Elektra me ha llamado malvada ¡Jo! :( Es broma :P Gracias por seguir leyendome y un :*

Pero para que no se diga empiezo este capítulo. Allá vamos.

Más que un niño: ¡Diablos al instituto otra vez no!

Charlie y Carla habían recorrido los lugares de los hechos, mientras grupos cada vez menores de estudiantes iban abandonando el centro según terminaban sus clases extraescolares, deportes o dejaban la biblioteca después de hacer sus tareas.

Charlie había detectado rastros de azufre en los distintos escenarios de las muertes y tomado buena nota de ello.

A las siete el centro estaba prácticamente vacío. No parecía haber ocurrido ningún incidente. Las chicas se miraron:

- Bueno, por suerte hoy no hay ningún accidente que lamentar. No sabes cuanto agradezco tu compañía Charlie. La verdad que estos pasillos solitarios dan un poco de mal rollo y más después de lo que ha pasado recientemente.

-Ha sido un placer Carla. Un amigo va a venir a buscarme a las siete y media. ¿Quieres que demos una última vuelta antes de irnos?- Realmente Charlie no tenía ningunas ganas de separarse de la hermosa y atractiva Carla.

-Me parece bien. Además lo que me estabas contando sobre la historia de los Hackers me parece interesantísimo. ¿cómo sabes tanto de ellos?

-Bueno,... Me gusta leer sobre esos temas- dijo Charlie tomando a Carla del brazo y comenzando su último recorrido por el instituto.

Subían las escaleras del brazo cuando, cerca de la última planta, Charlie se paró e hizo un gesto de silencio llevándose el dedo a los labios. Ambas chicas escucharon lo que parecían ser golpès y lloros. Charlie hizo un gesto a Carla para que la siguiera y sigilosamente continuaron escaleras arriba. Cuando llegaron los golpes parecían haber cesado, y sólo se oía lo que parecían insultos entrecortados y lloros cada vez más tenues. De pronto oyeron abrir una puerta y rápidamente se escondieron tras una puerta, Charlie mantuvo la puerta ligeramente entreabierta, quería ver qué pasaba. Los corazones de las chicas se aceleraron mientras oían pasos cada vez más cercanos.

Cuando los pasos pasaron de largo, se asomaron discretamente y pudieron ver que dos chicos y una chica que andaban a paso firme, la chica llevaba, prácticamente arrastrando, a un niño más pequeño de pelo moreno, que temblaba y sollozaba. Los otros dos chicos llevaban a … ¡Dean! que se retorcía y los insultaba, intentando inútilmente soltarse.

Charlie se llevó la mano a la boca para contener un grito. Los dos pequeños llevaban las manos atadas a la espalda y parecían muy magullados. Manchas de sangre salpicaban su ropa y sus rostros.

Charlie miró a Carla que se asomaba tras ella mirando con expresión horrorizada. Esperaron en silencio hasta que dejó de oírse a los chicos.

-¡Que horror! ¿Qué hacemos?-susurró una temblorosa Carla.

-¡Avisar a Sam! El ...amigo que viene a buscarme. El es un experto, eh,...policía- improvisó mientras cogía su móvil- Voy a llamarle. El sabrá qué hacer…. ¡Mierda! Tiene el móvil apagado.- miró su reloj- Vayamos hacia la puerta. He quedado ahí con él.

Carla hizo un gesto afirmativo con la cabeza y tragó saliva. Las chicas se dieron la mano y con mucho cuidado avanzaron hacia la salida.

Sam encontró una pequeña puerta que parecía dar a la cocina de la cafetería. Fue sencillo forzarla y acceder dentro del centro. Con cautela Sam se movió por los pasillos en dirección del despacho del director, esperaba poder sorprender al diablo, detenerle y rescatar a Dean. Sigilosamente se acercó a la puerta de dirección y prestó atención a cualquier sonido que pudiera venir de dentro. Oyó la voz del director, que parecía estar disculpándose con alguien por teléfono: Lo lamento mucho Reina Madre….Si, si, por supuesto se hará como usted ordene. Le entregaremos a Dean Winchester en bandeja de plata. Si, señora. Se que es crucial para sus planes,...No sé preocupe.

Sam no entendía mucho de la conversación que a duras penas podía oír, pero el director parecía estar solo y eso era una oportunidad que no podía desperdiciar. Así que abrió sorpresivamente la puerta y localizó al director sentado en su butaca de despacho y apuntando hacia él disparó, paralizándolo con una bala con una trampa del diablo grabada que le alcanzó justo en el hombro.

El diablo se encontró impotente y gruñó con rabia:

-¡Maldita sea: Sam Winchester! ¿Cómo me has descubierto?

-¿Dónde está Dean? Cómo le haya pasado algo lo pagarás muy caro, monstruo.

-El maldito crío escapó -gruño.

-¿Cuántos contratos has hecho? ¿Cuántos niños están condenados por tus artimañas? Liberales ahora mismo de sus contratos o te torturare hasta que supliques que te mate.

-De ninguna manera. Sus almas son mías.

Sam le arrojó agua bendita a la cara y el diablo gritó y se retorció de dolor.

-No vas a conseguir nada, maldito cazador.

-Ya veremos - dijo Sam, acercándose con el cuchillo matademonios.

-¡Aleja eso de mi! -Gritó el diablo que lo identificó rápidamente.

-¡Libera a los niños!

-¡Nunca!

Sam cortó al diablo en el brazo con el cuchillo especial.

-¡Aaahgggg!¡Maldición! ¡Basta, lo haré!

-¡Hazlo ya si no quieres que continue!

- Tienes que sacarme la bala primero. Si no mis poderes están limitados.

-De acuerdo. Pero no intentes nada raro o te mato.

Sam puso el cuchillo matademonios en el cuello del director y sacando una navaja escarbó en la herida de bala con ella sin muchos miramientos. Pronto tenía la bala fuera y apretando el cuchillo que tenía junto a su cuello le ordenó:

-¡Ahora!¡Librarlos de sus contratos ahora mismo!

El director, viendo que no tenía otra opción, les libró de su contrato con la fórmula reglamentaria y gruño:

-¡Ahora suéltame!

-¿Sabes donde está Dean?

-Te repito que escapó junto a otro crío- Sintió que el cuchillo se apretaba en su cuello hasta hacerle sangrar ligeramente- Pero si mis chicos les han encontrado les habrán llevado al sótano, a la sala de calderas. Tienen orden de matar al otro niño y quemar su cuerpo.

-Gracias por la información- dijo Sam y hundió el cuchillo en el cuerpo del Director Soulfield, que con un grito horroroso brillo en rojo y se derrumbó sin vida en su butaca.

Los diablos, en sus trajes de carne juveniles, habían llevado a los chicos al sótano, y los habían lanzado al suelo brutalmente junto a la caldera de la calefacción del edificio.

Dean desde su posición en el suelo vio como Danny cogía de sus morenos cabellos a Jimmy y lo obligaba a levantarse:

-Va a ser un placer matarte y quemarte en la caldera. Lo haré lentamente para que disfrutes de mi compañía, porque tú deseas mi compañía ¿No Jimmy? Me mirabas con esos ojitos de admiración,... Que divertido: Vas a morir a manos de tu amor platónico- rió.

-¡Déjale en paz! El no ha hecho nada. Soltar a Jimmy y haré lo que queráis.-suplicó Dean.

-De eso nada mierdecilla. Y a ti no te matamos porque tenemos órdenes de no hacerlo- dijo Amanda, que con su gesto malvado ahora parecía más una bruja que una adorable y bella adolescente- Si pudiera te arrancaría esos ojos verdes con mis propias uñas- dijo mientras mostraba las largas uñas pintadas de rojo de sus cuidadas manos, acercándolas a los ojos del pequeño cazador.

-No os disgustéis chicos. Nuestras órdenes no nos impiden divertirnos un poco más- añadió Alan- seguro que se nos ocurre algo divertido que hacer con ellos. Porque golpearles ya aburre.

Danny soltó a Jimmy y que cayó temblando al lado de Dean.

-Lo siento mucho Jimmy. Vas a morir por mi culpa. -sollozó Dean sin poder evitar que las lágrimas rodaran por su rostro.-Nunca debiste hacerte mi amigo. Todos a los que aprecio sufren y mueren.

-No digas eso Dean. Pase lo que pase me alegra ser tu amigo.- le consoló sonriendo tristemente- Lo único que lamento es que nuestra amistad no haya sido más larga.

-Gracias amigo- dijo un Dean emocionado

-Gracias a ti por ser mi amigo Dean.

Mientras los tres demonios planeaban:

-Podemos colgarlos de los pies y azotarlos- sugirió Alan Stair.

-Eso es un clásico. Mejor podemos comprobar cuánto aguantan con la cabeza bajo el agua. Podemos hacer apuestas- Propuso DannyPimpcocke.

- Los chicos sois tan básicos- Suspiró Amanda Comtemper- Es mejor la tortura psicológica, sin duda.

Mientras tanto Jimmy y Dean se había puesto tan juntos como habían podido y se miraban con cariño, ojos verdes y azules posados unos en los otros, transmitiéndose consuelo y apoyo mutuo.

Continuará….