Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.

Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.

Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.

*"Recuerdos"

*Relato

*Pensamientos

Capítulo 18

Deidara me atrapó mientras caminaba a través de la puerta trasera hacia al trabajo.

—¿Noticias? —preguntó.

—¿De qué? —dije, atando mi delantal alrededor de mi cintura.

—No me hagas deletrearlo para ti, Haruno —respondió Deidara.

—Ohh, esa noticia. Bueno. —Mastiqué mi goma de mascar un poco más fuerte y me incliné cerca—. Planeamos hacerlo esta noche. Él está totalmente soñador y creo que estoy enamorada —le guiñé un ojo, y él resolló.

—Por favor mantén tu demasiado-joven-para-estar-teniendo-vida sexual para ti misma —dijo Deidara—, y dime qué está pasando.

—¿Por qué te importa? —pregunté, caminando hacia la estación de orden para firmar.

—¿Tengo que declarar lo obvio? —respondió Deidara, siguiéndome.

Bajé mi voz.

—Ya tengo un papá. No necesito otro. Y todo está bien. No he tratado de conseguirme a mí misma abusada, si eso es de lo que estás preocupado.

Deidara respiró un suspiro de alivio.

—Tengo, sin embargo, descubierto otro violador —continué—. Y sé que está llevando a una chica al cine esta noche.

—¿Qué va a hacer en el cine?

—No es lo que hará dentro del cine de lo que estoy preocupada —dije—. Planeo detenerlo antes de que comience. Ya tuve éxito una vez. En una fiesta la semana pasada.

—Haruno…

—Oye, si no entro repentinamente a través de esa puerta, ella podría haber sido violada —dije.

Los ojos de Deidara se desorbitaron de su cabeza.

—Sí, eso es cierto. Pensamos que ella estaba en alta dosis de éxtasis.

—¿Quiénes son "nosotros"?

—Ino y yo.

—¿Así que ahora ella está jugando a la campeona, también?

—La fuerza en números.

—¿Está la chica bien? —preguntó Deidara.

—Sí, gracias a Dios. La saludé en la escuela hoy y me miró como que no tenía idea de quién era. Aparentemente no recuerda nada de esa noche. Justo también. Ella probablemente estaría más jodida si lo hiciera.

Deidara suspiró.

—Te dije que tengas cuidado. ¿Piensas que esos chicos no comprenderán lo que estás haciendo? ¿Has pensado en las consecuencias?

—Nop. Pero ellos deberían. Una vez que reúna todos mis datos, ellos y su pequeño club de putas son historia.

—Llevando esto a las calles, ¿huh? —preguntó Deidara.

—Tú mejor créelo. —Y dejé la cocina para recibir a mi primer cliente.

Cada chica va al baño justo antes de una película. Estamos condicionadas o algo. Sabía que tenía esperar a Ashley entre las nueve y las 9:20. La película que iba a ver con Tim comenzaba a las 9:30. No estaba preocupada del todo acerca del tiempo que iban a pasar en el cine. No pensaba que fuera atrevido. Pero estaba muy preocupada acerca de sus planes para ella después del show, y pensé que podía asustarla para dejarlo plantado y conseguir un taxi a casa. Incluso traje un pasaje para taxi en caso de que no tuviera dinero.

Me cerní sobre el lavabo fingiendo arreglar mi maquillaje. El espejo me daba una perfecta vista de las chicas entrando y yendo sin tener que girar alrededor y revisar. Y justo así, como tenía esperado, Ashley pasó a través de la puerta a las 9:18. La dejé usar el baño antes de decir nada. Ella estaba lavando sus manos dos lavabos debajo de mí cuando hablé.

—No me conoces de Adam —le dije. Ella alargó la mano por una toalla de papel—. Pero ese chico con el que estás es malas noticias.

—¿Huh?

—Ese chico con el que estás…

—No, no —interrumpió ella—. Lo que dijiste antes. ¿Qué significa eso?

—¿De qué estás hablando?

—La cosa que dijiste acerca de Adam. ¿Le gusto a Adam? —preguntó, su cara ruborizándose a un rosa sonrojado.

Querido Dios.

—Quiero decir. Él nunca lo dijo, pero he estado dándole todas las señales. ¿Crees que le gusto?

¿De quién estaba ella hablando?

—Es una expresión —dije—. Es sólo una expresión que significa que no me conoces del todo.

—Oh. —Su cara cayó.

—Pero a Adam podrías gustarle —dije—. Y él sería un montón mejor que ese imbécil con el que estás en una cita en este momento.

—¿Cómo sabes que estoy en una cita con Tim? —preguntó.

—Te vi, y te estoy diciendo, Ashley, el chico es malas noticias —dije.

—Espera. ¿Cómo conoces mi nombre?

Mierda. Siempre estaba haciendo eso. Piensa rápidamente, Sakura.

—¿No sabías que eras popular? Como, que todo el mundo sabe tu nombre —dije.

—¿Lo hacen? —Sus ojos se ampliaron en una manera soñadora con incredulidad.

Me sentí horrible.

—Claro. Ahora escúchame. Quiero que entres a un taxi y vayas a casa —dije.

—¿Qué?

—Déjalo plantado, Ashley.

—¿Por qué?

—Porque… porque Tim está viendo un montón de chicas. No sólo a ti. Él no te sería fiel por dos segundos —dije.

—Oh, no me importa eso —responde—. Planeo dejarlo en el segundo que Adam mire en mi camino.

La miré.

—¿Está bien, Ashley? Esto no es sólo acerca de Tim siendo infiel. Él es un chico malo. Hace cosas malas a las chicas —dije.

Lucía intrigada.

—¿Cómo cosas del tipo bondage? —preguntó. Se inclinó más cerca y susurró—: eso está bien conmigo. Como que estoy en eso.

¿Qué diablos?

—No, Ashley —susurré de vuelta—. Cosas como del tipo de violación.

Saltó hacia atrás, sus ojos se ampliaron otra vez, pero esta vez no en un estado soñador de incredulidad. Esta vez estaba asustada. No debería haberlo dicho. Quiero decir, técnicamente no era difamatorio porque era verdad, pero no quería ésta cabeza hueca esparciéndolo por toda la escuela.

—Creo —dije rápidamente—. Escucha, creo que lo hizo.

—¿Cómo sabes? —preguntó.

—No es importante. Lo que es importante es que no quiero que nada te pase. Así que ve a casa. No le hables por teléfono o en la escuela. No me menciones. No digas nada. ¿Está bien? —Sabía que eran ilusiones, pero tenía que intentar.

Asintió.

—¿Ashley? Estoy hablando en serio. Cuando te llame, no respondas. Cuando lo veas el lunes, porque eso es inevitable, lo verás el lunes, dile que no puedes hablarle más. No le digas por qué. Sólo hazlo. Y entonces aléjate. ¿Entiendes?

Asintió otra vez.

—Voy a llamarte un taxi —dije—. Aquí hay dinero.

Lo tomó sin hablar.

—¿Estás bien? —pregunté, marcando el número de City Star Cabs.

—¿Iba a violarme? —susurró.

—No lo sé. Quizás. Quizás no. Pero estás segura ahora, ¿está bien? —dije, envolviendo mi brazo alrededor de su hombro mientras hablaba al despachador.

Miré a Ashley subirse al taxi antes de volver dentro. Tenía que orinar, la ironía de que había pasado el rato en el baño toda la noche. Rodeé la esquina y choqué con Tim. Él ató sus dedos con los míos en un movimiento hábil y me tiró hacia abajo del pasillo. Lucía como su reticente cita, empecinándome. Debería haber gritado entonces, pero estaba demasiado sorprendida ante el giro de los eventos. Había planeado escabullirme fuera del cine sin que me viera.

—¿Qué diablos estás haciendo? —demandó, dejando caer mi mano y apoyándome en la esquina del pasillo.

—Gritaré al cielo alto si haces algo —advertí.

—¿Hay una razón por la que sigues jodiendo mis citas? Quiero decir, ¿quién eres de todos modos?

—No sé de qué estás hablando —dije.

Tim bufó.

—¿Crees que soy estúpido o algo? ¡Te vi enviando a Ashley fuera en un jodido taxi! ¿Te hice algo que no puedo recordar? ¿Conseguiste alguna venganza conmigo? ¿Qué diablos te hice?

Quería decirle que no es lo que me hizo a mí; es lo que sabía que le haría a Ashley. Es lo que sabía le hizo a Amelia.

Y entonces la ira de superioridad moral borboteó, y se derramó sobre el momento equivocado con las palabras equivocadas.

—Lo sé —dije tan suavemente que pensé que no escucharía.

Tim dio marcha atrás, sin embargo golpeé su cara. Él tropezó con una pareja en su camino al cine 5. Murmuró una disculpa mientras cambiaba a su cara atontada. Y entonces se inclinó hacia mí una vez más, sus manos a cada lado de mi cabeza.

—¿Oh, tú sabes? —preguntó. Salió como un susurro sensual—. ¿Qué es lo que piensas que sabes?

Se estaba burlando de mí, rastrillando sus ojos arriba y debajo de mi cuerpo. De repente ya no era más valiente.

—Yo… yo sé que eres problemas —tartamudeé.

—Tienes razón —arrulló—. Soy problemas. Así que mejor ten cuidado.

—No me amenaces —dije. Estaba tan feliz de que conseguí las palabras fuera sin titubear.

—Oh, no te estoy amenazando. No tengo que amenazar a chiquillas como tú porque harás lo que digo —dijo Tim.

Temblaba ahora por estar indignada y humillada. No era alguna "chiquilla".

—Jódete —espeté, y empujé contra su pecho con toda mi fuerza. Él podría haberme mantenido clavada en la esquina fácilmente, pero se movió a un lado, permitiéndome la ilusión de que lo había empujado lejos con mi fuerza.

—Aléjate de mí, perra. —Escuché a Tim decir mientras corría abajo el pasillo.

—¿Entonces, qué problema has conseguido últimamente, Sakura? —preguntó la Dra. Senju.

Me tensé.

—Oye, tranquilízate. Todo aquí es confidencial. ¿Recuerdas? —dijo bondadosamente.

—No hay problema —mentí.

—Sakura. Conoces el ejercicio. Si no te abres a mí, entonces mis manos están atadas. No puedo ayudarte de la manera en que necesitas, así que vas a confiar en mí. ¿Recuerdas todo eso?

Asentí.

—Está bien. Así que dime acerca de esas pesadillas.

—Espere. ¿Cómo sabe de mis pesadillas? —pregunté, moviéndome incómodamente en mi asiento.

—¿Hablas en serio? Tu papá llamó. Él estableció esta cita. ¿Pensabas que no me dijo lo que pasaba? —preguntó. Escribió algo en su bloc de papel, y pensé que estaba tomando notas de mí. Imaginé que leía, "Imbécil de mierda".

—No soy una imbécil de mierda —murmuré.

—Eso no es lo que escribí, Sakura —dijo la Dra. Senju pacientemente.

—Como sea.

Ella sonrío amablemente y me mostró su bloc. Tenía razón. No escribió "imbécil de mierda". Escribió mi nombre y mi fecha de nacimiento.

—Oh —dije. Traté por una sonrisa de disculpa—. Mi error.

—¿Entonces qué es lo que te tiene toda molesta que estás teniendo pesadillas? —continuó la Dra. Senju.

—Oh, no lo sé —dije airadamente—. Me miré a escondidas con el novio de mi mejor amiga. Tuvimos sexo a sus espaldas. Entonces ella se suicidó porque fue violada. Ahora está cazándome en mis sueños y diciéndome que merezco tener mala mierda sucediéndome. Oh sí. He descubierto un grupo de chicos de la escuela que joden chicas y llevan la cuenta de ello.

Me recliné en mi silla sintiéndome engreída. ¡Toma esa, Doc! Y aquí tú pensabas que yo estaba sólo triste por mi mamá marchándose.

—Tal vez todo eso combinado tiene algo que ver con eso —concluí por añadidura.

La Dra. Senju arrastró su aliento.

—Bueno, parece como si conseguimos algo de trabajo por hacer.

—Evidentemente.

—¿Sakura?

—¿Hmm?

—¿Quizá has considerado que no es tu amiga quien está cazándote? Es decir, ¿eres tú quien está cazándote?

Punto uno para la doctora.

—Por supuesto que lo hago —dije. Sintiéndome a la defensiva y estúpida. Por supuesto que pensé que era probablemente yo, mi psique, diciéndome que era una mala persona y merecía las horribles cosas sucediéndome. ¿No era simplemente mi cerebro conjurando mi propia culpa en la forma de un fantasma enojado? ¿Qué? ¿Ésta doctora pensaba que era una imbécil? ¿Una imbécil de mierda?

—Déjeme ver ese papel otra vez —dije.

La Dra. Senju sonrió y me mostró su escritura. Todavía mi nombre. Y fecha de nacimiento.

—Vamos a hablar de la traición —dijo la doctora.

—Preferiría que no —respondí.

—Sakura, hablarlo ayuda.

—¿Qué hay por decir? Fui una amiga horrible.

—¿Así que cómo enmendar? —preguntó la Dra. Senju.

—¿En serio? Pensé que se suponía me lo diría usted —dije, sintiendo mi irritación crecer. Crucé mis brazos sobre mi pecho.

—Ese es un movimiento defensivo, Sakura —dijo la Dra. Senju—. Eres mejor que eso.

Dejé caer mis brazos y resollé.

—Ahora, no puedo decirte cómo enmendar. Tienes que descubrir tu propia paz. Pero puedo decirte que no es un fantasma enojado persiguiéndote en tus sueños. Te estás castigando tú misma por el pasado. Incapaz de seguir adelante. ¿Hay algo que piensas tienes que poner en orden para continuar?

Sí. Necesito hacer algo. Tenía un propósito una vez, pero pensé que ahora no podría hacerlo.

—¿Sakura? Tienes que abrirte a mí. ¿Esos chicos tienen algo que ver con tu amiga fallecida?

Tragué.

—¿Huh?

—Bueno, los mencionaste en el mismo aliento. Me dijiste de tu engaño, la violación de tu amiga, y esos chicos. ¿Están conectados?

—Um…

La Dra. Senju pensó por un momento.

—¿Uno de esos chicos la violó?

Mis ojos se ampliaron. ¿Era una psicóloga o una investigadora, o era ambas?

—Ya veo —susurró la doctora. Escribió algo más en su bloc.

—¿Qué está escribiendo? —pregunté rápidamente.

Ella me ignoró.

—Sakura, está claro que piensas que le debes a tu amiga. ¿Qué planeas hacer?

¿Qué planeo hacer? No tengo un plan. No tengo nada.

—¿Sakura?

—No estoy planeando nada. Es sólo que voy a la escuela con ese idiota cada día, y es difícil continuar de la muerte de mi amiga cuando tengo que ver su cara.

—Puedo entender eso —dijo la Dra. Senju.

—Nadie sabe que es un violador. Bueno, nadie que cuente, de todos modos —dije.

—¿Qué quieres decir?

—La policía. La gente que puede alejarlo. Nadie sabe porque las chicas no están diciendo nada —dije.

—¿Hay más víctimas? —preguntó ella—. ¿Cómo lo sabes?

Suspiré.

—He estado hurgando alrededor.

—¿Es peligroso lo que estás haciendo?

Sacudí la cabeza.

—Sólo ilegal.

—Bueno, no soy tu brújula moral, pero algo ilegal puede no ser la cosa más sana para ti en este momento. ¿Cómo eso posiblemente te ayude a superar tu pena? —preguntó la doctora.

La consideré por un medio momento. Sabía que podía confiar en ella. Tomó un juramento o algo así. No podía repetir nada de lo que dije al menos que amenazara con matar a alguien. Creo, de todos modos. No conozco todos los detalles de la cosa de confidencialidad doctor-paciente. Pero sabía que podía confiar en ella. Mamá y papá no tenían ni pista acerca de las cosas que confesé a la Dra. Senju hace años cuando empecé la terapia por mi claustrofobia. Sabía esto porque me miraban cada día como si fuera la más dulce, más inocente niña en el mundo.

Arrastré mi aliento y lo dejé salir lentamente. Deliberadamente lento. La Dra. Senju sabía lo que significaba. Ella se reacomodó en su larga silla de club para ponerse cómoda.

—Está bien, entonces, esto fue como lo mejor de los tiempos y lo peor de los tiempos —empecé.

—Habría sido mejor si no hubieras incluido la palabra "como" —dijo la Dra. Senju.

Suspiré.

—Dormí con el novio de Matsuri a sus espaldas.

—Fallé en ver lo "mejor de los tiempos" en eso.

—Bueno, el sexo fue increíble, pero el engaño y mentir fueron imperdonables —contesté.

Me lancé en la historia entera para la Dra. Senju, directo a mi descubrimiento de la Liga de Fantasía de Zorras y los chicos que sospechaba que eran violadores. Incluso confesé a la doctora mi viejo plan de auto sacrificarme pero no recibí la reacción impactada que esperaba. Lo hice, como sea, recibí un montón de preguntas sobre mi estado emocional y mi lucha con la culpa y el perdón.

Escuché educadamente el psicobalbuceo preguntándome qué chica de dieciocho años con la mitad de una consciencia no estaría montando en culpa y tendría un tiempo difícil perdonándose a sí misma. No quería mi jodido perdón de todos modos. Quería el de Matsuri, y ella no estaba más aquí para dármelo.

La sesión concluyó con un abrazo. Nunca pensé que eso fuera profesional, incluso cuando comencé terapia a los once años, pero había llegado a ver a la Dra. Senju más como un sabio, como una presumida, vieja abuela que a una psicóloga. Sin nada más, llegué a verter mis problemas en alguien por una hora entera sin ser interrumpida o hecha sentir culpable por eso.

Programé otra sesión para la semana siguiente.

Sasuke y yo estábamos saliendo oficialmente por Navidad, pero no antes de que confesara sobre ir a una cita con Madara y asistir a su fiesta.

—¡Juro que él no me gusta! —Había gritado.

—Sabía lo de la fiesta, Sakura —dijo Sasuke—. Incluso un rechazado como yo escucha sobre las fiestas. —Me miró con curiosidad—. No estoy enojado, pero, ¿por qué fuiste?

—Mis amigas fueron insistentes, y no quería que fueran solas. Las chicas borrachas son blancos fáciles —dije. Eso no era exactamente cierto. Melanie y Taylor no eran mis amigas, pero fui a la fiesta independientemente para protegerlas. Y esa parte era cierta.

Sasuke asintió.

—¿Y la cita?

—Él no me dejaba en paz al respecto. Y sé que dijiste que era malas noticias. Simplemente pensé que podía ir y mostrarle lo patética que era y entonces dejaría de acosarme sobre una cita —dije.

—Estás lejos de ser patética, Sakura —respondió Sasuke.

Me encogí de hombros.

—Bueno, fui bastante patética en la cita.

Sasuke pensó por un momento.

—Podrías simplemente haberme dicho. Podría haberle sacado la mierda a golpes por ti.

Sonreí.

—No quería que tuvieras sangre en tus manos.

—Oh, me encantaría tener sangre en mis manos —dijo Sasuke. Sonaba mortalmente serio.

Me estremecí involuntariamente.

—¿Por qué te odia, Sasuke? —pregunté en voz baja.

Sasuke se frotó la mandíbula.

—Porque no quiero ser como él.

Nos quedamos en silencio por un momento antes de que yo hablara.

—¿Estás molesto conmigo sobre la cita?

Sasuke negó con la cabeza.

—No, Sakura. Pero sí desearía que me hubieras escuchado en el restaurante. No estaba bromeando cuando dije que Madara era un tipo malo.

Asentí. Quería tanto saber por qué Sasuke pensaba que Madara era malo. Una pequeña parte de mí sospechaba que él tenía algún conocimiento de la conducta sexual desviada de Madara, pero no estaba dispuesta o demasiado asustada para preguntarle. No sé por qué, pero no quería que Sasuke se involucrara en mi investigación. Me gustaba él en el exterior, y me gustaba escapar al exterior cada vez que estábamos juntos.

—Debería haberte preguntado hace mucho tiempo para ser mi novia. Hablando oficialmente. ¿Quieres?

¿Recién estábamos hablando de Madara? Porque no podía recordar. Todo lo que sabía en ese momento era que Sasuke me quería como su novia oficial, y se sentía como si una enorme caja de fuegos artificiales hubiera sido encendida todas a la vez dentro de mi corazón y mi mente. Una explosión de éxtasis.

Estoy segura de que la gente en la escuela sabía que estábamos juntos aunque manteníamos nuestra relación discreta. Hablábamos cuando teníamos la oportunidad entre clases y nos sentábamos juntos en el almuerzo. Nunca éramos físicos, sin embargo. Él prefería mantener eso tras puertas cerradas, y nunca fui de muestras de afecto de todos modos. Creo que Madara entendió que Sasuke y yo estábamos juntos, y dejó de molestarme con su retórica de "Ese tipo son malas noticias".

Tal vez hacer nuestra relación oficial justo después de una fiesta importante como Navidad no era la idea más sabia considerando que ninguno de los dos se sentía cómodo dándole regalos al otro. No queríamos lidiar con la presión de ello, y pensamos que el tiempo que pasábamos juntos era el regalo más apropiado que podríamos dar. Él me llevó a cenar una noche y luego al Museo de Arte de Carolina del Norte para ver una exhibición de Picasso. Escuchó atentamente mientras parloteaba sobre la iluminación y los colores y significados que ni siquiera yo entendía. Fue una noche perfecta, hecha toda más perfecta por lo que me preguntó en el camino de regreso a nuestro vecindario.

—He estado pensando mucho, Sakura —comenzó Sasuke.

—Mmhmm.

—Y en cierto modo tenía esto planeado con la esperanza de que tú dirías "sí."

Mi pulso se aceleró.

—Está bien.

—Mi hermana está en la casa de una amiga por la noche, y mis padres salieron de la ciudad por el fin de semana en su viaje anual de Navidad para dos —dijo.

—¿A dónde fueron? —Estaba curiosa.

—Fueron a algún bed and breakfast en las montañas —respondió Sasuke.

Sonreí.

—¿Y confían en ti solo en la casa?

—Oh, soy muy responsable, Sakura. ¿No has descubierto eso ya?

Me encogí de hombros mientras él se detuvo en su camino de entrada.

—Entonces, ¿te gustaría entrar?

Estaba nerviosa. Había esperado una eternidad para tener sexo con Sasuke. Creía que incluso actuaba demasiado descarada o demasiado impaciente de vez en cuando, aparentando ser una mujerzuela común de la calle. Ahora, él me lo estaba preguntando, y me sentía sudorosa e incómoda, como una virgen. Intenté con humor.

—¿Entrar para qué?

Sasuke sonrió.

—Café.

—Oh, no tomo café —bromeé.

Sasuke se inclinó y susurró en mi oído:

—Entonces tal vez te gustaría entrar así puedo besar todo tu cuerpo y hacerte el amor.

Sí. Definitivamente me gustaría entrar para eso.

Él puso su mano sobre mi corazón, sintiendo mi latido rápido e irregular.

—Tomaré eso como un "sí".

La última vez que Sasuke me vio con el pecho desnudo, no fui tímida al respecto. Recuerdo montarme a horcajadas en sus caderas y darle una buena vista de mis senos, sabiendo que le gustaban, sabiendo que yo estaba en control. Pero ahora de repente estaba tímida, y me metí en sus sábanas, levantando el edredón para ocultar mi cuerpo medio desnudo de él. Me había desnudado hasta mi sujetador y bragas durante una intensa sesión de besos. Después me preguntó qué quería que él me hiciera. Me sonrojé furiosamente y me estiré por las sábanas.

—Oh, Sakura —dijo Sasuke, arrastrándose a mi lado—. ¿Por qué tan tímida?

Negué con mi cabeza y sonreí.

—No lo sé.

—Bueno, me gustas de esta manera —dijo, besando mi mejilla.

Me temía que sonaría cursi, pero tomé la oportunidad.

—Sólo siento que esto es realmente especial, ¿sabes? Lo que estamos a punto de hacer. Sólo quiero hacerlo bien.

—¿Qué quieres decir con "hacerlo bien"? —preguntó.

Volví mi cara.

—Sólo quiero ser buena para ti. —Mis mejillas estaban ardiendo, y luego el calor bajó por mis brazos y piernas. De repente, ya no necesitaba más el calor de las sábanas.

Sasuke giró mi cara hacia la suya.

—Sakura, tú serás buena para mí. Mejor de lo que merezco. ¿Entiendes? No estoy esperando que hagamos el amor como expertos. Tenemos dieciocho años. Qué tal si te relajas y me dejas hacer todo el trabajo.

—Pero eso no es justo —argumenté.

—¿Quién dijo algo sobre justo? —preguntó, y me besó antes de que pudiera objetar.

Sasuke no hizo todo el trabajo, sin embargo. Lo hizo por un rato, acunándome ligeramente debajo de él mientras me acariciaba suavemente, entonces más urgentemente cuando me dijo que necesitaba sentir todo de mí. No estaba segura de entender lo que quería decir hasta que llegó debajo de mí, levantó mis caderas, y fue más profundo, provocando gritos que él sofocó rápidamente con su boca.

Nos dio vuelta y me obligó a montarlo, sosteniendo mis caderas y ayudándome a moverme a un ritmo lento y casi tortuoso. Me sentía totalmente expuesta, y él me miraba descaradamente, haciendo que mis pezones se endurecieran sin tocarlos.

—Me encanta tu cuerpo —dijo en voz baja, incrementando mi velocidad.

No pude sentarme por más tiempo, y me apoyé en él, pero él negó con la cabeza y sonrió.

—Siéntate, Sakura —dijo.

—No puedo. —Era una tortura exquisita ahora, mis piernas temblando por el trabajo.

—Sí, puedes —dijo Sasuke, y juntó mis muñecas tras mi espalda, sosteniéndolas allí con una mano mientras la otra descansaba, con los dedos extendidos, en mi estómago.

Me hizo cosquillas en la piel, y me retorcí, pero él mantuvo su agarre en mis muñecas. La mano en mi estómago avanzó más abajo, más abajo hasta que su pulgar encontró mi clítoris, y grité para que se detuviera.

—¿Realmente quieres que me detenga? —preguntó, frotándome lenta y suavemente.

Respondí con un gemido.

—¿Quieres que me detenga, Sakura? —preguntó de nuevo, y negué con la cabeza violentamente. Sonrió satisfecho—. Quiero que me montes, Sakura. Bien y lento.

Creo que si él me dijera que saltara de un puente o escalara en roca sin cuerdas de seguridad, lo haría. Moví mis caderas, sintiéndolo hincharse dentro de mí mientras me acariciaba con su pulgar. ¿Cómo hacía eso tan perfectamente? Por lo general, era la única que podía tocar ese lugar íntimo exactamente bien para enviarme al límite. Pero él entendía mi cuerpo, llevándome a las alturas del éxtasis cada vez que me tocaba allí. Era habilidad. Eso era cierto. Pero pensaba que tal vez él y yo teníamos un tipo más profundo de conexión, como que siempre conoció mi cuerpo antes de incluso conocernos.

Mis piernas estaban empezando a gritar en protesta, y era una mezcla deliciosa de placer y dolor. No pude ocultar mi cara de él cuando me vine. Mantuvo mis muñecas atrapadas, y luché en vano, queriendo tanto cubrir mi cara con mis manos. Estoy segura de que me veía ridícula, y él fue lo suficientemente amable para soltar mis muñecas al final para que pudiera derrumbarme sobre él y enterrar mi cara en su hombro. Envolvió sus brazos a mi alrededor, murmurando cosas en mi oído que no pude comprender, y entonces movió sus caderas.

Me tensé de inmediato, luego traté de liberarme de su agarre.

—No Sakura —susurró, y me sostuvo más fuerte. Era inútil tratar de luchar. Era demasiado fuerte, y tenía que aceptar lo que estaba a punto de pasar. Estaba agotada en cada sentido, pero él me hizo trabajar un poco más.

—Voy a morir —exclamé en su hombro.

—Mírame —exigió suavemente, y levanté mi cara a la suya—. No vas a morir. Te lo prometo. —Y me besó mientras movía sus caderas contra mí, encontrando un ritmo que sabía que lo enviaría a él al límite y a mí a la tumba.

Grité en su boca, luché un poco más mientras su ritmo se aceleró, pero me mantuvo quieta, obligándome a sentir cada pedacito de ello, algo nuevo y aterrador y hermoso. Una mezcla de cielo e infierno.

Enterré mi cara en su hombro una vez más mientras sus embestidas se volvían más urgentes. Luego erráticas. Gruñó por la fuerza de ello, viniéndose con fuerza dentro de mí, su cuerpo empapado de sudor.

Mis caderas y muslos estaban adoloridos por tener mis piernas abiertas por tanto tiempo. Rodé fuera de Sasuke y jalé mis rodillas al pecho, suspirando profundamente mientras mis músculos se relajaban. Él fue al baño para desechar el condón antes de meterse en la cama de nuevo.

—¿Te lastimé? —preguntó.

—No, en absoluto —respondí. Estiré mis piernas, enterrándolas una vez más bajo las sábanas, y volví mi cara hacia mi novio.

—¿Te gustó? —preguntó.

—¿Qué tipo de pregunta es esa? —pregunté, riendo—. ¿Me veía como si me gustó? ¿Sonaba como si me gustó?

Sasuke se rió.

Lo miré con curiosidad.

—No es asunto mío, realmente, pero, ¿con cuántas chicas te has acostado? Sólo pregunto porque tienes habilidades locas.

Sasuke empujó la sábana hacia abajo sobre mis caderas.

—Me gustas así. De frente completo.

Traté de subir la sábana una vez más, pero él empujó mis manos.

—¿Quieres saber la vedad? —preguntó.

—No, quiero que me mientas.

—Graciosa. —Se rascó la cabeza y arrugó la cara en pensamiento—. Me he acostado con seis chicas.

—Santa mierda. —Las palabras escaparon de mis labios antes de que pudiera detenerlas.

—¿Y supongo que ahora nos peleamos por ello? —preguntó.

Eso me molestó. No tenía planes de pelear con él sobre nada.

—No. ¿Por qué pelearíamos sobre ello?

—Bueno, ha sucedido en el pasado, es todo

—Bueno, no soy tu pasado. Soy tu presente. Y estoy bien con eso —dije. No sabía si estaba completamente bien con ello, pero no creía que tuviera una razón para no estarlo.

—¿Qué estás pensando? —preguntó.

—Dijiste que no te habías liado en un año —dije, recordando justo ahora nuestra primera sesión de besuqueo.

Sasuke se movió incómodo.

—Sí, bueno, me acosté con esas chicas en décimo grado y parte del undécimo grado.

—Eso es un poco joven —dije.

—Sé que es joven. Y sé que es un montón de chicas en un corto periodo de tiempo. Eso es lo que estás pensando, ¿cierto?

—Bueno, no y sí. Quiero decir, ¿amabas a esas chicas?

—Cuando estaba haciéndoles el amor, sí.

¿Qué demonios significaba eso?

—¿Fueron todas tus novias en un momento u otro? —pregunté.

—No.

—¿Eres un jugador?

—No.

—Entonces no lo entiendo.

Sasuke se veía como si estuviera debatiendo cuánto compartir conmigo. Tampoco me gustaba eso. Era su novia. Creía que él debería sentirse cómodo diciéndome cualquier cosa.

—Algunas de las chicas eran mis amigas. Perdí mi virginidad con una de ellas. Los dos queríamos experimentarlo con alguien en que pudiéramos confiar. Salimos brevemente después de eso, pero no éramos el uno para el otro.

—Ajá. —Estaba completamente fascinada.

—A veces lo hacía como un escape, pero siempre me aseguraba de que ella entendiera eso. —Rodó sobre su espalda y puso las manos bajo su cabeza—. A veces lo hacía porque quería… necesitaba hacer sentir bien a alguien. Me hacía sentir bien hacer sentir bien a alguien más.

Me miró brevemente.

—Supongo que piensas que tengo problemas.

—No. No creo que tengas problemas. —Pero sí creía que estaba ocultándome algo. Una especie de dolor terrible que lo hizo buscar consuelo en el sexo. No era de extrañar que él fuera tan condenadamente bueno en ello. ¿Qué fue esa charla sobre no ser "expertos"? ¿Qué sólo tenemos dieciocho años? Él ciertamente no era un aficionado, y de repente me sentí tonta y no estudiada.

—Y, de verdad, si soy perfectamente honesto, simplemente me encanta el cuerpo de una mujer. Me encanta tocarlo. Me encanta besarlo. Me encanta hacerla sentir importante y especial —dijo—. Y realmente me encanta hacer que se venga.

—¿Eres un adicto al sexo? —De nuevo, no tenía intención de que esas palabras salieran de mi boca.

Se rió entre dientes.

—No Sakura, pero puedo entender por qué preguntarías eso.

Qué no daría yo por abrir su cerebro ahora mismo y mirar dentro. Tener una idea de este extraño al que acababa de ceder.

—Espero que esto no haga que me veas de forma diferente. Quiero decir, entiendo si lo hace. Entiendo si no puedes estar conmigo.

¡Whoa! ¡Retrocede, amigo!

—¿Quién dijo algo de eso? —pregunté. Me acurruqué contra él, apoyando mi cabeza en sus bíceps y envolviendo mi brazo alrededor de su cintura—. Por favor nunca vuelvas a decir algo así otra vez.

Me besó en la frente.

—No lo haré. Lo siento. Es sólo que sé cómo debo sonar. Un adolescente loco por el sexo que tiene una obsesión enfermiza con el cuerpo femenino.

Me reí.

—No sé si eso me importe tanto. —Pensé en mi orgasmo. No, no creía que me importara en absoluto.

Pero una pequeña sensación inquietante asomó y pinchó en mi corazón. No era psicóloga, y pensaba que la terapia era un montón de basura, pero Sasuke estaba acostándose con mujeres porque se sentía culpable. Esa era mi evaluación. Estoy segura de que la Dra. Senju coincidiría. Culpable de qué, no lo sabía. Pero él se sentía culpable.