué se tomaba dichas molestias, pero al pasar el carruaje por mi e ir fuera de parís, al castillo más cercano, casa del conde Yuuji, aquello me daba mala espina, el terror recorría mis venas, algo no estaba bien en esta fiesta, al entrar al lugar, digna decoración de un aristócrata, perfectos estocados, inclusive música tranquilizadora en violín y piano, perfecta armonía, una fiesta lujosa, ante ello varias damas con sus mejores ropas, al igual que yo , puesto mi madre me había maquillado para tal evento y de la misma manera me había puesto lo que me había mandado, todos esperaban al conde encantados, mientras mis nervios no cesaban, todos las demás estaban al espera del conde.
