Después de aquel baile no volví a ver a aquel indecoroso conde, me era perfecto, era lo que tanto había deseado, mi corazón estaba en paz, por lo menos no sería su presa, no sería la amante de un demonio como él.

Realmente era aquel ser que me había salvado, lo sabía perfectamente bien, pero ante todo como buena católica, debía seguir mis creencias, no caer ante las garras del demonio, en este caso los colmillos de este ser tan enigmático, aquellos hijos de Lilith, como decía algunas creencias bíblicas, eran meramente demonios, hijos del mismo satanás , él era uno de ellos, se decía que Lilith tuvo a su primer hijo, el único sobreviviente del a masacre que hicieron los ángeles, aquella leyenda era muy conocida, aquel hijo era un vampiro, gracias a que este sobrevivió los vampiros se expandían por todo el mundo, pero ante ello todo parecía ser una simple leyenda urbana, cuentos de terror que les contaban a los niños para que se portaran bien, pero aquel momento que lo vi , que había matado a ese señor con sus manos, que bebía su sangre, me entro el temor y descubrí que esas historias, esas leyendas no eran solo ficción, era parte de una realidad oculta ante la humanidad.

Aquella fiesta era solamente para observar a sus presas, ese era su cometido, bien lo sabía, tanto al correr la voz, sobre las noticias nuevas, chicas jóvenes, maso menos de mi edad, habían sido asesinadas, les habían drenado la sangre y nadie sabía quién era el asesino realmente, pero por mi mente venia la imagen de dicha persona, ojos claros como el agua, cabello rubio, piel extremadamente blanca, debía ser ese demonio disfrazado de Conde, aquel vampiro, Kamijo Yuuji, era lo más seguro, pero ante ello una ofensa o hablar de alguien perteneciente a la nobleza era juzgado y castigado, yo no quería correr ese riesgo.

Buenas tardes - hablo una voz que me helaba la piel.

Conde, pase, pase – mi madre le abría la puerta.

Se encuentra Rosette Ovalle – comento aquel demonio que tanto miedo tenia, era el asesino, eso era seguro.

Si, deja le llamo – contesto mi madre, para ir por mí a la cocina – hija, hija, tienes una visita, tal vez – esperaba que solo fuera mi imaginación – mejor ven – me llevo ante aquella eminencia.

Ahí estaba el parado con una media sonrisa de satisfacción, era seguro lo que me esperaba, mis ojos se abrieron de par en par, asustada al verle presente, mis sospechas eran ciertas, Kamijo Yuuji se encontraba frente a mí.

Buenos días – comento feliz – vengo – se hinco ante mí –a pedirla como esposa – me dio un anillo – ante ello mi madre estaba emocionada, la piel se me helaba, tenía miedo ante aquello – me permitirá la mano de su hija - miro a mi madre interesado.

Estos es inesperado – mi madre estaba nerviosa – por lo general debe venir primero el sacerdote, pero – las palabras de mi madre intentando sonar como una señora recatada - veo que usted no pudo esperar, así que por ello acepto que mi hija se case con usted - termino diciendo.

Pero madre, debe hablar con mi padre también – realmente no deseaba esa boda.

Vendrá esta tarde - respondió mi madre.

Entonces puedo quedarme a esperar – dio una media sonrisa.

Pero tengo cosas que hacer – replique ante ello.

Hija solo atiende a tu futuro marido, tu padre seguro aceptara, pero tienes razón, debo ponerle al tanto.

Aquel dio fue pesado, tenía miedo, mucho miedo que terminara con mi familia, con mi vida, aunque no era la mejor de todas, deseaba seguir viviendo, el recuerdo de Louis era latente, tantas veces deseando ir hacia él, hacia la muerte y en este preciso momento deseaba no hacerlo, realmente los seres humanos éramos patéticos, todo el tiempo buscando excusas a la vida y cuando teníamos la oportunidad de terminar con ella, temías un poco, pero ante ello la tristeza llego ante mí, realmente no temía el morir, temía que matara a mi familia, que mi muerte fuera dolorosa.

Por favor – dije en voz baja con algunas lágrimas.

¿Dime? – me miro interesado.

Por favor – le mire entre lágrimas – que sea rápido y lo menos doloroso posible - cerré mis ojos fuertemente.

¿De qué hablas? – sus ojos estaba abiertos sorprendidamente, con un leve sonrojo en su rostro.

Si va a matarme, hágalo lo menos doloroso y rápido - volví a repetir.

¿Quién dijo que te iba a matar? - dio una sonrisa de medio lado – no lo recuerdas, dije que la escogería e iría a su casa para hacerla mi esposa - me tomo del rostro.

Pero usted mato a todas esas doncellas - quite sus manos enojada.

Si fuera así ¿Qué tiene de malo? – me miro interesado, mis lágrimas cayeron, no podía más con esta farsa.

Usted va – fui interrumpida por mi madre.

Hija así no se trata a las visitas – me regaño profundamente - menos a tu futuro esposo - hizo un ademan ante el - disculpe, mi hija suele no tener modales a veces, pero es una buena chica, por - él le interrumpió.

No se preocupe, todo está bien - sonrió amable - ¿todavía puedo quedarme? – pregunto sin emoción alguna.

Claro - mi madre dijo animosa- en un momento llega mi esposo – mi madre termino de decir, de esa manera paso el tiempo en un silencio, alejada de aquel hombre que tanto repudiaba, como creyente de Dios, me alejaba de aquel demonio, que asesino a tantas mujeres anteriormente, porque daba la casualidad que cada una de ellas habían ido a su fiesta, llego mi padre rápidamente.

Cariño, cariño te tengo una buena noticia – mi madre recibió a mi padre.

¿Qué sucede? – volteo a ver a Kamijo.

Vengo a pedirle la mano de su hija – hablo de manera recatada, lleno de respeto.

Por supuesto que tienen mi consentimiento.

De esa manera había caído mi condena, una condena que no deseaba, me casaría con un demonio, un ser que se alimentaba de sangre, hijo del mismo satanás, que ante ello solo atraía desgracias y él era una de ellas, el seria mi esposos, claro si no es que ante el me mataba, sabía bien que algo ocultaba, esperaba que se quitara aquella mascara ante mí y mostrara sus verdaderas intenciones.