El temor me había llegado, aquel rechazo, esto era seguro que tendría repercusiones, estaba temerosa, eso era seguro, tenía que emplear mi plan para salvar a mi familia, tenía todo calculado, algunos regalos que él me había hecho, lo había vendido con tal de conseguir dinero para salir de la ciudad con mi familia, pero no solo eso, a pesar de que mi madre y padre estaban decepcionados por mí, era momento de salir a delante en busca de mi propia felicidad.
Tenía todo calculado, había ganado la confianza de mis hermanos pequeños, de esa manera saldríamos de la ciudad, pero al parecer el destino se empeñaba conmigo, si había decidido no ceder ante los demonios chupa sangre, porque Dios no me salvaba de este dolor, el sonido de la puerta abrirse, la alegría de mi madre al verles después de todo lo sucedido, la piel se me estaba erizando, él estaba aquí, ya no tenía escapatoria, habría una masacre.
¿Y Ese milagro conde Yuuji? – mi madre le dejaba pasar – pensábamos que después - sonaba avergonzada la voz de mi madre.
No se preocupe por ello Señora Ovalle – se excusó aquel joven.
¿Desea hablar con mi hija? – pregunto con educación mi madre.
Por supuesto, si me permite hablar con ella a solas - se inclinó ante mi madre de manera educada, volteando hacia mí que estaba escondida tras la pared viendo dicha conversación.
Claro conde Yuuji – mi madre fue a la cocina por mí – hija el conde Yuuji desea hablar contigo, tal vez reconsidere los suyo, después de tan horrible desplante en la iglesia, esperamos esta vez te comportes como una dama – me regañaba ante ello.
Pero madre yo no deseo casarme – replique con temor.
Hija – me miro enojada- ya tienes 18 años, nadie en el pueblo quedar casarse con alguien de esa edad, además es una fabulosa oportunidad ¡es un conde! – recalco aquello ultimo – más oportunidades para dejar de ser pobres, de formar parte de la nobleza, hija esta es tu oportunidad - me tomo de la mano para sacarme de la cocina.
Buenas tarde conde Yuuji – me incline ante él, haciendo el respectivo ademan.
Muy buenas tardes señorita Rosette – dio una sonrisa de satisfacción - ¿señora Ovalle me permite salir con su hija? – hablaba como todo un caballero, digno de ser un conde, de tal manera que su hipocresía me enfermaba.
Claro conde Yuuji – mi madre estaba feliz, debido a ello tenía que hacer caso ante sus palabras, pero dentro de mí, sabía que todo estaba perdido, mi felicidad se iría, mi familia moriría, tal vez solo me daría unas últimas palabras ante ello.
Ante ello el silencio reino, ante la vista de la gente observando como si se tratara de una comedia terrorífica, donde yo sería el aperitivo de esta persona, nos íbamos alejando de la ciudad, junto con ello la piel se me helo, era momento de afrontar la realidad, el me mataría, Yuuji me mataría por no acatar sus leyes, por ante ponerme a sus decisiones, llegamos a un pequeño campo de flores, donde no había ni siquiera un alma en pena, el silencio se rompió ante ello.
Ya sabrá señorita Rosette de que es lo que hablare – me miro con regocijo, una sonrisa se avecino entre sus colmillo.
Conde Yuuji – dije asustada, para salir corriendo, sería inútil escapar, el solo deseaba jugar con sus víctimas, de esa manera comencé a correr por mi vida, caí entre aquel pasto, él se posó frente mío.
No tengas miedo, no deseo matarte - toco mi rostro tranquilamente, mientras el me tenía asustada en el suelo.
Conde - me callo antes de hablar.
Tienes una segunda oportunidad - replico ante ello - lo tomas o lo dejas - me miro sonriente - ¿O deseas que me dé un festín con tantos hermanos que tiene señorita Rosette? - me miraba atento.
No, no - respondí con tal miedo.
Entonces en tres meses nos casaremos – sonrió amable ante ello.
El trato estaba en pie, de nuevo tenía que estar a su merced, algo que no deseaba, esperaba que el tiempo se detuviera, aquellos tres meses no deseaba que llegaran, pero así como de nuevo comenzaron los preparativos, mis padres felices ante aquella decisión de la segunda oportunidad, pero ante ello yo tenía un "as" bajo la manga, tenía todo preparado para escapar junto con mis pequeños hermanos, ante ello al igual que mis padres, fingiríamos un secuestro para llevarlos y vivir todos juntos en España, esa era la idea.
Llego aquel día, golpee al chico de la carrosa, con ello mis padres fueron secuestrados por mis propios hermanos que deseaban salir de ese país, ante ello nos dividimos, ellos iban al lado contrario que yo, era una prevención, de esa manera a la que iría a buscar es a mí y así mi familia no pagaría nada más que yo, esperaba que todo saliera bien, que mis hermanos mayores ante el pago hallan hecho lo que le dije a mis padres, pues aquellos dos chicos mayores que yo eran muy avaros, así como los pequeños eran guiados por mi hermano de 16 años, todos lejos de mí, si alguien pagaría tan osadía al revelarse ante los deseos de aquel demonio sediento de sangre, sería solo yo, sería la única víctima de sus colmillos al imponerme ante el debido al castigo que me había prometido ante su segunda oportunidad.
