Se miraron, frente a frente, con el odio ardiendo en sus miradas. Acompasadas, levantaron sus armas hacia la otra y se lanzaron sendas estocadas. Al esquivar a Nymeria, Isis aprovechó a recoger del suelo la espada que había dejado caer Freddie, tirando el puñal en su lugar.

Nymeria se abalanzó sobre ella, atacándola con su hacha izquierda, pero Isis la rechazó de tal forma que salió disparada y se clavó en la pared. Nymeria saltó a por ella, pero estaba clavada muy hondo y no consiguió sacarla. Ya tenía a Isis encima, así que la esquivó como pudo y golpeó su costillar con el mango del hacha que aún llevaba en las manos. Isis maldijo por el dolor y la siguó, lanzando estocadas furiosas, que Nymeria esquivaba sin dificultad. Cogió la espada con las dos manos y con toda la fuerza posible, lanzó una estocada, que Nymeria paró con el hacha, saliendo despedida hacia atrás por la fuerza, chocando con una pared cercana. Volvió a la posición de lucha, pero Isis se adelantó, acorralándola. Literalmente, entre la espada y la pared, con sólo un hacha para defenderse. Isis alzó la espada. La paró, pero sus fuerzas andaban igualadas. Los brazos les temblaban por la fuerza empleada y no parecía que ninguna fuera a ceder. Nymeria ladeó el hacha ligeramente, lo justo para darle un golpe, pequeño pero seco, en la nariz. Por su parte Isis aprovechó el momento para golpearla con el pomo de la espada en la cabeza, dándole un puñetazo con la otra mano y haciendo que cayera al suelo de bruces.

Ingrid, Freya y Freddie observaban aterrorizados desde un lado la escena. Ingrid había hecho un hechizo protector, de manera que nada pudiera dañarles, pero eso también les impedía intervenir.

De la nariz de Isis brotó sangre, unas gotas, que cayeron delante de Nymeria. Apretó los puños y levantó la cabeza hacia Isis. Tenía una sonrisa siniestra en el rostro y un halo rojizo en los ojos azules. Se lanzó a por ella a una rapidez imposible. Sin hacha. Sin nada, solo con sus manos. Isis se desapareció y apareció no muy lejos, con una mueca de sorpresa. Nymeria la seguí a de manera implacable, alcanzándola en un par de ocasiones con los puños, una vez en la mejilla y otra en el estómago. Parecía tener más fuerza que antes, y sobretodo, parecía que no había nada que pudiera pararla. Cogió las cadenas de su cinto, tanteando la situación. Isis apareció cerca del hacha, intentando con urgencia sacarla de la pared. Nymeria cargó en su dirección, Isisi fintó a un lado y Nymeria la siguió, quedándose las cadenas enredadas en el hacha. Ambas se miraron un instante. Nymeria saltó en dirección a las cadenas, haciendo Isis lo mismo. Nymeria estaba cerca, casi las tenía en la mano, estiró la mano derecha, rozándolas… Y sintió unas uñas clavadas en su antebrazo, con fuerza, sin piedad.

Dio una patada en dirección a Isis, acertando en sus costillas, que sirvió para impulsarse y por fin agarrar las cadenas. Acercó un cepo a las uñas que aún tenía calvadas en el antebrazo y este se abrió sin más, atrapando la mano de Isis con un sonido pesado al cerrarse. Como si hubiera cobrado vida propia, la cadena serpenteó, buscando la otra mano de la mujer y atrapándola implacablemente. Isis chilló y se retorció en el suelo y se quedó allí, boqueando como un pez fuera del agua.

Ingrid deshizo el hechizo con rapidez y los tres se acercaron donde su hermana. El halo rojizo había desaparecido, y los miraba con una sonrisa triunfal. Se abrazaron.

-¡Lo conseguimos! – dijo Freya eufórica.

-Nos ha costado sudor... y sangre- dijo Ingrid mirando a Nymeria de reojo, no sin cierta preocupación.

-¿No vamos a matarla?- dijo Freddie mirando en dirección a Isis.

-Nosotros no- dijo Nymeria firme.- Cubridla con la capa, nos vamos a casa.

Freya se acercó a ponerle la capa a Isis, no sin cierta curiosidad. En todo momento, mientras luchaba contra su hermana, Isis parecía fuerte y segura, y para nada cansada. Sus heridas no parecían tan graves. Tras ser esposada, parecía cansada y sudorosa. Respiraba con dificultad por los golpes recibidos y tenía la mejilla hinchada. Parecía como si hubiera perdido brillo y vitalidad, y Freya recordó lo que les había dicho su hermana sobre los poderes. Ahora Isis era una simple mortal. La cubrió con la capa y Nymeria cogió las cadenas, obligándola a caminar cerca de ella. Hizo invisible la capa, y con ella a Isis. Caminaron en silencio hacia su casa.

-¿Qué era ese halo rojo?- dijo por fin Freya bajito, sin atreverse a mirar a su hermana.

-Sed de sangre. Es como la marca de un cazador… Una vez mi presa está herida mis instintos se disparan. Soy imparable. Al menos en teoría- dijo Nymeria mirando a su hermana.- Si no eres mi presa no tienes nada que temer- dijo sonriendo.

-Es bueno saberlo- dijo mirándola con alivio.

-Nym, deberías vendarte eso- dijo Ingrid acercándose a examinar su brazo.

-Estoy bien, no te preocupes- dijo ella aparatando el brazo y sonriendo a una Ingrid bastante escéptica.

Al llegar a casa, les recibieron una Wendy y una Joanna enfadadas, serias y con los brazos cruzados.

-¿Se puede saber de dónde venís?- dijo Wendy con una ceja levantada y cara de pocos amigos.

-Creía que había sido clara- dijo Joanna, mirando a Ingrid, Freya y Freddie.

Se encogieron un poquito ante la bronca que se les venía encima. Nymeria se adelantó, y, solemnemente, clavó una rodilla en el suelo y se puso el puño derecho en el corazón, agachando la cabeza. Cuando la levantó, dijo:

-Joanna Vannadis, de la Casa Beauchamp, heredera del trono de Asgard, yo, Nymeria Skadi, de la Casa Beauchamp, Capitana de las Valkirias, os hago entrega de esta prisionera, para que reciba su castigo de forma equivalente a las atrocidades cometidas.- En ese momento la capa cayó y dejó ver a Isis, encadenada con los cepos y sujeta a la mano de Nymeria, que le tendió las cadenas a una más que sorprendida Joanna.

Wendy, que estaba boquiabierta miró a Isis, miró a Joanna y miró a su sobrina.

-¿Cómo…? Hace años que nadie hace esa reverencia… -empezó a decir en un susurro.

-A Freddie lo han apuñalado- dejó caer Ingrid, sacando a su madre y a su tía de su abstracción- He hecho lo que he podido pero aún soy nueva en esto…

-Oh, cielo…- Wendy se abalanzó hacia Freddie que tenía el brazo vendado a la altura del hombro. Deshizo el vendaje – Vamos a ver… Has hecho un buen trabajo Ingrid, ven- pidió Wendy- te enseñaré como terminar de curarlo- dijo mientras ambas caminaban hacia el salón con Freddie en medio de ambas.

Joanna miró a sus dos hijas y las abrazó.

-Ya me contaréis cómo lo habéis hecho. Sigo enfadada. Deberíais iros de aquí, esto no va a ser bonito. No va a haber ningún juicio- dijo mirando a Isis con dureza.

Isis, por su parte, no había abierto la boca en todo el camino, a pesar de no estar amordazada. Simplemente no se atrevía a hacerlo porque intuía que la traerían ante ella. Y ella le daba miedo, mucho miedo.

-Mamá, creo que podría hacerte un breve resumen…- dijo Nymeria, con una pequeña sonrisa, cogiendo la mano de su madre. Pero de repente su sonrisa se congeló e hizo una mueca de dolor. Joanna y Freya se acercaron a ella preocupadas, mientras Wendy, Ingrid y un ya curado Freddie observaban desde el marco de la puerta. Nym estaba de rodillas en el suelo, con las facciones alteradas por el dolor lacerante que sentía. Apoyó las palmas de las manos en el suelo. Se llevó una al vientre y tras varias arcadas y una respiración costosa, tosió sangre, manchando el suelo. Emitió un quejido ahogado.

-¡El veneno!- dijo Freya alarmada, ayundándola a laventarse con suavidad.

Joanna, se acercó a su hija menor para examinarla y cogió su brazo, encontrando la marca de las uñas de Isis, que exudaba una ponzoña negra. Isis también examinó con interés la marca y esbozó una sonrisa que pretendía ser triunfal.

-Un hermano por otro, es lo justo. No te queda mucho tiempo, Nymeria Beauchamp- dijo con voz ahogada y una pequeña risa.

-Freya, ve con tu hermana. Llevala a mi cuarto y quédate a su lado – dijo Joanna con un tono que daba escalofríos.- Ingrid, ve con ellas- dijo al ver que se acercaba. Ingrid dudó. Miró a su madre. Se acercó a Isis, le dio un bofetón que reverberó por toda la estancia y dio media vuelta para ayudar a Freya a llevar a su hermana escaleras arriba.

-¿Yo me quedo?- dijo Freddie dudoso.

Joanna asintió. Wendy y ella se miraron, con una mirada grave pero cómplice.

-Sujetad a esa alimaña- dijo entre dientes.

Wendy cogió a Isis de un brazo, y Freddie del otro. Joanna se acercó a ella con una mirada de odio y enfado que puso los pelos de punta tanto a Wendy como a su hijo.

-Esto es por Victor y por mis hijos- dijo las palabras de un antiguo hechizo y extendió la mano hacia su pecho, atravesándolo y sacando su aún latiente corazón. Isis soltó un alarido agónico y al poco se desvaneció. Joannna respiraba a bocanadas, con el corazón de Isis aún en la mano. Wendy se aproximó a ella, le quitó el corazón de la mano y se encaminó hacia la chimenea del salón.

-Al final el gato siempre atrapa al ratón- susurró al corazón antes de arrojarlo al fuego y ver como ardía.

Joanna se acercó a ella y la abrazó, viendo cómo el órgano se consumía poco a poco.

-Deberíamos subir- dijo Freddie, mirándolas, dudoso.

-No sé si podré…- dijo Joanna con un hilo de voz. Wendy acarició su brazo.

-Ya ha estado sola suficiente tiempo, nos necesita- dijo Wendy con voz triste mirando a su hermana. Joanna asintió.

Subieron las escaleras y llegaron a la habitación de Joanna, donde encontraron a Nymeria tendida en la cama, retorciéndose de dolor. Freya e Ingrid estaban apostadas a cada lado de la cama, Ingrid poniendo un paño con agua fría en su frente y Freya la tenía cogida del brazo y le hablaba entre lágrimas, intentando calmarla. Freddie se unió a Freya y juntos hicieron un pequeño hechizo, mitigando lo suficiente el dolor de su hermana como para que no sufriera. Ingrid por su parte, lavó su cara, perlada de sudor y más pálida que de costumbre con el paño, dulcemente.

Joanna y Wendy se acercaron poco a poco, hechas un mar de lágrimas.

-Mi pequeña niña- dijo Joanna abrazando a Nymeria sin contener el llanto.

-Eh, eh… No pasa nada. No me voy a morir para siempre- dijo Nymeria con una leve sonrisa.

-Eso no lo hace menos duro, cariño- dijo Wendy sollozando. Freya se abrazó a ella también afectada.

-Volveré para la hora de comer- dijo mirando por la ventana, viendo cómo las primeras luces del día se encendían en el cielo.

Freddie acarició su brazo afectado, mirándola triste. Se le cayeron dos lágrimas. Nymeria agarró la mano de Ingrid y la acarició, ya sin fuerzas.

-Gracias por cuidar de mí. Por no dejarme morir sola esta vez.- los miró a todos con una sonrisa leve y cerró los ojos cansada. Y así, como si estuviera dormida, en paz, se fue.