Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
*"Recuerdos"
*Relato
*Pensamientos
Capítulo 7
Entonces, ¿qué piensas? —preguntó Ino.
—¿Sobre qué? —repliqué.
Estábamos sentadas en la feria de comida del Centro Comercial Crabtree Valley bebiendo batidos de fresa de Orange Julius.
—¡La fiesta de esta noche! Dios, a veces eres tan despistada.
—No quiero ir a una fiesta —dije.
—Sakura, estas empezando a ponerme nerviosa —dijo Ino—. Toda tu vida se está convirtiendo en escuela y trabajo. No tienes más amigos además de mí. No tienes novio porque eres demasiado gallina como para hablarle a ese hermoso chico Sasuke. Prefieres ir a cenar esta noche con tu padre que venir conmigo a una fiesta increíble.
Forcé una sonrisa.
—Dios, tú realmente tienes una manera de hacer que una chica se sienta bien consigo misma. —Tomé un sorbo de mi bebida.
—¡Sakura! ¡No quiero ir sola!
—Entonces no vayas —le dije—. Mira, le prometí a mi papá que iríamos a cenar esta noche. No he vivido con mi padre en años. Diablos, ni siquiera conozco a ese hombre. ¿Está bien para ti que me pase un poco de tiempo con él? Por Dios, que egoísta eres, Matsuri.
Ino levantó la cabeza bruscamente.
—¿Qué dijiste?
—Dije que eres egoísta —repliqué.
—No, no, después de eso —dijo Ino.
—¿Ah?
—Me llamaste "Matsuri".
—No, no lo hice.
—Sí, lo hiciste, Sakura. Me llamaste "Matsuri" —dijo Ino mirándome con recelo.
No recuerdo haber llamado a Ino, Matsuri. Pero lo tuve que haber hecho. La cara de Ino me lo dijo.
—¿Qué está pasando? —preguntó—. ¿Es por esto qué tu vida está dando vuelta en estos momentos? ¿Todavía te sientes culpable, entonces crees que no mereces tener amigos o novio o salir y divertirte?
—No —repliqué. De pronto me sentí a la defensiva.
—Bueno, así es como se ve para mí —dijo Ino. Y luego se iluminó cuando la comprensión golpeó su cara—. ¿Estás soñando con Matsuri?
—No. —Mentí. No le iba a decir que cada vez que cerraba los ojos, soñaba sobre Matsuri y Gaara. No le iba a decir que mayormente en las mañanas me levantaba cubierta en sudor. Desde luego no le diría que mi pesadilla anoche fue tan intensa que me caí de la cama.
Ino intentó con paciencia.
—Matsuri se ha ido.
—¡Lo sé! —le espeté.
No me resistí cuando Ino me tomó de la mano.
—No trataba de ser mala cuando dije eso. Pero, se ha ido, Sakura. Y ella no quisiera que tú vivieras así. Castigándote a ti misma.
—No me estoy castigando —argumenté.
—Cuando no te permites tener una vida, eso es castigarte —dijo Ino.
—Tengo una vida —dije—. Sólo que no puedo hablarte de ella.
Maldita sea. ¿Por qué dije eso?
—¿De qué estás hablando? —preguntó Ino. Se veía preocupada.
—Nada. No sé por qué dije eso.
—¡Mentira! No juegues conmigo, Sakura. ¿Qué se supone que no debo saber?
Miré la cara de Ino en forma de corazón enmarcada por su cabello castaño oscuro. Sus ojos marrones se clavaron en mí, y casi cedí. La chica dentro de mí quería confesar todo en ese mismo momento. Contarle sobre la violación de Matsuri. Contarle sobre Madara y mis planes de exponerlo por el monstruo que era. La chica dentro de mí quería confesar por qué estaba torturada por guardar secretos, y a las chicas les gusta hablar. No soy la excepción. Pero la diminuta mujer dentro de mí sabía que eso sería un terrible error. La sabia mujer dijo: "Sakura, Ino le da rienda suelta a su boca".
—Está bien, tal vez estoy teniendo un pequeño mal momento —dije—. Todavía me siento culpable sobre Matsuri. Y Gaara vino a verme en la cena la otra noche y terminamos besándonos.
Los ojos de Ino se agrandaron.
—¿Estás bromeando conmigo?
—¡Lo sé! —dije—. Pero lo detuve. Y luego lo golpeé y le dije que era un pedazo de mierda y que ya habíamos terminado.
El cuerpo de Ino se llenó con orgullo. Lo pude ver salirse por sus ojos y su enorme sonrisa.
—¡Eres una pateadora de traseros! —chilló.
—Gracias —contesté.
—¿Planeabas contarme esto? —preguntó Ino.
—Lo estoy haciendo ahora —dije.
—Sí, pero eso es porque te atrapé.
—Te iba contar —dije—. Sólo estaba avergonzada por la parte del beso.
—Él es un idiota. ¿Por qué demonios iba a pensar que tú querías estar con él?
—Ni idea —dije, terminando mi trago.
—Bueno, me alegra que terminaste con él —dijo Ino—. Este es un buen paso en el proceso de tu recuperación, Sakura.
Sonreí.
—Me imagino que serás una buena psicóloga algún día.
—Se realista. Absolutamente seré maquilladora de celebridades —replicó Ino.
Me reí.
—Y lamento darte un mal rato por lo de estar saliendo con tu papá. Eso no estaba bien.
—No es gran cosa —respondí.
—Pero si cambias de opinión sobre la fiesta, creo que algunos chicos de tu escuela estarán ahí. No sé si los conoces, pero creo que están en el equipo de natación o algo.
Mi corazón inmediatamente se encogió.
—¿Quién?
—No sé sus nombres —dijo Ino—. Sólo sé que tienen una reputación de ser bastantes calientes.
Eso significa que Ino iría en línea recta hacia ellos, coquetear y posiblemente dejar que alguno de ellos pusiera sus manos encima. Ella era muy generosa con su busto, y la cantidad de chicos que los habían visto y tocado estaba en una cifra de dos dígitos. No puedo dejar que ese número suba, no cuando sospecho lo peor de los miembros del equipo de natación.
—¿A qué hora es la fiesta? —pregunté.
Ino ladeó la cabeza.
—Entonces, ¿ahora quieres ir? Hace cinco minutos estabas hablando sobre pasar tiempo de calidad con tu papá, y, ¿ahora quieres ir? ¿Qué? ¿Tienes un flechazo con alguno de ellos?
—No, no tengo un flechazo. Sólo estaba curiosa sobre a qué hora era la fiesta —dije.
—No lo sé. No planeo estar ahí antes de las once o algo así —replicó Ino.
—No vayas sin mí —le espeté. Salió como una advertencia.
—¿Qué es lo que pasa contigo? —preguntó Ino.
—Sólo quiero ir, ¿está bien? —dije—. Tienes razón. Tengo que dejar de estar abatida y ser antisocial y todo eso. Sólo prométeme que me esperaras. Iré contigo después de que cene con mi papá.
—Eso está bien —dijo Ino—. Pero sigo pensando que tienes un flechazo que no me estas contando.
Me convenzo de que Madara no es el único depredador, no después de oír la conversación en las escaleras. El equipo de natación estaba tramando algo. Tal vez no todos, pero algunos estaban tramando un juego retorcido.
Un club de sexo, dijo Sasori. Y la pequeña parte paranoica de mí pensó que ellos iban a aparecer en esta fiesta para buscar chicas. Víctimas. Y no había manera que dejara ir a Ino sola. Cometí ese error con Matsuri y pagué el precio más alto
Me senté en el restaurante sintiéndome ansiosa e irritada.
—Así que Pam dice que los clientes esperan una solución mañana, y me gustaría saber quién cree ella que irá a la oficina un sábado en la mañana —dijo papá—. Si los clientes no hubieran dañado el dispositivo después de que nosotros le dijéramos específicamente que no lo activaran hasta que los ingenieros le dieran el visto bueno, no habría ningún problema. —Empujó la pizza a su boca.
Asentí, no teniendo idea de lo que estaba hablando. Mi mente estaba en otras cosas. Corría con pensamientos de miembros del equipo de natación escurriéndose a través de la fiesta llena de gente, rozando a través de las chicas y dejando que sus manos rocen las partes íntimas de sus cuerpos.
—¿Te estoy aburriendo? —Oí a mi papá preguntar.
—No. —Mentí—. Estoy plenamente escuchando.
Papá se rió entre dientes.
—¿Por qué?
Me reí.
—Porque estás pagando por la cena.
—Lindo —replicó—. Sabes, obtuviste ese sabelotodo sentido del humor de tu madre.
Me encogí de hombros y miré cómo la cara de papá caía. Cada vez que alguno de nosotros mencionaba a mamá, se volvía sombrío o serio. No quería ir ahí con él esta noche. Estábamos en una pizzería, después de todo.
—Papá, ¿cuándo fue la última vez que tuviste una cita? —pregunté.
Levantó la cabeza, mirándome.
—Guau, sólo era una pregunta —le dije. Di otro mordisco a mi calzone.
Vi a sus ojos ablandarse y cómo una sonrisa se asomaba en su boca.
—Cinco años.
—¡Santa mierda, papá! ¿Cinco años?
—Sakura, ¿debe saberlo todo el restaurante?
—Lo siento. Sólo, guau. Cinco años. Uff. —Bebí un sorbo de mi Coca-Cola, los ojos bien abiertos, las cejas alzadas con incredulidad.
—¿Vas a quitar esa mirada de tu cara? —preguntó—. No hay nadie ahí afuera. ¿Qué quieres de mí? Y de todos modos, soy tu padre. No deberíamos de estar discutiendo esto.
—¿Qué tiene que ver el hecho de que seas mi padre con esto? —pregunté—. Ahora, mi profesora de inglés está soltera. Y es linda. —Mordí mi calzone y seguí con mi boca llena—. Y sorprendentemente no es una idiota.
—¿La mayoría de tus profesores son idiotas?
—Sí.
Papá se rió entre dientes.
—Es bueno saber que mis impuestos contribuyen a salarios merecidos.
—Oh, papá —le dije sin importancia—. No vamos con toda esa política, hablemos de la señora Manning.
—Mejor no —objetó papá.
Lo ignoré.
—Ella está en sus tempranos cuarenta, creo, pero parece totalmente estar en los treinta. Linda piel y cabello. Siempre se ve bastante profesional. Vestida de punta en blanco. Sus zapatos son fabulosos.
—Sakura…
—Y es ávida corredora. Me dijo que corre unos 6 kilómetros por día y que trata de dar una larga corrida de unos doce todos los sábados —continué.
—Sakura, por favor.
—Y competirá en su primer medio-maratón este noviembre.
—¡Sakura! —me interrumpió papá—. Tengo barriga, ¿está bien? No voy salir con una corredora.
Apreté los labios y observe a papá pasar su mano a través de su cabello castaño.
—Papá, apenas tienes barriga. Y eres bastante apuesto. Es tiempo de que vuelvas otra vez al terreno —dije.
Papá se echó a reír.
—¿Qué? —pregunté.
—Nada —resopló papá—. Sólo amo la manera en la que me haces cumplidos, eso es todo.
Sonreí.
—Bueno, es verdad. Apenas tienes. —Reí—. Sal en una cita con la Sra. Manning y comienza a correr con ella, y se te quitará en una semana. Por Dios, es tan injusto. ¡Los hombres pueden perder peso así! —dije chasqueando mis dedos.
—¡Oh! No pueden —refutó papá.
—Bueno, como sea. ¿Podrías sólo prometerme que vas a mantener una mente abierta y empezarás a buscar? —Debí haberlo dejado ahí, pero no pude—. Mamá se fue.
—Mmm —respondió papá. Se frotó la frente y me miró—. Algo así como Matsuri se ha ido.
Me tensé.
—¿Qué estás diciendo?
—Querida, no haces nada más que ir al colegio y al trabajo y salir con Ino. No soy ciego.
—Como hecho contante, voy a una fiesta esta noche.
Las cejas de papá se elevaron.
—¡Oh! ¿En serio? ¿Dónde es y quién la está haciendo?
—No lo sé ―dije—. Algún chico rico cuyos padres están fuera por el fin de semana. —Le guiñé un ojo.
—Muy gracioso, Sakura —replicó papá—. ¿Dónde es y quién la está haciendo?
Suspiré.
—Una amiga de Ino, Olivia. Es totalmente increíble. Quiero decir, estoy segura de que algunas personas llevarán alcohol, pero papá. Vamos. Tú me conoces.
En realidad, mi papá no me conoce para nada, y pensé que lo diría en voz alta. Pero eso nos hubiera avergonzado a ambos, así que optó por algo más.
—¿Y qué si la fiesta es embestidas por policías y eres arrestada por estar ahí con alcohol?
—Papá, ellos no me arrestarían. Sólo te llamarían.
—¡Oh! ¿En serio? ¿Sabes esto por una experiencia pasada? Y de todos modos, tienes dieciocho. Legalmente una adulta. Ellos no me llamarían para ir a recogerte.
Resoplé.
—Papá.
—Sakura.
Nos quedamos mirándonos por unos segundos.
—No dejaré que Ino vaya a esta fiesta por su cuenta —dije.
—¿Alguna razón en particular?
—Um, sí. ¿Has conocido a Ino? Es ridícula —me expliqué.
Papá se rió.
—Está bien, pero ella no beberá tampoco.
—Papá, ella ni siquiera toca eso. Cero calorías —dije, terminando mi calzone. Miré el segundo pedazo de la pizza de papá.
—Ni siquiera lo pienses —dijo, recogiendo el pedazo y dando un gran mordisco.
Lo consideraba mientras comía.
—¿Crees que deberíamos de haber hecho esto hace unos años atrás?
—¿Hacer qué? —preguntó con la boca llena.
—Vivir juntos.
Papá tragó. Sonó como que dolió en el camino.
—¿No estabas contenta con tú mamá?
—No, no estoy diciendo eso. Sólo, ¿por qué usualmente es la mamá la que se queda con el niño?
Papá se me quedó mirando.
—Quiero decir, ¿por qué no tuve opción?
—¿Querías vivir conmigo? —preguntó tentativamente.
—No lo sé. Podía haber sido divertido —dije
Papá observó su plato. Sentí una gran necesidad de abrazarlo, pero pensé que era un mal momento.
—Bueno, supongo que tenemos que recuperar el tiempo perdido —dije.
Papá me miró y sonrió.
—No se atreva a venir borracha a la casa, señorita.
—Nunca.
—¡Estoy totalmente emocionada! —chilló Ino mientras caminábamos, con los brazos entrelazados, por la acera de la casa de Tanner.
Sí, me sentía culpable por mentirle a mi papá. No era la casa de Olivia. No hay ninguna Olivia de todas maneras. Pero pensé que sonaría mejor si la fiesta era de una chica y no de un inmaduro chico. Tanner era sólo eso. Un molesto, controlador jugador de fútbol de mi antiguo colegio, que insistía en ser popular lo quisiera la gente o no. Creo que él sólo era aceptado en el club porque tenía padres que viajaban mucho, abriendo su casa para fiestas de lo más exageradas con brebajes-de-alcohol y sexo-enloquecido en la ciudad. Me asombraba que ninguno de ellos había sido arrestado por los policías.
—¿Qué hay ahí para estar emocionada? —pregunté—. Estas fiestas son repulsivas.
—Como sea, Sakura. Tú las amabas el año pasado.
—Sí, eso fue el año pasado —dije—. Dios, sé que no quiero correr hacia una persona que conozca.
Atravesamos la puerta principal y nos tropezamos con Stephanie.
—¡Oh por Dios! —gritó, tirando sus brazos alrededor de mi cuello, sofocándome.
—Steph. —Sé que no soné muy entusiasmada, pero sólo no podía pretender por más tiempo.
—¡Estaba tan esperanzada de que vinieras esta noche! —replicó, alejándome un poco y mirándome de arriba abajo—. ¡Te ves tan linda!
Sí lucia linda. Vestía unos jeans azul oscuro con un top de lentejuelas gris y con unas zapatillas de piel de cocodrilo. Mi primer par de tacones con punta cerrada. Los compré inmediatamente después del funeral de Matsuri, y me aseguré de que no hubiera nada triste en ellos. Ni una pizca de negro. Eran púrpura en su lugar. Llevaba el cabello recogido en un moño desordenado en la nuca de mi cuello para mostrar los pendientes de boda de mi madre, los broches de diamantes. Me sentía confiada y sexy.
—Gracias, me encanta tu vestido —dije—. Es realmente lindo.
Stephanie miró a su atuendo.
—¡Lo es! ¿Cierto? —Agarró mi mano y me llevó a la sala de estar—. ¡Todos, miren quién está aquí!
—No, no —dije, meneando mi cabeza y alejando la mano de ella—. Nadie necesita saber.
Sonreí nerviosa y miré alrededor. Agradecida de que nadie escuchó a Stephanie o no les importaba. La música estaba encendida hasta el máximo, y la mitad de la fiesta ya había pasado. Había una energía inquietante rebotando en la habitación, como si una pelea fuera a suceder en cualquier momento. No me gustaba, o mejor dicho, a mi espíritu no le gustaba. Lo pude notar porque mi corazón se aceleró y golpeaba más fuerte, y no al ritmo de la canción.
Me volteé asumiendo que Ino me había seguido hasta la sala de estar. Había asumido mal.
Mierda. ¿Por qué no agarré su mano cuando Stephanie me llevó sola?
Maniobré a través de los bailarines, maldiciendo cuando sentí que un pie aterrizó en mis zapatillas púrpuras, deslizándome a la cocina. Era el lugar más concurrido de la casa. Naturalmente, botellas de licor y varios jugos lideraban las encimeras y lleno de gente alrededor. La puerta de la nevera estaba abierta. Los chicos compitiendo por las cervezas importadas en vez de las nacionales. Esto era este tipo de fiesta.
Escaneé el grupo por Ino pero no la pude localizar. Traté de no entrar en pánico. Acabábamos de llegar. Dudaba de que algo lascivo le hubiera pasado en diez minutos.
Me empujé a través de la concurrida cocina a un pasillo igual de concurrido. Madara caminaba hacia mí.
—¡Oye, Sakura! —gritó mientras se aproximaba.
Sabía que debía de esperarlo aquí, pero de todas formas pegué un salto. Esperaba que no lo hubiera visto.
—Hola —le dije.
Me apoyé contra la pared, para dar espacio a un grupo de chicas que pasaban, chillando de lo mal que tenían que hacer pis. Aparentemente estábamos en su camino.
—Te ves realmente linda esta noche —dijo revisando mi cuerpo con sus ojos. Mantuvo la mirada baja cuando llegó a mis pies—. ¡Sexy zapatos!
¿Qué tipo de chico dice eso? ¿Qué chico le hace cumplidos sobre zapatos a una chica?
—¿Gracias? —Sabía que había salido como una pregunta. Me refería a eso también.
Se rió entre dientes.
—¿Qué? ¿No puedo tener un buen sentido de la moda?
—No lo sé —repliqué, sonriendo. Miré hacia mis zapatos—. Son sexys, ¿eh?
—Mucho —contestó, e inclinándose besó mi mejilla. Pude oler el alcohol en él—. ¿Está eso bien?
Estaba más que segura que no estaba bien. ¿Quién rayos se creía este chico? Entonces qué iba a dejarle hacerme. Eso no iba a pasar esta noche, no cuando no lo conocía. Este jodido tenía que conocerme primero antes de actuar tan insolente.
Asentí, inclinando mi cabeza y girando sobre mi eje.
—Así que, ¿conoces a Tanner? —preguntó Madara.
Me debatía sobre qué tanto decirle. No creía que él supiera que había ido el año pasado al colegio con Tanner, pero ahí otra vez, ¿por qué estaría aquí? ¿El caso era, por qué estaba él aquí?
—¿Y tú? —pregunté.
Me miró extrañado, luego sacudió la cabeza.
—No, pero Setsu sí.
Permanecí estoica aunque por dentro gritaba. ¡Genial! ¡Sencillamente genial! Ya tenía los pelos de punta por este tipo, y ahora él tenía una conexión con mi pasado. No quería que descubriera mis lazos con Matsuri. Arruinaría todo.
—¿Quién es Setsu? —pregunté—. Dijiste su nombre como si supiera quién es él.
—¡Oh! Cierto. Me olvidé que eras nueva en la escuela —contestó Madara—. Setsu es mi mejor amigo. Está en el equipo de natación conmigo. Todos en el colegio lo conocen.
—Guau, eso es mucha gente —dije.
—No es un trabajo fácil ser popular, eso es seguro.
Quería vomitar.
—De todos modos, nunca respondiste mi pregunta —dijo Madara—. ¿Conoces a Tanner?
Abrí mi boca para decir una gran y gorda mentira, cuando Stephanie tropezó en mi camino.
—¡Oh por Dios! ¡¿A dónde te fuiste?! —gritó, tambaleándose sobre sus sandalias de tiras de cuatro centímetros, mientras sostenía en lo alto un vaso de plástico rojo.
—Aquí, tomaré esto —dije, agarrando el vaso de su mano antes de que pudiera protestar.
Tropezó con Madara, y murmuró una media disculpa.
—¡Vamos a bailar! —gritó Stephanie—. ¡Como los viejos tiempos!
—¿Viejos tiempos? —preguntó Madara. Otra vez, me miró extrañamente.
—Es una amiga de hace mucho tiempo —expliqué—. Y está borracha.
—Puedes apostar tu trasero a que estoy borracha —dijo Stephanie—. ¡Estoy taaaaan borracha!
—Y yo estoy taaaaaan llevándote al baño ahora —contesté, dándole el vaso medio vació a Madara y excusándome.
—¡Ven a buscarme luego! —llamó.
Sí, voy a ir directo a eso. Luego inmediatamente sacudí mi cabeza. No, Sakura. Necesitas buscarlo después. Se supone que tienes que encontrarlo más adelante, ¿recuerdas? ¡Deja de pensar como una perra y empieza a pensar como una asesina!
—Sakura, ¡te extrañamos! —dijo Stephanie, aferrándose a mí mientras la ayudaba a pasar la puerta del baño.
—Trata de vomitar —dije—. Y no salgas de este baño hasta que regrese. Iré a buscar a Ino.
—Sé dónde está —dijo Stephanie arrastrando las palabras.
—¿Dónde?
—Está en el sótano hablando cosas sucias con algún chico lindo.
Me eché a reír.
—¿"Hablando cosas sucias"? ¿Ella está "hablando cosas sucias" con algún chico lindo? ¿Sabes qué tan repulsivo es eso?
Stephanie frunció el ceño.
—No lo entiendo.
—No importa —dije, dirigiéndome hacia la puerta. Después de esta noche, no más jugar de mamá con mis amigos borrachos. Todos eran grandes. Podía hacer eso después de todo. Era la mamá.
Forcé mi camino al sótano, medio escuchando a un montón de chicas escupir insultos hacía mí por empujarlas a un lado. Cuando vi a Ino, mi corazón se fue a mis pies. Estaba parada en la esquina con Setsu. Mi instinto era correr y saltar sobre él, hundir mis uñas en él y sacarle la sangre. Tal vez haciéndolo desangrarse. En cambio, me apresuré donde mi amiga alegremente, tratando de ocultar mi miedo.
—¡Ahí estás!
Setsu se dio la vuelta y me miró. Estaba claramente enojado. Interrumpí su juego.
—¡Sakura! —exclamó Ino—. Oh por Dios, ¡te he estado buscando por todos lados!
—¿Lo has hecho? —pregunté. No pude ocultar el sarcasmo, incluso con el riesgo de que Setsu escuchara.
—Este es Setsu —dijo Ino, ignorando mi pregunta—. Está en el equipo de natación de tu colegio.
—Hola —dije.
Él asintió.
—¿Cómo ustedes dos se conocen?
—¡Somos las mejores amigas! —dijo Ino—. Sakura estaba…
—Oye, Ino, creo que tenemos que revisar a Stephanie. —La interrumpí—. Está vomitando sus tripas arriba.
—Asqueroso —contestó Ino—. ¿Por qué no vas tú a lidiar con ella? Me vuelve loca.
Está preguntando por ti —dije, mientras agarraba el brazo de Ino.
—Oye, deja a Ino quedarse —dijo Setsu. Empujando mi mano lejos—. Nos estamos conociendo.
Quería estrangularlo. ¡Cómo se atreve a empujar mi mano! Otro bastardo insolente. ¿Era eso una personalidad necesaria para estar en el equipo de natación?
—A lo mejor en otro momento —dije.
—No —contestó Setsu—. A lo mejor ahora.
Nos quedamos mirando uno al otro. Aprendí todo lo que necesitaba saber de él en ese momento que nos quedamos mirando. Siempre conseguía lo que quería, y se creía superior a los demás. El problema estaba en que me subestimaba. Y eso era un error.
—Ino ven conmigo ahora —dije, envolviendo mi mano en su muñeca. Tampoco iba a dejarla ir. Tendría que tomar mi brazo ahora—. Muévete.
Lo empujé a un lado, tal vez más fuerte de lo que quería, pero él agarró el punto. Vio como arrastré a Ino detrás de mí, ignorando sus protestas de quedarse en el sótano.
—¡Tú no te quedaras en el sótano! —le susurré—. Así que supéralo.
Me atreví a mirar atrás a Setsu. Se quedó ahí con las manos en los bolsillos, mirándome, decidiendo cómo lidiaría conmigo en el futuro. Estoy bastante segura de que estaba planeándolo desde que su juguete sexual de esta noche había sido robado.
Stephanie hizo lo que se le dijo. Seguía en el baño cuando Ino y yo subimos.
—He tenido a un montón de gente enojada conmigo —dijo, mientras la ayudaba a lavarse la cara y las manos. Exitosamente había vomitado varias veces. Observé, pero no mucho, mientras limpiaba. Al menos ya no arrastraba las palabras y estaba más coherente, o tan coherente como podía ser.
—Hay quinientos baños en esta casa —contesté—. Ellos lo superaran.
Justo entonces, Ino decidió que necesitaba enfermarse también, y apenas fui capaz de agarrar su cabello marrón alejándolo de su cara justo en el momento en que vomitó en el inodoro.
—Realmente estoy molesta contigo, Sakura —dijo después de la primera ronda. No me miró cuando lo dijo. Era lo suficientemente sabia para mantener la cabeza en el inodoro.
—No hables —ordené—. Sólo sigue.
Estaba enojada, naturalmente, a pesar de que podía recordarla haciendo lo mismo por mí, en muchas ocasiones. No puedo creer que solía divertirme así. No puedo creer que incluso lo quisiera. ¿Cuál era el punto? Gastaba todo el día siguiente en la cama con una bolsa de frijoles congelados pegada en la frente, rodeada de botellas de Gatorade. Y si la resaca era monstruosa, lloraba, lo que lo hacía peor. Toda una pérdida de tiempo. Una pérdida de vida.
—Era lindo —continuó Ino después de la segunda ola—. Quería besarlo.
—Sé que querías —contesté—. Pero es un idiota.
—¿Quién es un idiota? —preguntó Stephanie. Estaba sentada en el contenedor del inodoro, su ya corto vestido se subió hasta sus caderas, sus piernas largas separadas a cada lado.
Volteé y la miré.
—¿No te sientas así en público, verdad?
Se encogió de hombros.
—¿Quién es un idiota?
—Sólo un chico nadador de mi colegio —repliqué.
—¡No es un idiota! —dijo Ino, y luego exhaló de nuevo.
—Por Dios Ino, ¿qué tanto bebiste?
Esperé pacientemente a que las oleadas cesaran. Se limpió la boca con papel higiénico y se dirigió a mí.
—¿Cómo voy a saberlo?
Rodé los ojos.
—¿Estaba él recargándote las bebidas toda la noche?
—Es un caballero —respondió.
—¿Qué diablos significa eso? —pregunté.
—Él fue a buscar mis bebidas ―dijo ella. Incapaz de permanecer de pie, se cayó en el piso del baño. Podía haberla agarrado del brazo para impedir que se fuera abajo, pero no lo hice.
—Sí, apuesto a que lo hizo —dije—. Aléjate de ese chico, Ino. Lo digo en serio.
—No eres taaaaaaaaaaaaaaaaaaan divertida esta noche. —Ino hizo un puchero.
Cierto. No estaba siendo nada divertida. El único punto de venir a la fiesta esta noche era para hacer un poco de trabajo detectivesco. Bueno, y alejar a Ino de ser violada. Tuve éxito en lo segundo, pero no en lo primero. No supe nada de lo que espera ver o escuchar, nada en absoluto. Pero sabía en mi interior que Setsu y Madara estaban tramando algo. Si estuvieran, de hecho, formando parte de un lascivo club de sexo, estaba segura que ellos estaban buscando parejas. Una desprevenida pareja. Había hecho mi misión de encontrar eso, pero me di cuenta de que tendría que investigar otra noche. Mi primera prioridad era mantener un ojo en mis amigas. Nunca sacrificaría su seguridad para descubrir más pistas de Setsu y Madara.
Caminé con mis cansadas, y deshidratadas amigas fuera del baño y a través de la puerta principal. Stephanie no podía recordar cómo había llegado a la fiesta, entonces decidí llevarla a casa. En nuestro camino hacia afuera, vi a Madara y a Setsu hablar. Estaban charlando en una esquina del vestíbulo susurrando. Capturé la mirada de Madara, y se despidió de mí con la mano. Le devolví el saludo, mirando a Setsu ceñudo. Trató de conseguir la atención de Madara otra vez, pero estaba más interesado en verme partir.
Incluso cuando me volví de espaldas a él, sabía que seguía observándome. Era la misma sensación que tuve cuando me estaba registrando, los pelos de punta en la parte de atrás de mi cuello. No me gustó entonces, y todavía no lo hacía. Era peor ahora porque lo conocía. Sabía lo que quería de mí, y sabía que eventualmente tendría que dárselo.
