Más que un niño: ¡Diablos al instituto otra vez no! 4

Jimmy bajo la cabeza como deseando esconderse bajo la mesa, mientras Alan Stair se sentaba a su lado y sus matones de amigos se sentaban rodeando a Dean.

-¡Vaya, vaya! ¿Qué tenemos aquí?El bicho raro ha encontrado otro bicho raro para hacer manitas juntos. Aunque todos sabemos que el que quisieras manosear es a Danny, solo hay que ver como lo miras ¿Verdad maricón?- terminó entre risotadas de sus secuaces.

-¿Qúe? ¿Nos presentas a tu lindo amiguito?.

-Claro, Alan. Este es Dean, hoy es su primer día y solo está conmigo por eso. No es que él quiera, ni mucho menos. ¡Por favor, dejalé en paz!- suplicó Jimmy

-¡Oye! Estoy con Jimmy porque quiero y nosotros no os hemos invitado a nuestra mesa así que largaros por donde habeís venido!- Interrumpió Dean, mientras su amigo le hacía angustiadas señas de que se callará.

Alan Stair parecía sorprendido de la insolencia del crio, que no le llegaba al hombro, ya que él tenía ya 18 años y era alto y fuerte de constitución.

-Jimmy, Jimmy- dijo agarrando al chico por el cuello con fuerza y obligándolo a levantarse- Parece que no has hecho muy bien tu trabajo para mostrarle el instituto. No le has enseñado a quién debe respetar.

-¡Cierto, cierto! Tienes toda la razón Alan. Culpa mía. Te ruego que nos perdones. No volverá a ocurrir.

Dean se levantó y grito:

-¡Sueltalé ahora mismo o…!

Los dos matones que le rodeaban le sujetaron por los hombros y le obligaron a sentarse de nuevo, rodeado por los dos.

Alan se moría de la risa:

¿O qué? ¿Que haras?... ¿Matarme de risa?- Dijo mientras apretaba más el cuello de Jimmy.

Dean giró a un lado y otro, hundiendo los codos con fuerza en los estómagos de los dos chicarrones que le rodeaban, haciendo que se doblaran del dolor. Y subiendo ágilmente de rodillas en la mesa que los separaba le lanzó a Alan un puñetazo a la mandíbula

-¡Haré esto gilipollas!

Alan, sorprendido, soltó a Jimmy, tambaleándose dos pasos atrás:

- ¡Maldito renacuajo!- rugió con ira y se lanzó a Dean, tirándolo de la mesa, y una vez que tuvo al chico en el suelo, se puso sobre él y empezó a golpearle brutalmente mientras sus amigos le jaleában y le ayudaban. El pobre Jimmy, que se había quedado paralizado en un primer momento, dio media vuelta y echó a correr en busca de algún adulto.

Pronto, aunque no lo suficientemente pronto para que Dean no hubiera recibido una buena paliza, llegaron un par de profesores y el ayudante de cocina, seguidos por un Jimmy histérico que murmuraba incesantemente: "lo van a matar, lo van a matar,..."

Los adultos separaron a Alan y Dean con dificultad. El profesor Kartaboon, que era uno de ellos, les increpó: Dean Winchester, ya le advertí que no empezaba con buen pie y por lo que veo no me equivocaba. Alan Stair, usted es un caso perdido, de hecho desconozco porque aún no le han expulsado. Los dos, recojan sus cosas y les llevaremos al despacho del Director. ¡Ahora!

Jimmy ayudó a Dean a recoger sus cosas y dándole la mochila le susurró:

-Lo siento mucho Dean.

-No es tu culpa amigo.

-¿Sigues queriendo ser mi amigo? ¿Después de lo que ha pasado?

-Por supuesto Jimmy. Ya somos amigos- Dean le sonrió lo mejor que se lo permitió su labio partido.

-Gracias. Eres mi primer amigo aquí y… ,de verdad, estoy emocionado, hombre.

Dean miró la cara ilusionada de su amigo, que no sabía si llorar o reir. Y se sintió mal. El solo lo estaba utilizando para averiguar cosas, él se irá pronto y Jimmy volvería a estar solo. Y ese chico le estaba ofreciendo su amistad con todo su corazón. De repente se sentía muy mala persona.

El profesor Kartaboon le agarró del brazo: ¡Acompañame!

Y Dean se dejó guiar por los pasillos, con la cabeza gacha: Sam se enfadaría por haber conseguido meterse en una pelea, había engañado al bueno de Jimmy y encima ahora tenía que enfrentarse con el "bigotillos", que era el mote que había puesto al director Soulthief. ¿Qué más podía salir mal hoy?

Dean se sentó en el cuarto de castigo. Alan le lanzaba miradas de odio y le hacía señas amenazantes, pasando el dedo por su garganta, cuando el profesor no les miraba. Pero Dean le ignoraba, Alan era ahora lo que menos le preocupaba.

Su mejilla latía dolorosamente y notaba que un ojo se le empezaba a hinchar. Se pasó la mano por las costillas, le dolían pero esperaba no tener ninguna rota. Se dirigió la mano a la parte de atrás de cabeza, que Alan había golpeado repetidamente contra el suelo, y notó la humedad. Se miró los dedos: sangre. Pero solo eran heridas, y de menor importancia. Eso tampoco le preocupaba.

Lo que realmente le tenía apesadumbrado era que si conseguía expulsado no podría continuar su investigación y otro joven moriría por su culpa, por su ineptitud. Sam y Charlie le mirarían decepcionados, aunque no más de lo que él estaba consigo mismo.

Y tenía un nudo en la garganta al pensar en Jimmy, que le había ofrecido su amistad y al cual iba a romper el corazón.

Hicieron pasar a Alan al despacho y Dean podía oír voces detrás de la puerta, aunque no entendía lo que se decía. No les prestó mucha atención. estaba sumido en sus pensamientos. Aunque no le expulsaran más que unos días era suficiente para haber jodido el plan. Esperaba que al menos Charlie hubiera conseguido el puesto, para que hubiera uno de ellos dentro. Sacó el reglamento a ver cual era el castigo acostumbrado por una pelea. Sus dedos tocaron el frasco de agua bendita y se lo metió en el bolsillo en un impulso. Mejor prevenir que curar, pensó, aunque por su torpeza, no podría hacer nada para averiguar quien era la próxima víctima y evitar su muerte.

Bueno, deseaba que esto acabara cuanto antes: recibir la bronca del Director, saber su castigo, recibir la bronca de sam, ducharse para aliviar sus heridas y meterse en la cama a pensar como de inútil era.

Así que se alegró cuando Alan al fin salió , mirando nada arrepentido, la verdad, las miradas que le lanzaba eran verdaderas amenazas de muerte dolorosa y lenta , pero Dean decidió que debía intentar hacer las paces. si no por él, al menos por Jimmy. Y se dirigió a él:

-Mira, siento lo que ha pasado…

-Más lo vas a sentir enano- le respondió entre dientes y salió de la habitación. Dejando a Dean con la palabra en la boca.

Dean se encogió de hombros y pronto el profesor Kartaboon le indicó que pasara al despacho. El chico cogió su mochila y con un suspiro entró en la habitación, donde tras una gran mesa el hombrecillo prepotente estaba terminando una conversación telefónica:

-Por supuesto, por supuesto lo que usted diga. Si así lo haremos. La mantendré informada.- Colgó y miró a Dean atentamente sin decir palabra largo rato.

Dean, nervioso ya por el escrutinio le dijo:

-Miré Señor, sé que la he cagado y lo lamento. Me merezco cualquier castigo que me imponga. Llame a mi padre y él vendrá a recogerme.

El director se inclinó sobre la mesa de despacho y le miró con una sonrisa maléfica:

-Estoy de acuerdo en todo contigo.

Y en ese momento sus ojos tornaron a negro.

Continuará….