¡Hola! Lamento no haber actualizado ayer. Ahora les traigo el capítulo 4. Quizá les parezca algo... ¿apresurado? lo que va a pasar... pero así es como se me ocurrió la idea del fic...
¡Espero les agrade!
Capítulo 4: Porque Blaine le pone lo Hard a la Party
~^~ Kurt's Pov ~^~
- ¡FELIZ CUMPLEAÑOS KURTIE! - Mi familia abrió mi puerta de una azotada gritando a todo pulmón, intentado despertarme sobresaltado como todos los años.
- Muchas gracias, no tenían que hacer eso - Me levanté de la cama dejando mi celular a un lado - De verdad... no tenían que hacerlo – Cambié mi tono de voz.
- ¡Oww! Kurtie malo - Se quejó Britt.
- No es divertido entrar así si tú ya estas despierto - Completo Quinn.
- Wow, no sabía que su plan de regalo de cumpleaños incluyera un paro cardíaco - Me acerqué a mis padres para abrazarlos.
- No puedo creer que ya tengas 15 años - Decía Angélica abrazándome muy fuerte limpiando unas cuantas lágrimas - Muy pronto ya estarás saliendo con chicos y escabulléndote a mitad de la noche para ir a fiestas, dónde probablemente perderás la virginidad - Quedé completamente rojo mientras mi padre se ahogaba con su propia saliva.
- ¡¿Qué?! ¡Claro que no! - Papá me arrancó de los brazos de Angie abrazándome protectoramente - Aún es muy joven para siquiera tener novio.
- Vamos cariño, tú sabes cómo son los chicos. Tú fuiste uno.
- Y porque conozco a los chicos es que no permitiré que Kurt tenga novio - Aumentó la fuerza del abrazo - Y con eso de que los chicos de ahora son peores que patanes, mucho menos.
- No te preocupes cariño, contarás con mi permiso - Angélica me gruño el ojo... ¡Angélica me giñó el ojo! ¡Eso no puede ser bueno!
- Bueno, ya es nuestro turno - Quinn y Brittany se acercaron DEMASIADO sonrientes hacia mí causándome escalofríos - Pero primero bajemos a desayunar.
- Es cierto, te preparé un desayuno extra especial - Palmeo las mano Angélica sacándonos de mi habitación.
Bajamos y... ¡Te súper híper mega amo, Angie! Sobre la mesa estaba todo lo que más amaba para desayunar, panqueques, cupcakes, fruta picada, yogurth, jugo de naranja y mis amadas galletas de avena.
Me atraganté lo más que pude, no desperdiciaría este hermoso banquete, gruñía cada que alguien intentaba tomar algo a lo que yo ya le había echado el ojo provocando que alejaran la mano antes de que los mordiera, tal como lo haría un perro.
- Bien, es hora de nuestro primer regalo - Se levantaron mis hermanas - Kurt sube y cámbiate la pijama, iremos al centro comercial.
- ¿Wawoga? - Pregunté con la boca llena de fresas.
- Hiu Kurt, no seas asqueroso, no hables con la boca llena - Quinn frunció el ceño.
- Ejem... ¿Ahora? - Volví a preguntar una vez que tragué - ¿No puede ser después?
- Okay... - Suspiró Quinn - Tenemos una tarjeta con tu nombre con $800 dólares, es ahora o nunca, ¿Lo tomas o lo dejas?
En respuesta salí corriendo escaleras arriba ¡Este día iba cada vez mejor!
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- ¡De verdad las amo! - Grité abriendo bruscamente la puerta de la entrada de mi casa con 6 bolsas en brazos.
- Sí, sí, mucho amor, ahora quítate que esto pesa - Gruñó Quinn pasando por mi lado dejando más bolsas en la sala y arrojándose al sillón - Estoy muerta.
- Kurt, eres un maldito suertudo - Brittany hizo un puchero - El día que llevas dinero más que suficiente, tu tienda favorita está de rebajas.
- ¡Lo sé! ¡Llevaba bastante tiempo queriendo nuevas botas! - Me restregué la caja de las botas en la cara.
- Tendrás que prestarme este pañuelo - Tomó de entre las bolsas un lindo pañuelo color azul.
- ¡Jamás! - Se la arrebaté de las manos.
-Chicos, ¿ya llegaron? - Preguntó Angélica bajando las escaleras.
- Nooo... Aún estamos dentro de una tienda con cientos de adolescentes alocados peleándose por un maldito sweater amarillo chillón - Se quejó Quinn con claro sarcasmo, ganándose un zape por parte de Angélica.
- No utilices ése tono conmigo, jovencita -
- ¡Sí! - Apoyé a mamá - Y es amarillo canario... para que te quede claro... - Tomé la bolsa que contenía dicha prenda. Nunca en mi vida había agradecido tanto las clases de karate... aunque lo que realmente utilicé fueron uñas, dientes y mis potentes pulmones.
- ¿Compraron toda la tienda? - Preguntó mamá.
- No, ¿Por qué? - Respondí, no la entendía, sólo había unas… 16 bolsas. Lo normal
- ¿Todas son de ropa para ti? - Volvió a preguntar agarrando una de ellas.
- Claro que no… ¿Quién crees que soy? Unas son de zapatos y otras de accesorios como cintos, mascadas, pulseras y uno que otro collar.
- Lo bueno es que pensaste en tu querida familia a la hora de comprar - Comentó sarcástico papá bajando las escaleras.
- Lo hice, pero cada que estaba a punto de comprarles algo una nueva y fascinante prenda saltaba a mi vista, ahora si me disculpan, necesito ir a reacomodar mi closet para que todo entre - Tomé como pude todas las bolsas, 7 en un brazo, 7 en otro y las 2 pequeñas de accesorios en la boca.
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- Kurt, cariño, baja a despedirte de nosotros - Gritó Angélica desde abajo de las escaleras.
- ¿A dónde van? - Pregunté - ¿Piensas dejar sólo a su único hijo en su cumpleaños?
- No es que queramos, cariño - Aclaró - Pero es que tus hermanas…
- Es nuestro segundo regalo - Interrumpió Quinn bajando las escaleras con sólo una bata de baño y la mitad del cabello planchado - Tu fiesta de quince años sin supervisión de un adulto.
-Pero…
- ¡Cállate! - Volvió a interrumpir - Nada de "Pero" – Agudizó la voz intentando y fallando en imitar mi voz - No sabes lo que me costó que mamá y Burt aceptaran, así que agradece de rodillas mocoso malagradecido - Se enfureció.
- ¿Quién te crees para hablarme así? - La reté - Recuerda que todavía no terminan las vacaciones - Le lancé una mirada para que recordara nuestro trato.
- Tsk… - Se volteó y regresó a… donde sea que haya estado antes, su cuarto supongo.
- Bueno cariño, los dejamos, cuídense, sean responsables y llamen si las cosas se salen de control - Dijo Angélica, me besó la frente y salió de la casa.
Papá… Pues el sólo me abrazó fuertemente, besó mi frente y salió.
- Te vez bien Kurty - Me aduló Brittany saliendo de la cocina.
¿Bien? Pfff… eso se queda corto. Me veo Per-fec-to. ¡Como siempre! ¿Cómo no verme bien con ropa nueva? Llevaba un pantalón negro tan ajustado que casi me costaba la circulación, una camisa blanca con las mangas hasta los codos que se me ajustaba como si fuese una segunda piel, y para darle algo de color el pañuelo azul que tanto amaba mi hermana.
- Gracias, Britt, tú también te ves muy bien - Le regresé el cumplido, y en verdad le quedaba bastante bien ese vestido negro ajustado, todo en ella resaltaba con ese color.
- Sí, bueno, ya casi es hora de que los demás empiecen a llegar ¿Dónde está Quinn?
- Acaba de salir hecha una fiera cuando le recordé lo del parque, seguro fue a ponerse su vestido y terminar de peinarse - Señalé hacia donde se supone debería estar su cuarto en la planta de arriba.
- Bien, entonces, como se supone que esto es "sorpresa" salgamos por una crepas, y regresamos en unos 20 minutos - Señaló la puerta, invitándome a salir por ella.
Salimos y fuimos hasta el lejano puesto de crepas, fueron las 4 cuadras más largas de mi vida, y lo fueron por que mi hermana estaba caminando a pasitos de bebé caracol. Tenía que asegurarse de que les diéramos el mayor tiempo posible a los invitados de mi "fiesta sorpresa". Claro que al ver la enorme fila que había frente a nosotros, podríamos haber corrido lo más rápido que pudiéramos y aun así les habríamos dado tiempo más que suficiente.
Luego de 45 minutos de espera regresamos a casa. Decir que mis pies dolían de estar parado era poco, ¡Quería arrancármelos para evitar seguir sufriendo!
- ¡Y entonces sacó un pato de su sostén! - Exclamó Brittany casi golpeándome con su crepa y regresándome a la realidad.
- ¿Ehh? -La voltee a ver, sin saber si lo que dijo fue parte de una conversación real o sólo para ver si le estaba prestando atención.
- Ahh... Olvídalo, no es nada importante, sólo te contaba sobre la pijamada más bizarra a la que eh ido ¡Mira! Llegamos, abre la puerta - Empezó a dar pequeños brinquitos mientras aplaudía muy fuerte, demasiado. Alguna clase de advertencia supongo.
- De acuerdo... - Me adelanté y en vez de tocar la puerta, tomé mis llaves y abrí la puerta de aventón, encontrando a varios todavía sin encontrar lugar para esconderse.
- Ehh... ¡Felicidades! - Gritaron.
Y de la nada alguien dio un disparo de confeti que le dio directo en la cabeza a la que, si no mal recuerdo, se llama Santana
- ¡Mira maldito árbol, es la segunda, si quieres morir sólo tenías que decirlo! - Se quejó. Y yo, pues sólo hice lo que cualquiera en mi lugar hubiera hecho, reír a carcajadas.
- Awww... Que lindos - Entré colocando mis manos en la boca - Diría que no me lo esperaba, aunque sería mentira. Pero si no lo hago mi hermana intentará golpearme, fallando en el intento; y ya que quiero evitarle más vergüenzas entonces lo diré. ¡No me lo esperaba! - Grité con fingida emoción, mientras veía la roja cara de mi hermana, la cual llevaba un vestido rosa muy por arriba de las rodillas.
Pasé por entre toda la multitud, de los cuales no conocía a casi nadie de los que me felicitaban, por no decir que, ¡realmente no conocía a nadie!
- Si acaso invitaron a alguno de mis verdaderos amigos - Susurré cuando estuve cerca de Quinn.
- Ash... Sólo al único que conozco, tu amigo el rubio rarito está en la cocina, todavía sin creer que haya un bowl lleno del ponche especial de Puck en tu fiesta, Pobrecito, seguramente es la primera vez que va a alguna fiesta sin supervisión adulta y que tenga alcohol - Comentó con un tono lleno de lastima.
- Es normal, ya que tiene apenas 15 años - Le recordé - Y ¿Por qué siento que utilizas mi cumpleaños como excusa para poder tener la primera de muchas fiesta con el Glee Club?
- ¿Yo? ¿Me creerías capas de... - La miré seriamente - De acuerdo, sí - Admitió con derrota - ¡Pero también te trajeron regalos! Así que no te quejes
- ¿Si acaso saben mis gustos? - Arqueé una ceja.
- Les dije que compraran algo que creerían que nos gustara a mí o a Britt, claro que evitando que sean falda, vestidos o aretes, aunque... en caso de ser así yo estaría dispuesta a aceptarlos si no los quieres.
- ¿Y la talla? ¿Les diste mi talla por si se les ocurre comprarme algo de ropa? Lo más importante, ¿Sabes mi talla?
- ¡Ash! ¿Qué clase de hermana crees que soy? ¿Cómo no me voy a saber tu talla?
- Entonces dímela - La reté.
- Emm... ¡Eres la misma que yo!
- ¡Claro que no! - Le grité ofendido - Soy más delgado que tú.
- ¿Me estás diciendo gorda? - Colocó su mano en la cadera. Upsi, creo que la hice enojar.
- Más que yo, sí - Y acabas de cavar tu propia tumba, Hummel.
- Maldito... - Apretó sus puños. Yo salí corriendo - ¡Deja que te alcance!
Corrí tan rápido como pude, directo a la cocina, donde se suponía estaba la única persona que realmente conocía.
- ¡Jeffy! - Grité cuando localicé a mi mejor amigo viendo embobado un recipiente lleno de un extraño líquido rojo.
- ¡Kurty! - Respondió con la hiperactividad que lo caracteriza - ¡Feli-Uhg! - Se quejó en cuanto recibió el impacto de su cuerpo cayendo al suelo conmigo encima, escondiendo mi cara en su pecho.
- ¡Quiere matarme! - Lloriquee como un niño de 5 años - Ayúdame.
- Si no quitas tu enorme trasero de mí, yo también empezaré a tener sentimientos homicidas hacia tu persona - Amenazó, aunque su voz no tenía ningún rastro de molestia.
- Claro, es mi cumpleaños y me llamas gordo antes de felicitarme - Me levanté indignado haciendo un puchero y cruzando mis brazos en el pecho.
- Sabes que bromeo, eres el más ligero de todas las personas que conozco, incluyendo a chicas - Me dio un fuerte abrazo, aprovechando que es más alto que yo para levantarme unos cuantos centímetro del suelo - Y con respecto a felicitarte - Me regresó al suelo - Estaba a punto de hacerlo, cuando me saltaste encima, cielos, ¡Sé que soy tan irresistible que no puedes vivir sin mí! Pero si haces eso todo el tiempo me ahuyentarás a los chicos - Bromeó.
- ¡Pues les haría un favor al alejarlos del alguien tan fanfarrón como tú!
- Vamos, no utilices tu linda boquita en insultarme - Me tomo las mejilla apretándolas - Mejor pensemos seriamente en que sería lo peor que nos pasaría si tomamos un poco de eso - Señaló hacia el recipiente donde estaba el "ponche".
- Pues no lo sé, tal vez nos dolería la cabeza al día siguiente como a cualquier persona con resaca - Puntualicé, sin oponerme al brazo que me rodeaba los hombros atrayéndome más hacia el cuerpo de mi amigo.
- ¿Crees que si bebo demasiado termine siendo arrestado por cruzar la frontera y acostarme con un candente mariachi latino? - Preguntó intentando parecer serio, lo cual habría funcionado de no ser porque a los 5 segundos se descompuso en una enorme carcajada, la cual no tardé en seguir.
- No, no, ya, en serio - Se limpió las lágrimas que salían de sus ojos por la risa - Tomemos un poco - Y sin más, agarró dos vasos llenándolos hasta el tope del líquido, entregándome uno - A la cuenta de tres... uno, dos, ¡Tres! - Gritó tomando un gran sorbo, y conmigo imitando su acción.
- ¡Ugh! Que fuerte está - Arrugué la cara alejando el vaso de mi cara.
- Ni que lo digas - Me apoyo con la misma mueca en su rostro - ¿Otra? - Preguntó divertido.
- Jum... De acuerdo, pero es el último trago que le doy a esta cosa - Prometí.
Y que poca palabra tengo. Perdí la cuenta luego de 6 vasos. Ahora estoy caminando a tientas por toda la sala, ya que a alguna de mis hermanas se le ocurrió la "grandiosa" idea de apagar las luces.
- ¡Hay! - Me quejé cuando choqué contra alguien - Lo siento - Me disculpé sin poder distinguir a la persona frente a mí.
- No te preocupes dulzura, el que debería disculparse soy yo - Respondió una voz masculina frente a mí- ¿Qué tal te la estás pasando? - Preguntó con un alto grado de coqueteo y alcohol en sus palabras.
- Bastante bien, a pesar de que no veo nada y mi cabeza da vueltas - Hablé con sinceridad.
- Juo… que mal, si quieres puedo ayudarte a sentirte mejor - Deslizó su mano por mi cuello hasta llegar a mi hombro, causando escalofríos por todo mi espina dorsal.
- ¿Có-cómo? - Tartamudee, sentí como toda la sangre se acumulaba en mis mejillas… y para qué negarlo, también en el sur de mi cuerpo. Es el alcohol.
- Tú sólo acepta y te prometo no te arrepentirás - El tono tan sexy que utilizó hizo que mis piernas se sintieran como gelatina.
"¡No lo hagas! ¡No lo conoces!" Gritó mi mente. Y Sabía que era cierto.
- De acuerdo… -La excitación y el gran nivel de alcohol en mi sangre fue lo que me llevó a cambiar la respuesta antes de que saliera de mi boca.
Mis ojos finalmente empezaron a acostumbrarse a la oscuridad, permitiéndome ver que en su rostro se formó una pequeña sonrisa. Terminó de deslizar su mano hasta entrelazarla con la mía. Con un agarre fuerte me guió hasta las escaleras y entró en la primera habitación que vio. La mía.
Me arrojó sin ninguna delicadeza en mi cama. Antes de que pudiera protestar se quitó su camisa y se lanzó a besarme apasionadamente, robándose mi primer beso. Con la mejor iluminación que mi cuarto nos brindó pude verlo mejor. Tenía un lindo cabello negro rizado, su piel era ligeramente bronceada, su cuerpo tenía la cantidad perfecta de músculos.
- Eres tan jodidamente exquisito - Murmuró separándose un poco. Fue ahí cuando pude apreciar perfectamente su rostro.
Lo primero que llamó mi atención fueron sus hermosos ojos color avellana que con la luz, adquirían un ligero tono verde. También tenía unas graciosas cejas triangulares que de alguna extraña forma se le veían bien. Sus labios eran carnosos y bastante apetecibles.
- Ahh… - Gemí en cuanto adentró su fría mano en mi camisa. Su tacto quemaba cada pedazo de piel que tocaba. Se acercó a mi oído y sopló. Dejó escapar una leve risa al sentir mi cuerpo tensarse.
- Esto - Señaló mi camisa - Necesita irse, ya - Y con ferocidad arrancó mi camisa haciendo saltar algunos botones. Mi mente estaba tan llena de alcohol y lujuria que me importo tan poco que fuera nueva - Mmm… que encantador - Ronroneó apreciando mi blanco pecho.
Acercó su boca hasta atrapar uno de mis pezones, mordiéndolo suavemente. Mi única respuesta fue arquear la espalda en busca de más contacto. Mi saliva empezaba a salir de mi boca sin que lo pudiera evitar.
- Vaya… aún no he llegado a lo interesante y ya te pusiste duro - Presionó su mano contra la creciente erección que se estaba formando entre mis pantalones, lo cuales ahora empezaban a doler. Solté un leve quejido - Bien, me dejaré de juegos y te daré lo que quieres.
Se levantó y en cuestión de segundos se deshizo de sus pantalones y bóxer, dejando al descubierto su enorme miembro palpitante. Se acercó a mí y empezó a desabrochar mis pantalones, bajándolos junto con mi ropa interior, dejándome expuesto a su mirada, la cual me devoraba como si él fuese un lobo y yo una pobre e indefensa oveja.
Fue entonces cuando caí en cuenta, realmente esto iba a pasar, realmente perdería mi virginidad con alguien a quien acababa de conocer y todavía no sabía ni su nombre. Lejos de detenerme, abrí las piernas, dándole una mejor vista de mi virginal entrada. Se relamió los labios hambriento. De su billetera sacón un pequeño sobre gris, abriéndolo con los dientes sin despegar su mirada de mí. Sacó el preservativo y lo colocó sobre toda su longitud. Se arrodilló entre mis piernas aproximando la cabeza de su miembro a mi entrada.
- ¡Alto! - Exclamé deteniéndolo - No puedes entrar así como así, me dolerá - Con la poca información que venía en los folletos que Angie ocasionalmente dejaba en mi escritorio tenía el suficiente conocimiento del dolor que me causaría, sobre todo siendo mi primera vez y sin nada de preparación - No quiero que me duela tanto en mi pri… - Me callé.
- Oh… así que eres virgen - Se formó una burlona sonrisa en su perfecto rostro. Yo rojo hasta las orejas asentí - Eso lo hace aún más interesante - Rascó su barbilla, aproximó 3 dedos hasta mi boca – Lámelos - Demandó.
Yo no tardé nada en envolverlos entre mis labios, pasando mi lengua entre cada uno de ellos, tratando de dejarlos lo más lubricados posibles. Y por su cara de excitación pude descifrar que le estaba encantando lo que hacía.
- Suficiente – Sentenció con voz ronca, retirándolos. Los acerco hasta mi entrada rozándola levemente, causándome soltar leves quejidos - Veo que te empiezas a desesperar - Y sin más introdujo el primer dedo.
- Ughh… Ahh… - Decir que sentí dolor es poco, pero sabía que esto no sería nada a lo que sentiría después.
Colocó su mano sobre mi erección, moviéndola de arriba abajo, con un ritmo lento, tratando de que mi dolor fuese menos. Dejó que el segundo dígito entrará en mí, abriéndolos en forma de tijeras, el dolor sólo incrementó un poco, pero al poco tiempo me olvidé de él, al sentir como aumentaba el ritmo en mi miembro. Cada vez era más rápido, y el placer en mi incrementó, tanto que no supe cuando el tercer y último dedo entro en mí.
Cuando consideró que estuve lo suficientemente dilatado retiró los dedos – Oahh… - Me quejé ante la falta de ellos.
- No te impacientes, que ya llegó lo mejor - De un solo movimiento entró la punta de su miembro en mí.
- ¡Ahh! - Lágrimas salieron de mis ojos ante la tremenda punzada de dolor que sentí- Du- duele…. Ahh… - Se inclinó lo suficiente para poderme besar, sin detener el frenético ritmo de su mano, con una única estocada terminó de entrar, llenándome por completo, sintiendo como me partiría en dos. Ahogué mi grito de dolor en su boca, jalando sin ningún cuidado sus rulos.
- Eres… tan… hum… estrecho - Murmuró contra mi oído, todavía sin moverse, esperando a que me acostumbrara a la intromisión.
Cuando me sentí listo, empujé levemente mis caderas. Él entendió el mensaje, empezando a dar leves embestidas. Causando que lograra ver estrellas.
- Ma- más rápido… Ahh - Pedí buscando la forma de aumentar las sensaciones que tenía.
Rápidamente aumentó el ritmo hasta el punto en el que me volví loco de placer, mis ojos se nublaron, al igual que mi mente. Gemidos y olor a sexo inundaron mi habitación. La probabilidad de que cualquiera de mis hermanas o invitados nos descubriera aumentó la excitación que sentía, hasta un nivel que no pensé jamás que llegaría a sentir. Sentí un cosquilleo en la parte baja de mi estómago, que me avisaba que no duraría por mucho tiempo más.
- No… no ahh aguantaré… más… mhh… - Advertí.
- Yo... tam... poco - Gruñó, aumentando aún más el ritmo de las embestidas.
- Ahh… - Gemí cuando pegó justo en un punto donde vi completamente la galaxia en todo su esplendor – O-otra vez – Volvió a tocar ese mismo punto repetidas veces.
Dio una última embestida, la más fuerte de todas las que había dado. Logrando que estallara, empapando nuestros estómagos. Sentí como se corría dentro del condón. Se desplomó sobre mí, pasando su mano por mi cuello, tomando mi pañuelo, el cual en ningún momento había abandonado mi cuello, siendo un testigo más de nuestro acto.
Mis parpados empezaron a ser tan pesados que me era imposible mantener los ojos abiertos. Los cerré, dejando que el agotamiento me invadiera por completo, antes de perderme en un profundo sueño repasé el día, hasta llegar a este momento. Así fue como el día de mi cumpleaños número 15 perdí mi primer beso y mi primera vez con un completo desconocido.
- La más extraña fiesta de cumpleaños que he tenido… - Susurré, antes de caer en un profundo sueño, sin ningún arrepentimiento de lo que acababa de hacer.
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