Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

*"Recuerdos"

*Relato

*Pensamientos

Capítulo 11

Obtener el correo electrónico de Setsu Duncan fue fácil. Estaba justo en su página del Facebook. Una vez que lo envié a Deidara, la verdadera diversión comenzó. Deidara explicó sus planes. Le mandaría un mensaje a Setsu y lo haría lucir como un mensaje de Madara. En el correo estaría una imagen para Setsu en el cual deberá hacer clic. Deidara me preguntó qué imagen debería ser, y ofrecí la idea de una chica desnuda.

—Divertido para mí—había dicho y reí.

Sin el conocimiento de Setsu que sería un «Troyano», un tipo de virus informático, escondido dentro de la imagen. Una vez que Setsu haga clic en la imagen, autorizaría el troyano, permitiendo así acceso ilimitado a Deidara a cada movimiento de Setsu: los sitios que visitó, las contraseñas que escribe en sus diversas cuentas en línea, la posibilidad de ver sus archivos y carpetas. Deidara estaba seguro de que tendría noticias para mí al día siguiente.

Él me llevó a un lado en el trabajo durante la noche.

—Conseguí un montón de basura para ti —dijo.

—¿Sí?

—Ven a mi casa después del trabajo —dijo.

—Estás loco —respondí.

—Cálmate, Cerezo—dijo—. ¿Quieres saber que he descubierto o no?

Gruñí.

—Bien. Pero si tratas algo conmigo, te destruiré.

—Por favor. Ya te olvidé —dijo Deidara y reí.

Estaba tan sorprendida cuando entré al departamento de Deidara. Asumí que se vería como la casa de una fraternidad: muebles que no combinan, con roturas y manchas de cerveza, cajas de alimentos viejos y cajas de pizza que cubrían las superficies de las mesas, el olor de algo rancio y

amargo. Deidara no me parecía que sea el tipo de persona que tenía su mierda junta. Debería haberlo sabido mejor cuando él me dijo que iba a la escuela de informática. Debería haber sabido esperar algo limpio, una casa ordenada. Programadores. Nerds totales.

Sus muebles de cuero marrón combinaban. Había mesas con lámparas en ellas. Lindas lámparas que combinaban y equilibraban el espacio. La cocina estaba impecable. Había unos malditos manteles de cocina que colgaban de las mangas del horno y del lavavajillas. Me eché a reír ante las revistas desplegadas sobre la mesa de té, que yacía junto a las velas perfumadas.

—¿Quién eres? —pregunté, caminando por la sala.

—Soy muchas cosas, Cerezo —dijo.

Puse mis ojos en blanco.

—¿Puedo usar tu baño antes de empezar?

—Al fondo del pasillo a la derecha.

Caminé por el pasillo sin prisa. Estaba más intrigada con las fotos en las paredes.

Se veían como la familia de Deidara, y supuse que el niño que tenía la misma nariz y boca de mi amigo hacker era su hermano. Descubrí en una foto que Deidara surfeó, y pensé que debería tratar algo nuevo: no estereotipar a la gente al segundo de conocerlos.

Realmente pedí usar el baño para investigar un poco. Quería ver si estaba tan limpio como en resto de la casa de Deidara. Tenía algunos plug-in que perfumaban el lugar. Era vainilla mezclado con lavanda, creo. Levanté con cautela el asiento del inodoro, esperando ver las manchas de pis y Dios sabe qué más, pero estaba limpio. Extraordinariamente limpio. Yo no podía entender a este hombre. Él era un idiota en el trabajo, rudo y ruidoso y lleno de malas palabras. Por un lado, pensé que era propietario de una Harley y salía a los bares en los fines de semana.

—No, voy a los laboratorios en el fin de semana, mocosa —dijo cuando regresé a la sala y pregunté—. Eres muy joven para ser tan prejuiciosa.

Estaba echado en su sofá, buscando canales en la televisión.

—De hecho, los adolescentes tienen la mente más cerrada. No dejes que toda nuestra habladuría de la aceptación te engañe —dije.

—Oh, no estoy siendo engañado. He trabajado con suficiente número de ustedes para saber cómo actúan. Es patético —Deidara respondió, llegando a Comedy Central—. Las más ardientes son las peores. Sigo diciéndole a Kakashi que deje de contratar a dieciseisañeras.

—¿A cuántas has hecho llorar?—pregunté, sonriendo.

—Tres.

—¿Te metiste en problemas por ello?

—¿Qué crees?

Reí.

—Eres un idiota.

—No te hice llorar, ¿no? —preguntó.

Sacudí mi cabeza.

—Bien —dijo—. Eso es bueno. Nunca quiero verte llorar, Cerezo. —Sus ojos se quedaron pegados a la televisión. No sé por qué lo dijo, pero se veía que lo decía en serio. Sonó protector, pero no en una forma romántica. En ese momento pensé que podía tener a un hermano mayor. Incluso casi le preguntó si quería ser el mío.

—Muy bien. Viniste por información, y la he conseguido. ¿Lista para ver? —Deidara preguntó, abriendo su laptop.

Asentí y me dejé caer en un sillón.

—Ven aquí para que puedas ver la pantalla.

Me moví cerca de Deidara en el sofá, y sacó un documento.

—Observa la Prueba A. Tu hoja de notas —dijo.

Miré a ello, mi corazón latiendo a prisa con adrenalina por el descubrimiento de que lo que estaba haciendo estaba mal. Sin embargo, no me importaba. Pensé que era una situación más grande, así que los derechos individuales de Setsu tenían que ser violados. Oh Dios, pensé. Si mi conservador padre me escuchara decir las palabras «bien mayor» él me desconocería.

La hoja de puntuación listaba varios actos sexuales y cómo se puntuó cada acto. Besar ganaba la menor cantidad de puntos. Mamadas tenían una puntuación alta. El sexo estaba en la parte superior. Sin embargo, las puntuaciones se descomponían incluso más que eso en función del tipo de las chicas. Una mamada de una virgen lograba un número considerable, la puntuación más grande se otorgaba si ella llegaba al final. Las chicas que ya se consideraban objetivos promiscuos y fáciles daban puntajes menores, incluso si tenían relaciones sexuales con el chico. Era confuso al principio, pero entendí todo con bastante rapidez.

—Encontré esta hoja de puntuación en una carpeta de archivos con la etiqueta «FSL»—dijo Deidara—. No me tomó mucho tiempo para averiguar lo que quería decir.

—¿Qué significa? —pregunté, quitando mis ojos de la hoja de puntuación.

—Déjame mostrarte primero esto, y serás capaz de darte cuenta —dijo.

Sacó la Prueba B, etiquetada como «Juego 2». Era una hoja de cálculo de Excel con los nombres de seis chicos en la lista.

Debajo de sus nombres había 4 nombres de chicas listadas. Algunas chicas ya tenían un número al lado de sus nombres.

Otras no.

—¿Qué rayos?

—Son equipos, ¿ves? —dijo—. Cada uno de estos chicos tiene un equipo de chicas. Como en Fantasía de Fútbol.

—¿Fantasía de Fútbol?—pregunté.

—Jesús, Cerezo. Sigue el programa. Fantasía de Fútbol —dijo Deidara.

Me encogí de hombros, esperando una explicación.

—Dios, eres una chica —dijo—. Fantasía de Fútbol. Juegas contra personas en una liga. Dibujas nombres para decidir quién va a escoger primero. Puedes elegir cualquier jugador de fútbol profesional que quieras para tu equipo, y luego llevar la cuenta de su desempeño en sus juegos. Tratas de ganar, ¿ves? Al tener la puntuación más alta.

Asentí.

—Parece que juegan cuatro juegos al año. Bueno, de acuerdo a los antiguos documentos que encontré.

—¿Solo cuatro? —pregunté.

—Bueno, piensa en ello, Sakura. Si ellos trabajan en equipos de cuatro chicas, ellos tienen que darles tiempo suficiente para tener citas y atraer a cada uno de ellos.

—Bien. Eso tiene sentido —digo—. ¿Ellos juegan durante el año académico o el año completo?

—Parece que también lo hacen durante el verano —dijo—. Y me aventuraré a decir que estas chicas no tienen ni idea de lo que está sucediendo.

—Qué tira de idiotas —dije con demasiada indignación femenina. Podía actuar para ocultar mi fascinación total y absoluta.

Él sacó otro documento.

—Aquí ellos han ranqueado a cada chica desde el inicio. Tienes cuatro categorías para la referencia cruzada con el acta. Hay Virgen que da puntuaciones más altas en todo lo que hace. Una Virgen se clasifica como cualquier chica que no ha hecho nada, excepto besarse. Una Buena Chica obtiene las segundas mejores puntuaciones.

—¿Qué define a una Buena Chica?—pregunté.

—Déjame mostrarte la Prueba D —dijo—. Este es un documento que define las cuatro categorías.

Cada miembro de la liga lo firmó. Supongo que para que no haya ninguna disputa. Supongo que todos ellos decidieron la categoría en que cada chica estaría. Muy democrático.

—Muy jodido —dije.

Deidara sonrió.

—Así que una Buena Chica es aquella que ha hecho algo más que besar. Ligeras caricias. Nada oral, sin embargo.

—Cielos. —Escaneó el documento buscando por explicaciones de las últimas dos categorías.

Estaba la categoría Chica Mala para las damas conocidas por haber participado en todo tipo de actos incluso el coito. Pero ellos no podían haber tenido sexo con más de una persona. En la categoría Zorra estaban todas las chicas quienes habían estado con múltiples chicos.

Me reí con desdén, sacudiendo la cabeza.

—Esto es una barbaridad.

—Esto es lo que querías saber —respondió Deidara.

Lo ignoré.

—Muéstrame la hoja de cálculo con los equipos de nuevo.

Deidara tiró de él, y me di cuenta de letras al lado de cada nombre de las chicas.

—¿Cómo es posible saber si estas chicas son vírgenes? —pregunté.

—Espiando, supongo.

—¿Quieres decir que otras chicas los ayudan?

—No lo sé. Quizás.

Estaba mortificada. Seguí leyendo la hoja. Las letras al lado de cada nombre eran V, BC, CM, o Z.

Había una Z listada para el Juego 2. Su nombre era Krista Campbell

—¿Por qué ellos escogerían una zorra si ella no da mucho puntaje?—pregunté.

—No creo que ellos puedan elegir cualquier chica que quieran. Tienen que escoger de una lista. Cambian de chicas en cada juego —explicó Deidara—. Ninguna chica juega seguido.

—Ya veo. No quieres que estas chicas se sientan como mujerzuelas —dije.

—No, solo etiquetadas como tales —respondió Deidara.

Me senté y vi al techo.

—Así que, ¿qué significa «FSL»?

—Bueno, tienes tu Liga de Fantasía de Fútbol.

—Uh huh.

—Y…

Miré a Deidara.

—¿Liga de Fantasía de Sexo?

—Cerca —dijo—. Liga de Fantasía de Zorras.

Solté un bufido.

—¿Así que ahora todas son zorras? ¿Qué pasa con la cosa de las vírgenes?

—Creo que todo el punto es hacerlas zorras—dijo Deidara.

—¿Cómo sabes que es la Liga de Fantasía de Zorras?

—Lo vi en un email. No puedo tomar el crédito de averiguarlo solo —dijo—. Estás programada para el Juego 3.

Casi me cago en mis pantalones.

—¡¿Disculpa?!

—Encontré la lista de chicas para el Juego 3. Eres una de las escogidas.

Mi pulso se aceleró tan rápido que temía que tendría un ataque de pánico. Cerré los ojos. Los campos, campos, campos. ¿Dónde estaban los malditos campos?

—¿Mi categoría? —respiré, mis ojos seguían cerrados. Realmente no quería preguntar, pero tenía que hacerlo. ¿Cómo lo sabrían estos chicos de cualquier manera? Entonces pensé en Tanner. Oh Dios. ¿Y si Setsu le preguntó a Tanner por mí? ¿Qué pasa si Tanner soltó la lengua acerca de Gaara? Él sabía de Gaara. No me preguntes cómo, pero el chico sabía.

—Buena Chica —respondió.

Yo arqueé las cejas y fruncí los labios.

—¿Cómo lo saben?

—Espías, Cerezo. La pregunta es, ¿lo eres?

—Eso no es de tu incumbencia, Viejo sucio —escupí.

No fue exacto, sin embargo. Una Buena Chica significaba que no había tenido relaciones sexuales, lo que no era preciso, ni un poco.

—¿Cuándo empieza el Juego 3? —pregunté.

—No en muchos meses, pero no te preocupes. Yo te haré saber cuando hayan redactado sus selecciones —dijo Deidara.

Me quedé mirándolo. Debía parecer asustada porque él negó con la cabeza.

—Nada va a pasar —dijo Deidara—. Te lo prometo.

Asentí.

—Pero tienes que ser lista con esto, Cerezo —continuó—. No vayas poniéndote en una posición comprometedora solo para conseguir mayor información de este chico Madara. Entiendo por qué quieres atraparlo, pero debes jugar seguro.

Asentí.

—Quiero decir, sé que ella fue tu mejor amiga y todo…

—Entiendo, Deidara.

—Pero esto podría ser realmente una mierda grave. Y creo que sería mejor…

—¿Deidara? Entiendo.

Deidara cerró la boca. Mordí la mía por algo que hacer mientras pensaba.

—Déjame ver la hoja de cálculo de nuevo —digo. Lo exploré—. ¿Dónde está el nombre de Madara? Veo Setsu, Mike, Hunter, Tim, y Obito, ¿pero dónde está Madara?

Deidara miró el documento.

—Él debe estar fuera de esto.

—Sí, pero ¿por qué?

Por lo menos no soy una puta. Eso es todo lo que podía pensar mientras estaba sentada en el sofá viendo a mi padre leer.

—Llegas tarde. ¿El trabajo duro tanto? —preguntó, sin levantar la vista de su Reader's Digest.

—Esta pareja no se iba —le dije. No había manera de que le dijera a papá que fui a la casa de un hombre de treinta y seis años de edad, para descubrir los detalles de una liga de fantasía de zorras.

Él asintió, preocupado.

De repente quise hablar con mi padre. De nada en particular. Realmente quería que me hiciera reír. Necesitaba una distracción de toda la información que obtuve.

—¿Cómo fue crecer en el noreste? —le pregunté.

Papá miró por encima de su revista.

—¿En serio?

Asentí.

—Frío.

Incliné mi cabeza hacia él y levanté mis cejas.

—No es muy agradable —dijo.

—Hazlo mejor —le dije.

Papá tomó aire.

—¿Por qué estás interesada en todo esto de repente? ¿No hay un programa en la televisión que debes ver en este momento?

—Papá, es la medianoche.

—Exactamente. ¿No deberías estar en la cama?

—¿No deberías estar en la cama? Eres la persona más vieja aquí.

—Lindo.

Guiñé un ojo. Él devolvió el guiño. Era lo nuestro. Recordé que lo hacía desde siempre ya que me enseñó cómo hacerlo desde que tenía cuatro años. No me di cuenta de lo mucho que echaba de menos cuando vivíamos separados.

—Solo dime —le dije.

—Muy bien. Vivía en una casa en fila. ¿Sabes lo que es eso?

—¿Esas casas que están unidas entre sí como casas adosadas?

—Sip. El espacio en el norte es difícil de encontrar a menos que tengas un montón de dinero. La mayoría de las casas están aplastadas juntas.

—Así que no hay patio de atrás —le pregunté.

—Um, uno pequeño. Como del tamaño de la sala de estar —respondió papá.

Miré a mi alrededor.

—Eso es triste.

—Era lo que era.

—¿Por qué no era amigable?

—Estoy seguro de lo que era—dijo—. Solo diferente comparado a Raleigh.

Estaba a punto de comentar cuando oí un golpe ligero sobre la puerta principal.

—Quédate aquí —ordenó mientras saltó de su silla. Agarró su Colt 45 cargada escondida en el cajón de una mesita. Oí amartillarla.

—Estoy segura que solo…

—Silencio, Sakura.

Obedecí. Cada vez que mi padre se ponía así, lo escuchaba. No escuchar hubiera sido desastroso. He aprendido de experiencias pasadas.

Papá miró por la mirilla y suspiró. Giró para verme.

—¿Conoces a un chico con una patineta?

Me levanté de un salto y corrí hacia la puerta.

—¡Sí!

—¿Qué demonios? Es medianoche, Sakura.

—En viernes —discutí.

Papá gruñó y volvió a su silla.

—¿En serio, papá? ¿Te vas a sentar ahí cuando abra la puerta?

—¡Por supuesto que lo haré! Con mi pistola aquí en mi regazo, también.

Puse mis ojos en blanco y abrí la puerta.

Sasuke estaba en la puerta mirándome. No se me ocurría nada que decir, así que sólo le devolví la mirada. Finalmente rompió el silencio.

—Lo siento mucho—dijo—. Por aparecer aquí tarde y por lo del otro día…

—Vamos a hablar afuera —le dije.

—Es medianoche, Sakura —dijo mi padre desde la sala.

Oh mi Dios.

—¿Quizás debería conocer a tu amigo antes de que salgas? —dijo.

Tenía un presentimiento, sabía lo que pasaría, pero no tenía opción.

—¿Entrarías por un minuto? —preguntó, y Sasuke asintió.

—Él es mi padre, el Sr. Haruno —digo.

Vi a mi padre pararse, la pistola clavada en su mano izquierda apuntando hacia abajo mientras él extendía su mano derecha. Sasuke la tomó y la estrechó con lo que parecía temor mezclado con un intento desesperado de confianza.

—Un gusto conocerte, hijo —dijo papá—. Ahora, ¿qué rayos estás haciendo al tocar mi puerta a medianoche? —Vio su reloj de mano después de soltar la mano de Sasuke—. Corrección. Doce y media.

—Realmente lo siento, señor —dijo Sasuke—. Completamente inapropiado, lo sé.

—Lo entendiste. ¿Pensabas que estaba fuera de la ciudad o algo? ¿Acaso Sakura te dijo que viajo por mi trabajo algunas veces? ¿Pensabas verla a solas en mi casa?

Oh. Mi. Dios.

—¡No señor! —dijo Sasuke—. No, no, ¡sabía que estabas aquí! Te vi en la ventana.

—¿Así que nos estabas espiando ahora? —Papá golpeó la pistola a lado de su muslo.

—¡No, Sr. Haruno! Estaba montando mi patineta por la calle…

—¿A las 12:30 de la noche? ¿Eres algún tipo de matón? ¿Quiénes son tus padres?

—¡PAPÁ!—lloré.

Mi padre se volvió hacia mí. Había un toque de humor en sus ojos y en sus labios. Dudaba que Sasuke pudiera verlo, pero yo podía porque conocía a mi papá. Y quería estrangularlo.

Papá volvió su atención de nuevo a Sasuke.

—¿Cuáles son tus intenciones con mi hija?

Puse los ojos en blanco.

—¿Hablar con ella afuera por unos minutos? —ofreció Sasuke.

—En el frente. Dejas ese lugar y yo iré a encontrarte. ¿Entiendes lo que quiero decir Sasuke? —Papá volvió a sentarse en su sillón y apoyó la pistola en su regazo.

—Sí, señor.

Me olvidé completamente de sentirme incómoda cerca de Sasuke después de nuestros besos. Tomé su mano como si fuéramos viejos amigos y lo llevé afuera, casi cerrando la puerta por la frustración y la humillación total.

—Oh Dios mío —le dije—. Estoy mortificada. Lo siento mucho. Mi papá es tan…

El rostro de Sasuke estalló en una amplia sonrisa.

—¿Qué?—le pregunté.

—Tu papá es impresionante —dijo.

Estaba completamente confundida. ¿Impresionante? Mi padre era un loco y sinvergüenza.

No sabía qué decir.

—Así es como se supone que un padre debe cuidar de su hija—dijo después de un momento—. Espero cuidar de mi hija de esa manera.

No lo entendí. No entendía a Sasuke. Pero era tan sexy como yo lo recordaba en la escuela el día de hoy, y ahora estaba de pie frente a mi puerta, aparentemente queriendo arreglar las cosas entre nosotros.

—Lo siento —le dije—. Por todo. No era mi intención hacerte sentir vergüenza por estar tanto tiempo sin hacer las paces. Como si fuese una gran maldita cosa hacerlo.

—Es una gran maldita cosa —dijo—. Con la persona adecuada.

Arrastré mis pies.

—Bueno, lo sé. Pero no me refiero a actuar tan conmocionada al respecto. Es sólo que eres tan lindo. —Me sonrojé, pero era de noche, así que sabía que no iba a ver. De hecho, fue fácil para mí ser honesta con él aquí en el porche tan tarde por la noche porque estaba oscuro. Al igual que un confesionario.

Podría liberar todo en mi corazón, pensé, y no estar avergonzada.

—Bueno, no sé nada de lo lindo, pero hay razones por las que me he abstenido, si lo hicieras.

Dios, me encantaba oírle hablar. ¿Qué tipo dice: Si lo hicieras? Sonaba tan inteligente, y yo quería saltar sobre él. Y aquí vamos de nuevo. ¿No había fin a mi deseo sexual fuera de control por este tipo? ¿Hola, Sakura? Tu padre está adentro.

—Lo siento he actuado como un idiota —dijo Sasuke—. No debería haber hecho eso. Yo ni siquiera tengo ningún lugar a donde ir. Estaba avergonzado. Pensé que te besé de mala forma. —Él bajó la cabeza.

—¿Me estás tomando el pelo? —le pregunté—. Casi me vengo.

Soy la mayor idiota del planeta. ¿Por qué dije eso?

—Quiero decir, yo casi no me vengo. Yo… Yo no sé por qué dije eso. Oh, Dios mío. Estoy tan avergonzada. Yo no soy así. Nunca me he venido en mi vida. Quiero decir, soy una buena chica.—No tenía idea de qué estaba parloteando—. Creo que eres un tipo muy especial.

Sakura, gira y vuelve dentro.

—Sólo quería decir que fue muy agradable —terminé sin convicción.

—¿Nunca te has venido antes en tu vida? —preguntó Sasuke en voz baja—. Es una lástima.

El calor se apoderó de mí en una ola furiosa. Fue la vergüenza y la lujuria y el vértigo derrumbándome de repente. Yo quería ahogarme en ello.

—Bueno, no lo sé —le dije tan suavemente. Ni siquiera sabía lo que eso significaba. Por supuesto que había tenido orgasmos en el pasado, pero me di cuenta de que ninguno de ellos contaba porque no estaba con Sasuke. Y entonces me acordé de que mi padre estaba en el interior, y estábamos hablando de orgasmos.

—Creo que es tarde —le dije—. Y creo que estoy cansada de hoy. Escuela. Trabajar. —Espía del equipo de natación.

Sasuke asintió.

—¿Puedo verte el mañana?

—¿Quieres decir el día de hoy? —le pregunté.

Sasuke asintió con paciencia.

—Tengo que trabajar en el turno del almuerzo en el restaurante—le dije.

—¿Podría venir para el almuerzo?

Sonreí.

—Sí.

—Muy bien entonces, Sakura —dijo Sasuke, y me gustó. No me gustaba cuando Marada me llamaba «Sakura» porque lo hacía para mantener una cierta distancia. Y para ser un imbécil. Pero Sasuke no estaba tratando de mantenerme a distancia en absoluto. Dijo nombre de una forma, y al instante me atrajo hacia él.

—Nos vemos—dije, mirándolo caminar en la oscuridad de la mañana.