"Beteado por Day Aguilar, Beta FFAD. www . facebook groups / betasffaddiction / "
¡Day! otra vez gracias por el beteo :)
Disclaimer: como ya la mayoría sabe, nada me pertenece, excepto la trama que salió de mi cabeza.
Este Two shot participo en el contest Año nuevo de "Elite FF"
Edward Pov
Es sorprendente como tu vida puede cambiar tanto de un momento a otro. Si no pregúntenmelo a mí, un minuto estaba feliz, casándome con la mujer de mi vida, con la que iba a compartir el resto de mi existencia, y al siguiente, al llegar a casa, estaba siendo arrestado por algo de lo que ni siquiera tenía conocimiento. El que yo creía sería el mejor día de mi vida, se vio opacado por un horrible suceso.
Al principio estuve desconcertado, nadie me decía las razones de mi arresto. Sólo cuando se presentó un tipo rubio de ojos azules a interrogarme, me informaron de mi caso. Al comienzo estuve confundido, pues se me culpaba de haber asesinado a la señorita Tanya Denali, de la cual ni siquiera recordaba el rostro. Ya cuando el Agente Hale se cansó de mis preguntas, que según él fueron absurdas, me soltó la bomba: Tanya -La que ahora recordaba-, fue mamá de uno de mis alumnos, de la escuela en la cual trabajaba. Fue asesinada en su hogar, con múltiples puñaladas en su cuerpo; lo curioso del caso fue que encontraron el arma homicida a un lado del cuerpo, digo, cualquier asesino nunca sería tan estúpido como para dejar nada que pudiera delatarlo, pero lo más sorprendente fue que el cuchillo tenía mis huellas dactilares. Ahí si me ofusqué, eso no podía ser posible, ¡en mi vida había visto a esa chica como para que se me culpara de su asesinato!
Mientras toda la investigación se llevaba a cabo, el tiempo pasó. Por desgracia, el día del juicio me declararon culpable, ya que las pruebas me señalaban directamente a mí. Mi condena fue de veinte años y, mientras todo eso transcurría, nunca se me permitieron las visitas de nadie, ni siquiera de mi esposa, con la cual mantenía contacto por medio del abogado que contrató para mí. Mi abogado fue mi cuñado: Emmett, ese hombre que lo primero que hizo al verme fue darme un puñetazo en el rostro, pero imaginen cuál fue mi sorpresa al enterarme de que me había golpeado por no invitarlo a nuestra boda, me dijo y cito: "Si te piensas casar, por lo menos avisa, cabrón". Sí, ese es mi cuñado, él trato de impedir que me metieran preso, pero todo me culpaba, injustamente, pero me culpaba. No me quedo más remedio que aceptar mi destino, el cual fue nunca volver a disfrutar de los momentos felices con mis seres queridos.
Los días pasaron y con estos los meses, hasta que se convirtieron en cuatro años, en los cuales nunca dejé de pensar en Bella, mi muñequita, mi esposa. Aún recuerdo como me pidió matrimonio… ¡Sí! Ella fue la que me pidió matrimonio, pues en ese entonces era muy tímido en nuestra relación. Todavía lo soy, pero con ella siento que mi timidez se va. Sucedió en la fiesta de año nuevo en mi casa. Ese año quiso celebrar con mi familia, pues estaba peleada con la suya, lamenté que lo estuviera, ya que era por mi culpa que había pasado eso. Aún no entiendo por qué no me aceptan como su novio. Bueno, tal vez sí lo sepa: no soy de su misma clase social.
Flashback
Las fiestas de año nuevo siempre fueron mis favoritas desde que tengo memoria. En mi niñez era extraño que no me animara la navidad tanto como fin de año, pero, para mí, terminar el año es un logro más en la vida, porque reflexionas en todo lo que hiciste el resto del año y así puedes cambiar en el que viene, ya sea para bien o para mal. Tal vez era por eso que estaba desbordando alegría por todos lados desde que Bella me propuso celebrar esa fecha especial en compañía de mi familia. No hay nadie que no se enamore de mi Bella, se ganó los corazones de mis padres desde antes de que fuéramos novios, pues en la universidad le hacía compañía a mi madre, la ayudaba en la cafetería… En fin, con sus buenas acciones logró que se encariñaran mucho con ella, y mamá estaba emocionada de que Isabella fuese mi novia.
—Edward, ¿en qué piensas? —pregunta Bella, acomodando mis gafas y acariciando mi rostro. Le devuelvo la caricia, pero en su cintura, y la pego a mi cuerpo.
—En lo contento que estoy de que estés aquí, muñequita —contesto feliz, para luego darle un casto beso en sus labios.
—Yo también lo estoy cariño, pero Lizzy no lo va a estar si no vamos a la mesa, ya está sirviendo la cena. —Toma mi mano y me arrastra hacia el comedor.
La cena la pasamos entre risas y platicas (Vergonzosas para mí y divertidas para mi novia. Sí, no hay nada peor que tu madre contando travesuras de tu infancia, pero cúlpenme si sólo a mí me gustaba andar corriendo desnudo por todo el patio trasero). Creo que mi rostro nunca dejó de estar rojo de la vergüenza. Sin darnos cuenta el tiempo pasa y ya estamos abrazándonos, de repente siento que mi novia me lleva junto a ella al patio trasero, el cual -No me había dado cuenta-, está más alumbrado. Hay un pequeño columpio para dos personas, me hace sentarme y automáticamente la abrazo por los hombros, atrayéndola hacia mí.
—Es una buena noche —dice, observando el cielo.
—Lo es, y más si estás conmigo. Gracias por venir, te amo, muñequita —comento, recargándome en su hombro y dándole un besito.
—Hemos estado juntos por un buen tiempo y cada día siento que me enamoro más de ti, no hay día en que me arrepienta de haberme hecho tu novia, cariño. No todo ha sido color de rosa, pero, oye, lo mejor son las reconciliaciones —Me guiña un ojo y soltamos unas risillas, porque eso es absolutamente verdadero—. Y aunque la gente me siga diciendo que no eres bueno para mí, no me importa, porque eso sólo hace que me de cuenta de lo superficiales que son. No saben aprovechar lo bueno que la vida les ofrece —Un nudo en la garganta me tiene mudo. La veo coger aire y sentarse en mi regazo, tomando mi rostro con sus pequeñas manitos—. Cariño, cada que visualizo mi futuro, siempre te veo conmigo, a nosotros, siendo tan felices como lo hemos sido hasta ahora, por eso me decidí a hacer esto… Amor, ¿me darías el extraordinario placer de casarte conmigo? —Sus palabras me dejan aturdido por un momento. Abro y cierro la boca sin que salga sonido alguno.
—Amm… Y-Yo… Muñequita, ¿no debería ser yo el que preguntara eso? —pregunto avergonzado, subiendo mis gafas por el puente de mi nariz.
—Bueno… Ciertamente no esperaba que me dijeras eso, sólo tenías que contestar sí o no —dice sonriendo, aunque la alegría no llega a sus ojos. Me quiero dar golpes contra la pared.
—Lo siento muñequita, únicamente me hubiese gustado ser yo quien te lo pidiera, pero una vez me vuelves a sorprender. Sí, por supuesto que acepto. —Apenas salen mis palabras, me está abrazando por el cuello fuertemente, aunque tan rápido como me abraza, con la misma velocidad se separa.
—¡Mierda! Olvidé los anillos, ya vuelvo cariño. —Corre hacia dentro de la casa y regresa segundo después con una pequeña cajita. Me rio por lo agitada que se ve. Retoma la posición anterior, para luego tomar mi mano, poniéndome el anillo y dándome un beso en la mejilla. Hago lo mismo y le doy un beso profundo, donde nuestras lenguas se mueven en sincronización, la falta de aire nos hace separarnos, pero no dejo de acariciarla.
—No puede creer que me pidieras matrimonio —digo aún sin creérmelo, observando nuestras manos entrelazadas en donde brillan nuestros anillos.
—Bueno, tú no dabas el paso y yo no me iba a quedar esperando a que lo hicieras. —Se encoge de hombros, acariciando mi cabello.
—Muñequita, sabes que no tengo tanta seguridad como tú. Sí lo había pensado, pero no me atrevía. —Avergonzado, oculto mi rostro en su cuello, aspirando su olor.
—En ese caso, ya sabes para la próxima — dice bromeando y riéndose, no tardo en unirme a sus risas.
—Mamá se pondrá emocionada —comento, colocando un mechón de su cabello detrás de su oreja.
—Ya lo sabe, ¿por qué crees que no nos han llamado? — Sacudo mi cabeza, incrédulo, al parecer todos sabían menos yo.
—Me da gusto que no esperaras, creo que te hubiera hecho sufrir hasta que me decidiera a hacerlo.
—Eso es lo de menos, lo importante es que serás mío legalmente y espero que pronto, eh —dice acurrucándose más contra a mí.
—Muñequita, soy tuyo desde que nos conocimos. Por cierto, te amo. —Recuerdo, meciéndonos en el columpio.
—Yo también te amo… Feliz Año nuevo, prometido —susurra, dándome un beso en la mandíbula. Cuando me llama así, no puedo evitar poner una sonrisa idiota en mi rostro.
—Sí que es feliz, muñequita.
Actualidad
Cuando salgo del reclusorio lo primero que pasa por mi mente es ir en busca de Bella, mi muñequita, pero prefiero, mejor, darle una sorpresa en la fiesta (Sobre la cual Emmett hizo el favor de comentarme). Así que, con todo el dolor de mi corazón, tomo un taxi y voy a la casa de mis padres. Nervioso y ansioso llamo al timbre, oigo pasos y la puerta se abre, dejándome ver a mamá, la cual viene limpiándose las manos con un paño, pero sin levantar la mirada.
—Sorpresa, mamá. —Nada más oír mi voz, levanta la cabeza de golpe, observándome estupefacta con sus ojos verdes, tan parecidos a los míos, llenos de lágrimas.
—Ed-Edward… —susurra débilmente, para luego abalanzarse sobre mí, abrazándome con fuerza y llenándome el rostro de besos. Me rio llorosamente con ella.
—Estoy aquí, mamá —hablo cuando me suelta. Me arrastra hacia adentro.
—¡Edward! Ven aquí —grita, llamando a mi papá, quien aparece corriendo.
—Lizzy, qué suce… —Deja de hablar al verme y suelta los guantes de trabajo que trae. Camina cautelosamente hacia mí y me agarra de los hombros, jalándome hacia él para darme un abrazo igual de fuerte que el de mamá.
—Hola papá —saludo con voz trémula.
—¡Dios, hijo! No puedo creer que estés aquí —dice con voz ronca.
—Lo sé, papá, para mí también fue una sorpresa que me hayan dejado libre.
Después de haberles contado cómo fue que pude salir, pasamos a la mesa. Realmente moría por uno de los platillos que mamá preparaba. Le juro que nunca mas le negaré un plato de comida, lo cual la hace feliz.
Cuando Emmett me contó que habían re-abierto mi caso, una parte de mi estaba extasiada de poder ser liberado. La otra estuvo pesimista, haciéndome pensar que nunca saldría de ahí, pero fue la noticia que Emmett me dijo la que eliminó esos pensamientos. Habían despedido al juez que se encargo de mi juicio (Condenándome injustamente) por corrupción, ¡sí! Por corrupción, al parecer no fui el único que habían metido a la cárcel inocentemente. Alguien ya había denunciado la negligencia por parte del juez, al no aceptar ninguna prueba que demostrara lo contrario a lo que se nos juzgaba. Así que esta vez sí tomaron la declaración de mis testigos y encontraron la prueba definitiva que demostraba que yo no asesiné a la Srta. Denali: mi acta de matrimonio, esa que no validaron creyendo que Bella me estaba encubriendo.
Suspiro, tengo muchísimas ganas de verla, las visitas que me hacía no calmaban mis ansias de estar con ella, eso sólo lograba que añorara más su presencia. Pronto, me digo, pronto, faltan tres días para la dichosa fiesta de Año Nuevo, espero darle una sorpresa.
Ya estoy nervioso y eso que todavía no la veía…
Han sido los tres días más largos de mi vida. Mis padres únicamente se reían de mi ansiedad, ya que sólo checaba la hora a cada rato e iba de un lado para el otro buscando actividades que me distraigan: le ayudaba a papá a arreglar el tejado, me quedaba con mamá para hacer las comidas, pero ni eso hizo que los días pasaran rápido.
Para cuando me doy cuenta, estamos en la fiesta que ofrecen mis padres de último momento por mi llegada. Mis tíos de Volterra vinieron tan pronto supieron que estaba libre, mis primas pequeñas revolotean a mi alrededor y yo estoy que me ahorco con el moño del smoking que mamá me obligó a usar. El sonido del teléfono llama mi atención, voy a contestar pero mamá se me adelanta.
—Cariño, que bueno es saludarte, ¿cómo estás? —No hace falta preguntar quién es, pues mi corazón acelerado lo sabe y el guiño de mamá lo confirma. Mis manos empiezan a sudar y siento un nudo en la garganta que me impide ir a quitarle el teléfono a mi madre y hablar con el amor de mi vida. Desgraciadamente proceso muy lento mis acciones, para cuando reacciono, ya han colgado.
—¿Cómo está mamá? ¿Qué dijo? ¿Preguntó por mí? ¡Mamá, contéstame! —cuestiono desesperado.
—Calma bebé, calma. Está bien, triste por la fecha. No preguntó por ti, pero sí te recordó —dice maternalmente, masajeando mis hombros, tranquilizándome. Suspiro sonoramente.
—No aguanto más mamá —comento, subiendo mis gafas por el puente de mi nariz y jaloneándome el cabello, nervioso.
—Entonces… ¿Qué estás esperando? —La miró fijamente, se supone que tengo que ser paciente, pero no soporto más estar alejado de mi Bella…
Beso la mejilla de mi madre, despidiéndome de ella, y al salir abrazo a mi padre, el cual sólo me desea suerte, arrojándome las llaves de su coche.
No me toma mucho tiempo llegar al lugar que Emmett me indica y, tal como me había dicho, puedo entrar sin que nadie me vea por la puerta del personal. Y ahí la veo, hermosa, con su vestido negro, largo, que se le adhiere al cuerpo como una segunda piel, piel que en el pasado disfruté con amor. Y su hermoso cabello -El cual me hechiza con su olor-, peinado delicadamente, sin un mechón fuera de lugar. Una ola de celos irracionales me atraviesa al ver al idiota de Cullen acercándosele para abrazarla, pero, para mi suerte no dura mucho. Espero mi momento para sorprenderla, pero el sorprendido termino siendo yo.
—Como dijo Charlie, se les agradece su asistencia, pero en esta ocasión quiero hacer un anuncio, espero y celebren conmigo. Hace un año conocí a la mujer de mi vida y no dudé en hacerle saber mis sentimientos, sin embargo se ha hecho de rogar. Pero creo que ya llegó el momento de hacer la ansiada pregunta, Isabella, querida, ven por favor… Bella, ¿te casarías conmigo? —Toda la gente se queda callada, esperando que mi esposaconteste. Claro que ella no está mejor que yo, la veo avergonzada y, sobretodo, molesta.
—Amm… Yo… Alec… —balbucea nerviosa y hasta ahí llega mi autocontrol. No voy a tolerar que este idiota me la quite.
—Ella no lo hará —declaro con voz firme y fuerte, haciéndome notar.
Y, por supuesto, las represalias no tardan en llegar, pero lo que resalta en la discusión es el hecho de que Bella revele que estamos casados desde hace tiempo. Si sus padres me odiaban por haberme hecho novio de su hija, creo que, si por ellos fuera, para este momento ya no estaría más en este mundo. Después de que todos oyeran eso, la gente empieza a murmurar todo tipo de cosas y, aprovechando que ya no nos prestan atención, nos arrastro hacia una puerta, sin siquiera fijarme a donde lleva, lo que más anhelo es tener a Bella entre mis brazos y nunca más soltarla.
—¿Cómo es que estás aquí? —pregunta con voz neutra, dándome la espalda, observando la cuidad por el ventanal que hay en la habitación. Me sorprende que pregunte eso. Nervioso, acomodo mis gafas.
—Eso no importa, lo que en verdad interesa es que no me iré más, no te volveré a abandonar muñequita.—Sus hombros se sacuden, revelando así que está llorando.
—No sabes lo mucho que anhelé que estuvieras aquí… Que me llamaras así —confiesa, triste. La volteo para que esté frente a mí y abro mis brazos.
—Entonces… ¿Qué estás esperando? —repito las palabras de mi madre. No duda en correr hacia mí, echando sus delgados brazos alrededor de mi cuello y besándome desesperadamente. Mis manos tampoco están quietas, tocan todo lo que se encuentra a mi alcance, acaricio su espalda, su cintura. No me doy cuenta que estamos moviéndonos hasta que nos topamos con la pared. Nos separamos por la falta de aire y junto nuestras frentes, tratando de recuperar el aliento aún sin soltarla.
—¿Qué sucedió? ¿Por qué te dejaron salir? Y, por todos los cielos, ¿por qué no me dijiste en mi última visita? —Me regaña suavemente, tirando de mi cuerpo para sentarnos en el sofá que hay en el lugar. No dudo en acercarla y contarle lo mismo que les había dicho a mis padres. Se pone furiosa por la injusticia que pasamos, desgraciadamente no podemos hacer nada para regresar el tiempo, pero le prometo que, de ahora en adelante, aprovecharemos todo el tiempo que tengamos, empezando por buscar una casa en la cual vivir y poder disfrutar de nuestra vida de casados, aunque un poco tarde, pero se la daré.
Estamos en nuestra burbuja, ella encima de mi regazo, besándonos tranquilamente. De vez en cuando sus besos se vuelven lujuriosos y balancea sus caderas sobre las mías, sin embargo le hago entender que la necesito a ella, el contacto, ya luego aprovecharemos nuestro tiempo a solas. Además, no quería que nuestro momento íntimo después de tanto tiempo, fuera en una oficina.
—¡Isabella! —Un grito furioso hace que nos separemos, aunque Bella no hace amago de querer levantarse. Yo sólo la abrazo por la cintura.
—¿Qué? —contesta fastidiada. Me quiero reír, pero no deseo echarle más leña al fuego burlándome del idiota de Cullen, ya bastante es que nos encuentren aquí, besándonos.
— ¿Cómo que, qué? Mierda, Isabella, te acabo de pedir matrimonio y tú estás aquí, besándote con este… Asesino —escupe la palabra con desprecio.
—Mide tus palabras Cullen, porque, si de asesinos hablamos, tú sales ganando. —Mis palabras lo ponen nervioso, pero sigue fulminándome con la mirada.
—No… No sé de qué me hablas —dice tratando de sonar convincente, aunque no lo logra.
—Oh, tú sabes bien de lo que hablo, si no, no le habrías pagado a ese juez para que me condenara injustamente. —Los demás se inquietan con mis palabras, pero si alguien será hundido, no seré yo.
—¡Eso no es verdad! —grita ya fuera de sí.
—Claro que lo es. Vamos, cuenta cómo fue que ingeniaste es gran plan tuyo para quitarme de en medio y quedarte con MI esposa. —Bella deja de observar a Cullen y voltea hacia mí, mirándome sorprendida.
—Alec, ¿quieres decirnos si lo que dice este chico es verdad? —cuestiona Charlie, tratando de poner orden. Para este entonces la mayoría de los invitados estaba presenciando nuestra discusión.
—¡Claro que no, Charlie! ¿Cómo pueden siquiera considerar creerle a él? ¡Está claro que intenta manipularlos!
—¿En serio, Cullen? Entonces por qué cuando la policía volvió a investigar descubrieron que tú conocías demasiado bien a la chica… ¿O acaso no se te ocurrió que su hijo reconocería a su nuevo papá? Sé que él vio todo Alec, vio como mataste a su madre, y también sé que intentaste ponerlo en mi contra para que no hable —La gente murmura detrás de nosotros, viéndose igual de impactada que la castaña a mi lado. Cullen está en silencio, no puede negar todo lo que digo—. Y es mejor no mencionar el hecho de que contrataste a alguien para meterse en la cafetería de mi madre y robar el cuchillo con mis huellas…
» Se terminó Cullen, la policía está esperando afuera para llevarte.
Y, como si hubiesen estado escuchando la conversación, se escucha un gran estruendo en la puerta y varios policías aparecen, listos para encerrar a Alec, quien se ha puesto pálido, sabe que no tiene escapatoria, aunque eso no lo detiene de hacer un último comentario mientras lo están esposando.
—¡Si no hubieras salido del reclusorio, Isabella habría sido mía, como lo debió haber sido hace tiempo! Yo le puedo dar todo lo que quiera, no como tú, un…
—No te atrevas a insultar a Edward, Alec. Además, te rechacé otras veces, ¿qué te hizo pensar que hoy aceptaría? —Frunzo el ceño por lo que acabo de oír, supe de la primera vez que la invitó a una cita, pero de ahí a que le haya pedido matrimonio… Eso, por alguna razón, me hace sentir posesivo. Bella es mía. Mi muñequita.
—Bella, hija, estás nerviosa, no sabes lo que dices. —La voz desesperada de Renée se hace escuchar. No puedo creer que, aún habiendo escuchado todo lo que dije, lo siga defendiendo.
—Claro que sé lo que digo mamá, pero eso dejó de importarte hace mucho. Así que, si no es mucha molestia, nos retiramos. Feliz Año Nuevo. — Esto último lo dice con sarcasmo. No deja que nadie conteste, toma mi mano y camina hacia la salida. Unos minutos atrás todo estaba bien y espero que nuestra noche pueda terminar de esa manera, de eso me encargaré yo.
En el coche, Bella toma las llaves y maneja por todo Seattle hasta llegar a una casa blanca decorada con adornos navideños. La interrogo con la mirada, pero no dice nada, sólo me hace seguirla al interior. Nada más entrar se quita los zapatos, dejándolos en la entrada.
—Bienvenido a casa, cariño —exclama, cambiando de ánimo drásticamente, ofreciéndome una sonrisa deslumbrante. ¿Acaso ella dijo…? —Sí, bebé, nuestra casa. La obtuve hace tiempo y me llevó este otro decorarla con nuestros gustos, espero te guste.
—Amm… Yo… S-Sí, cla-claro que me gusta, muñequita. —Logro decir a pesar del nudo en mi garganta. Observo todo a mi alrededor, pero lo que logra hacer que derrame las lágrimas son las fotografías, miles, de nosotros en la universidad, con mis padres, en un parque, en nuestra boda, por todos lados. Un cuadro que le obsequié en una de mis clases de arte, la lámpara que sin querer rompí cuando éramos novios, algunos de los muebles que fuimos a ver antes de que nos casáramos, para hacer esto juntos, decorar nuestra casa. Es como si nunca me hubiese ido por cuatro largos años. Una sensación de culpa me embarga, ella estuvo sola todo este tiempo.
—No, cariño, no llores, todo esto lo hice para cuando llegara este momento, para cuando es-estuviéramos jun-juntos —dice con voz entrecortada por el llanto que nos invade a los dos. No contesto nada, simplemente la abrazo fuerte y beso su cabello.
Después de que nos calmemos, me lleva a la que será nuestra recamara. Tiene cortinas doradas que hacen juego con las sabanas de nuestra cama y soy recibido por más fotografías de nosotros en cada lado de los buros.
—En el armario está toda nuestra ropa… Tu mamá me dio la que dejaste en su casa cuando fuiste a la universidad y yo me traje la que tenía en nuestro dormitorio —susurra, rompiendo el silencio que se había formado.
—Gracias, muñequita, todo es perfecto. Definitivamente me sigues sorprendiendo con todo lo que haces. No sabes cuánto te amo —contesto, sentándome en la cama, atrayéndola hacia mí y besando encima de su corazón, el cual late aceleradamente. Los nervios empiezan a aflorar como si fuera nuestra primera vez. Técnicamente lo será, nuestra primera vez de casados.
—Yo también te amo, cariño, pero ya fue mucha palabrería. Sr. Masen, exijo mis derechos maritales —dice con voz coqueta, desabrochando el moño del smoking, mientras yo deslizo el broche de su vestido.
—¿Quién soy yo para negarme, Sra. Masen? —La atraigo hacia mí, juntando así nuestros labios en un beso pasional. Se separa por un momento para decirme algo.
—Por cierto, Feliz Año Nuevo, esposo mío. —Me dice al oído con voz tierna.
—Ahora lo es, muñequita. Feliz Año.
La vida siempre te pone obstáculos en el camino que recorres, pero sólo tú sabes si eres capaz de atravesarlos con valentía y enfrentarlos con orgullo. Gracias a mi paciencia pude sobrevivir en el reclusorio, sin mencionar las visitas que me hacía mi Bella, que, aunque nunca me gustó que fuera, pues no es lugar para mi princesa, siempre me alegraban los días.
—Hay que apresurarnos, cariño, quiero ver correr a un mini-Edward por nuestra casa. —Me dice, sorprendiéndome y alegrándome al momento.
—Por supuesto, muñequita, yo también quiero una mini-Bella. —Caemos juntos en la cama, riéndonos. Espero que nunca me deje de sonreír, pues eso ha iluminado mis días siempre que lo necesité, y deseo que siga haciéndolo por mucho tiempo más.
.
.
FIN
¡hola chicas! espero les haya gustado mi pequeña historia, soy fan de los finales felices :) las invito a pasarse por mis otras historias, una de ellas es B/E/J y esta en proceso...
nos estamos leyendo.
"COBRIZO"
