Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

*"Recuerdos"

*Relato

*Pensamientos

Capítulo 12

No tenía responsabilidad de arreglarme para Sasuke. Se suponía que debía estar enfocada en Madara, pero de alguna manera él se convirtió en solo un chico al fondo, fuera de foco y sin importancia en mi vida. Pensé escuchar a Matsuri gritar desde algún lugar lejano, preguntándome que infiernos estaba haciendo, pero la ignoré. No podía controlar mi vida. Llegaría a Madara cuando lo hiciera. Ella tenía que entender eso.

Me estudié a mí misma en el espejo de cuerpo entero. Nunca había lucido más bonita para trabajar. Pensé que me veía como una muñeca Barbie, mi pelo atado en una cola de caballo alta, mechones rizados y cayendo en coquetas ondas desde la banda elástica. Aumenté el factor ojo con pesada mascara para pestañas. Quería ir por una apariencia de Edie Sedwick, todo al glamur de los 60's. Incluso planché mi uniforme, un típico uniforme de mesera de restaurante. Vestido azul que llegaba justo arriba de mis rodillas. Me puse mis Keds y tomé mi mandil.

Planeaba impresionarlo.

Sasuke se presentó a la una. Asumí que era para evitar las prisas del almuerzo, pero vino en medio de él. La anfitriona trató de sentarlo en el bar. Estaba solo, después de todo, y ella no quería desperdiciar una mesa en él. Normalmente nosotras las meseras apreciábamos esto. Grupo más grande significaba una cuenta más grande lo que con suerte significaría una gran propina. No siempre funcionaba de esa manera. Había los típicos clientes tacaños siempre buscando encontrar algo mal con el servicio o comida, de este modo justificando una pobre propina o sin propina en absoluto.

Especialmente amaba a los que me llevaban a la muerte y luego me estiraban. Normalmente me hacían ir a la cocina al menos diez veces a lo largo del curso de sus comidas necesitando rellenar sus bebidas cuando estaban tres cuartos lleno. Necesitando salsas cuando sus comidas no venían con ellas. Necesitando una ensalada fresca porque habían encontrado una hoja de lechuga marchita. Y si no estaba merodeándolos, se quejaban de ser olvidados, y entonces sin duda "olvidaban" dejar una propina.

—Tengo una mesa abierta —le dije a Anko, observando a Sasuke merodeando por el área del bar—. Solo ponlo conmigo.

—Pero la tuya es de cuatro lugares —discutió ella.

—No importa —dije.

—Sí importa. Tengo que sentar a una familia contigo. Ellos no pueden sentarse en el bar.

—Anko —dije pacientemente—. Siéntalo conmigo. Ahora.

—Como sea. Es tu propina —dijo, y llevó a Sasuke a mi mesa.

Me acerqué después de contar veinte. No quería parecer demasiado emocionada.

—Hola —dije. Me sentí brillante y burbujeante y en la cima del mundo.

—Hola.

Coloqué mi mano en mi cadera y la hice destacar.

—¿Vienes aquí seguido? —No pude resistirme.

—Una vez. La mesera era linda, pero no tiene nada contra ti —dijo Sasuke.

Jodidamente que no la tiene. Me volví Edie Sedwick por ti, amigo.

—Dios, te ves hermosa —dijo él.

Oh, esas palpitaciones. Quería sentir esas palpitaciones de nuevo.

—Estoy en un uniforme feo —dije, mirando abajo a mi vestimenta. Alisé mi mandil en mi estómago.

—Nada feo en absoluto. Más como sexy.

Me sonrojé, y esta vez él lo vio. No pude ocultarlo bajo el brillo de las luces del restaurante.

—¿Tienes hambre? —pregunté, y saqué mi bloc de notas para órdenes.

—¿Qué recomendarías?

—¿Honestamente? Solo he comido el sándwich de pavo. Está bien —confesé.

—¿No puedes comer gratis? —preguntó Sasuke.

—¿Estas bromeando? Un poco de descuento, seguro, pero nada gratis —dije—. Y de cualquier forma, estoy tan cansada después del trabajo, que no quiero quedarme alrededor y comer. Quiero ir a casa.

—Puedo entender eso —dijo él. Miró el menú—. Bueno, supongo que probaré este sándwich de bistec.

—Un hombre que come carne —dije—. Me gusta.

—Carne masculina, ¿eh? —preguntó riéndose.

—Seguro. ¿No sabías que el bistec es la carne más masculina?

—Tomo nota de ello —dijo Sasuke.

Asentí.

—¿Y para beber?

—Una Coca-Cola Cherry —dijo.

—Ahora eso es un poco femenino, pero lo dejaré pasar.

—Bueno, la ordené para ti —dijo Sasuke—. Ves, pensé que podrías traerla junto con dos pajillas. Podrías sentarte frente a mí, y podríamos beberla juntos.

Estaba decidido. Iba a dejar que Sasuke Uchiha me lo hiciera. No tenía idea de cuándo pasaría, pero era inevitable. Si continuaba siendo así de lindo, era inevitable.

—No puedo tomar descansos para Coca-Cola Cherry en medio de mi turno —dije.

—Que mal —respondió Sasuke—. Solo dame una Coca regular entonces.

Asentí y me alejé, captando un vistazo de cuatro chicos entrando. Madara. Setsu. Alguien. Y otro alguien.

Suspiré profundamente. La vida era injusta a veces. ¿Por qué no podía coquetear con Sasuke en público sin ser interrumpida? Y entonces me di cuenta que una mesa en mi sección justo se había desocupado. Y era de cuatro clientes. No, no, no. Y observé sin poder hacer algo mientras Anko guiaba a los cuatro chicos a mi sección, sentándolos en la mesa a unos metros de Sasuke.

Podía sentir el sudor instantáneo saliendo debajo de mis brazos. No era tanto Madara quien me ponía nerviosa, aunque debería. Setsu era realmente la persona quien me ponía incomoda. No le gustaba; eso era evidente. Y no sabía que tenía él planeado hacer acerca de eso. Una parte de mí pensaba que no tenía planes en absoluto, pero no me parecía esa clase de chico. Me parecía como el chico calculador, vengativo quien siempre se vengaba de sus enemigos. Involuntariamente me había convertido en un enemigo cuando choqué con él en el pasillo. Él sabía que había escuchado su conversación en la escalera. Estaba convencida de eso. Y entonces aterricé justo en lo más alto de su lista de personas a eliminar cuando alejé a Ino de sus codiciosas garras en la fiesta de Tanner.

Mientras servía la Coca de Sasuke, a escondidas observé a los cuatro chicos, sintiendo mi ira elevarse, esa honesta ira que no había sentido en semanas. Creo que escuché a Matsuri suspirar de alivio. Tomé un respiro profundo, tratando de controlar mis nervios, antes de llevar a Sasuke su Coca.

El comportamiento de Sasuke cambió completamente. No estaba abiertamente coqueteando, evitando mi mirada había dicho "gracias" cuando coloqué su Coca frente a él. Estaba bien con eso. No quería que Madara nos viera coquetear de cualquier manera. Era tonto de mi parte: perseguir a un chico que estaba fuera de los límites. Contemplé la idea de ser amiga secreta de Sasuke, y luego me regañé por ser tan superficial y egoísta. No quería que fuéramos amigos secretos, pero arruinaría todo. ¿Podría Matsuri perdonarme si elegía seguir adelante en lugar de vengarme?

Reacia caminé hacia los cuatro chicos.

—Hola chicos —dije.

—Hola Sakura —dijo Madara. Lucía feliz. Creo que porque tenía que servirle.

Los otros chicos murmuraron "hola".

—¿Decidieron? —pregunté, alistando mi bolígrafo.

—¿Tienes que escribir nuestras ordenes? —preguntó Setsu—. ¿No puedes solo recordarlas? No es difícil. Solo somos cuatro.

Consideré cuál sería la respuesta apropiada, pero no había una. Así que solo repetí mi pregunta.

—¿Decidieron?

Setsu resopló y pidió agua Evian.

—No tenemos agua Evian —dije—. Tenemos agua del grifo.

—Pepsi entonces —dijo él.

—Nop. Coca aquí —contesté.

—Estamos en Carolina del Norte. Un estado de Pepsi —argumentó.

—Hay un Bojangles por el camino.

Setsu me llamó una perra con sus ojos, pero me mantuve estoica, rehusándome a darle la reacción que quería. Me pregunté por qué Madara no estaba diciendo algo. Era obvia, la abierta hostilidad entre Setsu y yo. Sentí como si este almuerzo fuera una gran prueba. No estaba segura qué estaba pasando, y más alarmante, no sabía por qué me importaba.

—Lo que sea. Dame un Sprite —dijo Setsu—. Y este sándwich de pavo.

—Lo tienes. —Imbécil.

—¿Y para ustedes chicos?

—Lo mismo que Setsu —uno de ellos dijo. Parasito. Cuán patético.

—Coca y una hamburguesa —dijo el otro.

—¿Cómo te gustaría cocida? —pregunté.

—Uh, como sea —respondió.

No había nada más molesto e interactivo que un chico sin confianza. ¿Quién no sabe cómo le gusta que su hamburguesa esté cocida? Ten un poco de valor.

—¿Media está bien? ¿Ligeramente rosa en el centro? —pregunté.

—Asqueroso.

—Bueno. ¿Bien cocida entonces? —pregunté. Hice una nota mental de decirle a Deidara que la cocinara hasta que fuera goma.

—Sí.

—¿Y para ti? —pregunté, girándome hacia Madara.

—Salva lo mejor para el final —dijo, tirando del dobladillo de mi vestido.

Casi vomité en mi boca, pero forcé una sonrisa en su lugar. Recuerda Sakura. Juguetona. Dulce. Buena chica.

—Exactamente —dije, nunca quitando mis ojos de Madara.

—Quiero una hamburguesa, medio cocida —dijo mirando a su amigo con desprecio—. Y una Coca.

—Suena bien —dije, colocando mi bolígrafo sin usar detrás de mi oreja.

Caminé dentro de la cocina para usar la computadora. No quería usar la que estaba en el piso. Necesitaba alejarme de esos chicos, separarme por una puerta, y una por la que no tenían permitido pasar.

Parada en la computadora presionando y golpeando, murmurando por lo bajo.

—¡Cerezo! ¡Tómalo despacio con esa pantalla! ¿Quieres romperla? —gritó Deidara detrás de la parrilla.

—Déjame sola —dije bruscamente.

—No te enojes conmigo o tus clientes estarán esperando un laaargo tiempo por su comida —dijo Deidara.

Dios, odiaba trabajar en un restaurante. Los camareros estaban a la merced de todos: los anfitriones que decidían qué clientes eran sentados en sus secciones. Los clientes mismos que culpaban todo al camarero incluso si esas cosas estaban fuera del control de los camareros. El equipo de la cocina que decidía cuán rápido y cuán bien las comidas eran preparadas.

Pisoteé hacia Deidara.

—Asegúrate de que cocines el infierno de mi hamburguesa bien cocinada —dije.

—¿Problema? —preguntó Deidara.

—Es solo un poco lame botas —dije.

Deidara se rió.

—¿Lame botas?

—Sí. Tú sabes. Lame botas. Parte del grupo pero no el líder. Nunca podría ser el líder porque es una pequeña perra —expliqué—. Lame botas.

—Entendido.

—Y escupe en la comida de todos los demás —dije.

—Haré lo mejor que pueda —respondió Deidara—. Tu sándwich de bistec está listo.

Tomé el almuerzo de Sasuke junto con las bebidas de los chicos, y me dirigí fuera por la puerta de la cocina.

Entregué las bebidas primero. No dije nada mientras los chicos charlaban, ignorándome. El recuerdo del Juego 3 saltó en mi cabeza. Estaba en la lista. ¿Quién me elegiría?

Deidara y yo habíamos encontrado otro documento de elecciones de Juego 2. Había más chicas listadas que las que lograban entrar. Suponía que a los chicos les gustaba tener sus opciones abiertas. Pensé cuán afortunadas eran esas chicas que no eran elegidas. ¿Las que sí lo eran? Bueno, decidí que tenía que hablar con algunas de ellas.

—¿Cómo se ve? —pregunté a Sasuke, colocando su sándwich frente a él.

—Bien —respondió—. Gracias. —Me miró entonces, y sonrió.

Bueno, esto era completamente diferente de hace unos minutos. Hace unos minutos actuó como si fuera una completa extraña. ¿Por qué el cambio?

No pude evitarlo. Tenía que girarme. Atrapé un vistazo de Madara fulminando con la mirada a Sasuke. ¿Por qué la hostilidad? ¿Por qué estaba Madara tan fuera de sí por llegar a este chico? Sasuke nunca hablaba con nadie en la escuela. Era callado. Se mantenía fuera del camino. ¿Cuál era el gran asunto?

Me giré hacia Sasuke. Él estaba mirando a Madara. Y entonces sus labios se curvaron en una astuta sonrisa como si estuviera pasando un mensaje secreto a un enemigo mortal. Decía, "Adelante e intenta mantenerme alejado de ella, hijo de puta. No voy a ningún lugar". Y ahí pensé que Madara tenía a Sasuke bajo su pulgar. Tal vez en el pasado, pero se veía como que Sasuke estaba decidiendo pelar. Sentí un cálido liquido exudando a través de mis brazos y piernas al darme cuenta que él estaba eligiendo pelear por mí.

Me incliné y susurré en el oído de Sasuke.

—¿Quieres kétchup con tus papas fritas?

Escuché un ruido sordo profundo en su garganta.

—No.

—¿Te gustaría algo más? —pregunté, los labios casi pegados a su oreja.

—Si —dijo él, y entendí perfectamente.

Me levanté, y Sasuke atrapó mi brazo.

—¿Sakura?

—¿Hmm?

—¿Me harías un favor?

—Seguro.

—No estés alrededor de él —dijo Sasuke.

Me tensé inmediatamente.

—¿Estar alrededor de quién?

— Madara. Esos chicos. No salgas con ellos. Son problema —explicó Sasuke.

—¿Cómo lo sabes? —Sentí el rápido aumento de mi pulso. ¿Qué sabia Sasuke sobre Madara?

—He ido a la escuela con él desde el noveno grado, Sakura —dijo Sasuke—. Sé que es un imbécil. Un matón.

Asentí.

—Por favor solo escúchame cuando digo que necesitas mantenerte alejada de él. Quiero decir, sé que los dos trabajan en cosas del anuario juntos. Sé que no puedes evitarlo completamente. Pero por favor mantente alejada de él tanto como puedas —dijo él.

—¿Sabes algo de él que no me estás diciendo? —pregunté.

Sasuke hizo una pausa por el segundo más breve y luego sacudió su cabeza.

—Estoy celoso por ti.

Mi corazón dio un vuelco y se asentó en un ritmo irregular. Le supliqué silenciosamente que dijera esas palabras de nuevo, y leyó mi mente.

—Estoy celoso por ti, y él es un idiota.

—Está bien —respondí, sonreí.

Cuando traje a los chicos su almuerzo, me aseguré de servirles en mi mejor personificación de estoy-siendo-una-mesera-y-trabajando-en-un-restaurante. Todos parecían satisfechos excepto Madara, quien estaba furioso por el desafío de Sasuke. Decidí soplar la llama. ¿Qué tanto me quería Madara?

—¿ Madara, está todo bien? —le pregunté. Era muy dulce y desagradable, todo en uno.

Madara asintió.

—¿Qué haces esta noche?

Eso me atrapó con la guardia baja.

—Bueno, yo... um...

—¿Quieres ir al cine? —preguntó Madara.

Está bien. Sí, pensaba que a Madara le gustaba un poco. Creo que me veía como una gran conquista que sería más difícil que otras, y le gustaba el desafío. No era aduladora como la mayoría de las chicas. Creo que lo veía como parte de mi encanto. No era estrategia de mi parte. A decir verdad, no dejaba de distraerme. Y eso era sobre todo por culpa de Sasuke. Pensaba que debería hacer que mi padre me hiciera hacer la prueba de ADD aunque sabía que él no creía que esos trastornos existieran. Este tipo era ridículo, sin embargo. Al segundo que temía competencia, estaba listo para salir conmigo.

—Tengo planes en realidad —le dije. No, no estaba perdiendo una oportunidad de oro. Estaba tomando otra en su lugar. No dejaría pasar la oportunidad de pasar una noche con Sasuke. Y sabía que si Madara sospechaba que Sasuke y yo teníamos planes, se pondría furioso. ¿Estaba usando a Sasuke? Por supuesto que no, pero no podía negar la ventaja que nuestra cita me daría sobre Madara. Pensé en ese loco momento que podría tener a ambos chicos: Sasuke, con el que me veía realmente enamorada y Madara, el que me usaría y luego lamentaría.

—¿Qué planes? —preguntó Madara, mirando a Sasuke.

—Sólo planes —dije—. Pero tal vez el próximo fin de semana.

Madara gruñó.

Setsu intervino.

—Bueno, todo parece estar bien. —Su tono contenía una nota de confusión mezclada con sorpresa, como si esperara que me equivocara con las órdenes. Sonreí dulcemente.

—Y ni siquiera tuve que escribirlas —le dije, y luego volví la espalda hacia ellos y me alejé.

—Me siento superficial —admití, sin mirarlo. Estaba sentada en la cama de Sasuke esa tarde después del trabajo.

—¿Por qué?

—Porque estoy tan atraída por ti y realmente no sé nada de ti. ¿Es sólo tu apariencia? —pregunté.

—¿Lo es?

Negué con la cabeza.

—No, no lo creo. Creo que hay mucho más, pero que no me lo estás diciendo.

Sasuke se frotó la mandíbula.

—Soy un Gran Hermano —ofreció después de un momento.

—Ya lo sé. He conocido a Sarada.

—No. —Se rió—. Del Club de Chicos y Chicas.

—Ohhh. ¿Toman gente tan joven? —pregunté.

—Bueno, por lo general no, pero fui bastante insistente. Eso, y tiré de algunos hilos.

—¿Por qué? —pregunté.

Sacudió la cabeza y sonrió.

—Porque estoy tratando de ser una mejor persona, Sakura.

Yo también. Casi lo dije en voz alta, pero no quería que me preguntara cómo ni por qué estaba tratando de ser mejor.

—¿Qué? ¿Tienes pecados que expiar? —pregunté a la ligera.

—¿No los tiene todo el mundo?

—La mayoría de la gente simplemente reza —le dije—. No toma tanto esfuerzo como el trabajo voluntario.

Sasuke se rió de mi irreverencia.

—Orar sólo llega hasta cierto punto, creo yo. —Reí entre dientes.

—Así que háblame de tu hermano pequeño —le dije y di unas palmaditas en la cama, invitándolo a unirse a mí.

—Su nombre es Itachi —contestó Sasuke sentándose.

—Bueno, eso no es un nombre —le dije.

Sasuke se echó a reír.

—Bueno, para este chico lo es.

Asentí, esperando que continuara.

—Había sido considerado el típico hijo, basura blanca. Diez años de edad. Vida familiar regular. Le enseñé y lo llevé a comer pizza. Le encanta la pizza. Quiere unirse a los Marines cuando crezca, y le pregunté por qué los Marines, y no otra rama de las fuerzas armadas.

—¿Y?

—Su padre era un Marine —dijo Sasuke—. Murió hace unos años.

—Oh.

—Es un buen chico. Me llevo bien con él, sin embargo, hasta cuando descubrí que se metió en una pelea en la escuela. —Suena como si realmente te gustara hacer esto —le dije.

—Me gusta. Es decir, puede ser agotador, a veces no quiero pasar el rato, pero estoy tan contento cuando lo hago porque parece realmente feliz de verme. Su actividad favorita es jugar al fútbol. Quiere jugar en la escuela secundaria —dijo Sasuke.

—¿Tú juegas al fútbol?

—Solía. Me rompí la pierna muy mal el año pasado, así que lo dejé. Los médicos dijeron que estaba bien para jugar, pero no quería arriesgarme a dañarla más.

—¿No te fías de los médicos?

—No confío en nadie, en realidad —dijo.

—¿Confías en mí? —le pregunté.

—No te conozco —dijo.

—Lo sé. —Mi rostro se ensombreció, y pensé que era una reacción estúpida. Por supuesto que no me conocía. ¿Esperaba que confiara en una persona que no conocía?

.

—Pero sí. Lo hago. No sé por qué, pero confío en ti —dijo Sasuke.

Mi rostro se iluminó. Podía sentirlo, y de repente no quería hablar más. No creía que Sasuke tampoco quisiera. Quería sentir su boca en la mía, y quería que me besara durante todo el tiempo que quisiera.

Envolví mis brazos alrededor de sus hombros y enterré mi cara en su cuello. Fue inesperado. Tuve toda la intención de ir a los labios, pero un repentino impulso de abrazarlo dominó mi deseo de un beso.

Aspiré su olor, era profundo olor masculino de jabón mezclado con... algo. Su esencia, tal vez. Lo respiré como el oxígeno, una leve dulzura que me daba ganas de lamerlo. Eso me impactó. Quería lamer su cuello. No pude evitarlo. Deslicé mi lengua fuera muy ligeramente, sólo la punta, y lo probé.

Me eché hacia atrás y lo miré, avergonzada.

—No sé por qué hice eso.

—¿Hacer qué? —preguntó—. ¿Abrazarme?

—No, lo otro.

—¿Qué otro?

Estaba confundida.

—¿No lo sentiste?

—¿Sentir qué?

—Nada —le dije rápidamente.

—Oh, no, no lo hagas —dijo Sasuke—. ¿De qué estás hablando?

Me sonrojé y miré a mi regazo.

—Como que te lamí el cuello.

—¿Como que me lamiste el cuello? —preguntó Sasuke, sonriendo.

—¿Eso me hace rara? —le dije.

—No, en absoluto. —Y se inclinó, enterrando su cara en mi cuello, y pasó la lengua lentamente todo el camino desde la base hasta justo detrás de mi oreja.

Chillé.

—¿Chillido bueno o chillido malo? —preguntó, con la boca apretada contra mi oído.

—Chillido bueno. —Ni siquiera sé cómo logré sacar las palabras. Estaba sin aliento por la sorpresa.

Sasuke se apartó y me miró.

—Creo que necesitamos…

¡Cualquier cosa!, grité por dentro. ¡Haré cualquier cosa que quieras!

—… jugar algunos juegos de video —dijo.

¿Perdón?

Mi cara debe haberlo dicho todo porque Sasuke se echó a reír.

—No eres jugadora —preguntó.

—Ni siquiera sé cómo sostener el control —le contesté. ¡Sólo bésame!

—Te voy a enseñar —se ofreció, y se levantó de la cama para encender su TV y Playstation.

No sabía lo que estaba haciendo. Sentí la energía sexual que lo recorría cuando su lengua hizo contacto con mi cuello. No estoy segura de por qué estaba tratando de luchar contra ello, si eso es lo que estaba haciendo. ¿Qué tenía de malo besarse, de todos modos? Nosotros ya lo habíamos hecho.

—Ven aquí —dijo Sasuke, y me escabullí de la cama sin ganas de sentarme a su lado en el suelo—. No, no allí. Aquí —dijo, señalando el espacio entre sus piernas.

Oh, eso es lo que estaba haciendo.

Me acurruqué entre sus piernas, apoyada en su pecho mientras él se inclinaba contra las patas de su cama. Me dio el control, luego colocó sus manos sobre las mías, así que estaba atrapada en lo que más tarde le había dicho a Ino que era el Abrazo de los Jugadores. Me guió a través de cada botón y sobre cómo y cuándo usarlos. Luego me preguntó si estaba interesada en matar algunos chicos malos.

—Tengo la sensación de que voy a ser realmente mala en esto —dije, sintiendo el aumento de los latidos de mi corazón. Era ridículo, pero estaba nerviosa, y no porque estaba sentada en una posición tan íntima con Sasuke. Estaba asustada del maldito juego.

—Lo harás muy bien —dijo, y apretó la X en el control. El juego comenzó, y chillé.

—Te gusta chillar —observó Sasuke, viéndome morir en los primeros segundos.

—¿Qué es este juego?

—Oh, Sakura. Eres una niña —dijo Sasuke, y al instante pensé en Deidara diciendo esas mismas palabras cuando me describió Fantasy Football. Me retorcí—. Se trata de Call of Duty. Un juego malditamente increíble.

—Da miedo —le dije—. No creo que…

—Lo estás haciendo muy bien —me tranquilizó Sasuke.

No pensaba que lo estaba haciendo "muy bien" en absoluto. Creo que apestaba. En grande. ¿Cómo podría un pintor no tener coordinación entre su mano y la vista? Creo que en un momento hice que mi hombre caminara sobre el techo.

Me reí cuando morí de nuevo. Pero tenía que admitir que me estaba empezando a enganchar. Ni siquiera me tomó mucho tiempo. Sí, todavía tenía miedo de los malos. No me gustaba doblar las esquinas, pero cada vez que me moría, estaba decidida a intentarlo de nuevo. Y empezaba a llevarme mejor con el control. De repente se convirtió en una extensión de mis manos, al igual que mi pincel.

—¡Así es, perra! —grité cuando maté a mi primer enemigo.

Sasuke se echó a reír. No me había dado cuenta de sus manos en la parte superior de mis muslos cuando empezamos, pero definitivamente las había notado cuando me abrieron las piernas ligeramente. ¿Mencioné que todavía estaba vestida con mi uniforme de trabajo?

Dejé el control de inmediato, y morí en dos segundos.

—¿Por qué hiciste eso? —preguntó Sasuke en mi cuello. Dejó caer pequeños besos dulces por toda mi piel de gallina.

—No me puedo concentrar —suspiré, cerrando los ojos.

Apartó su boca, y quería gritarle que me besara de nuevo.

—Recoge el control, Sakura —dijo—. Y juega tu juego. —Mientras tanto, voy a jugar el mío, es lo que estoy segura de haber oído debajo de sus palabras.

Hice lo que me dijo, pero mi corazón no estaba en ello. No me importaba matar a los malos cuando sentía que las manos de Sasuke se deslizaban a lo largo de mis muslos, empujando mi vestido alrededor de mis caderas. Sabía que podía ver mis bragas, pero por alguna razón no creí que debía decirlo. Pensé que tenía sólo una tarea que me había dado, y era que siguiera jugando mi juego.

Inspiré bruscamente cuando sentí sus dedos serpenteando alrededor de mi muslo derecho y entre mis piernas. Los pasó suavemente sobre mi ropa interior, todo el tiempo mirando la pantalla del televisor. Sabía que él estaba viendo porque me dio algunos con consejos y algunas advertencias de enemigos ocultos en lugares oscuros.

Cuando deslizó sus dedos bajo la tela de mi ropa interior, morí. Fusilada por una lluvia de disparos. Mi jugador no tuvo oportunidad.

—Inténtalo de nuevo —susurró Sasuke en mi oído. Me acarició con suavidad, evitando deslizar su dedo dentro de mí.

—No quiero —me quejé en voz baja.

—Sakura, inténtalo de nuevo —ordenó, y pulsó la X en el control.

Traté de concentrarme. Pensaba que eso era lo que él quería que hiciera, para ver cuánto tiempo podría seguir antes de perderme por completo por su contacto. Estábamos jugando dos partidos, compitiendo el uno contra el otro, y yo sabía que iba a perder.

Grité cuando deslizó un dedo dentro de mí, duré sólo cinco segundos más hasta que fui volada en pedazos.

—Soy realmente mala en esto —dije. No reconocí mi voz. Era profunda y sensual.

—No, no lo eres —susurró Sasuke, acariciándome profundamente hasta que me quejé y mi cabeza cayó hacia atrás sobre su hombro—. No, Sakura. Levanta el control y vuelve a intentarlo.

—¡Sasuke! —Estaba más que frustrada y grité esa frustración cuando él apartó la mano.

—Juega tu juego, Sakura —insistió, moviéndose detrás de mí. Sólo entonces me di cuenta de su erección. Me estremecí con anticipación.

De mala gana comencé otro partido, y casi de inmediato, la mano de Sasuke estaba entre mis piernas una vez más, tocando, explorando, probando. Me dolía la liberación, y él lo sabía. Cuanto más tiempo jugaba con mi cuerpo, peor me volvía en el estúpido video juego. Sentí el placer arremolinándose en torno al interior de mis muslos y mi estómago. Sabía que estaba viniendo. Pero también sabía que iba a flotar en el borde de mi orgasmo indefinidamente si no me concentraba en el toque de Sasuke. Mi cerebro no podía permanecer dividido en dos, entre su mano y mi juego.

La explosión estaba casi allí, así que me concentré en lo que estaba pasando entre las piernas en lugar de la pantalla del televisor. Cuando por fin me soltó, grité algo entre placer y dolor, con mi dedo presionado fuertemente el botón que hizo mi chico lanzara incesantes disparos hasta que su munición se acabó y se rindió al enemigo.

Me recosté contra el pecho de Sasuke, con mi cabeza pesada sobre su hombro. Estaba sudando y temblando por las consecuencias. Nunca me había corrido así. No sabía qué decir. No estaba segura de cómo soné cuando me llevó al límite, y de repente me sentí cohibida.

—Eres lo más hermoso que he visto en mi vida —dijo Sasuke. Se llevó sus dedos a la boca y mientras que no podía verlo, supe que me estaba probando. Mi autoconciencia se multiplicó por diez. ¿Le gustaba?

—Estoy avergonzada —admití.

—¿Por qué?

—Porque creo que soné como una loca —le dije.

—No. No loca. Perfecta. —Plantó un suave beso en mi mejilla—. Y sabes deliciosa, por cierto. Exquisita, realmente.

Y así, mi autoconciencia desapareció. Me senté y me di la vuelta, tirando de las piernas en alto debajo de mí.

—¿Exquisita, dices?

Sasuke, sus ojos azabaches estaban sumisos y vidriosos. Satisfechos.

—Creo que me gusta jugar juegos de video —le dije.

—Oh, lo haces, ¿eh? —preguntó.

Asentí, mirando hacia abajo a su regazo y luego de vuelta a su cara.

—Creo que deberías jugar la próxima ronda —sugerí. Mis manos fueron a la hebilla de su cinturón.

Negó con la cabeza. Fruncí mis cejas, confundida.

—Tú eres nueva en los juegos de video, Sakura —dijo Sasuke—. Vayamos poco a poco.

Pensé por un momento.

—Sí, ¿pero la práctica no hace a la perfección? —le pregunté.

—En pequeñas dosis.