De esa manera me convertí en su esclava, de esa manera él había sido mi captor y ahora le necesitaba, temiendo el volverme en un monstruo, permanecía a su lado, ahora era mi salvador, aquel que me había condenado a este infierno, a esta oscuridad en mi corazón.

Tengo sed – dije al viento, mirándolo con desdén a que se apiadara de mí.

Tranquila, pronto tendrás lo que quieres honey – besaba mi cuello, desnudos entre las blanca sabanas.

Por favor – realmente me quemaba la garganta.

Honey, tú tienes la culpa, si hubieras cedido antes no estuvieras tan desesperada – su voz ronca emitía una tonalidad diferente ante aquel acto.

Rápido – exclame ante su tacto sonrojado, sediento.

Lo siento Honey, pero a mí me gusta tomarme mi tiempo – comenzó a acariciar mi cuerpo.

Pero - fui callada por un beso en los labios.

Tócame – imploro Kamijo extasiado – bésame - exigió ante el acto.

Temerosa toque su cuerpo, tocando cada parte de su piel , su pecho, su abdomen, hasta llegar a su entrepierna , tocando su virilidad , dejando escapar Kamijo un pequeño gruñido ante el tacto, de aquella parte masculino que estaba a todo su esplendor.

Por favor ya – implore ante aquella sed que me carcomía por dentro.

Como desees honey- tenía una sonrisa satisfactoria para llegar al acto y fundirnos en uno, alcanzando su cuello, bebiendo de el sin importar el placer sexual, simplemente deseando su sangre, al terminar seguí bebiendo, tomándome entre sus brazos, calmando mi sed, llegando al orgasmo, dormimos juntos.

Por fin despiertas Honey - cubiertos ambos por las mismas sabanas manchadas de aquel color carmesí - debemos hacerlo más seguido, así podrás disfrutar mejor el acto - me guiñaba el ojo.

Kamijo - me sonrojaba ante ello.

Así me fui acostumbrando a estar a su lado, entre acaricias, entre sus labios , entre la sabanas, estando desnudos los dos, sin importar la decencia, poco a poco caía en aquel juego vicioso sin esperar a que la garganta me quemara, sin estar desesperada, corría a los brazos de Kamijo para entregarnos a la lujuria y junto con ella al final la poca cordura era cambiada por un poco de sangre, acostumbrándome a él, acostumbrándome a la manera tan baja que había caído ante el conde Kamijo.

Ante el tiempo viajamos a España para quitar las sospechas en Francia, el conde Kamijo había cambiado su nombre pero ante el no envejecer y aunque se decía ser un hijo enfermizo de él, no podía hacer lo mismo dos veces, ante ello vivimos una vida diferente, una mansión un poco más pequeña, las cosas habían cambiado.

Buenas tardes señorita - me hablo un anciano.

Buenas tardes señor - le sonreí amablemente.

Sabe, usted me recuerda a mi hermana mayor - hablo con añoro aquel anciano.

No comprendo señor - intente indagar un poco más.

Realmente es la misma imagen de Rosette - me miro con tristeza.

Usted debe equivocarse - le hable tranquilamente.

Eso es seguro – miro hacia el suelo – no puede ser Rosette, ella debe estar muerta por culpa de ese conde - sonaba enojado.

¿Qué sucedido? - quise indagar más ante la conversación.

Vera señorita – suspiro – es una larga historia - sonaba cansado- los jóvenes no escuchan a los viejos – suspiro de nuevo - ya ve a mis nietos- me alegraba al oír eso.

No se preocupe, yo sabré escuchar - le sonreí amable.

Está bien - me miro con cierta tristeza- hubo un tiempo en Francia, durante mi niñez, éramos varios hijos de una familia humilde pero trabajadora, yo era el menor y mi hermana nos cuidaba a todos, un conde deseaba casarse con ella, mis padres estaban de acuerdo, pero ella desistió, debido a ello el enojado mato a toda la familia, dejándome vivo a mí, gracias a que me había escondido en la casa de un amigo, jamás volví a ver a mi hermana, y como ella dijo, debíamos escapar a España, así que me encamine y con esfuerzo forme mi hogar en este país, que en idioma discierne del mío –

Comprendo ¿ahora vive feliz? – pregunte ante ello.

Se podría decir que si señorita, aunque me duele la perdida de mi familia, no puedo quejarme, vivo bien y tengo hijos, hasta nietos, aunque seguro pronto me reuniré con mi esposa – sonrió ante ello.

¿Me podría decir su nombre? – le mire intento.

Lugi Ovalle - me miro contento - ¿el de usted es señorita? – me miro intento.

Rose Mary – mentí ante ello.

Bonito nombre - dijo al viento – bueno me despido, poco falta para que mis hijos me anden buscando.

Hasta luego - sabía que aquello jamás llegaría.

En secreto vigile a la familia, mi vida seguía de la misma manera, entre la lujuria y pasión de Kamijo, entre la sed que llegaba tan desgarradoramente, el tiempo paso y la familia se dispersó, llegando a México, vi nacer a una chica, Kamijo, no entendía lo que hacía, lo oculte en una gran mentira, pasando el tiempo aquella niña creció, era la misma imagen de mi madre, luego conoció a mi padre y se casaron, con ello aquella joven se embarazo, pero en el parto las cosas se complicaron y la bebe murió, aprovechando esto y dejando pasar el tiempo, para poder adentrarme en sus mentes y hacerme pasar por su hija Rosa, aquella niña que murió en el hospital de esa manera pude conseguir esta vida, vivir de nuevo lo que era una familia.