Root puso una sonrisa boba y vio como su amiga desaparecía tras el quicio de la puerta.

Las horas pasaban aburridas para Root, que no encontraba nada que hacer en aquella casa, aparte de mordisquear sin ganas unas galletas saladas que había en la cocina.

Fue hasta la habitación donde se encontraba su compañera. Estaba dormida.

-En estos momentos podría matarte o besarte- susurró Root para sí conteniendo las ganas de ir hasta la cama.

Momentos después, cuando abandonó de nuevo la habitación, Shaw abrió los ojos. Lo había oído todo. "Yo también podría hacerlo, Root, yo también podría" pensó.

-Veo que ya te has despertado- dijo Root horas después al ver a Shaw aparecer en la sala -¿Te apetece ver la tele conmigo?

-¿La tele? No te hacía siendo tan familiar.

-Bueno, tampoco tengo otra cosa que hacer.

Shaw se sentó a su lado y vieron un programa de preguntas y respuestas.

-Así que esto es lo que hace la gente normal, ¿eh?- dijo Shaw.

-Eso parece.

-Pues es aburrido de cojones. ¿Quieres venir a tomarte unas cervezas a algún garito?

-¡Por favor!- respondió Root aliviada- Aunque no creo que debas beber en tu estado- señaló a la herida.

-¿Esto? ¡Esto no es nada! Una vez en Armenia, en una misión, me metieron un tiro en el hombro y a las 24 horas estaba bebiendo vodka con los colegas. ¡No hay mejor cura que unas buenas birras, créeme!

Las chicas salieron de la casa.

-Mierda, no tenemos coche…

-¿Desde cuándo eso ha sido un problema? Espérame aquí- dijo Root.

Al momento el garaje de la casa se abrió y salió conduciendo un monovolumen familiar. Shaw se partió de risa.

-Ya sólo te faltan los niños y un marido barrigón.

-No podría soportarlo, prefiero a alguien con mala leche y que aún no sabe que está colado por mí.

Shaw no dijo nada, se subió al coche, se frotó las manos e hizo un gesto con la cabeza para que se pusiera en marcha.

Pararon en un garito de mala muerte recomendado, obviamente, por Shaw.

-¿Estás segura de que quieres entrar ahí? Diría por el aspecto que no ha pasado las últimas 20 inspecciones de sanidad…

-Te juro que es el mejor lugar de Nueva York para emborracharse.

Al entrar, un par de decenas de ojos se clavaron en ellas. Shaw parecía como pez en el agua. Fue directamente a la barra y pidió dos cervezas con vodka. Root la siguió y se sentó a su lado.

Shaw bebía sin parar y sin hablar demasiado. Root se aburría.

En ese momento, un hombre joven se acercó a ellas.

-¡Ey, ponle dos copas a las señoritas!

-No, gracias- respondió Root.

-Para mí sí- dijo Shaw.

-Sabía que tú eras la que merecía la pena de las dos- contestó el hombre mirando con desprecio a Root.

"Lo que me faltaba" pensó.

-Guapa, nunca te había visto por aquí…

-Será que nunca te habías puesto las gafas, he venido varias veces.

-Vaya, chica dura, me gusta.

-¿Empieza el show?- dijo irónica Root.

-¿Por qué no te relajas y te sientas por allí?- dijo Shaw a Root para que dejara de agobiarla con comentarios como aquel.

-Como quieras- suspiró Root y se fue hasta el rincón más lejano, eso sí, sin perder de vista a su amiga.

Desde su rincón veía a Shaw reírse con aquel tipo, beber, y coquetear con él. Estaba totalmente celosa de aquella escena.

Después de un rato más que considerable se levantó, fue hasta donde estaba Shaw y la cogió del hombro apartándola unos centímetros de aquel tipo.

-Mira, si quieres quedarte con este elemento me parece bien, pero yo me vuelvo a la casa. ¿Sabes cómo volver?

Shaw sacudió la cabeza en forma afirmativa.

-Pues muy bien.

Root salió del bar y se dirigió al coche con el corazón encogido. Entró, se miró en el espejo y se obligó a poner una expresión neutra en su cara. Bajo ningún concepto quería sentirse de la forma en que se estaba sintiendo. Una cosa era tontear descaradamente con Shaw y otra bien distinta era sentirse como se estaba sintiendo.

-No puedes enamorarte, Root. Sólo puedes seguir a la máquina…

Tardó aún unos segundos en recomponerse y encender el motor del vehículo.