Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

*"Recuerdos"

*Relato

*Pensamientos

Capítulo 6

Las escaleras al final del pasillo D se curvaban tanto que era imposible estar parado en el rellano superior y ver a alguien en el primer escalón. Incluso si cuelgas tu cuerpo sobre el borde y forzabas tu cuello. A la escalera se puede acceder por una puerta en los pisos superior e inferior. Escondido, e imaginaba parejas metiéndose bajo las escaleras para una rápida sesión de besos entre clases. La escalera era escalofriante cuando te encontrabas sola en ella, siempre un poco más oscura que el resto de la escuela, como si los intendentes reservaran los bombillos que quedaban, de baja calidad por esta sección del edificio.

Estaba en el último escalón dirigiéndome al pasillo del primer piso cuando escuché la puerta del piso superior abrirse y un coro de voces muy bajas hablando en urgentes susurros. Mi instinto era moverme rápido y silenciosamente debajo de las escaleras, así que eso es lo que hice.

Escuché una profunda voz masculina.

—¿Hay alguien aquí?

Permanecí callada.

Hubo una breve pausa antes de que la silenciosa conversación continuara.

—Hombre, podemos confiar en él completamente. Quiere entrar —dijo la misma voz profunda.

—¿Cómo es que se enteró siquiera? —otra preguntó—. Yo no le dije. ¿Están hablando de más?

—No, hombre. Él encontró ese papelito con tu nombre.

—¿Qué demonios? Te dije que no deberíamos escribir nombres en la escuela.

No podía definir cuantos chicos había, pero sonaban como tres. Posiblemente cuatro.

—Hombre, era conveniente. Nadie podía reunirse fuera de la escuela —dijo el primer chico.

Una nueva voz intervino.

—¿Cuándo vas a enviarnos la hoja de puntuación?

—A la mierda la hoja de puntuación. No vamos a hablar de esa hoja de puntaje ahora. Quiero saber qué sabe Aaron —dijo el segundo chico.

—Solo le dije que es un club secreto, y que tenía que discutir su iniciación —respondió el primer chico.

—Bueno, si tiene tantas ganas de entrar, puede ir y follarse a esa virgen de segundo año en el equipo de porristas. Entonces hablaremos.

Algunas risas.

—Hombre, su trasero es tan redondo y perfecto. Ella es caliente.

—¿Cómo sabes que es virgen?

—Tengo una espía. Como sea, tendré que pensar en ello. No sé sobre Aaron. Hay algo de él que no me gusta.

—¿Tal vez el hecho de que su tiempo de nado es mejor que el tuyo?

—Jódete, hombre.

—Solo estoy bromeando. Mira, sé que todos están preocupados acerca de que las personas se enteren, pero no soy estúpido. No lo traería a colación si no pensara que podemos confiar en él.

—Es Cameron, ¿cierto? ¿Ella es tu espía?

—Hombre, cállate.

—Setsu, ¿cuándo vas a enviar la hoja de puntuación? Tengo una cita este fin de semana.

—Hombre, deja de eliminar cosas de tu correo. Lo enviaré cuando lo envíe.

—Lo enviaré —dijo el primer chico.

—Entonces es Cameron, ¿cierto?

—¡Cállate! ¡Todos cierren la maldita boca! Déjenme aclarar esto. —Sonaba como la voz de Setsu—. Saben, realmente me molestó cuando Madara me puso a cargo de toda esta mierda.

Escuché cuando caminaron escaleras abajo y arrastraron los pies hasta el pasillo del primer piso. Tomé un respiro profundo. Club secreto. Hoja de puntuación. Iniciación. Sexo con una virgen. ¿Qué demonios estaba pasando? ¿Y con quién podía hablar de eso?

Salí de debajo de las escaleras y empujé abriendo la puerta guiando al pasillo del primer piso.

—¡Setsu, toma el mío, también!

Choqué contra Setsu, quien se dirigía de vuelta a la escalera, y me fulminó con la mirada, en shock. Entonces su cara cambio de shock a agitación y sospecha. Mierda. ¡Creo que no deje suficiente tiempo entre nuestras salidas!

Empujó pasándome y se dirigió arriba por las escaleras, dejándome preguntando si me había descubierto y si mi plan acababa de ser desbaratado.

Si creía que podía pasar el resto de mi vida sin ver a Gaara de nuevo, estaba viviendo en un mundo de fantasía. Asistía a mi antigua escuela secundaria, así que al menos no tenía que verlo diariamente. Pero trabajaba en un restaurante bastante popular frecuentado por gente de toda la ciudad. Él fue lo suficientemente discreto para mantenerse alejado de mi casa, pero sabía que eventualmente se enteraría de dónde trabajaba y se presentaría, todo bajo el pretexto de simplemente querer comer.

Era un lento martes por la noche, y estaba a punto de preguntarle a mi jefe si podía ir a casa. Temari, otra camarera, quería mi sección para tratar de hacer un poco más de dinero, y yo estaba feliz de complacerla. Estaba demasiado distraída de todos modos. Todo lo que pude pensar en toda la noche fue la conversación que escuché en la escalera. Club Secreto. Hoja de puntuación. Iniciación. Sexo con una virgen. Continuaba repitiendo esas palabras como un mantra, porque no quería olvidarlas. También pensaba que algo se revelaría mágicamente si continuaba diciéndolas una y otra vez. Ansiaba hablar con alguien sobre eso, pero no sabía en quién podía confiar.

Amaba a Ino con todo mi corazón, pero no podía confiar en ella con esto. Ella no sabía sobre la violación de Matsuri, y pretendía mantenerlo así. Matsuri me confió esa información, y juré no decirle a nadie. Ni siquiera a sus padres, aunque me dolía cada vez que veía a su madre. Además, conocía a Ino. Comenzaría una cruzada, casi como estaba haciendo yo, excepto que la mía era una cruzada para uno. Ella querría involucrar a todo el mundo, y no estaba preparada para ir ahí. Quería ser silenciosa y sabía sobre eso. Explotaría todo con su escandalosa boca.

—Tienes a alguien en la mesa dos —dijo Temari.

Eché un vistazo a mi mesa e instintivamente apreté mis manos en puños. Temari vio.

—¿Quieres que lo tome? —preguntó ella.

Sacudí mi cabeza.

—Puedes tener el resto, pero tengo que tomar este. No vino aquí a comer. —Y ella entendió completamente.

Caminé hacia Gaara y me quedé callada, esperando. Miró hacia mí y sonrió.

—Te ves linda en tu uniforme —dijo él.

No respondí.

—Jesús, Sakura —dijo él—. ¿Qué quieres que diga?

—¿Por qué estás aquí? —pregunté.

—Quería verte. No tuve la oportunidad de hablar contigo en el funeral.

—¿Crees que hubiese sido sabio hablarme en el funeral? —pregunté.

Gaara sacudió su cabeza.

—No, no lo creo. Pero tú solo desapareciste. Me tomó mucho averiguar que no te habías ido a california. ¿Por qué no me dijiste?

Agité mi cabeza en incredulidad.

—No tengo que decirte más sobre mi vida, Gaara. Hemos terminado.

—Mira, nosotros juntos no tuvimos nada que ver con el suicidio de Matsuri —dijo bruscamente.

—Cierra tu boca sobre eso —siseé.

—Me amas, Sakura, pero te sientes culpable —dijo Gaara.

Dejé caer mi cabeza. Hubo un tiempo en el que pensé que podía amar a Gaara. Nunca lo dijimos, y me hizo enojar cuando lo trajo a colación con Matsuri la tarde que nos encontró. Pero sabía que nunca podría amarlo ahora. Había demasiado dolor. Demasiada culpa, y no podía seguir haciéndome eso.

Lo miré, absorbiendo su suave cabello colorado y ojos color verde acuoso. Era lindo, siempre sería lindo. Solo tendría que ser lindo para alguna otra chica.

—No puedo tomar tu orden, Gaara —dije finalmente.

—No quiero comida. Te quiero a ti —dijo en voz baja.

—Por favor no digas cosas así —supliqué.

—Ven a casa conmigo, Sakura. Solo hablaremos. Eso es todo lo que haremos.

Sentí la atracción por una fracción de segundo, mi cuerpo inclinándose hacia él recordando su boca, sus manos, todas las maneras en que me tocaba bien. Pero eso es todo lo que siempre fue, solo tocar. Fue una revelación instantánea. No amor. Solo tocarse, y fue fácil alejarse.

—No, Gaara.

Me miró con ojos tristes.

—Rompes mi corazón, Sakura.

Me encogí de hombros y caminé a la cocina, pasando a Temari.

—Es tuyo —dije, pero Gaara ya había dejado la mesa.

No sé por qué no arrastré mis pies para volver a casa. Me quedé alrededor de los platos sucios en su lugar, mirando a Sasori llenar la maquina con vasos y platos. Sasori era un estudiante en la Universidad Comunitaria Técnica Wake con ambiciones de ser una estrella de rock. Tocaba la batería, y por lo que había escuchado, apestaba. Él era el lavaplatos que me gritó mi primera noche, y a diferencia de Deidara, nunca se disculpó. Pensé que era un idiota, y entonces me di cuenta que un idiota era exactamente la clase de chico con quien necesitaba hablar. Podía confiarle la información porque no le importaría.

—¿Qué quieres? —preguntó Sasori, sin mirarme. Continuó metiendo platos en la lavadora.

—Tengo una pregunta para ti —contesté.

—Bueno, puede que tenga o no una respuesta —dijo él.

Lo miré. Bien, tenía algunas preguntas para él.

—¿Por qué no te gusto? —pregunté.

Se rió.

—¿Por qué las chicas son tan egocéntricas? No es que no me gustes. No pienso nada de ti en absoluto. —Me miró, su expresión facial preguntando: ¿Qué más?

Parpadeé, luego sonreí.

—¿Fueron malas contigo las chicas populares en la secundaria? —Debí haber guardado esa pregunta para mí cuando vi que Sasori cargaba un montón de cuchillos en el lavavajillas.

Se detuvo e inclinó su cabeza, considerándome. Entonces su boca se volvió una sonrisa que igualaba la mía.

—En realidad no. Me follé a cada una de ellas.

Descarté la idea rodando los ojos.

—Bien, como sea. Sí hubieras escuchado a un montón de chicos hablando sobre un club secreto y hojas de puntuación y tener sexo con vírgenes, ¿qué pensarías de eso?

Arrugó su cara pensando.

—Solo una pregunta hipotética —agregué.

—Bueno, creo que estás hablando de alguna clase de club sexual —dijo.

—Eso entendí —contesté—. ¿Pero hojas de puntuación?

—Tal vez ellos califican a las chicas. ¿Cómo sabría?

—Quieres decir como, ¿qué tan buenas son en la cama?

—Sí. Tal vez califican a las chicas por sus actos sexuales.

—¿Alguna vez has escuchado de algo como esto? —pregunté.

—No, pero de nuevo, no me sumerjo en la pervertida cultura sexual en la que aparentemente tú lo haces —se burló.

—Púdrete. Era una pregunta.

—Vete, Sakura. Tengo trabajo que hacer.

—Si, como sea. Gracias por tu ayuda.

En mi camino afuera, me despedí de Deidara, quien preguntó por qué no me quedaba después del trabajo y bebía con él. Me dirigí al estacionamiento.

Fue irritación instantánea, viendo a Gaara. Pensé que se había ido a casa, pero aparentemente estaba esperándome. ¿Qué si tenía que trabajar toda la noche? ¿Planeaba quedarse alrededor de mi auto por horas?

Caminé hacia él.

—Gaara.

Me interrumpió con un beso. Mi instinto fue alejarme y darle una cachetada. Pero no lo hice. Y no sentí ninguna de las cosas que debí sentir: indignación, sorpresa, vergüenza. En su lugar, lo dejé besarme, de pie ahí como una estatua, tratando de permanecer emocionalmente desconectada. Eso no duro mucho, y ahí es cuando debí alejarme.

Presioné mis labios más fuertes, y él tomó la silenciosa invitación para abrir mi boca con su lengua. Era todo tan familiar, sensual y aterrador. No me gustó como Gaara podía hacer a mi cuerpo responder tan fácil a él, que podía perder toda resolución de ser una mejor persona con su beso. Sentí sus brazos envolverse alrededor de mi cintura, acercándome a él, caí contra él, dejándolo sostenerme mientras su boca continuaba explorando la mía. Chispas familiares viajaron por los nervios arriba y debajo de mis piernas. Estallaron ocasionalmente en varios lugares a lo largo de mis muslos, debajo de mis pies, y temía perder la fuerza para mantenerme de pie.

¡Quítate, quítate! grité por dentro. Y entonces la cara de Matsuri destelló dentro de mi cerebro, y mi resolución resurgió, luchando con el deseo sexual. Gracias a Dios la resolución ganó.

Empujé a Gaara.

—No podemos. —Respiré.

—Sakura.

—¡Somos personas horribles! —grité.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Gaara.

¿Era realmente estúpido o solo se engañaba completamente a sí mismo?

—Tratamos a Matsuri como mierda, ¡Gaara! ¡Nos escondimos! ¡Le mentimos!

—Tienes razón —respondió Gaara—. Debí haber roto con ella antes de que nos juntáramos.

—¿Por qué no lo hiciste? —pregunté. Nunca le había preguntado antes.

—No lo sé —admitió—. Comenzó a deprimirse bastante. No sé por qué, pero parecía mal romper con ella cuando estaba así.

Sabía exactamente de qué estaba halando, y sabía exactamente por qué Matsuri estaba tan mal. La parte más pesada de mi culpa yacía en el hecho que Matsuri me reveló su violación, me confió información, confió en mí con su vulnerabilidad, y yo continúe durmiendo con Gaara a sus espaldas.

—Pero no fue justo para ti que siguiera saliendo con ella —continuó Gaara.

Miré hacia arriba bruscamente. ¿Justo para mí? Tenía mucho valor. Reconocí mi culpa, le di la bienvenida, y él no iba a quitármela.

—Lo que hice estuvo mal, lastimé a mi mejor amiga. Ningún chico vale eso —dije.

Miré a Gaara tensarse. No quise ser insultante, pero no conocía otra manera de llegar a él.

—¿Entonces te alejas de mí a causa de Matsuri? —preguntó—. Ella está muerta, Sakura.

—¿Qué estás diciendo? ¿Qué igual podríamos estar juntos porque Matsuri no está aquí para verlo? ¿Qué demonios está mal contigo?

—Mira, no voy a esperar por siempre, Sakura —dijo Gaara.

—No espero que lo hagas.

—¿Estas tratando de decirme que no sentiste nada cuando te besé?

—Seguro, sentí algo. Me sentí excitada. Eso es todo —dije bruscamente—. No te amo, Gaara. No puedo estar contigo. Está mal de tantas maneras.

—¡¿Continuaras luchando con tu atracción hacia mí por una chica muerta?!

Fue automático. Levanté mi mano con todas mis fuerzas, haciendo contacto con el lado de la cara de Gaara. Fue un golpe descuidado, en algún lugar entre una cachetada y un puñetazo, pero fue efectivo. Gruñó y frotó su sien.

—¡¿Qué demonios?!

—¡Eres un pedazo de mierda sin corazón! —grité—. ¡Ella no es alguna "chica muerta"! ¡Era mi mejor amiga!

Se quedó en silencio por un momento, frotando su cabeza.

—Siento lastima por ti, Sakura —dijo—. Arruinarás tu vida porque no puedes superar tu culpa.

—¡Ha! ¿Y supongo que arruinando mi vida quiere decir vivir sin ti? —pregunté—. No te preocupes, Gaara. No tengo planes de dejarte arruinar mi vida.

—Lo lamentaras, Sakura.

—¿Qué significa eso siquiera?

—Hemos terminado. Eso es lo que quiere decir —respondió, y caminó hacia su auto estacionado a unos cuantos espacios.

—Aleluya —murmuré, mirándolo alejarse.

"—Tengo al chico perfecto para ti —dije en una voz cantarina.

Oh diablos —respondió Matsuri—. Sakura, es tiempo que enfrentes la verdad. No eres la mejor casamentera.

Está bien, Kevin estaba mal, admito —dije.

Y Jason —dijo Matsuri.

Me encogí de hombros.

Y Andrew e Ian.

Oh mi Dios. ¡Ya está bien!

Matsuri rió.

Te estoy diciendo que este chico es el indicado.

Matsuri suspiró.

Describe.

Está bien. Su nombre es Gaara, y va a mi escuela, y es realmente alto y juega lacrosse.

¿Cómo se ve? —preguntó Matsuri.

Estoy llegando a eso. Cálmate —dije—. Tiene cabello rojo y marrón claro.

Matsuri arrugó su nariz.

No sé sí me gusta esa combinación.

¿De qué estás hablando? ¿Cabello color fuego y ojos claros? Es totalmente caliente —argumenté.

Como sea —dijo ella—. Continúa.

Y va a la iglesia —dije.

¿Y qué? ¿Eso lo hace un chico bueno o algo?

No lo sé. Tal vez —dije.

Espera. ¿Por qué dirías lo de la iglesia?

¿Qué quieres decir? —pregunté.

La cara de Matsuri se iluminó con comprensión.

¡Crees que soy una zorra!

¡¿Qué?!

¡Quieres que salga con este chico de la iglesia porque crees que soy una zorra!

Oh mi Dios, Matsuri. ¿Qué has estado fumando? —pregunté.

Se rió y sacudió su cabeza.

¿Entonces qué? ¿Él va a convertirme o algo? ¿Hacerme una chica buena de nuevo? Creo recordar que fuiste tú la primera en perder su virginidad a los quince. No yo. Al menos esperé hasta el año pasado.

Me enfurecí. Primero, nunca perdí mi virginidad a los quince. Mentí sobre eso porque estaba cansada de ser la única virgen que Matsuri y yo conocíamos. Sí, hay tanta presión para que una chica la pierda como para un chico. Segundo, Matsuri tenía mucho valor comparando mi pasado sexual con ella. Quizás esperó hasta que tuvo diecisiete, pero en esos diez meses desde que había perdido su virginidad, había dormido con cuatro chicos.

Adelante y dilo —dijo Matsuri—. Puedo verlo escrito en tu rostro de cualquier manera.

Estas durmiendo con muchos chicos, Matsuri —dije rápidamente—. No… se ve bien. —Alejé mi mirada.

Matsuri estuvo callada por un momento.

¿Por qué puede un chico dormir y le da una increíble reputación, pero cuando una chica lo hace, es una maldita zorra? —preguntó finalmente.

Me encogí de hombros.

No lo sé. Es el mundo en el que vivimos supongo. Algunas cosas nunca serán justas. —Miré a Matsuri, tratando de encontrar el coraje de preguntar. Estaba sentada en el borde de la cama, mirando sus palmas abiertas, y me pregunté si estaba tratando de leerlas—. ¿Por qué has dormido con cuatro chicos, Matsuri? —pregunté, y agregué entonces rápidamente—. Y no estoy tratando de sonar juiciosa.

¿Qué si te dijera que solo me gusta tener sexo? —preguntó.

Sonreí.

¿Esa es la razón real?

Sí, esa es la razón real —respondió Matsuri—. Y entonces supongo que eso me hace una zorra.

Deja de llamarte una zorra. No eres una zorra —respondí.

Sabes, es gracioso —dijo Matsuri—. Los chicos quieren una "chica buena" que sea pura y dulce e inexperimentada, pero espera que ella sea esta estrella de rock en la cama. Es totalmente jodido. Es un estándar al que ninguna chica puede vivir.

¿A quién le importa lo que piensen los chicos?

A ti —contestó Matsuri—. Y a mí, también.

No me gustaba esa respuesta. No me gustaba porque era verdad. Sí me importaba lo que los chicos pensaran de mí. Es por eso que trabajaba duro para ser bonita, tener una personalidad divertida, parecer virginal —porque lo era de cualquier modo— y dulce y amable. Especialmente amable, y especialmente amable con otras chicas. Nunca quise ser esa chica perra que trataba a las otras chicas como mierda. No pensaba que a la mayoría de los chicos les gustara eso de todas formas. Ellos querían a alguien con un corazón amable, e incluso si tenía que fingir, encontraría a mi novio perfecto. No lo había encontrado aún, pero sabía que estaba ahí afuera.

¿Le diste mi numero? —preguntó Matsuri.

¿Quién?

Este chico Gaara. ¿Le diste mi número?

¿Estarías enojada si lo hubiera hecho? —pregunté.

Supongo que no —contestó Matsuri. Caminó hacia su armario y comenzó a rebuscar a través de su ropa—. Supongo que debo usar algo conservador en nuestra cita, ¿eh? Ya que es un chico de la iglesia y todo.

Rodé mis ojos.

Dije que iba a la iglesia. No dije que era un pastor juvenil.

Estoy sintiéndome un poco nerviosa sobre esto —admitió Matsuri—. ¿Qué si parezco toda una prostituta como en Proverbios con sábanas picantes?

¿Eso es lo que recuerdas del grupo juvenil? —pregunté.

Como sea.

Matsuri, él es un buen chico. Lo siento si traje a colación la cosa de la iglesia. Estas volviéndote loca con eso —dije.

Estuvimos en silencio por un momento.

¿Es mi culpa? —pregunté en voz baja—. ¿Te hice sentir mal por dormir con cuatro chicos? No lo dije en serio, Matsuri.

No —dijo—. No, Sakura. No eres tú. Es solo el mundo en el que vivimos, ¿cierto? —Su boca se elevó en una sonrisa.

Sonreí de vuelta.

Confía en mí. Lo vas a amar."