Sí. Un año sin escribir ya. Creo que os debo una disculpa a todos, en primer lugar. En segundo lugar, agradecer, de todo corazón, por los comentarios brindados. Me hacéis plantearme que estoy haciendo por primera vez algo bien. Voy a intentar seguir y, si veo que no me gusta, dale otro enfoque. Asique no os asustéis si hay giros raros en la historia. Voy a seguir por mí, porque me encanta escribir, por mí duendecillo lunar que me inspira a seguir con todo lo que empiezo y por todos vosotros, porque aún recuerdo lo que es esperar con impaciencia que suban un capítulo de tu fanfic favorito y no lo hagan.
Capítulo 12. La cita que no era una cita, parte 2
AMO POV
Aplausos. Solamente manos moviéndose al unísono. Solamente eso hace falta para sacarme de mí ensimismamiento. Estoy sonrojada, lo noto. La cara me arde. Se podría achacar perfectamente a un efecto de los focos, pero sé que no lo es. Pierdo mi mirada en mis pies. No puedo mirarle. Si le miro, le beso, y no sería justo. Porque no sería un beso nacido de un verdadero querer que desemboque en una pasión irrefrenable. Si le beso, sería para liberar todas las tensiones del día y para agradecerle todo lo que ha hecho, y hace, por mí. Los dos sabemos que conozco sus sentimientos. Me puedo hacer la tonta. Puedo callar mil cosas, pero sus sentimientos hacia mí no me son ajenos. Muchos me advirtieron. Estaba con Tadase, no le di importancia. Se convirtió en mi apoyo en mi peor etapa. Intuía que las cosas se irían trastocando a medida que pasasen los días, pero nunca llegué a imaginar tanto.
El murmullo que pide otra canción me parece lejano, casi sordo, como si estuviese cubierto por un cristal que me impidiese escucharlo con claridad. Reúno el valor suficiente y alzo la mirada para perderme en sus orbes verdes. Verde esmeralda. Verde hierba. Ese verde siempre me ha dado mucha tranquilidad. Siempre me transmitió tanta paz. Ahora, ese verde, hace que el pecho me repiquetee con fuerza en el pecho. Que la presión de la sangre que danza a la misma velocidad que mis latidos, me impida concentrarme en nada que no sea su mirada. Quiero hacerlo. Tengo la certeza de que quiero hacerlo. Pero no es el momento, no es la situación. Tan si quiera soy yo la que controla sus propias emociones, ¿o tal vez sí? Correr. Eso. Mi mente corre a toda velocidad buscando soluciones. Desarrollo un plan. Un plan que muestra, una vez más, lo cobarde que soy por no querer salir herida. Vuelvo a concentrarme en sus ojos por última vez. Es una tempestad en la calma. Ahí dentro se mueven miles y miles de sentimientos que han estado encerrados en una jaula y, a lo que yo, no voy a dar alas. No puedo darles alas. No puedo salir herida. No soy suficiente para él. No merezco estar en su camino. No…
KUKAI POV.
Sus ojos son dubitativos. Sé lo que su mente está cavilando. Veo una peyorativa de duda, pequeña, pero visible. Veo un amago de lágrimas. Me ahogo. Me ahogo entre tanto sentimiento que quiere salir. Por favor, Amu. En un beso sabrás todo lo que he callado. Tan solo… déjame mostrarte que nunca vas a estar sola, que nunca me voy a ir. Que nunca, nunca, te voy a lastimar. Déjame permanecer a tu lado.
Siento como rompe el contacto visual. Me pasa su micrófono. Susurra un lo siento tan bajito que creo habérmelo inventado solo para sentirme mejor. Y se aleja. Oigo sus pasos alejándose. Alejándose con mis sentimientos. Rompiéndolos. Los murmullos en la sala se apagan. Da igual, tampoco los escuchaba. Me siento perdido. Estaba tenía que salir bien. Me merecía… nos merecíamos que saliera bien. No lo entiendo ¿Tantos motivos la he dado para dudar? ¿Aún duda de mí? Tan solo siento la necesidad de cuidarla, de protegerla. No soporto la idea de no poder tenerla cerca. De no poder estrecharla entre mis brazos hasta recomponer todos sus pedazos y hacer que sea feliz. Que sea feliz con o sin mí, pero que lo sea.
Dejo los micrófonos en la base para el siguiente que quiera cantar. Ya nada me interesa que no sea ir detrás de una cabellera rosa chicle. Necesito encontrarla. Necesito abrazarla. Tengo que hacerla saber que estoy aquí, que voy a estar aquí y que nunca me voy a ir.
AMU POV.
Al principio sentí la necesidad de huir rápidamente. Gran error. No sé donde me encuentro. Pero, he de reconocer, que es un lugar precioso aunque ahora mismo no pueda disfrutarlo por mis amargos pensamientos. Por un minuto deseo tener mi cámara aquí, conmigo, pero ese pensamiento enseguida se desvanece ¿Para qué captar la belleza qué hay en este lugar cuándo mi corazón lo impregna todo de una siniestra aspereza? No sería capaz de captar su belleza, y eso es algo que jamás me perdonaría.
Es un alivio haber salido con los cascos hoy de caso. Me pongo los auriculares. Necesito sentir la música fluyendo dentro de mí. Desconectar. Pensar. No. Mejor pensar no. Mis dedos vuelan sobre la pantalla de mi teléfono y toco el reproductor aleatorio. Todo parece difuso cuando acerco mi mano a un rugoso tronco de árbol. Mi miraba se eleva un poco. Es un cerezo. Sorprendente. No esperaba encontrarme cerezos. No esperaba, menos aún, que estuviesen en flor. Me fijo realmente en el lugar en el que estoy mientras la música me inunda, me mece. Es un amplio paseo. Con cerezos a los dos lados y hierba que los acompaña. Mirar la hierba mucho rato me hace daño. Es del verde de los ojos de Kukai. Aparto ese pensamiento lo más rápido que puedo. Aunque se instala en mi mente, invadiéndome en oleadas pausadas pero fuertes. Al final se puede divisar un pequeño puente y, más allá, un arroyo pequeño. Es el lugar perfecto. Sería el lugar perfecto… sin tan solo…
Empiezo a caminar. Rodeada por la protección de los árboles y la mágica atmósfera que se respirar. Es como un cuento. Una leve brisa hace que todos los pétalos de los cerezos salgan volando haciendo de este momento uno digno para recordar. Sonrío. Es maravilloso. Doy otro paso… Me detengo. No, no, no ¡Justo ahora no! Without you (N/A: Breaking Benjamin, cover. Sé que he puesto muchas recomendaciones de música, pero este, por favor, escuchadla) empieza a sonar. Siento como las primeras lágrimas acuden a mis ojos y empañan mi visión. Mi mente se nubla y lo que antes eran retazos de culpa ahora es un asfixiante sentimiento. Que me oprime, que me paraliza. Es curioso como todo cambia en cuestión de segundos. Siento como todo el oxígeno se me redirige hasta el cerebro en un esfuerzo por hacerme reaccionar. No soy capaza de reaccionar. Siento tal impotencia que sólo puedo pensar en devolverme el daño que le he causado. Las uñas se me clavan involuntariamente en las palmas de la mano. Siento el dolor, pero no las aparto. Me lo merezco. Me lo merezco por haber hecho sentir tan mal a otra persona. El resto de mi cuerpo reclama el oxígeno que está acaparando mi cerebro. Intento boquear y llenar mis pulmones, lo que sea. No soy capaz. Caigo al suelo, de rodillas, sobre la gravilla del amplio paseo. Millones de pétalos caen encima de mí, como si fuera sangre derramada del dolor y el sufrimiento de unos cuantos caídos. Interesante símil para lo que siente mi corazón ahora mismo. Ya tendría una charla con mi cerebro para hacer comparaciones en otro momento. El llanto está atascado en mi garganta. Un nudo. Un enorme nudo que no consigo hacer salir. Abro la boca con la esperanza de llorar o de proferir algún sonido. Nada. La nada más absoluta. Me frustro todavía más y las uñas pasan de arañar las palmas a arañarme el cuello. Tengo la piel erizada por el aire. Soy más sensible a todo el entorno que me rodea. Y, a la vez, soy incapaz de respirar. Ese beso. Ese beso que no he dado me oprime los pulmones. Me impide pensar con regularidad. Me impulsa hacia el suelo. Hace que se me retuerza hasta el último rincón de mi cuerpo por el dolor que experimento. El dolor mental. El dolor por rechazar lo que es bueno por temor a que me hagan daño. El dolor… el dolor a aceptar que siento algo. Siento algo más fuerte de lo que me gustaría y más fuerte de lo que nunca he querido admitir. La vergüenza por no saber llevarlo, ni aceptarlo. Dolor. Es única palabra se repite constante en mi cabeza, agravada por la sensación de mis pulmones sin oxígeno y sin vías a poder conseguirlo.
Abro los ojos. En algún momento durante el proceso los he debido cerrar. Ya el frío no me invade y, lentamente, descubro que mis pulmones se vuelven a llenar permitiéndome suspirar de alivio. Noto calor. No, no noto calor. Noto el calor. Noto su pelo haciéndome cosquillas en la nariz. Puedo ver su cuerpo rodeando el mío. Protegiéndolo. Nunca me había dado cuenta de que encajásemos tan sumamente bien. Su cuerpo y el mío, las dos caras de una misma moneda. Está conteniendo el aliento. Conecto mi cerebro. Estoy sentada encima suya. Me tiene acunada. Me siento bien, y me siento mal. Se da cuenta de que he abierto los ojos y clava sus pupilas en las mías.
"Hazlo" – Esa simple palabra es lo que necesito para desatar el nudo que llevaba en la garganta. Aquel que me ha impedido respirar en lo que a mí me ha parecido una eternidad. Profiero un agudo gemido y de mis ojos empiezan a manar incontrolables lágrimas. No tengo la fuerza para pararlas, pero tampoco quiero. Necesitaba soltarlo. Lo necesitaba. Soy plenamente consciente de la mano de Kukai describiendo lentos círculos en mi espalda. Contenerme no es su función, ni lo que pretendía. Explotar. Me deja explotar. Nunca he estado tan agradecida a nadie porque me dejase explotar. El llanto se extiende en un periodo de tiempo que a mí me parece increíblemente corto. Me siento segura. No tengo frío. Me siento recompuesta, como si todas mis piezas hubiesen sido pegadas. Como si volviese a ser una unidad y no una parte del todo. Estoy segura. Por primera vez… ESTOY EN CASA.
No hay nada que decir. No hay nada para comentar. Sólo estamos nosotros dos allí. Nosotros y nuestros sentimientos. No puedo controlar el impulso y acabo por ceder. Le miro. Sus ojos no se han movido ni un centímetro y me taladran los míos. Su verde mantiene una lucha con mi oro. No hay nada más que decir. Sé que no lo hay. Trazo dibujos con el pulgar entumecido en su mejilla. En parte para desentumecerlo y, en parte, para hacerme con el valor que me falta todavía. Se sorprende ante mi tacto. Debía de estar todavía en su mundo. Me mira sin ver. No, me mira. Me ve. Hace más de lo que ha hecho mucha gente por mí. Ve dentro de mí. Sujeta todo para que yo pueda ser feliz. Pestañea, desconcertado, cuando ve que mis ojos son los que ahora no se apartan ni un centímetro. El silencio se instala entre los dos. A Kukai aplastándole, masacrándole. A mí, meciéndome y dándome el valor del que carezco. Se remuevo, visiblemente incómodo.
"Parece que ya est "-
No le dejo terminar, le quiero sorprender. Mis brazos se lanzan, con vida propia, a rodearle el cuello. Y mi boca, impaciente, se lanza desesperada hacia la de él. No es como lo había imaginado, es mejor. Su boca me acoge, cálida y anhelante. Me desintegro en el sentimiento. Le transmito cada parte de mí ser en cada movimiento de mis labios. Se mueven. Se amoldan. Se paran. Me siento perdonada. Me siento querida. Me siento apoyada. Me siento protegida. Me siento… me siento yo. Consigo, por fin, sentirme yo después de mucho, mucho, mucho tiempo. Su lengua pide paso para entrar. No planeo decirle que no. Es un beso torpe. Es el primero y no solo digo con él, sino en general. No me importa y no le importa. Sigo intentando armonizar mi lengua y la suya lo mejor que puedo. Al final me dejo llevar. Nada me importa salvo sentir la calidez de sus brazos rodeándome. La inmensidad de este sentimiento expandiéndose. La plenitud de la felicidad embriagando mi pecho como si del mejor licor se tratase. Dos palabras luchan fieramente por abrirse paso a través de mi garganta. Me dan miedo, pero ya he llegado muy lejos como para rendirme ahora. Las dejo salir. Fluyen. Y desde mi punto de vista, suenan torpes y estúpidas pronunciadas por m boca. Pero es todo lo que él necesita. Lo veo en sus ojos en cuanto mi boca a terminado la última sílaba
"Te quiero"
Este capítulo no tiene nada, pero nada que ver con los otros. Os dije que iba a hacer un cambio radical. Siento mucho la tardanza. Sólo espero que os guste. Esa última frase no significa un final, o a lo mejor sí, no lo sé. Eso es depende de lo que quiera yo. Muchas gracias por estar ahí, leyendo la historia y apoyándome con vuestros comentarios. Un año es tardar mucho tiempo en actualizar, pero espero, de todo corazón, que lo disfrutéis tanto como yo lo he disfrutado escribiendo. Espero que te guste a ti también, bobo. Muchas gracias. Adiós
Atte. Rebemoda
