Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

*"Recuerdos"

*Relato

*Pensamientos

Capítulo 14

Necesitaba una solución a lo de Sasuke antes de mi cita con Madara. Me sentía tan culpable de ir, y tenía un montón de pensamientos nerviosos de que Sasuke no se enterara, pero Madara no me parecía el tipo de chico que andaba presumiendo de sus citas. Por lo menos no de una manera alta, camino a lo desagradable. Tal vez le dijo a sus amigos cercanos, pero sospechaba que era sólo si recibía una gratificación sexual de las chicas. Además, Sasuke y yo no habíamos establecido nada. Técnicamente no estábamos saliendo, así que siempre podía decir que no estaba segura de lo que estaba pasando entre nosotros.

Papá estaría trabajando la noche del viernes. Me llamó para hacérmelo saber, y tan pronto como bajé el teléfono y colgué, llamé a Sasuke para invitarlo. Estaba en mi puerta en quince minutos.

—Hubiera venido antes, pero me atrapaste en mitad de una tarea —dijo.

Agarré la parte delantera de su chaqueta y lo metí en la casa.

—Tú y tus tareas —le dije, plantando mis labios en los suyos—. Que nerd —le dije contra su boca.

Envolvió sus brazos alrededor de mí y me besó más fuerte. Y luego me empujó contra la puerta que acabábamos de cerrar, pasando su boca por mi mejilla hasta mi cuello. Grité cuando sentí sus dientes en mi piel.

—¿Demasiado? —preguntó.

Negué con la cabeza.

—¿Quieres ver mi cuarto?

—Sí —dijo Sasuke en mi cuello, y cuando se alejó, me dio un largo y satisfactorio trago de aire. Tuve que recordar respirar a su alrededor.

Tomé su mano y lo llevé escaleras arriba. No tenía ninguna intención de tener relaciones sexuales. Estaba segura de que me dijo que no estábamos listos, y estaba sorprendentemente contenta con eso. He olvidado lo

satisfactorio que podría ser besar, aunque debo admitir que cuando me tocó el otro día, se encendió un peligroso deseo para el sexo. Sexo duro. Me preguntaba lo que Ino y los psicólogos dirían a eso.

Abrí la puerta de mi habitación.

—Oh Dios mío —dijo Sasuke, caminando aturdido. Recorrió todo el espacio del suelo al techo, luego se giró hacia mí.

Sonreí.

—¿Te gusta?

—¿Tienes dieciocho? —preguntó—. Por favor no me digas que eres una de esas niñas genios que se saltaron un montón de años, y sólo parecen más viejas de lo que realmente son.

Me acerqué a él y envolví mis brazos alrededor de su cintura.

—Tengo doce años —le dije, y luego besé su cuello—. ¿Te parece bien?

—No es gracioso, Sakura. Inquietante más bien. ¿Qué clase de sitio es este?

Me reí y me fui a la cama.

—Mi papá, ¿de acuerdo? Decoró mi habitación para mí antes de que me mudara y no tuve el corazón para cambiarlo. Además, es una forma de crecer para mí.

Sasuke suspiro de alivio y luego frunció el ceño.

—¿No sabe que tienes dieciocho años?

Negué con la cabeza y sonreí.

—Él es mi padre. No sabe lo que les gusta a las chicas de dieciocho años de edad. La última vez que viví con él, mi habitación se veía así. Está atascado en el pasado, supongo.

Sasuke se sentó a mi lado en la cama.

—Este edredón púrpura de guepardo hace una declaración —dijo, pasando su mano sobre la cama.

—Mis favoritos son los cojines a juego —le contesté.

—Oh, sí. Coincidencia de almohadas —observó.

Nos miramos el uno al otro por un momento.

—¡Oh, solo tírame sobre las almohadas ya! —chille y reí. Sasuke me empujó a la cama y me besó bruscamente.

—Quiero hacerlo tan duro —le dije en su boca. Como de costumbre, no pensé antes de hablar. Nunca hice algo alrededor de Sasuke y pensé que estaba bien. Parecía disfrutar de ello, y no me podía ayudar de todos modos. Enterró su cara en mi cuello, riendo.

—¿Qué? —le pregunté—. Bésame otra vez.

—Oh, Sakura —dijo Sasuke—. Estoy pensando en besarte toda la tarde.

Me gustaba el sonido de eso y no protesté cuando sentí su mano deslizarse hasta la parte delantera de la camisa para acariciar mi pecho. Y luego mi camisa estaba fuera por completo, junto con mi sujetador. No había nada de práctica al respecto, y me ha gustado mucho. Sasuke miró mi desnudez, como si me estudiara. Pensé que se estaba quemando la imagen en su cerebro.

—Estoy pensando en besarte aquí —dijo, y me dio un beso en los labios—. Y aquí. —Plantó un suave beso en la mejilla—. Y aquí. —Mordisqueó mi lóbulo de la oreja—. Y aquí. —Me besó en el cuello—. Y aquí. —Me besó entre mis pechos—. Y aquí. —Besó la curva de mi pecho—.Y aquí.

Agarró mi pezón, y gemí. En realidad, había estado gimiendo todo el tiempo, pero salió más profundo y más pleno cuando se metió mi pezón en la boca. Arqueé mi cuerpo hasta él, sus labios me invitaban a que me besara y me chupara más. No lo haría, sin embargo. Mantuvo su asalto suave hasta que le estaba pidiendo hacer el amor conmigo.

—No, Sakura —dijo—. No estamos listos.

—¡Al infierno que no estamos! —lloré y lo empujé lejos de mí y me di la vuelta. Me senté encima de él, a horcajadas sobre sus caderas. Contuvo el aliento, con los ojos clavados en mis pechos.

—¿Qué estas tratando de hacerme? —preguntó.

—Estoy tratando de obligarte a tener relaciones sexuales conmigo —le contesté—. Y está claro que quieres —le dije, moviendo las caderas de lado a lado sobre él.

Gruñó.

—Tú estabas más que feliz de esperar antes.

—Sí. ¡Eso fue antes de quitarme mi blusa y jugar con mis pechos!

Sasuke se echó a reír.

—Quiero... —Pero no podía decirlo en voz alta. Sentí que mi cara se ruborizaba de un rojo profundo.

—¿Quieres qué?

—Es sólo que has hecho cosas por mí —le dije—. Y pensé que tal vez debería…

—¿Qué? ¿Qué se supone que significa todo eso? —preguntó Sasuke.

Negué con la cabeza.

—No, sólo quiero decir que quiero hacer cosas para ti. No porque crea que tengo que hacerlo, sino porque quiero.

Estudió mi cara rosada, como si estuviera tomando una decisión acerca de algo. Luego sacudió la cabeza.

—No estás lista, Sakura —dijo él.

—¿Qué?

—Dije que no estás lista.

Resoplé:

—No soy virgen, sabes. Quiero decir, no soy experta en esa área, pero lo he hecho antes.

Sasuke sonrió con poca energía.

—No dije que tenía algo que ver con ser un experto.

—Bien, ¿entonces cuál es el problema?

Antes de que pudiera discutir, me giró de nuevo, sujetándome en la cama.

—Ahora, hay algunas cosas para las que estás lista —dijo deslizando su mano arriba por mi estómago y a mi pecho. Giró su pulgar sobre mi pezón obteniendo gritos entrecortados—. Como esto. —Me observó retorcerme, arqueando mi espalda, empujando mi pecho en su mano.

Quitó su mano abajo del frente de mi cuerpo, deslizándola debajo de mis pantalones de yoga hasta que sus dedos estaban entre mis piernas. Respiré bruscamente.

—Y esto.

Me frotó suavemente, observando mi cara mientras sus dedos exploraban mi sensible piel. Torcí mi cuerpo, moviendo mis caderas, pidiéndole

silenciosamente que deslizaras sus dedos dentro de mí. Parecía saberlo, y se contenía, jugando un juego conmigo que no estaba segura que me gustaba. Giré mi cara a un lado, determinada a no suplicarle.

—Mírame, Sakura —dijo. Sus dedos continuaban provocándome sin piedad. Anhelaba y quería gritar por ello.

—No.

—¿Por qué no?

Me retorcí, luchando contra su mano. No estaba segura, pero la frustración sexual estaba comenzando a convertirme en una perra. ¡Necesitaba que dejara de jugar conmigo y seguir con el programa!

—¿Por favor? —preguntó Sasuke suavemente.

—No.

Se rió ante mi petulancia, introduciendo sus dedos dentro de mí mientras gemía de alivio por finalmente obtener lo que quería. Giré mi cara hacia él una vez más, y me besó profundamente, sofocando mis gritos, girando su lengua con la mía mientras sus dedos hacían algo bastante similar abajo. Me resistí.

—Quédate quieta —ordenó.

Estaba pidiéndome lo imposible. Sacudí mi cabeza.

—No puedo —argumenté.

—Quiero que te quedes quieta, Sakura —dijo, dejando quieta su mano hasta que obedeciera—. Y cuando te haga llegar, quiero que te quedes quieta.

—¡No puedo!

—Inténtalo —dijo él, y besó mis labios una vez más, tocándome, y frotándome tiernamente hasta que sentí lo inevitable crecer, una embarazosa bola de electricidad, una en cada uno de mis tobillos, lanzando esporádicas chispas arriba por mis piernas.

—No puedo, no puedo, no puedo —grité, tratando desesperadamente de mantenerme quieta mientras las chispas seguían viniendo. Más de ellas y más rápido.

—Sí puedes —dijo Sasuke, mirándome intensamente mientras continuaba su incesante contacto.

Estaba dividida en dos. Paralizada. No podía moverme si trataba. Abrí mi boca para hacer sonido, pero incluso mis cuerdas vocales estaban paralizadas. Al menos por la primera explosión. La segunda me tuvo gritando hasta que mi garganta estaba en carne viva. La tercera me tenía suplicándole que se detuviera. Las explosiones pronto disminuyeron hasta que quedé acostada entumida en un estado de semi conciencia, aturdida y estúpida.

—¿Qué fue eso? —pregunté. Mi garganta doliendo, y las palabras salieron chirriantes como papel de lija.

—Esa fuiste tú teniendo un orgasmo —respondió Sasuke. Era tan verdad que me hizo reír.

—¿Cómo me hiciste eso? ¿Qué? ¿Eres alguna clase de experto o algo? —pregunté. Necesitaba agua.

—Apenas.

—Apenas, mi trasero. Creo que todo el vecindario me escuchó.

—Creo que sólo eres tú —dijo él, y se inclinó para besar mi mejilla —. ¿Es tan cursi?

No. No cursi. Demasiado caliente para palabras.

Sonreí y sacudí mi cabeza.

—¿Necesitas agua o algo? —preguntó Sasuke—. Estabas gritando como una loca.

Golpeé su brazo. Y luego asentí.

Sasuke se movió para levantarse, pero atrapé su brazo.

—Sasuke, porque estás haciendo todas estas cosas increíbles para mí, ¿pero no me dejas hacer cosas por ti? Y no digas que no estoy lista aún.

Sasuke pensó por un momento.

—¿Crees que las cosas que te hago son sólo para tu placer? —preguntó. Estaba perpleja.

—No estoy buscando que las cosas estén parejas entre nosotros, Sakura —dijo Sasuke después de un momento—. Busco que estén bien.

No pensé que entendiera la definición de falta de egoísmo hasta ese momento. Era demasiado celestial. Nadie era así de bueno. Y por primera vez, me pregunto acerca de los pecados secretos de Sasuke.

No quería que Madara me recogiera en mi casa. No quería que mi padre me viera. No quería que Sasuke pasando por la acera en su patineta viera. Ni siquiera estaba segura porqué iba a esta cita. Después de mi última tarde con Sasuke, pensé que mi mundo entero había cambiado. Mi propósito completo. No me importaba más la venganza y la culpa y las víctimas. Me importaba estar con un chico quien era bueno para mí, que me trataba como si fuera la persona más importante en su vida. Un chico que me hacía reír, hablar demasiado, decir tontas cosas embarazosas, hacerme llegar como una estrella explotando.

Incluso aunque podía pintar de nuevo, no había levantado mi brocha desde que traté de pintar las hojas de otoño. Pero pensé que podía hacerlo ahora. Y pensé que podía ser lo suficientemente bueno para estar colgado en una galería y venderse por miles de dólares. Decidí este fin de semana pasar tiempo con Sasuke, para sentir su bondad, y para pintar.

Quería reunirme con Madara en la bolera. Le conté sobre el cambio de planes en la escuela, y esperé hasta el final del día para hacerlo. Él no estaba feliz por ello. Me dijo que los chicos tenían que recoger a las chicas para las citas. —¿En serio? —le pregunté—. ¿Dónde oirías eso?

—Es de conocimiento común, Sakura —dijo Madara, perdiéndose por completo mi sarcasmo—. Ni siquiera puedo tomarme esta cita en serio si no dejas que te recoja.

—Simplemente preferiría hacerlo más informal la primera vez —le dije, sintiéndome siendo acorralada en una esquina. Él era insistente.

—No —respondió Madara —. Mira, no soy un tipo de textos o un tipo de los que creen que cada uno debe pagar. No soy el tipo de chico de "Nos encontraremos allí". Soy de la vieja escuela, Sakura. Recojo a una chica. La invito a salir. Pago en la cita. Y luego la llamó al día siguiente, no le envío un mensaje de texto. La llamo para ver si la pasó bien.

De repente era príncipe azul.

Me removí incómoda.

—Deja de moverte nerviosamente, Sakura —dijo Madara —. Eres una mujer adulta. Empieza a actuar como tal y déjame recogerte.

—¡Estoy actuando como una! —grité.

—Bueno. Entonces estaré en tu puerta a las siete.

Me quedé en la sala de estar mirando por la ventana cada tres segundos. Tan pronto como viera a Madara estacionar, abriría la puerta antes de que pudiera atravesar el sendero del jardín. Debería haberle explicado a papá que iba a salir en unas citas con diferentes chicos para ver cuál "encajaba". De esa manera no se preguntaría acerca de Sasuke. Pero sonaba como algo que una chica de universidad haría. Los estudiantes de secundaria no salían con varias personas. Estábamos en relaciones comprometidas, aunque sólo duraran dos semanas a la vez.

—¡Sakura! ¡Entra aquí! —me llamó papá desde la cocina.

—Estoy esperando a quien me va a llevar, papá —le respondí.

—¡Ven aquí ahora mismo!

No había oído a mi padre hablarme así desde que dejé salir a nuestro perro a la calle para ir al baño sin correa. Tenía diez años de edad. Pensé que Poppy podía manejarlo. Siempre fue muy buena. Con buen comportamiento. Además, estaba a la mitad de pintarme las uñas. No podía correr el riesgo de echarme a perder la pintura, poniéndole su correa. Bueno, huyó y nunca regresó. Papá me regañó y me dijo que podía olvidarme de alguna vez tener otro perro porque estaba demasiado absorta en mí misma. Lloré durante una semana.

Me resistía a dejar la ventana, pero lo sabía mejor como para mantener a papá esperando. Corrí a la cocina.

—¿Sí, papi? —pregunté.

—No me digas "papi" —espetó—. ¿Qué demonios es esto? —preguntó sosteniendo una factura.

—No lo sé —le contesté.

—Es nuestra factura de teléfono celular —dijo—. Ahora, ¿quieres decirme a que corresponden todos estos cobros?

—¿Qué cobros?

—¡Dios, Sakura! ¡Esta es una factura de quinientos dólares! ¿Con quién diablos has estado hablando? ¿Cuántos datos puedes posiblemente utilizar en un mes? ¿Tienes tu GPS permanentemente encendido? ¿Estás enviando mensajes de texto mientras conduces? ¿Navegando por internet en clase?

—Papá, tómalo con calma —dije—. Casi no uso mi teléfono. —Fue la mentira más estúpida que alguna vez había dicho, y la factura lo demostraba.

Papá me miró como si hubiera perdido la cabeza.

—Dámelo.

—¿Eh?

—Tu teléfono, Sakura. Dámelo.

—¡Papá!

—Lo digo en serio. Has terminado. ¡No hay teléfono por... un mes!

—Qué dem…

—Adelante, dilo —me advirtió papá—. Y lo haré por un año.

—¡Papá! ¡Estás siendo irracional! Y de todos modos, tengo una cita esta noche. ¡Lo necesito para estar en contacto contigo!

—¿Una cita? ¿Con Sasuke? No lo creo. Hablas lo suficiente con él por teléfono —dijo, agitando la factura en mi cara.

—No es con Sasuke —le dije—. Es con otro chico.

—¿Qué pasó con Sasuke? Pensé que estabas enamorada de Sasuke —dijo papá.

—¡Definitivamente no voy a discutir esto contigo!

—Bueno, ¿adivina qué, señorita? Soy el padre aquí. Tengo que saber lo que estás haciendo, a dónde vas, y con quién vas. Así que supongo que definitivamente vas a discutir esto conmigo. Ahora entrégamelo.

—¡No!

—Sakura, entrégame ese maldito teléfono.

—Papá, no puedo vivir sin mi teléfono celular. Por favor. No lo entiendes. Lo necesito.

—¿Qué demonios está pasando con los niños en estos días? —se lamentó papá.

—Papá, por favor. Pagaré la factura del teléfono celular. Tengo lo suficiente para pagarlo. Más que suficiente —le supliqué.

Papá me miró y suspiró.

—No quiero que uses todo tu dinero para pagar esta cuenta, Sakura. Quiero que seas responsable. ¿Alguna vez oíste de eso? ¿Responsabilidad?

Asentí vigorosamente.

—Quiero que guardes tu dinero —continuó papá—. Y deja de enviar mensajes de texto en una cantidad tan malditamente exagerada.

—¿Realmente envié tantos mensajes de texto? —le pregunté, agarrando la factura y revisando los cobros.

—¡Sí!

—Lo siento mucho, papá. En serio. Tal vez tengo que cambiar mi plan.

—Tal vez necesitas dejar de usar esa cosa como un salvavidas. Ve a hacer tus pinturas o algo así. Lee un libro, Sakura. Ve al parque. Desconéctate por el amor de Cristo.

—Tienes razón, papá. Por supuesto. Te escucho un cien por ciento.

—Oh, deja de seguirme la corriente. Eso es más exasperante que esta factura. —Papá se frotó la frente—. Ahora dime quién es este chico.

—Asqueroso. ¿De verdad quieres saberlo? —le pregunté.

—Si vas a pasar la noche con él, y te está llevando, apuesta a que lo hago —respondió papá.

Tomé una respiración profunda.

—Está bien, pero tengo que decírtelo muy rápido debido a que estará aquí en cualquier momento.

Papá asintió.

—Es un chico de la escuela que sabe que le gusto a Sasuke y está tratando de conseguir que me guste, por lo que pidió que saliera con él en una cita, y acepté sólo para acabar con eso de una vez. Me parece que después de esta noche ya no estará demasiado interesado en mí.

—Qué, ¿piensas arruinar la cita? —preguntó papá.

—Más o menos —le contesté. Esa era otra mentira. No tenía planes para arruinar esta cita. Iba a estar en mi modo de chica encantadora, dulce y buena. Iba a hacer a Madara quemar de celos después de esta noche.

—¿Sabe Sasuke que vas a una cita con este tipo? —preguntó papá.

—No, y no quiero que lo sepa nunca. Sólo lo estoy haciendo para que este chico deje de molestarme. ¿Entiendes?

—¿Crees que es una buena idea? Sólo puedes decirle a quién quiera que sea que no estás interesada. Puedes decirlo mientras estoy sosteniendo mi arma —ofreció papá.

—¡No! No, papá. Puedo manejarlo. Sólo por favor no le digas a Sasuke de nada de esto.

—Creo que este tipo de engaño te metió en problemas en el pasado, Sakura.

Una bala al corazón, y papá ni siquiera estaba sosteniendo su arma.

—No te estoy juzgando. Sólo estoy diciendo que pareces llevar mucha culpa. Quiero decir, ¿es esta la única manera de mostrarle a este tipo que no estás interesada en él? ¿Acaso no entienden que "no" significa "no"?

¿Cómo podría explicarle a mi padre que en realidad estaba haciendo esto por Matsuri? ¿Que lo estaba haciendo para arrepentirme por mis pecados, para borrar la culpa? Me di cuenta de que la cita parecía retorcida para papá, pero nunca podría ni en un millón de años decirle la verdadera razón. Si lo hiciera, Cal estaría muerto en un charco de sangre en nuestro porche delantero.

—Confía en mí, papá. ¿Ya sabes cómo la gente aprende de manera diferente? ¿Algunos son estudiantes visuales? ¿Algunos son estudiantes auditivos? ¿Algunos son prácticos?

Papá asintió, el lado de su boca subiendo en una sonrisa.

—Bueno, este tipo Madara, definitivamente no es un aprendiz auditivo. Es por eso que "no" no funciona. Es un tipo de la clase práctica. Así que voy a dejar que me lleve a los bolos, y luego verá por qué soy la última persona en el mundo con la que quiere salir.

El rostro de papá lucía una sonrisa completa ahora. Creo que lo hice sentir orgulloso en ese momento.

—No vas a dejar que ponga sus manos sobre ti, ¿verdad?

—Asqueroso, papá.

—Bueno, me estás diciendo que es un tipo poner manos a la obra. Pone sus manos en ti y está muerto.

—Papá, relájate. No quería decir "poner manos a la obra " de esa manera —le dije.

Gruñó y arrojó la factura del teléfono celular en la mesa de la cocina. Justo en ese momento sonó el timbre, y le di un beso de despedida.

—¿No puedo conocerlo? —preguntó papá.

—No —dije—. Voy a llevar mi teléfono celular. Y te llamaré antes de venir para la casa.

—Tienes un toque de queda, ya lo sabes —dijo papá.

—¿Lo tengo? Esto es nuevo.

El timbre sonó de nuevo.

—Sí, lo tienes. Ahora, ¿cuál es el toque de queda estándar para una chica de tu edad? —preguntó papá.

—¿Estás hablando en serio? Sabes, no creí ni por un segundo que realmente me harías entregarte mi teléfono celular —le dije, caminando hacia la puerta delantera.

—¡Dame una hora, Sakura! —dijo papá, todavía de pie en la cocina.

—¡La una! —respondí.

—¡No! ¡Inténtalo de nuevo!

—Oh, por el amor de Dios —murmuré, tratando de alcanzar la manilla de la puerta—. ¡No llegué a casa de esa fiesta con Ino hasta la una!

—¡Sí, y esa fue la última vez para eso!

Rodé los ojos.

—¡Medianoche!

—¡Todavía no estoy feliz!

—Papá, ¡oh Dios mío! —dije, abriendo la puerta—. ¡Once!

—¡Está mejor! ¡Te quiero! ¡Cuídate!

—¡También te amo! —dije, empujando a Cal fuera del camino.

—No debería conocer a tu padre o lo que sea —preguntó, siguiéndome por el sendero del jardín.

—En otra ocasión —dije.

Oh. Dios. Mío.

No me dijeron acerca de la cita doble, y tampoco a Ino evidentemente. Nos miramos la una a la otra sorprendidas, y luego nos disculpamos para ir al baño.

—¿Qué estás haciendo aquí con Setsu? —le siseé.

—¿Qué estás haciendo aquí con ese tipo? —replicó ella—. ¿Qué pasó con Sasuke?

Odiaba mentirle a Ino. Siempre podía ver a través de las mentiras, pero nunca me gritaba por ellas. Esperaba hasta que finalmente cediera y le dijera la verdad. Creo que era satisfactorio para ella, mirándome retorcerme por minutos o días o el tiempo que me tomara antes de que finalmente confesara.

—No puedo decirte, Ino, pero no me gusta Madara, y creo que me estoy enamorando completamente de Sasuke y si me arruinas esto yo…

—Relájate —dijo Ino—. Pero tienes que hacerlo mejor que eso. No vamos a dejar este cuarto de baño hasta que me digas por qué estás en una cita con él.

—¿Yo? ¿Qué hay de ti? ¿Por qué estás en una cita con Setsu? Te dije que es un idiota.

—¿Sí? Bueno, quería averiguarlo por mí misma. Fue realmente agradable en la fiesta, y quiero llegar a conocerlo mejor.

¿Cómo diablos podría decirle a Ino que pensaba que Setsu era un violador? ¿Cómo podía decirle que sabía que Madara lo era? Estaba atrapada. Era tan simple como eso. Tenía que confesar. Tuve que decirle lo que estaba haciendo.

—¿Está bien, Ino? Te diré todo lo que está pasando. Juro por Dios que lo haré. Pero tenemos que conseguir superar esta cita primero.

Ino asintió.

—Lo que significa que tenemos que salir de este cuarto de baño actuando normal —le expliqué.

—Por supuesto.

—Ahora, vas a verme coquetear con Madara y actuar como una pequeña niña buena, ¿de acuerdo? —le dije—. Sólo sopórtalo. No menciones nada acerca de mí yendo a Hanover High el año pasado. No menciones nada sobre nadie de mi pasado. Y sobre todo no menciones a Matsuri.

—¿Eh? —Ino de inmediato parecía preocupada.

—Por favor, Ino. Te lo ruego. Sólo tienes que permitir mi coqueteo y personalidad de dulce niña y no mencionar nada acerca de mi pasado.

—¿Y si lo preguntan?

—Sólo decimos que nos conocemos del ballet. Solíamos tomar clases de ballet juntas y seguimos siendo amigas.

Ino asintió.

—Me siento súper rara ahora.

—No, no lo haces —le dije. No podía ocultar el pánico en mi voz—. No te sientes extraña en absoluto. Vamos a jugar bolos. Todo va a estar bien. Y nos conocemos por el ballet.

—Lo entiendo. Ballet.

Salimos del baño riendo porque dije que lo necesitábamos y nos acercamos a los muchachos que nos esperaban.

—Tenemos los zapatos y las bolas —dijo Madara, y Ino se echó a reír. No pude evitar sonreír.

—Eso es lo que esperamos —dijo Ino, y la cara de Setsu estalló en una sonrisa también.

Madara sonrió y me dio mis zapatos talla 6 y la bola de diez libras que pedí.

—Ahora, ¿cómo debemos hacer esto? —le preguntó al grupo mientras nos dirigíamos a la pista 7.

—¿Te refieres a los equipos? —le pregunté—. Pensé que estaría contigo. —Me senté junto a Ino mientras nos poníamos nuestros zapatos de bolos.

Madara se encogió de hombros.

—No lo sé. Pensé que sería divertido cambiar de pareja.

Oh no. No, no, no. No había manera en el infierno en que fuera a ser pareja del chico que me puso zancadilla a propósito en las gradas. ¿Por qué haría esto Madara?

Estaba furiosa. Esta no era la cita que había previsto. Quería a Cal Madara para mí sola. Quería coquetear y ser linda y tenerlo comiendo de mi mano a las once de esta noche. Y pensaba que él quería algo más uno a uno también. Después de todo, ¿qué era toda esa mierda sobre recogerme y esto siendo una cita "real"? Insistió en traerme cuando quise que nos encontráramos

aquí. Quería que esto fuera casual, amigable, y a él no le gustó eso ni un poco. ¿Y ahora me estaba dando el tratamiento "amigable"?

—¿Ustedes dos arreglaron esto? —le pregunté. Quería saberlo.

—Más o menos —respondió Madara —. Fue algo de último minuto. Setsu me dijo que iba a salir con Ino, así que simplemente me imaginé que podíamos hacer algo todos juntos. Dado que querías que nuestra primera cita fuera más casual. —Me guiñó un ojo y yo quería sacarle un ojo.

Miré a Setsu, que no me había dirigido dos palabras desde que llegamos. Este era el tipo que pensaba que era demasiado estúpida para recordar los pedidos de comida. No me podía imaginar lo que pensaría después de que jugáramos a los bolos. Era mala en ello, y estoy segura de que él era estelar, lo que significaba que refunfuñaría todo el tiempo por tener una mala compañera. Pero lo haría de una manera sarcástica sutil, porque ese era justo el tipo de persona que era.

—Las damas primero —dijo Madara, y suavemente me empujó hacia el carril.

Me di la vuelta y me dirigí a Setsu:

—No soy muy buena. —Estaba justificándome y al instante lamenté decir algo en absoluto.

Él se encogió de hombros.

—Me lo imaginé.

Me di la vuelta y cerré los ojos. Encuentra un lugar feliz, Sakura, y sólo respira. Respira, Sakura. No lo digas. No digas lo que realmente quieres decir. Sólo respira. ¿Sakura? No lo hagas. Por favor no lo hagas... ¡Oh, sólo sigue adelante y dilo!

—Imbécil. —No lo susurré tampoco. Sólo lo dije. Bien en voz alta.

—¿Perdón? —escuché a Setsu preguntar desde atrás.

Me di la vuelta.

—Te llamé imbécil. Porque eres uno.

Los ojos de Ino se agrandaron. Pude ver la lucha en su rostro: ¿reír o quedarse muda? Optó por el silencio, lo cual fue sabio.

—Has tenido un problema conmigo desde que me choqué contigo en el pasillo de la escuela. Siento muchísimo haber chocado contigo. Fue un maldito accidente. Pero, ¿sabes qué no fue un accidente? Que me pusieras

zancadilla en las gradas. —Miré a Madara —. Eso es correcto. Tu amiguito aquí me puso zancadilla. Es por eso que caí sobre ti.

—Cálmate —dijo Setsu—. Nadie te puso zancadilla. Y no tengo ningún problema contigo.

Solté un bufido.

—Está bien. Lo que sea.

Madara miró a Ino, quien se encogió de hombros. Una camarera pasaba, y Madara le pidió una jarra de cerveza.

—Tendré que ver tu identificación y todas las de ellos —dijo ella.

—Oh, ellos no están bebiendo. Es para mí —dijo, y le dio a la mujer una identificación falsa. Ella la estudió y luego estudió a Madara. Parecía insegura sobre si creerle, pero entonces tomó la decisión de no importarle.

—¿Bud Light? —preguntó—. Está en el especial de esta noche.

—Suena perfecto.

Me di la vuelta para hacer frente a los pinos. Qué idiota. ¿Pensaba en el hecho de que tenía que llevarme a casa más tarde? Esta noche se perfilaba para ser la peor cita en la historia. Gracias a Dios que traje para el taxi.

Hice rodar la bola por una fracción de la pista antes de que se instalara en la cuneta. Maldije profundamente en mi cabeza, preguntándome si no debería simplemente huir con la jarra de cerveza eligiéndola. Podía bebérmela mientras caminaba de vuelta a casa.

Mi segundo intento fue un poco mejor. Me las arreglé para golpear un pino. Se tambaleó por un tiempo y fue doloroso de ver.

Oí a Ino detrás de mí diciendo: "¡Puedes hacerlo, pino! ¡Sé que puedes!" y a Madara diciéndole que no se suponía que debiera estar animando al oponente.

Me acerqué de nuevo al grupo y me dejé caer al lado de mi compañero de equipo.

—Bueno, vamos a ver si puedes superar eso —le dije. Setsu en realidad se rió.

Ino lanzó de siguiente, y Madara la animó lo más alto posible. Admito que mis sentimientos estaban algo heridos. Mi compañero no me animaba. Madara se suponía que fuera mi compañero. Esta era nuestra cita. ¿Por qué estaba de compañero de Ino? Me sentí como si me estuviera castigando, y eso me hizo excesivamente sensible.

El primer tiro de Setsu fue un strike. Gran cosa. Su segundo tiro también fue un strike. Ligeramente más gran cosa. Se paseó de nuevo hacia mí y levantó su mano en el aire. ¿Esperaba que chocara los cinco con él? Sé realista.

—Vamos, cascarrabias —dijo Setsu—. Me comprometo a dejar de ser malo contigo si chocas los cinco conmigo.

Lo miré perpleja.

—¿Así de fácil? Sí claro. Sabes, no sé cuál fue tu problema conmigo en primer lugar.

—Mira, estaba teniendo un mal día, ¿de acuerdo? —dijo.

—¿Hablas en serio? ¿Así que estabas teniendo un mal día, cuando choqué contigo en la escuela? ¿Y otro cuando alejé a Ino de ti en la fiesta? ¿Y otro cuando malditamente me hiciste tropezar en las gradas? Sabes, ¡podría haberme roto un diente o algo así!

—Tómalo con calma —dijo Setsu.

—Tómatelo con calma —le espeté—. Oh, sí. ¡Casi se me olvida la cena! ¿Estabas teniendo un mal día entonces cuando me insultaste?

Setsu se frotó la frente.

—Sí, frótate la frente. Es muuuy exasperante ser retado por actuar como un completo idiota.

—¿Alguien quiere verme lanzar? —preguntó Madara, agarrando la suya de la máquina que devuelve las bolas.

—¡Claro! —dijo Ino. Me sonrió. Era una sonrisa que decía: "No tengo ni idea de lo que está pasando en este momento, y que Dios me ayude, me vas a contar todo cuando esta horrible cita grupal haya terminado".

Le respondí con mi propia sonrisa. Esa decía: "¿Cuántos años conseguiría por golpear la cabeza de Setsu con mi bola de bolos?"

Madara tiró, y Ino y yo actuamos impresionadas porque pensamos que eso es lo que quería. Sabía en mi corazón que aniquilaba cualquier posibilidad de tenderle una trampa para lograr cargos de violación. Fue la sensación más absurda: decepción por arruinar mis posibilidades de conseguir un asalto sexual pretendido. Pensé que hasta ahora estaba simplemente tambaleándome al borde de la locura. Ahora sabía que me había volcado, y no estaba segura de a dónde ir a partir de ahí. No sabía lo que Matsuri querría que hiciera, y mientras me sentaba al lado del némesis mientras veía al otro lanzar y lograr un spare, quería llorar por mi fracaso.