Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
*"Recuerdos"
*Relato
*Pensamientos
Capítulo 2
-¿Qué demonios, Sakura? —dijo Ino—. ¿Lo conociste en el funeral de Matsuri?
Gruñí al teléfono.
—¿Un funeral? —enfatizó.
—¡Lo sé, está bien! —le dije―. Soy una mierda como amiga.
—¿Tú crees?
—No pude evitar que chocara contra mí —argumenté.
—Oh mi Dios —dijo Ino—. Esto es exactamente como ese episodio de Sex and the City.
Aquí vamos de nuevo, pensé. Ino tenía una irritante manera de comparar todas las experiencias de mi vida con episodios de Sex and the City. Ya sabía qué episodio iba a describir antes de que comenzara porque me hizo mirar cada uno de los episodios con ella. Múltiples veces.
—Y el sombrero de Charlotte vuela sobre la tumba del chico —escuché decir a Ino.
—Lo sé. Lo recuerdo.
—Y es totalmente patético y no puedes salir con él —dijo.
—No estoy saliendo con él. Apenas hablamos —respondí—. Nosotros como que solo nos miramos por un minuto. —Hice una mueca ante mis pensamientos.
—¿Se miraron el uno al otro?
—Um, algo así —admití.
—Está bien. Extraño.
—Bueno eso es lo que paso —dije a la defensiva. Me senté en mi cama rodeada de cajas llenas con mis pertenencias. En unas pocas horas,
estarían empacadas en el auto y dirigiéndose a la casa de mi papá. Mi nueva residencia.
—Realmente eres una perra —dijo Ino.
—¿Qué demonios?
—Me abandonas mi último año y luego tratas de ligar con un chico en el funeral de Matsuri.
—Espera un momento. No tuvo opción sobre dejarte. No puedo evitar si mi mamá está mudándose al otro lado del país. ¿Preferirías que viviera en California?
Ino hizo pucheros al otro lado de la línea.
―¿Por qué no puede tu papá solo mudarse a este distrito escolar?
—Ha vivido en esa casa por trece años. Y no tienes idea de lo que está pasando ahora con el mercado de viviendas. ¿Crees que podría vender su casa? —Me avergoncé por el pensamiento del piso de su cocina de linóleo amarillo y papel tapiz floral. La casa necesitaba una renovación total interior.
—Oh, cállate, Sakura. Como si tuvieras idea. Siempre estas tratando de sonar inteligente acerca de las noticias.
—Como sea. Soy inteligente sobre las noticias. En verdad las veo —respondo y entonces agregué mi mejor impresión de voz de chica del Valle—: Soy, como, jodidamente inteligente.
Ino rió. Y entonces me reí porque era imposible no reírse cuando Ino lo hacía. Me deleité con el sonido hasta que mi corazón se apretó, señalando comportamiento inapropiado tan pronto después de la muerte de Matsuri.
—Y no digas que estaba intentando ligar con un chico en el funeral de Matsuri, ¿está bien? Eso está mal —dije en voz baja.
Ino estuvo en silencio por un momento.
—Debí haber ido contigo —dice finalmente—. Solo no pude. Soy una gallina. ¿Qué puedo decir? ¿Me odias?
Niego con mi cabeza pero no digo nada, sintiendo el nudo instantáneo en mi garganta. Vino de la nada, palpitando dolorosamente, especialmente cuando trato de tragar.
—¿Estás ahí? —dijo Ino.
Asentí, sintiendo las primeras lágrimas calientes deslizarse por mis parpados inferiores para detenerse en mis pestañas.
—Sakura —dijo. Salió sonando desesperado y calmante y dulce.
El sollozo se atrapó rápido y duro en mi pecho, más fuerte de lo que esperé, un violento temblor que no pude suprimir. Gemí, sabiendo que podía escucharme tan loca y miserable como quería, y a Ino no le importaría.
—¿Qué está mal conmigo? —Otro sollozo. Incluso más fuerte.
—No hay nada malo contigo —susurró mi amiga.
—¿Por qué actué de esa manera? ¿Por qué intenté coquetear con ese chico? —lloré—. Soy tan patética. —Las lágrimas se derramaron, corriendo por los lados de mi cara y mojando mi teléfono celular.
—No eres patética, Sakura —dijo Ino, y luego trató algo ligero—: No puedes llorar todo el tiempo o de lo contrario tendríamos que admitirte en Dorothea Dix.
—Han cerrado —contesté, sollozando y limpiando mi nariz con el dorso de mi mano.
—Bueno, como sea —dijo, sin inmutarse—. El punto es que continuas castigándote, Sakura, y eso no es saludable.
—¡Mi mejor amiga se ahorcó! —grité en el teléfono.
—¡Y eso no fue tu culpa! —respondió Ino—. ¿Por qué crees que lo es?
—La engañé con su novio, Ino. ¿Lo olvidaste? —balbuceé.
—¿Entonces eso te convierte en asesina?
La pregunta me impresionó. Abrí mi boca para responder pero no podía pensar en algo que decir. ¿Por qué pensé que mi traición llevaría a Matsuri a cometer suicido? Lo sabía. Sabía la verdadera razón. Aun así, la culpa colgaba pesada sobre mi corazón, y no podía deshacerme de ella.
—Eres una persona normal, Saku. No puedes llorar por siempre. Tienes que ser capaz de funcionar.
—¡¿Así coquetee con un chico en el funeral de Matsuri?! Eso no es normal o funcional. Eso está mal —dije.
—Bueno, no se mucho de psicología, pero apuesto a que muchos doctores dirían que eso es normal.
Resoplé.
—No, en serio. Las personas hacen cosas locas cuando están bajo mucho estrés —explicó Ino.
Me encogí de hombros.
—Deja de castigarte—dijo—. Gaara no tuvo nada que ver con eso.
—Detente ahí —demandé—. Primero, no menciones ese nombre de nuevo.
—Lo siento.
—Segundo, deja de intentar hacerme sentir mejor por actuar como una completa idiota en el funeral de mi mejor amiga.
—No estoy tratando de hacerte sentir mejor. Solo estoy diciendo lo que veo. Ya te encerraste por días. Has llorado más que nadie a quien conozca. Le has dado a Matsuri cada parte de tu dolor. Tienes que seguir adelante —dijo Ino.
—¿Seguir adelante? —pregunté, desconcertada.
—No quise decir que te olvides de ella —dijo suavemente—. Quiero decir que dejes de lastimarte. Oye, quizás este chico del funeral puede ayudar. ¿Va a tu nueva escuela?
—Oh mi Dios —dije—. ¿Cómo lo sabría? ¿Y no eras tú quien estaba diciendo que no podía involucrarme con él porque sería totalmente tonto? ¿Sin mencionar inapropiado?
Ino ignoró mi pregunta.
―Él estaba en el funeral de Matsuri. ¿Cómo la conoce? ¿Eran amigos?
—No lo sé. —Tomé un pañuelo de la mesa de noche y soné mi nariz.
—Asqueroso. Aleja el teléfono de tu cara cuando hagas eso —dijo Ino.
Me reí a pesar de mi dolor.
Y entonces escuché el familiar quejido. Era el mismo quejido que Ino usaba con su padre cuando quería ropas nuevas. Era molesto pero dulce.
—¡Saku, mejórate!
Me reí de nuevo. No pude evitarlo. Ino era la amiga más ridícula que tenía. E ingenua también. Pensaba que podía hacer que las cosas sucedieran solo por decirlas. Descontaba el esfuerzo como un factor en alcanzar las metas.
—¡Obtendré un diez en este examen de historia hoy! —exclamó el año pasado. Pero no estudió y se ganó un seis en su lugar. La parte más frustrante de todo era su inhabilidad para entender por qué declarando algo en voz alta no lo hacía realidad.
—Ino, no estudiaste —le expliqué.
—Pero lo dije —respondió ella—. Lo declaré.
Quería decirle que la vida real no era un seminario motivacional donde se te lava el cerebro para qué creas que escribir afirmaciones diarias y cantarlas una y otra vez las hacen volverse verdad.
—¿Estás escuchándome? —preguntó Ino, y fui llevada de vuelta al presente—. ¡Dije mejórate!
—¿Y cómo propones que haga eso? —pregunté.
—Ve a follar a ese chico del funeral —sugirió—. Incluso si está completamente en mal estado.
—Oh mi Dios. Estás enferma —respondí.
—No estoy enferma. Te estoy ayudando. Necesitas seguir adelante de Gaara y Matsuri y todo el desastre —dijo Ino.
—Primero, no…
—… digas su nombre de nuevo. Sí, sí, lo sé —respondió.
—Segundo, no estoy interesada en involucrarme con nadie este año. Especialmente no con un chico que conocí en un funeral. Numero Uno…
—Espera, estoy confundida. ¿Primero, segundo, número uno? —dijo Ino molestando. Le gustaba burlarse de la manera en que enlistaba cosas en voz alta en forma de esquema. Títulos y subtítulos. A veces se volvía un poco confuso, especialmente cuando lanzaba letras minúsculas. Era lo mío, sin embargo, y me ayudaba a mantener mis pensamientos organizados.
—Cállate y solo escucha.
—Sí señora.
—Bien, entonces Número Uno, soy de último año en la secundaria quien planea asistir a una muy prestigiosa universidad cuando me gradué. No tengo tiempo para chicos.
—Cierto. ¿Estamos hablando de UNC-Asheville3?
—¿Cuál es tu problema con los artistas? —pregunté.
—Solo estoy diciendo que no es Princeton. Y realmente no me gustan las escenas con hippies o hipsters o cualquier otro grupo de personas con "hip" en sus nombres. Es como, chica, ve a depilar tus axilas ya. ¿Sabes lo que digo?
—Como sea. Número Dos. Creo que sería realmente raro salir con un chico que de hecho, literalmente tropecé en un funeral. No podría admitir realmente a las personas como nos conocimos.
—Verdad. —Vino la respuesta de Ino.
—Además…
—No, Sakura. No hay "además". Esa ni siquiera es una etiqueta para un esquema de cualquier forma, y no me importa —dijo Ino—. Esta conversación se está poniendo aburrida.
—Oh mi Dios, ¿y yo soy la perra? —pregunté.
Ella se rió.
—Quiero que me digas todo sobre el registro de clases. Cómo son las bellezas. Quiero saber, ¡maldita sea!
—¿No escuchaste una sola palabra de lo que dije?
—Como sea. Quizás no quieras estar en una relación, pero eso no va a prevenir que mires. Te conozco, Brooklyn.
Reía al teléfono, y se sintió delicioso y equivocado. Supongo que Ino tenía razón en que no podía estar deprimida para siempre. Solo no esperaba reírme tan pronto después de la muerte de Matsuri, o coquetear, de cualquier manera sin éxito, con un chico en su funeral. El coqueteo definitivamente estuvo mal, pero quizás reírme con mi amiga no lo estaba. ¿Cuál era la psicología detrás de eso? ¿Qué dirían los doctores acerca de mi comportamiento? Ino pensó que era normal, y al instante recordé la actuación de Scott Peterson en cámara riéndose durante la vigilia de velas de su fallecida esposa. La esposa de la cual después fue encontrado culpable de matar. Era un maldito sociópata. Oh mi Dios. ¿Era una sociópata, también?
—¿Estas escuchándome? —resopló Ino.
Sacudí mi cabeza para alejar el pensamiento.
—Nunca —bromeé—. Nunca escucho una palabra de lo que dices.
—Perra. Total —dijo—. Besos. ¡Tengo que irme! —Y colgó antes de que pudiera lanzarle un insulto.
Ino Stevens era la única chica en el planeta que tenía permitido llamarme perra. Sé que otras chicas lo hacían, pero ella era la única que tenía permiso. Era la única que amaba por eso. Era honesta conmigo, brutalmente honesta, especialmente cuando lo arruiné con Matsuri. Me hizo pasar un infierno por eso, pero nunca me rechazó. Seguía siendo mi amiga a través de todo, incluso cuando me hundí en depresión y comencé sesiones de terapia otra vez. Ino relacionó todo el incidente del engaño al episodio de Sexo en la Ciudad donde Carrie admite su amorío con Big a Samantha. Carrie esperó que Samantha la juzgara, pero Samantha no lo hizo.
—Así que es como si yo fuera Samantha —había dicho Ino.
—Excepto que tú me has juzgado —contesté.
—Sí, pero eso es porque lo que hiciste fue de mierda. Aún voy a ser tu amiga, sin embargo —dijo Ino, y luego me abrazó hasta que dejé de llorar—. Siempre seré tu amiga Sakuray. Tenemos permitido un enorme error en nuestras vidas.
—¿Solo uno? —balbuceé.
—Solo uno —dijo ella.
Acostada en mi cama miro el techo pensando en las palabras de Ino. Tenemos permitido un gran error. Desearía haber guardado el mío para después en la vida. Dieciocho se sentía una edad demasiado joven para haberlo usado ya. No pensé que fuera justo, y luego me pregunté por qué seguí culpando a todos y todo a mi alrededor por mis malas decisiones.
Culpaba a Gaara por la desintegración de mi amistad como si no hubiera tenido nada que ver. Como si me hubiera forzado a esconderme con él y tener sexo y encontrar excusas para salir con Matsuri para poder verlo. En realidad me encontré culpando a Matsuri en algún punto: si ella no hubiera estado tan deprimida todo el tiempo, ¡habría querido pasar más tiempo con ella! Convenientemente olvidé su confesión como la razón de su profunda depresión. A veces me pregunto por el tamaño de mi corazón, si siquiera tengo uno en absoluto.
Culpé a mi madre por el hecho de no tener ningún zapato cerrado y tener que usar los suyos para el funeral de Matsuri. No era siquiera importante, pero de alguna manera lo hice un asunto grande. Si no hubiera estado usando esos tacones, no me hubiera casi caído en el pasillo de la iglesia obligándome a sujetar la mano del Chico del Funeral para evitar caerme. Fui tan lejos como convencerme que era todo culpa de mi mamá. Ella era la razón por la que coqueteé.
¿Cómo una chica genuinamente inteligente es tan jodidamente idiota?
Me sentía tan cansada, pero me resistía a dormir. Tenía miedo de soñar sobre cosas desagradables. Sabía que estaba mal, pero cerré mis ojos y evoqué la cara del Chico del Funeral, imaginado las cosas que su iris azabache me decían. Creo que eres hermosa, decían. Creo que te amo. Y fui a la deriva a un sueño egocéntrico que eventualmente me traicionó, convocando fantasmas de mi pasado en favor del chico con los ojos translucidos.
"—¿Por qué no traes ese sexi trasero aquí? —dijo Gaara juguetón. Alcanzó mi pierna, pero estaba de pie demasiado lejos.
—Tu novia estará aquí en cualquier minuto —contesté, riéndome.
Decidimos encontrarnos en la casa de Matsuri para viajar juntos a mi competencia de porristas estelar. Matsuri llegaba tarde, dejándonos a Gaara y a mí solos en su habitación.
—No me importa —dijo Gaara. Se levantó de la silla del escritorio y me sujetó antes de que pudiera escapar al otro lado de la habitación. Me atrapó en sus brazos y plantó una serie de besos en mi cuello.
—A mí me importa, Gaara —dije sin aliento, sintiendo mi cuerpo rendirse a su boca.
—No lo haces —murmuró en mi cuello, llevándome a la cama de Matsuri. Se sentó en el borde y tiro de a mí a su regazo, sus manos descansando en mi trasero debajo de mi falda de porrista—. Ahora, tengo una buena idea, pero quiero que me digas de cualquier manera —dijo él—. ¿Por qué son estas pequeñas cosas llamadas spankies? —Apretó mi trasero, y yo chillé.
—No se llaman spankies ya —corregí—. Se llaman calzoncillos de porrista.
Gaara arrugó su nariz.
—Asqueroso. Me gusta mucho más spankies.
Solté una risita y acaricié con mi nariz su cuello.
—Nunca respondiste mi pregunta —bromeó él. Su índice trazo la pretina de mis spankies luego se hundió debajo de la tela. Me retorcí.
—No lo sé —dije, sintiendo mi cara sonrojarse.
—Bueno, creo que lo sé —dijo Gaara en voz baja—. ¿Fuiste una niña buena en la escuela hoy? —preguntó, sus labios rozando mi oreja, y palmeando mi trasero.
—Siempre soy buena —logré decir. Me sentía cada vez más mojada, y no tenía tiempo de sentirme caliente y mojada.
—Eso no es lo que escuché —continuó Gaara. Me levantó de su regazo y me acostó en la cama. Traté de levantarme, pero me mantuvo quieta, moviendo sus cejas antes de girarme sobre mi estómago.
—No te atrevas —advertí, sintiendo mi falda levantarse.
—Demonios, Sakura —dijo él—. Tienes un buen trasero. —Se inclinó sobre mí y susurró en mi oído de nuevo—. Y estoy a punto de enseñarte una lección. —Se sentó a horcajadas sobre mi espalda enfrentado mis pies y recorrió sus manos sobre mi trasero.
—¡Gaara! —chillé cuando su mano cayó sobre mí, ligeramente golpeando mi trasero. Me apretó y lo hizo otra vez. Y otra vez hasta que estaba agitándome salvajemente tratando de sacudirlo fuera de mí. No me di cuenta que estaba riendo tan fuerte hasta que él lo mencionó.
—Estas en problemas, jovencita —dijo Gaara, tratando de sonar serio—. ¿Por qué estas riéndote?
—¡Fuera! —grité entre respiraciones.
—De ninguna manera —respondió Gaara—. No has aprendido tu lección aún. —Y me dio una palmada de nuevo. Esta vez un poco más fuerte.
Mi cabeza se alzó y casi grité: ¡No!, pero eso no habría estado bien porque quería que lo hiciera de nuevo. Arqueé mi espalda alzando mi trasero y escuché su aguda respiración. Me dio una nalgada de nuevo, pero me mantuve callada.
—¿No vas a gritar siquiera un poco para mí? —preguntó Gaara. Me dio una nalgada otra vez. Más fuerte. Y dejé escapar un pequeño gemido.
Se bajó de mí y me giró, sujetando mis spankies antes de que pudiera protestar. Las bajo por mis piernas junto con mis bragas pero estaba demasiado impaciente para sacarlas por mis tenis. En su lugar, las dejo descansar sobre mis tobillos cuando levantó mis muslos arriba y sobre sus
hombros. Estaba un poco angustiada en esta posición, la mayoría de mi peso estaba descansando en mi cuello y mis hombros.
—¡Gaara! —grité completamente expuesta para él. Me había hecho esto antes, muchas veces, pero siempre en la oscuridad. Justo ahora la luz del día fluía a través de las tiras de las persianas de la ventana dándole una perfecta visión de todo lo que me gustaba mantener escondido.
—Soy el tipo más suertudo del mundo —dijo Gaara, y entonces recorrió su lengua sobre mí.
Gemí y giré mi cuerpo, pero era inútil. Me mantuvo quieta, sus musculosos antebrazos presionando mi abdomen bajo. Lamió suavemente, provocando chillidos y gritos ocasionales hasta que pensé que quería morir. Se sentía demasiado bien, y sabía que no lo merecía. Hice puños de las sábanas a cada lado de mí y supliqué que se detuviera.
—Lo haré —dijo, sus labios aún en mí—. Cuando te haga llegar.
—No, no —dije con poco entusiasmo—. Tengo una competencia. Matsuri. Matsuri estará aquí en cualquier minuto.
Me ignoró y continuó con su suave asalto. Su lengua sobre mí. Sus besos ligeros. Quería correrme y sabía que lo haría más fuerte de lo que lo había hecho en el pasado. No sabía por qué era tan poderoso esta vez. Quizás porque estábamos siendo tan imprudentes, demasiado peligrosos, y la descarga era poderosa, adictiva intoxicante.
Pero debí haber prestado atención al inquietante sentimiento profundo dentro de mi corazón. Era una campana de alerta con una gran luz roja. Podía escuchar la suave, calmada voz femenina en el sistema de intercomunicación, esa de todas las películas de ciencia ficción: Atención. Diez segundos para la detonación. Y entonces la nave explotaba, y mi cuerpo junto con ella. Gritaba en el espacio, sentía el oxígeno ser sacado de mí, las estrellas explotando una por una detrás de mis ojos, dentro de mi corazón, a través de mis piernas.
—¿Qué demonios es esto?
Me quedé allí saciada, congelada. No quería girar mi cabeza, pero me obliga hacerlo. Matsuri estaba de pie en la entrada. Su rostro tan blanco, y en mi estado estupefacto, quería decirle que, que había algo mal con su cara. Y luego de alguna manera reaccioné, y me di cuenta cómo lucía. Acostada en su cama con la cara de su novio entre mis piernas. Gaara me levantó de sus hombros y me apresuré a subir mis spankies
—¡¿Qué mierda están haciendo?! —gritó Matsuri.
—¡Matsuri, oh mi Dios, no lo sé! —dije. Estaba parada al otro lado de su cama, atrapada como un animal asustado.
—¡¿No sabes?! —gritó—. ¡Mi novio estaba comiéndote, Sakura! ¿Y tú no sabes?
Abrí mi boca para responder, pero no había palabras.
—¡Contéstame, maldita perra!
—Matsuri, detente —dijo Gaara.
—¿Estas bromeando? ¿"Detente"? ¿Qué estabas haciendo? ¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? ¡Mi novio!
—Matsuri, tú y yo sabemos que esto se ha terminado. Ha terminado —dijo Gaara—. Ni siquiera me gustas.
—¡Tienes razón en eso maldito idiota! —gritó Matsuri. Se giró en mi dirección—. Eras mi mejor amiga, Sakura.
El dolor en sus ojos me rompió desde adentro. Me ahogué con un sollozo. Me atraganté con su palabra. Eras. "Eras mi mejor amiga".
—¿Por qué estas llorando? —preguntó Matsuri—. ¿Porque te atraparon? ¿O porque de repente te sientes culpable? ¡¿Cuánto tiempo ha estado pasando esto?!
Negué con mi cabeza.
—Vas a decirme —demandó Matsuri. Avanzó hacia mí unos cuantos pasos antes de cambiar de idea y quedarse quieta.
—Unos meses, Matsuri —respondió Gaara, y quería golpearlo.
Matsuri jadeó.
—¡¿Unos meses?!
—Y nos amamos. Siento lastimarte —dijo Gaara. Sonaba como un completo idiota. ¿Y de qué demonios estaba hablando? ¿Amor? Nunca dijimos nada sobre amarnos.
Matsuri se rió con sorna.
—Guau. Amor. Está bien. —Por su cara corrían lágrimas. Observé cómo una colgaba de su mandíbula antes de caer al suelo.
—Matsuri, por favor —susurré.
—Sal de mi casa —dijo ella—. Ahora.
No me moví.
—¡Ahora!
Gaara sujetó mi mano y me guió fuera. Pensé que Matsuri se lanzaría a mí cuando pasara, pero se mantuvo estoica, mirándome como si fuera una extraña. Y después escuché cerrarse la puerta, y mi mundo completo cambió en un instante."
