N/a: Quiero pedirles miles y miles de disculpa por la tardanza. Pero aquí les dejo la primer parte del comienzo de Los Juegos, y en el próximo capítulo sabremos qué pasará en el baño de sangre.

De nuevo, miles y miles de disculpas.


No he podido dormir en toda la noche. El pase de las entrevistas me dejo nerviosa, extremadamente al rojo vivo y pensándolo bien, no quiero que despunte el alba.

No tengo miedo por si eso piensan. Solo que… ¿Cómo será la arena? ¿Habrá arboles? ¿O un desierto helado, en el cual no encontrare refugio para protegernos? O… ¿Qué tal si se trata de una ciudad en ruinas? Una vez pasó así. Los tributos parecían escépticos, pues había escombro por todos lados, volutas de polvo en el aire. Y en las noches, apenas se ocultaba el sol, salían de entre las paredes derruidas unos robots. Eran crueles y sanguinarios. Incluso los profesionales se vieron obligados a cambiar de campamento a diario. Fue uno de los Juegos más temibles.

No creo que una flecha atraviese la coraza metálica del androide.

Aunque recibiré ayuda de los patrocinadores, claro que sí. Vi lo emocionados que estaban al escuchar la declaración de Peeta, curiosos con mis palabras. Yo preparé el terreno, Peeta cosechó.

"¡Oh, los amantes trágicos!" exclamaba Caesar, acongojado. La pintura blanca que cubría la expresión de su rostro se corrió al deslizarse las lágrimas de tristeza. Entonces, todos pidieron a viva voz que el programa no empiece. Que nos saquen del Certamen.

Pobres enamorados.

Y Haymitch… aprobó con un "dedito para arriba" nuestra puesta en escena. Que es real, también. Al escoltarnos al compartimiento del doce, Effie corrió a abrazarnos. Juró que lo lamentaba, que éramos tan lindos juntos. Si que logramos conmover a los habitantes del Capitolio.

Ojala represente una chance para sobrevivir al amanecer.

-.-

Respiro profundamente, buscando tranquilizarme. Lo admito, me encuentro jodidamente preocupada por Peeta. ¿Por qué nos separaron? Podíamos haber partido uno al lado del otro.

Toqueteo el bultito sobresaliente de mi antebrazo. Ahora estoy asegurada, en total control de Los Vigilantes.

Arnold, mi estilista, que bebe el té me invita a tomar algo. Me niego. Lo que menos me apetece, es ir al baño en plena matanza.

Matanza. ¿Tendré impresión de los asesinatos? ¿Soportaré mirar a los profesionales masacrando sin piedad a los pobres tributos muertos de hambre?... ¿Flaquearé? No. Katniss no flaquea nunca, jamás.

Katniss necesita ser fuerte, por Peeta Mellark la única persona a la cual salvará. Aunque eso signifique morir en su lugar.

"Veinte segundos para el despegue" anuncia una voz femenina, fría, monocorde.

Veinte segundos e iniciaran Los Juegos del Hambre.

Obligo a mis pies a dirigirse a la placa metálica. Apenas subo, un cilindro cristalino me rodea completamente. Arnold sonríe, señalando la solapa de su camisa. ¿Qué? No comprendo…

¡El pin! ¡El que Prim me regaló dos semanas anteriores a la Cosecha! ¡Un sinsajo! Lo olvidé. Oh, es un pequeño pajarillo con las alitas desplegadas, unidas al aro que lo encierra. Como ahora el tubo lo hace conmigo.

Esos pájaros… son sinónimo de tardes perdidas, enterradas en lo más profundo de la infancia transcurrida. Duele recordar. Porque en ellos, papá vive. No hay miedo, ni inseguridades, y permanezco ignorante de la existencia del circo de Panem.

El suelo se eleva sigilosamente, sin ruido. Ya… ya es hora.

Apenas salgo al exterior, unas finas gotitas me caen el rostro. Alzo la vista al cielo, el cual viste de gris oscuro. La lluvia cae a cantaros, dificultándolo todo. La Cornucopia casi no se divisa tras el gran cortinal de agua. Los demás tributos se ubican en torno al gran cuerno dorado, calados hasta los huesos de aguacero.

Y puedo oír con claridad el marcador ponerse en marcha.

Sesenta segundos siguientes a Los Septuagésimos Cuartos Juegos del Hambre.