Como estaba planeado, intentaba escapar de aquel país, de esa manera no estaría en su poder, mientras más lejos, el nunca vendría por mí, seria libre de sus amarres, solo necesitaba perderme con mi familia entre la multitud del mundo entero, así el encontraría a otra damisela que cayera en las redes de los hijos de Lilith, una razón más para alejarme de él e ir hacia Dios.

Así estaba hecho mi plan, debía alejarme lo más rápido posible, pero ante una brecha de luz a veces la oscuridad te consume y de esa manera estaba yo, él estaba frente a mí, esperando en el bosque que cruzaba para salir de la ciudad, estaba cruzado de brazos, yo procure correr rápidamente, entre mi intento en vano por escapar, el me atrapo entre un árbol, mi sueño ya no sería realidad, por lo menos tenía la ilusión de que mi familia estuviera bien.

Creías que escaparías de tu castigo - me miro con cierto rencor en sus ojos – todo tiene sus consecuencias y una segunda oportunidad es la última – se acercó a mi oído - lastima por ti, pero la sangre de tu familia sabia deliciosa - lamio mi cuello.

Kamijo - mi voz tembló ante sus últimas palabras, no podía creerlo.

¿Deseas verlo? – me tomo con fuerza en sus manos.

No me opuse ante su agarre, me cargo entre sus brazos, para luego pararme frente a mi casa, al abrir la puerta, el cuerpo de mis padres estaban tirados, con la sangre drenada al igual que 6 hermanos míos, al ver todo aquello me desmaye, no podía creer, mi plan era riesgoso, pero ellos habían pagado mis pecados, el pecado de atraer a un hijo de Lilith.

Al despertar, estaba atada de manos, en un lugar desolado, en una cabaña, por la ventana entraba la luz del día, por la ventana se llegaba a mirar la luna menguante.

Solo debo esperar a la luna llena - dijo en un susurro a mi oído - serás completamente mía – lamió mi cuello con desdén.

Mi castigo era el estar atada para no escapar de su agarre, el estar encerrada para entender cuál era mi posición, pero el peor de todos, era el haber visto el cuerpo de mis padres y hermanos mutilados, con su sangre drenada, recordando esa imagen, viendo que no fue el simple gusto de beberles la sangre, sino, el hecho de torturarlos y hacérmelo saber al mostrarme sus cuerpos.

Sabes cariño, aún recuerdo sus gritos pidiendo clemencia, aún recuerdo el sabor d su sangre y el desprecio de tus padres al saber mi verdadera naturaleza – le encantaba torturarme con cada palabra- ese fue el precio de tu pecado, el precio de haberme engañado, de intentar huir de mi lado, de no cumplir tu promesa- me tomaba del mentón delicadamente – ya falta poco, pronto serás mía – dijo con regocijo.

Aquellas palabras me hacían odiarlo más y más, deseaba soltarme rápidamente, deseaba jamás ver la luna llena, pero ante ello las cosas no podían ser peor.

Ante sus palabras vanas para enamorar a una damisela, una acaricia llegaba, era un ser lleno de lujuria, entre besos y caricias, su mano siempre vagaba por mi desnudo torso, por mi busto, entre mis piernas, tocando aquella zona prohibida, lamiendo aquella zona en cuanto podía, hurtaba mi parte prohibida con su lengua hasta saciar una sed que poco entendía, espasmos de placer podían llegar, mi cuerpo respondía ante él, pero en mi corazón solo existía odio al recordar lo que había pasado, mi familia estaba muerta, pero al recordar lo visto, solo dos de mis hermanos no parecían estar ahí.

Noche tras días, era lo mismo, entre contenerse ante su lujuria, saborear mi piel y no asesinarme, decirme palabras de amor como recordarme lo sucedido, el precio a mis pecados, el haber intentado huir, el alimentarme para que no muriera, no importaba, el hacia cualquier cosa para que comiera.

Es necesario que comas cariño - me miraba preocupado.

Si realmente me amas - pedía clemencia ante el- mátame - mis lágrimas salían, solo quería morir, solo quería dejar de existir, pues él era eterno y yo no podía hacerle daño alguno.

No digas eso cariño, si no comes, te obligare - comenzaba a acariciar mis piernas.

Por favor…- fui interrumpida.

Come - me ordeno.

Era la única forma de comer, pero ante ello el tiempo paso, cuando deseaba morir, aquel único deseo no se me concedió, al abrir mis ojos, estaba oscuro, pero en mi ventana se miraba algo que temía tanto, mis lágrimas salieron llenas de dolor y tristeza, la luna llena estaba en lo alto.

Ha llegado el momento cariño - entro Kamijo a aquella cabaña.

Él se desnudó frente a mí, comenzó tocando mi cuerpo como siempre lo hacía, mis pechos, mi parte prohibida, lamia mi cuerpo con tal gusto, mis fuerzas eran nulas ante estar un buen tiempo en aquella posición, amarrada, sin dormir bien, sin descansar mi cuerpo, estaba completamente a su merced.

Sus manos tocaban mis pechos mientras lamia mi cuello, para luego bajar su boca a ellos , bajar las manos, tomar una de mis piernas, levantarla y con la otra tocar aquel botón íntimo, provocando placer a mi cansado cuerpo, bajando su rostro, dejando caminos de besos y lamidas, hasta llegar a mi intimidad, termino de saborear mi intimidad, para luego con la otra mano tomarme de la cintura, acercar su virilidad entre mis piernas e introducirse dentro de mí, un dolor desgarrador llego, mis lágrimas salieron.

La primera vez siempre duele ¿no? – me dijo en el oído - ahora seré el único hombre que te haga sentir placer por toda la eternidad, ¡eres mía!- puso énfasis en las últimas palabras, entre gemidos, siendo mi primera vez de una forma tan desagradable para cualquier mujer soñadora, mi cuerpo devastado sentí el éxtasis del placer, mientras subía mi mano por la espalda y me destaca los brazos, ante aquello, yo no quise hacer fuerza alguna por sostenerme en aquel frenético encuentro de cuerpos, el me son tenía de nuevo de la cintura contra la pared, así llegando a un segundo éxtasis, terminando el de copular en mi cuerpo, sentí sus labios en mi cuello, seguido con ello un dolor punzante, tal vez ese era mi fin, tal vez cumpliría mi petición, solo deseaba saciar su lujuria y me daría aquel regalo que tanto deseaba, la muerte.