Symphony Aristocrat
Bellas mujeres con sus mejores ropas, elegantes, hermosos vestidos, una belleza inigualable, peinados ostentosos , perfecto maquillaje, en cambio yo ni tiempo de hacerme un peinado, una simple tiara me era suficiente, mi mente estaba dividido en dos polos opuestos, dos respuestas ante la llegada del baile, realmente no deseaba ir, esto me parecía un juego, no quería casarme con un desconocido, esperaba no ser la elegida, pero a la vez deseaba serlo, tenía el suficiente dinero para sacar a mi familia de la pobreza, aunque no lo deseaba con el corazón y aborrecía a los aristócratas culpándolos de nuestra pobreza era una manera de salir de ella, tal vez podía persuadirlos y así ayudase a más personas con su dinero en lugar de gastarlo en fiestas como estas sin sentido alguno que burlarse del amor mismo, burlarse de la pobreza que estaba viviendo parís en estos momentos.
Las puertas se cerraron, al terminar de contar toda las invitaciones que eran entregadas en la entrada, dos mayordomos altos, uno moreno de ojos verdes, el otro era rubio de ojos cafés.
Están todas aquí – dijo el moreno al terminar el conteo.
Es el momento – las puertas y ventanas fueron cerradas.
Todos estaban a la espera del conde que al parecer no deseaba bajar o esperaba el momento indicado para hacerlo, la música paro de tocar, todos miraban absortos hacia las escaleras principales. Ante ello un joven bajaba cauteloso, cabello rubio como el sol mismo, piel blanca como la porcelana, un antifaz de color dorado con negó que tapaba la mayor parte de sus rasgos faciales, siendo lo único visible aquellos labios bien formados, delgados de arriba, gruesos de abajo, era alto, bien vestido una gabardina roja con bordados dorados propio de un aristócrata , sus chalequin que llevaba por dentro de esa gabardina de color negros con bordados dorados y su camiseta negra bien cuidada, un pantalón negro al cuerpo de cuero, sus botas largas de tacón, ante ello imponía respeto y sumisión ante él, se mostraba así mismo con tal seguridad como si fuera el propio rey de Francia.
Bienvenidos a mi fiesta en busca de una hermosa esposa, les agradezco que hayan venido todas, estaba esperándolas – se inclinó dando un ademan – bueno que comience la fiesta – dio un grácil movimiento de manos con un chasquido de dedos propiciando que los violinistas y pianistas, que la orquesta comenzara a tocar melodías para el baile.
Todas buscaban su atención, yo solo observaba absorta a lo que sucedía, bailaba una con otra, todas esperaban su turno algunas cuchichiaban palabras hirientes ante la que podían ser sus enemigas, a las mujeres más hermosas de parís o simplemente con quien durara más platicando o bailando.
Baila conmigo señorita – hablo el conde ante mí – ha sido la única que no se ha acercado a mí – tenía una sonrisa siniestra, esto me estaba asustando.
Si – dije nerviosa ante el miedo, tomo mi mano y comenzamos a bailar.
Sabe – susurraba a mi oído – no he dejado de observarla toda la noche, pensé que se acercaría a mí en cualquier momento como as demás damiselas, pero estoy en lo incorrecto, tuve que ir hacia usted - termino diciendo.
Lo siento – susurre apenada.
No es necesario, igual he tomado una decisión – repuso él.
¿Eh?- no comprendía, pero ante ello me daba a entender que no era la elegida.
No se preocupe pronto lo sabrá – dijo entre bromas hasta terminar la canción.
Bueno, tengo un mensaje que darles bellas damiselas – toda mujer estaba esperando la respuesta – he tomado una decisión, pero ante ello no deseo desanimarlas, todas ustedes son hermosas – aquel hombre se lo tomaba de juego – mi decisión será dada únicamente a la mujer que he escogido, aquella mujer – el chico de ojos verde y piel morena se acercó a el – le daré lo que contiene la caja, claro esta es un anillo de compromiso – mostraba dicha caja con anhelo- será entregada hasta su casa cuando yo lo desee, daré el comunicado en el periódico para que las demás no me esperen – dio aquella sonrisa ególatra – gracias por venir a esta fiesta bellas damiselas, se les agradece haberse tomado su tiempo – termino hablando.
Cada una se fue al carruaje, ante ello la respuesta no había sido concreta, di un largo suspiro, entre tanta mujer hermosa era de notarse que no sería yo, mi raciocino regreso ante mí, con una sonrisa había cumplido la promesa de ir a la fiesta, mi madre no estaría enojada, no tendría que casarme con un desconocido a quien no amaba, eso era un gran alivio, además si me lo pidiera, sin importar lo que mi madre dijera, la respuesta fuera negativa, puesto no deseaba casarme de esa manera, con alguien que miraba el amor como un simple juego, una fiesta para buscar consorte.
