La pantalla se difuminó y Root salió de la recepción.
A la media hora un coche negro brillante llegó a por ella. Root abandonó el asqueroso motel y se acercó al vehículo abriendo la puerta.
-Disculpe que se lo diga, pero no sé si esta vez me alegro tanto de verla. Hubiera preferido que estuviera acompañada, señorita Groves.
-Lo sé, ha sido un error. Ahora no sé dónde está. Jamás podría perdonarme que le pasara…-Root paró en seco, estaba hablando demasiado.
Harold esbozó una media sonrisa.
-La encontraremos- añadió mientras arrancaba y salían de allí.
-John, reúnete conmigo y la Señorita Groves en quince minutos ya sabes dónde- dijo hablando a un pinganillo.
Harold conducía rápido por las calles. La noche se había apoderado de la ciudad.
Entraron en un garaje semi abandonado, alejado de otro edificios. John ya estaba allí cuando ellos entraron.
-¿Qué ocurre?- preguntó nada más verlos- ¿Dónde está Shaw?
Root bajó la mirada.
-La hemos perdido de vista…La máquina me ha dicho que está en peligro de muerte, me ha dado su número, eso es todo.
John miró con preocupación a Harold.
-No quiero perder a nadie más. La encontraremos antes de que le pase nada.
-Vamos. Subamos al coche. Registraremos su apartamento. Quizá allí encontremos alguna pista de a dónde se ha dirigido.
Cuando llegaron al apartamento Root sacó un juego de llaves y abrió tranquilamente. Los otros dos la miraron reprochándole aquello.
-¿Qué? Guardo copias de todas vuestras casas, por si acaso. ¡Ah!, no os molestéis en cambiar las cerraduras, acabaría haciéndome con un juego nuevo...Es por seguridad.
Los otros dos no dijeron nada, ya conocían a Root.
Tal y como imaginaban allí no había nadie. Buscaron alguna pista pero era inútil. Todo lo que había era una cama deshecha, una nevera vacía y varios armarios llenos de armas.
-Vámonos de aquí- dijo Jhon- no encontraremos nada.
-¿Me escucha?- preguntó la voz metálica de la máquina a través del pinganillo de Root.
-¡Silencio!- gritó tratando de oír las instrucciones exactas que le daba.
-Objetivo última vez visto en Adelane Street. Dirección suroeste.
-¡Va hacia el suroeste por Adelane! - repitió Root para que sus compañeros supieran lo que le había dicho la máquina.
-¿No está por allí el edificio abandonado del puerto?
-Exacto, fue allí donde la última vez vimos que transportaban las piezas para Samaritano. Aquella zona es un bastión de nuestros enemigos.
-¡Shameen está intentando hacer la guerra por su cuenta! Vamos tras ella antes de que sea demasiado tarde- se apresuró a exclamar Root tomando prestadas varias pistolas del apartamento de Shaw.
Llegaron al puerto justo pasada la media noche. No se veía ni escuchaba nada. Todo parecía estar en calma.
-Separémonos, la encontraremos antes. Si la máquina te habla, avísanos – dijo Harold.
-Lo haré, aunque esta es una zona sin cámaras. Poco podrá ayudarnos.
John y Root se adentraron en el puerto armados con un arsenal de pistolas, cada uno por un lado.
Harold se quedó en el vehículo por si veía algo extraño.
El corazón le latía a Root a mil por hora. Estaba atenta a cualquier señal, aunque no parecía haber señales de vida en aquel lado de la ciudad.
-Por el hala oeste no se ve nada- dijo John rodeando una pila de grandes contenedores.
-Por el hala este, de momento tampoco- respondió Root avanzando sigilosa- Un momento. Veo sombras.
-Ten cuidado. Voy para allá.
-¡Demasiado tarde!- exclamó Root saliendo a toda prisa de su escondite.
Desde allí veía la figura de Shaw de espaldas. La podía ver sosteniendo una pistola. Shameen no se había dado cuenta de que Root estaba a unas decenas de metros detrás y que corría hacia ella. Tampoco se había percatado de que dos tipos armados la apuntaban directamente subidos a un contenedor del puerto.
Root corrió todo lo que pudo.
Uno de los pistoleros abrió fuego contra Shaw y una bala le llegó al cuerpo. Root sacó sus pistolas y apuntó a los dos malhechores mientras no dejaba de correr hasta Shaw.
Con una puntería envidiable logró abatir a uno de ellos pero el otro seguía disparándoles.
-¡Shaw!- gritaba Root en un intento deseperado de alcanzarla -¡Cuidado!
Otra bala llegó al pecho de Shaw.
Root, al ver aquella horrible escena, se quedó en blanco. Aquello no podía estar pasando. ¡Shaw no podía morir! Bajó las pistolas durante un segundo, aterrada por sus pensamientos, tiempo más que suficiente para que el pistolero la apuntara ahora a ella. El tipo apuntó y...
