N/A: Perdon por retrasar tanto la llegada del nuevo capitulo. Aqui les dejo el nuevo capitulo, gracias por leer.
Araño el tapizado de la silla, en un vano intento de aplacar los nervios. Madre vendrá en unos segundos y no sé qué decirle. Esto es injusto, sumamente injusto, si tan solo me mandasen a mí y Peeta se quedara…
— ¡Katniss! —exclama mi madre apenas cruza la puerta, abrazándome con fuerza. Le correspondo con otro, llorando. El terrible nudo en la garganta me ahorca, impidiéndome respirar y el pecho se oprime. Es un dolor terrible.
—Mamá—logro decir, después de aclararme la voz—No sé si volveré. En caso de que eso suceda… Prim y tú… deberán seguir adelante sin mí.
Sus ojos claros me miran acuosos, el rostro se comprime a causa de la tristeza, negando con la cabeza.
— ¡Cállate, hija! ¡Que la boca se te haga a un lado!
Enmudezco, clavándole la mirada. No sé que decir, como responder. Abro la boca, y en ese preciso momento un agente de la paz entra lleno de ímpetu y la obliga a retirarse. Ella forcejea entre los brazos de hierro del hombre, gritando con voz desgarrada. Me tapo el rostro con las manos, gritando de dolor.
Prim, seguida de Gale, son mi segunda y última visita. Gale duda antes de abrazarme. Le digo que todo está olvidado, que somos y seremos amigos por siempre. Revuelvo el cabello de Prim, mi pequeña y hermosa Prim.
—Prim… te quiero—susurro, arreglándole las trenzas fueras de lugar.
La niña alza la cabeza y dice:
—¿Trataras de ganar? Sí. Di que sí.
—Prim, yo…
—No me digas que no, Katniss. Prométeme que regresarás. Por favor.
¿Cómo hacerle entender que es imposible? Si Peeta no regresa, entonces, yo tampoco. Pero es Prim, mi hermanita del alma, por ella doy todo… hasta la vida.
—Te prometo que…—mentira, es una cruel y estúpida mentira— regresaré. Cuídate. Cuídense—también me dirijo a Gale— Y… sigan como si nada hubiese pasado.
Un ultimo abrazo a los dos, respiro su aroma por ultima vez. Las puertas se cierran y la dura realidad me golpea fuertemente.
El tren de los Tributos es lo más elegante que he visto en la vida. En el comedor, una larga mesa de vidrio, adornada de apetitosos manjares llama mi atención. Como no tengo hambre, me alejo de la mesa y paso directa a mi habitación. Effie Trinket me sigue por detrás, parloteando sobre los horarios establecidos para cenar, almorzar, desayunar y no sé que cosa más. Le cierro la puerta en la cara, tirándome sobre la cama.
Lloro todo lo que no he llorado en el día, ahogándome en molestos sollozos que se atoran en mi garganta. Él está aquí, conmigo, condenado a morir. ¿Por qué tuvo que salir elegido? ¡Maldita y estúpida suerte!
No sé en qué momento me he quedado dormida. Abro mis ojos de par en par, notando la oscuridad de la ventana. Ya es de noche. No deseo levantarme de la cama, pero sé que Peeta espera por mí. Me pongo en pie lentamente, abriendo de un tirón la puerta.
En el comedor me esperan Peeta, Effie y Haymitch, nuestro mentor, un hombre borracho que tendrá nuestra suerte en sus manos. Si de el depende nuestra vida… estamos perdidos.
Peeta se pone en pie al verme, corriendo a abrazarme. Me estrecha entre sus brazos, enterrando su cabeza en mi cuello. Lo amo tanto…
—Katniss… ¿Por qué…—sus ojos azules se fijan en los míos, grises como el cielo nublado —no te has levantado? Vale, no digas nada. No, no lo digas ahora. Solo… come un poco.
Le hago caso y me siento al lado suyo. Hay tantos platos apetitosos que jamás soñé en comer en mi vida. Estos no puedes permitírtelos, te llevaría una vida entera conseguirlos. El "estofado de cordero" no podría prepararlo en mi casa, quizás pueda sustituir la carne de cordero por la de conejo, las papas… tendría que cambiar otras cosas para comprarlas…. Y lo otro no se que es. Descarto la idea inmediatamente, esto es imposible de suplantar.
Como con demasiada gana, ya que dormir ha quemado las pocas calorías del día. Un líquido amarillo baila en mi lengua al tomarlo y pregunto, maravillada, que es.
—Es jugo de naranja—menciona Effie, traspasándome con sus larguísimas pestañas doradas.
La hora de dormir llega rapidísimo, y yo no tengo sueño. Peeta se dirige a su habitación, pero lo detengo a mitad de camino y lo meto en mi cuarto.
Se acurruca a mi lado, acariciándome el pelo ondulado por causa de las trenzas. Apoyo mis manos en su fuerte pecho, sintiendo los acelerados latidos de su corazón. ¿Cuántas veces imagine un futuro juntos? Demasiadas. Y hasta esa posibilidad nos las están quitando.
—Katniss—enuncia de repente, iluminando la oscuridad con su voz—¿Prometes que lo harás?
Frunzo el ceño, abriendo los ojos muy grandes de repente. ¿A que se refiere?
—¿Qué quieres decir con eso? —Peeta se sienta en la cama, mirando a su derecha—Dime…¿Qué quieres decir con eso?
—Me refiero a que—mira a un punto en el horizonte, quizás sobre la puerta— llegados a ese momento, el momento de… que tengas que matarme…. ¿Lo harás, no?
Su sugerencia me enfada tanto que inmediatamente mis ojos se llenan de lágrimas. Niego con la cabeza, enjuagándome las calidas lagrimas. No soporto la idea de que él muera.
—¡Peeta! —tomo su rostro entre mis manos, obligándolo a que me mire—¡No se te ocurra volver a mencionar el tema, jamás!
Su divino rostro se deforma por la tristeza, aunque él está hermoso de ambas maneras, sonriendo o llorando. También odio verlo llorar. A que sí presiono suavemente mis labios contra los suyos, y lo abrazo como si su vida dependiese de mí. Y si, si depende mí. Porque he decido que, a partir de este momento… lo mantendré con vida contra viento y marea, sin importar si muero en el intento.
