Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

*"Recuerdos"

*Relato

*Pensamientos

Capítulo 13

¡Mierda santa! —gritó Ino en el teléfono.

Sonreí, tumbada en mi cama en estado de en sueño y mirando al techo. Mi techo de palomitas de maíz. Pensé que era el más hermoso del mundo.

—Sakura, ¿por qué demonios ustedes no tuvieron sexo? —preguntó.

—Dijo que no estábamos preparados —le contesté, la sonrisa tonta todavía pegada en la cara.

—¿Qué? ¿Piensa que eres virgen o algo así?

—No lo sé. Y no me importa —contesté. Había estado en un continuo estado de euforia desde ayer por la tarde. Mi padre se dio cuenta anoche durante la cena y me preguntó si estaba saliendo con Sasuke.

—¿Cómo sabes que me gusta? —le pregunté.

—Es dolorosamente obvio Sakura —respondió papá—. ¿Crees que soy un idiota?

Sonreí.

—¿Estás de acuerdo con que salga con él? Bueno, no hemos hablado nada aún.

—Sí —contestó papá y esa palabra acentuó más mi éxtasis.

Escuché mientras Ino me acribillaba a preguntas.

—¿Van a salir? —preguntó.

—No.

—¿Quieres hacerlo?

—Espero.

—¿Cuándo puedo conocerlo?

—Pronto.

—¿Es mejor que Gaara?

Silencio.

—Oh Dios, Sakura, lo siento —dijo Ino—. Eso que dije fue realmente estúpido.

Mi euforia comenzó a flaquear y ahora estaba enojada.

—¿Sakura? —preguntó Ino tentativamente.

—No es para nada como Gaara —le dije.

—Lo sé. No debería haber preguntado. Se me escapó. Ya sabes que a veces no pienso antes de hablar.

Gruñí y me senté en la cama.

—¿Estás muy enojada? —preguntó.

—No.

Ino no me creyó. Me di cuenta por su siguiente comentario.

—¿Quieres hablar más tarde? —Se moría de ganas de colgar el teléfono.

—Sí —le contesté. Colgó antes de que intercambiáramos despedidas.

Tiré el teléfono a un lado y me rasqué la cabeza.

Estaba muy bien hace un minuto. En realidad, estaba muy emocionada ante la perspectiva de alguien nuevo. Alguien que me pudiera hacer delirantemente feliz. De hecho, me convencí a mí misma por un segundo que merecía ser feliz. No sé por qué. No estoy segura de haber hecho algo para merecerlo y Ino me lo recordó con la mención del nombre de Gaara. Ahora los recuerdos llegaron de golpe. Nuestras citas secretas. El olvidarme de Matsuri. Su violación. No haber podido evitarlo. ¿Por qué no fui a la fiesta con ella?

Mi mayor temor era la posibilidad de nunca dejar ir la culpa, que me torciera y me convirtiera en algo horrible. Mi madre nunca me enseñó a encontrar la felicidad ni la autoestima en otra persona y me esforcé en seguir ese consejo, pero no podía negar lo que sentí cuando estuve con Sasuke. Era como un salvador para mí. Cuando estaba con él, todo el dolor y la culpa desaparecían. Tenía la capacidad de reparar todo lo roto. Tal vez eso no es progresista. No va de acuerdo con eso de ser mujer liberada. Pero me importa una mierda. Quería pasar cada uno de mis momentos despierta con él, porque cuando estaba junto a mí, me sentía segura.

Pero la guerrera en mí estaba firme en su compromiso con Matsuri, seguía en guerra con la chica que quería esconderse detrás de Sasuke. Me di cuenta de que, al final, no podían ganar ambas. Sin embargo, aunque no sabía cómo lo haría funcionar, estaba decidida a tener las dos cosas. A ser ambas cosas. Era codiciosa y egoísta y, en mi petulante estado, pensé que Matsuri tendría que irse al infierno con todo.

—Estás fuera —dijo Deidara después del trabajo. Estaba expectante junto a él mientras limpiaba las parrillas porque me dijo que tenía noticias.

—¿Qué quieres decir? —le pregunté.

—Salir. Fuera de la lista. Cortada.

Sabía que había un gran problema con mi psique, que realmente estaba loca por eso. Loca.

—¿Por qué? —le pregunté.

—No lo sé. Pero no lo tomaría como algo personal —respondió Deidara—,estoy seguro de que no tiene nada que ver con la forma como te ves.

Le fruncí el ceño y me hizo una mueca.

—Uff. Sigue haciendo caras así y tal vez tendría algo que ver con tu mirada.

Lo pellizqué en el brazo.

—¡Ay!

—¿Está Madara programado para jugar? —le pregunté.

—No.

—Bueno, tal vez sea por eso —dije más para mí misma.

—¿De qué estás hablando? —preguntó Deidara.

—Creo que le gusto —dije—. Después de todo, tal vez no quiera que sea elegida para el equipo de otra persona. Tal vez en un principio no le importaba. ¿Ahora? bueno, es obvio que le importa.

Deidara me miró con severidad.

—Será mejor que tengas cuidado.

—Estoy teniéndolo —le dije tomando el dinero de las propinas de mi delantal y organizando las cuentas.

—¿Qué vas a hacer con la información que te di? —preguntó Deidara.

—Planeo hablar con algunas de esas chicas —le dije.

—¿Y qué te hace pensar que van a hablar? —indagó Deidara.

—Bueno, no sé sí lo harán. Pero tengo que intentarlo —le dije.

La verdad es que no tengo idea de lo que voy a hacer. Parte de mi curiosidad se debía a la pura fascinación por la Liga de Fantasía de Zorras, ¿cómo podía estar pasando y que nadie supiera al respecto? No tenía ningún sentido. ¿Y cómo estos chicos podían catalogar a las chicas? Alguien estaba pasando la información y, ese alguien tenía que ser una chica. No es como si las niñas fueran a admitir su nivel de actividad sexual con un chico. Pero sí hablarían con otra chica al respecto. ¿Quién era esta otra chica? ¿Y por qué iba a participar en algo tan inmoral?

—¿Me das un poco del dinero de tus propinas como pago? —preguntó Deidara.

Lo miré sorprendida. Y luego me dio vergüenza. Lo sentí en mis mejillas, quemando al rojo como luces de un Árbol de Navidad.

—¡Solo estoy bromeando cerezo! Jesús, cálmate —dijo.

—¿Quieres que te pague? —le pregunté. No había pensado en ello hasta ahora. No sé si Deidara hacía este tipo de trabajo para otras personas, pero estoy segura de que si lo hiciera, le pagarían por ello.

—Eres una camarera cerezo —dijo Deidara—. Déjalo.

Rodé los ojos.

—Y de todas formas no me sentiría bien tomando el dinero de ustedes —continuó—. No por esta razón.

Asentí.

—Oye, ¿trajiste el Juego 1 impreso?

Deidara metió la mano en el bolsillo de atrás y sacó una hoja de papel doblada.

—¿Qué estás planeando hacer con esto?

—Lo sabrás cuando lo descubra.

Esa noche me senté en la cama cruzando las referencias de los nombres de esas chicas con sus fotografías en el anuario del año pasado. Encontré dos con las que inmediatamente quise hablar. Ambas tenían buenas probabilidades de llegar hasta el final y fueron etiquetadas como "Buenas Chicas". Básicamente, quería averiguar si el sexo fue consensual. Esto no

eliminaría a Hunter y a Tim como sospechosos pero me pareció un buen comienzo. Tendría que volver con Deidara, cavar hondo y encontrar los juegos más antiguos para estar segura.

Melissa y Tara. Las dos eran novatas. Sería difícil encontrar una razón para hablar con ellas y, además, no podía llegar y preguntarles directamente si habían tenido relaciones sexuales consentidas con Hunter y Tim. Tenía que encontrar una manera de extraer la información con cautela y no me especializaba en ser discreta. Pensé en mi estrepitoso fracaso con Hinata, simplemente había tenido suerte de que brindara la información, aunque fuera vaga, sobre las porristas y Madara.

Dios debió haber estado riéndose de mí porque al día siguiente en la escuela vi a Melissa caminando por el pasillo hacia mí. No tenía un plan. Traté de idear uno la noche anterior, pero no se me ocurrió nada. Mientras más se acercaba más me asustaba, hasta que tomé una decisión de último momento y empecé a correr, chocando contra ella. Fue una colisión frontal. No ayudó que llevara zapatos de tacón y se cayera hacia atrás, aterrizando en el suelo con un golpe seco antes de que pudiera agarrarla. La cabeza golpeó los azulejos y gimió. Dios, en realidad la lastimé. Mal. Me apresuré a ayudarla.

—¡Oh Dios mío! ¡Lo siento mucho! —Y no era una disculpa falsa. Lo dije en serio—. Deja que te ayude.

—Estoy mareada —murmuró, intentando en vano alcanzar su mochila a unos metros de distancia.

—Recogeré tus cosas. Solo deja que te ayude. Creo que necesitas ir a la enfermería —le dije.

Asintió sin decir nada y me permitió tirar hacia una posición sentada. Se frotó la parte posterior de la cabeza y me miró extrañada.

—Estoy mareada —repitió, como si estuviera diciéndolo por primera vez.

Oh, Dios mío. Si esta chica tenía una conmoción cerebral nunca me lo perdonaría. La puse de pie y dejé que se apoyara en mí. Nos dirigimos a la enfermería.

La enfermera me obligó a esperar a Melissa afuera, lo que realmente me molestó. De hecho, quería sentarme con ella y tomarla de la mano. Me sentía horrible.

No tenía idea de cuánto tiempo me quedé sentada en el pasillo antes de que Melissa saliera. Se veía mejor, aunque magullada. No podía ver el moretón de la cabeza, pero ahí estaba, en sus gestos. Todavía no estaba muy repuesta, parecía sedada y un poco despistada. Cuando me disculpé con ella otra vez, me miró cómo preguntando, ¿quién eres?

—Melissa, te la debo en grande. Déjame hacer algo para poder quedar bien contigo. Me siento horrible por llegar corriendo y que te cayeras —le dije.

—¿Cómo sabes mi nombre? —preguntó, caminando conmigo por el pasillo.

—Uhm… ¿no lo saben todos? —le pregunté—. Es decir ¿no eres una animadora?

—No.

Mierda. Esa debía ser Tara.

—Bueno, lo he oído en alguna parte —le dije.

No pareció gustarle.

—¿Quién eres tú? —preguntó.

—Soy Sakura —dije—. Escucha, solamente estaba distraída ahí afuera. Mi mente ha estado un poco loca últimamente y no puse atención por dónde iba.

—Está bien —dijo Melissa.

—Bueno, me siento muy mal —continué—. Estoy en este lugar extraño, ¿sabes?, y hay un tipo que me gusta, pero él está ejerciendo presión sobre mí para hacerlo. Es decir, no es que te importe ni nada, pero no tengo amigas con quien hablar de eso. Soy nueva aquí, por cierto, lo que explica la cosa de no amigas.

Me oí hablar como si estuviera fuera del cuerpo y observara la escena muy interesada.

—No quieres ningún consejo de mí en este momento —dijo Melissa—. Creo que no estoy en ese caso todavía.

Solté un gruñido.

—Una vez más, lo siento. No sé por qué estoy abriendo la boca contigo. Eres una completa desconocida. Supongo que estoy muriendo por un consejo femenino. Es decir, realmente estoy volviéndome loca.

Era flojo, pero estaba orando para que funcionara.

—Bueno, no debes tener relaciones sexuales hasta que estés lista. Si no se siente bien, no lo hagas —dijo Melissa, frotando la parte posterior de la cabeza.

La miré con cuidado.

—¿Así que nunca ha sido presionada o algo?

—¿La verdad? Solo he tenido relaciones sexuales una vez. Y lo hice porque quería acabar de una vez con el tema y el chico parecía más que dispuesto. Quizás no fue la mejor manera de perder mi virginidad, pero no me presionó ni nada. Fue mi decisión. —Se echó a reír y luego hizo una mueca—. En realidad, creo que se sorprendió cuando le dije lo que quería.

Síp, él no esperaba un resultado tan fulminante.

Estudié el rostro de Melissa. No había ni rastro de secretos enterrados. No parecía asustada o herida. Le creí, y una vez que tomé la decisión sentí en mis huesos que tenía razón.

Charlamos agradablemente todo el camino a su coche.

—¿Estás segura de que estás bien para conducir a casa? —le pregunté.

—La enfermera me dio el permiso, así que si algo me pasa es culpa de ella. No es cierto —dijo sonriendo.

Gracias a Dios.

Saludé con la mano mientras me alejaba, pensando que Hunter podría estar limpio.

Sabía el riesgo que estaba tomando al hablar con Sasuke en la escuela. Sabía que podía perder a Cal para siempre y nunca ver mi plan materializado, pero era un riesgo que estaba dispuesta a tomar. Simplemente no podía mantenerme alejada de Sasuke. Mi cuerpo no podía. Mi mente no podía. Él me quería, eso era evidente, pero fue el modo en que me obligó a calmarme, la forma en que me obligó a tomar un aliento lo que me enganchó. No quería precipitarse en nada, un concepto totalmente extraño para mí. Nunca tuve eso con Gaara. Tuvimos relaciones sexuales casi de inmediato cuando empezamos a encontrarnos a escondidas. Ese era el punto central de nuestros encuentros furtivos. Me di cuenta de que no quería saltar a las relaciones sexuales con Sasuke. Inicialmente pensé que por mi parte había una excesiva atracción física, pero me pareció mucho más sexy esperar. Y arder por eso.

Me acerqué a la mesa de Sasuke el viernes.

—¿Por qué no has dicho "hola" en toda la semana? —le pregunté haciendo un mohín.

Sonrió.

—Pensé que tendría que jugar duro para conseguirlo.

—Así que, ¿todas esas sonrisas secretas y guiños coquetos eran solo un juego? —le pregunté.

—¿Te hice guiños coquetos?

—Una tonelada —contesté.

Se lamió los labios.

—No fue un juego. Y hoy iba a ceder de todos modos. Me ganaste la partida.

—Bueno, por suerte para ti no he perdido el interés —bromeé.

—Hmm. No estoy muy preocupado por eso. Tengo un Playstation y tú no. Tarde o temprano estarías arrastrándote hasta mi casa suplicando para jugar.

Me eché a reír.

—Eres taaaan arrogante.

Sacudió la cabeza.

—No soy arrogante. Pero te conozco Sakura. Y tú me conoces también. Es inevitable.

—¿Qué es inevitable? —pregunté, sonrojándome.

Respondió con una sonrisa.

—¿Eso es todo? —indagué.

Sasuke suspiró.

—Desearía que no tuviéramos asientos asignados.

—Eres imposible —resoplé y me dirigí a mi pupitre.

Eché un vistazo a Cal que se me quedó mirando. Supongo que vio todo el intercambio. Parecía confundido y rechazado. Era casi cómico, como si simplemente no pudiera entender cómo una chica elegiría a otro tipo por

encima de él. Estaba jugando un juego peligroso y recé para salir ganadora.

Le sonreí y tomé asiento. Oí un ruido detrás de mí y antes de darme cuenta, Madara estaba ahí.

—¿Estás ocupada esta noche? —me preguntó.

—Estaré trabajando —contesté.

—¿Y mañana por la noche?

—Um…

—Quería llevarte a los bolos —sugirió Madara.

—¿Bolos?

—¿Qué? ¿No es divertido? Podríamos hacer algo más —ofreció.

Miré a Sasuke. Él estaba ocupado sacando libros de su mochila.

—¿Por qué hablas con él? —susurró Madara —. Pensé que te había dicho que te mantuvieras alejada.

Vaya. Campanas de alarma. Aumento de la frecuencia cardíaca. Pánico leve.

—No quise decir eso —dijo Madara rápidamente—. Es que ese chico no es bueno Sakura. Sé que eres amable y todo. Eres una chica dulce, pero esto también puede hacerte ingenua.

Vete a la mierda.

—No lo quise decir así —dijo Madara, sacudiendo la cabeza. Estaba frustrado, sabiendo que estaba diciendo todo las cosas equivocadas—. Es decir, me sentiría muy mal si te ocurriera algo.

¿De verdad?

—No estoy tratando de decirte cómo vivir tu vida. Puedes ser amiga de quien quieras, solo era un comentario. Algunas personas únicamente te arrastrarán hacia abajo.

Hinata se sentó a mi lado escuchando las palabras de Madara y me pregunté qué estaría pensando. Recordé sus palabras: Mantente alejada de él ¿Qué pensaría Hinata si accediera a salir con él? ¿Sería el último recurso? Dejaría de ser amable o me confesaría lo que le habían hecho, a modo de advertencia. Me arriesgué.

—Creo que podríamos jugar a los bolos —le dije.

Madara me miró sorprendido.

—¿En serio?

Asentí. Tenía miedo de que Sasuke pudiera oír, pero el salón de clases estaba bastante ruidoso así que lo dudé.

—¿Te recojo mañana por la noche a las siete? —me preguntó.

Asentí otra vez. Comenzó a moverse hacia su escritorio y le agarré del brazo.

—No te he dicho donde vivo —señalé.

—Oh, sé dónde vives —respondió.

No me gustó ni un poquito, pero me abstuve de preguntarle cómo.

Después de que Madara se alejó, Hinata se volvió hacia mí con una expresión traicionada en su rostro.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó entre dientes.

—¿Qué quieres decir? —indagué haciéndome la tonta.

—Te dije que te mantuvieras alejada de él.

—¿Por qué?

Hinata se movió en su asiento. Estaba furiosa.

—¿Por qué Hinata?

Me ignoró cuando el maestro llegó.

—¿Por qué? —insistí.

Se tapó los oídos con las manos.

¿En serio?

Iba a hacerla hablar. Así tuviera que jugar a los bolos, salir a comer e ir al cine, o estar con el hijo de puta delante de ella, lo haría para que me lo dijera.

Tara demostró ser mucho más difícil de encontrar que Melissa. Durante una semana no la vi por ninguna parte y temía que ya no regresara a Konoha. En realidad, asistí a otro partido de fútbol pensando que la descubriría en el campo con el uniforme de porrista. Después de todo, ella había sido animadora el año pasado según la imagen que vi en el anuario.

Pero no tuve suerte. No la vi en el campo y rápidamente me marché antes del final del primer tiempo.

La descubrí el viernes por la tarde caminando por el hall de juniors vestida de negro, luciendo el cabello negro, labios negros y Dr. Martens negras. De repente volvíamos a 1994 y me había perdido el memo. ¿Qué demonios? El año pasado esta chica tenía el pelo rubio rojizo, llevaba uniforme de porrista y lucía labios de color rosa brillante. Inmediatamente temí lo peor. Nadie cambia tan drásticamente a menos que algo terrible le suceda. Me tomó un minuto recordar que era del equipo de Tim.

¿Cómo diablos voy ser capaz de hablar con ella? No soy exactamente el tipo de chica con quien haría amistad y mucho menos hablaría. Tendría que haber otro accidente como el de Melissa. Pero sabía que no podría ir corriendo y abrir la boca sobre un novio que me estaba presionando a tener relaciones sexuales. Simplemente, con ella no iba a funcionar. Probablemente tendría que espiarla pero, ¿cómo? No soy detective. No sé por dónde empezar y no estoy segura de lo que estoy buscando.

La observé furtivamente en su casillero. Estaba sola cambiando sus libros. De repente tuve una idea.

Me acerqué y me presenté.

—Hola, soy Sakura —dije extendiendo mi mano.

Me miró la cara y luego la mano y volvió a la cara otra vez.

—Estoy en el periódico de la escuela y quería saber si podía entrevistarte acerca de la comida de la cafetería. —Así, una excusa increíblemente lamentable.

—¿Me estás tomando el pelo? —preguntó.

—Lo sé. Es totalmente estúpido pero soy nueva aquí, así que te asignan las historias estúpidas —le dije riendo.

—Pues no la hagas —ofreció.

—Oh —le contesté—, supongo que nunca pensé en eso. Pero entonces se vería afectada mi calificación.

—¿A quién le importa?

Correcto. Esto no sería nada fácil.

—Bueno, a mí —le dije—, quiero sacar buenas notas.

Me miró de arriba abajo.

—Sí, te ves como ellos.

—¿Qué quieres decir?

—Que eres una santurrona. —Comenzó a caminar por el pasillo y la seguí.

—¿Lo soy? —le pregunté.

Por un segundo olvidé mi misión. Estaba intrigada. ¿Era una santurrona? Tara pensaba así y no me conocía. No pude evitar sentirme un poco orgullosa. Después de todo, había estado trabajando el culo durante meses tratando de verme de esa manera. Tal vez por eso me dieron un "Buena Chica" en la clasificación de la Liga de Fantasía de Zorras. No tuvieron que espiarme. Era absolutamente obvia mi condición sexual. Virginal. Dulce. Ingenua.

Me hinché como un maldito pavo real.

—Sí —resopló—. Pero no dejes que la gente equivocada sepa lo buena que eres.

Enigmática. Traicionada. Esta chica era una perra.

—¿Qué quieres decir? —le pregunté, pero ya lo sabía.

Se detuvo en seco y se dio la vuelta para mirarme. Casi choqué con ella.

—La gente se aprovecha de los buenos. Eso es lo que quiero decir. Así que no seas tonta.

—¿Alguien se aprovechó de ti? —solté.

—Vete a la mierda —espetó y se dirigió al pasillo una vez más.

Bueno, eso lo resolvía. Alguien hizo su número con ella. Pero todavía no podía catalogar a Tim en la pila de "violadores". Tendría que seguir cavando.