Cuando entraron en el piso Shaw no supo si soñaba o era una pesadilla.

-¿Qué es toda esta mierda?

Root se encogió de hombros.

-Era el único apartamento donde poder colarnos sin llamar demasiado la atención.

En la pared de enfrente un montón de artilugios de sadomasoquismo colgaban. También desde el techo.

-Según me ha contado la máquina, tenemos un par de días hasta que lleguen los dueños, luego tendremos que conseguirnos otro lugar.

-Joder, espero que sea pronto.

-Relájate querida, al menos las vistas son excelentes desde aquí- dijo observando el Central Park.

Shaw hizo por acomodarse en el sillón.

-Creo que estarás más cómoda en la cama.

-¿Estás loca? ¡No pienso ni tocarla con un palo!

-Pues tenemos un problema, porque yo tampoco tengo muchas ganas de tumbarme en ella.

Shaw finalmente se sentó y Root encendió el ordenador que estaba encima de una de las mesas del hall.

-Intentaré averiguar, mientras tanto, que se traen entre manos nuestros adversarios.

Shaw se quedó dormida casi al instante. Root estuvo un par de horas más trabajando hasta que le pareció oportuno ir a comprar algo de comer.

Abrió uno de los cajones y revolvió en busca de algunos billetes y monedas sueltas. Luego se fue del piso.

Cuando regresó con algunas bolsas de comida, y abrió la puerta, Shaw la esperaba apuntando con una pistola a la cabeza.

-Creo que esta no es forma de recibirme justo después de haberte cosido la herida.

Shaw puso el seguro al arma y la bajó.

-Pensaba que te habías ido y me habías dejado aquí.

Root frunció el ceño.

-¿Cuándo vas a darte cuenta de que jamás te voy a dejar sola si me necesitas, Sameen?

Shaw se dio media vuelta, justo a tiempo para evitar que Root viera la sonrisa que se le había formado en la cara.

-Está bien, pero no me molestes demasiado. Aún me duele esto-dijo con su habitual malhumor para despistar a su amiga.

Root sacó de la bolsa algo para comer y lo puso en el sillón.

-Será mejor que te recuperes rápido.

-¿Comida china? No está mal.

-Para ti comida china, para mí de Oriente Medio.

-Sabes que soy americana, ¿verdad? Que mi madre fuese de allí no significa que yo lo sea y menos que yo sea "tu" comida…

-Shhh- mandó a callar con un dedo sobre los labios de Shameen- Te pones tan mona cuando piensas que todo el rato me estoy refiriendo a ti- dijo Root apartándose y sacando un pedido de un restaurante Libanés.

Shaw bajó la mirada y se puso a comer sin decir ni una palabra más.

Dos días pasaron en aquel piso. Shaw se encontraba mejor, aunque la herida aún estaba fresca. Root se entretenía en intentar colarse en algunos servidores que le dieran pistas para superar con éxito su misión.

-¿Has oído eso?- preguntó Shaw levantándose de un salto del sofá.

-¿El qué?

-¡Eso!

Root también se levantó de la silla del ordenador al escuchar ruidos en la puerta.

-Dame una pistola- dijo Root.

-Ni de coña.

-Pues entonces dame dos.

-¿Te callarás si te las doy?

Root apretó los labios en señal de que se estaría calladita.

De pronto la puerta se abrió y pudieron ver a un hombre armado con una pistola semiautomática. Root avanzó hacia él disparando varias veces hasta que el malhechor cayó al suelo.

-¿Ves? No era tan difícil- dijo Root con sorna dándose la vuelta para mostrar su cara de victoria a su compañera.

-¡Agáchate!- exclamó Shaw.

Root se tiró al suelo. Una bala procedente de la pistola de Shaw pasó rozando por su cabeza y se incrustó en el pecho de un segundo hombre que intentaba disparar contra ellas.

-Esa ha estado cerca. Suerte que te tengo a ti para protegerme- sonrió Root sin inmutarse.

-Creo que es hora de irnos.

-¿Sin probar esos juguetes tan sugerentes?- dijo con sorna Root señalando los objetos sexuales de la pared.

-Esos juguetes son una mierda, si quieres sentir dolor y placer a la vez no hay nada mejor que una buena pelea- sentenció Shaw con un brillo intenso en los ojos.

-Si no te conociera pensaría que lo único que te gusta en la vida son las peleas y los disparos…

-Es que es lo único que me interesa.

-Entonces deberé hacer algo para empezar una pelea entre nosotras, ¿no crees? Anda, recoge tus cosas y vámonos.

Salieron del piso a todo correr, justo cuando el portero subía para ver qué había sido aquel escándalo. Tomaron de nuevo un taxi.

-¿Por qué sonríes?

-Hola de nuevo- saludó Root.

-¿Qué? ¡Pero si no nos hemos separado!

-No te saludo a ti. La saludo a Ella.

-¿La máquina? ¿Qué te está diciendo?

-Nuestra próxima casa.

El taxista condujo durante más de una hora.

-¿Aquí?- se sorprendió Shaw.

-Sameen, ¿Cuándo aprenderás a obedecer sin cuestionar a la máquina?

Las dos mujeres se bajaron del vehículo y Root se dirigió a una casa en una urbanización de clase media.

-¿Crees que tendrán jacuzzi en el baño?- preguntó Root contenta.

Shaw suspiró y la siguió sin decir nada.

-Esta vez sí que me quedaré en la cama de matrimonio- dijo Shaw viendo aquél lugar, limpio y espacioso.

-Está bien. Compartiremos la cama. No pienso quedarme en la habitación de los niños.

-¿Sabes qué? Haz lo que quieras- replicó Shaw con la extraña sensación de querer que Root la acompañara.

-Está bien. Me quedaré en el sillón. Parece cómodo.

Shaw sacudió la cabeza en forma de negación.

-No hay quien te entienda. Me voy a descansar, todavía no estoy del todo bien.

Root se le acercó y le destapó la herida.

-Vamos, seguro que en el baño encontramos algo con lo que curarte y cambiarte el esparadrapo.

Root abrió el botiquín y encontró algunas cosas para ponerle un nuevo vendaje. Shaw se dejó hacer, pues su compañera la estaba tratando con tanto cuidado que no supo poner ninguna pega.

-Bueno, esto ya está.

Shaw se quedó unos segundos más de lo que hubiera sido apropiado observándola.

-Oh, Sameen, ¿no te estarás ablandando? Sabes que a mí me gustas cuando eres dura.

-Deja de molestarme- contestó Shaw cambiando la expresión de su cara a una mucho más seria –Me voy a dormir, si ves algo raro me avisas enseguida.

-A sus órdenes.

Root puso una sonrisa boba y vio como su amiga desaparecía tras el quicio de la puerta.