Joanna cogió aire, algo dolida por los comentarios de sus hijas, aunque sabía que tenían razón.
Ignoró eso momentáneamente para centrarse en sus otros hijos, que habían estado a punto de convertir una reunión familiar en un combate de gladiadores. Los miró fijamente como advertencia y los descongeló.
Nymeria cayó amortiguando su peso con ayuda de una mano, con un movimiento ágil, de alguien que está acostumbrado a moverse en una pelea. Frederick por su parte movió los brazos para aliviar la tensión de sus hombros y se estiró. Joanna los miraba enfadada.
-¡Nymeria Sakdi Beauchamp!- gritó amenazadoramente – si vuelves a repetir algo así contra tu hermano, el castigo será severo- dijo muy seria.
Frederick por su parte hizo un gesto con las manos para clamar a su madre y habló:
-No digo que no merezca lo que me has dicho, o lo que planearas hacerme – dijo solemne- pero no soy la misma persona que viste por última vez cuando se cerró el portal. He cambiado. Sólo me importa estar con mi familia de nuevo.
Nymeria lo observo apoyada en el palo de escoba.
-Entonces… ¿Es nuestro Freddie?- su tono de voz sonaba más aniñado de lo que habría deseado, pero después de tanto tiempo era difícil ocultar sentimientos. Miró a su tía Wendy y esta asintió.
Sólo entonces soltó el palo de escoba y se acercó a su hermano mayor.
-Lo siento… Yo… Me alegro de que estés de vuelta- dijo mirándolo a los ojos. ¡Demonios, lo recordaba menos alto! ¿Habría crecido? ¿O sólo llevaba mucho tiempo sin verle?
Freddie sonrió.
-No pasa nada, lo entiendo. ¿Me darás al menos otra oportunidad?- pidió con cara de cachorrito.
Nymeria lo abrazó contenta.
-Claro- dijo mientras él reía y la abrazaba. Joanna parecía satisfecha con el resultado.- Aunque los dos sabemos que yo te habría pateado el culo y te habrías puesto a llorar como un bebé- bromeó con una sonrisa. Su madre nuevamente la miró con una mueca de advertencia.
-Cuando quieras, pequeñaja. No estoy tan seguro de quién ganaría a quién- fanfarroneó su hermano adoptando la postura de un boxeador y sacándole la lengua.
- Cinco pavos por Nym- susurró Wendy a Freya discretamente. Freya lo sopesó unos instantes.
-Hecho- dijo estrechando la mano a su tía ante la atónita mirada de Ingrid, que rodó los ojos.
Joanna se cruzó de brazos.
-Nadie va a patear el culo de nadie.
-Ni que fuera la primera vez- dijo Wendy con una risita. Joanna la fulminó con la mirada y esta se escabulló al comedor antes de que le cayera también una bronca a ella.
Momentos más tarde todos se sentaban alrededor de la mesa. Ingrid y Freya miraban a su madre significativamente requiriendo una explicación. Freddie por su parte también miraba con curiosidad la escena y Wendy le daba vueltas a la posible versión de su sobrina.
Cuando el ambiente parecía estar lleno de preguntas Joanna habló por fin.
-Veamos… Esto es complicado…- suspiró y buscó las palabras. –Cuando llegamos a este mundo, vinimos todos juntos. Empezamos nuestra nueva vida, y vuestra hermana estaba con nosotros. Luego las cosas se hicieron difíciles… El hecho de poseer nuestros dones…
-Lo que vuestra madre quiere decir es que vinimos en plena caza de brujas- dijo Wendy con naturalidad dando un sorbo a su copa de vino.
-¡Wendy! – se indignó su hermana
-De nada- guiñó un ojo a sus sobrinos, que rieron por lo bajo, sabiendo que la síntesis no era uno de los dones que tenía su madre.
-El caso es- dijo haciendo énfasis en la frase- que fuimos perseguidas y eso provocó que vosotras murierais.- señaló a sus hijas ante la atónita mirada de Freddie.- Por lo tanto huimos de aquel lugar, aún de luto, para rehacer nuestra vida en algún otro lugar más… Tranquilo. Ingrid y Freya renacieron, pero Nymeria no las siguió. Y así, la dimos por perdida. No os contamos nada en vuestras otras vidas porque es un hecho triste que no teníais por qué cargar sobre vuestros hombros.
Freya e Ingrid intentaban asimilar lo que habían oído y, como siempre, Ingrid fue la primera en preguntar:
-¿Entonces, qué pasó contigo?- dijo mirando a su, para ella, aún nueva hermana.
Todos los presentes fijaron su atención en la joven.
"¿Por dónde empezar?" pensó ella mientras se disponía a resumir cuatrocientos años de vida.
