Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
*"Recuerdos"
*Relato
*Pensamientos
Capítulo 20
En la escuela se corrió la voz sobre los chicos. Ninguna de las chicas, aparte de Hinata y de mí, sabían algo de la liga, pero les quedaba claro que debían mantenerse alejadas de Madara y su séquito. Ninguna conversación en voz alta, solamente susurros urgentes arrastrándose por los pasillos como humo enviando señales y advertencias. El impacto fue inmediato. Comprobé las clasificaciones para el Juego 3 y nadie había ganado un solo punto.
—La frustración sexual es una perra —dijo Ino, reclinada para obtener una mejor vista de la pantalla del ordenador. Oí la inhalación brusca de Deidara.
—Deja de mirarle el culo —lo regañé—. Es casi una niña.
—Estoy a punto de cumplir diecinueve años, gracias —respondió Ino enderezándose para volverse al papamoscas—. ¿Para ti también la frustración sexual es una perra, Deidara? —preguntó en un juguetón tono sensual.
Deidara no le hizo caso.
—Haruno, ¿hay alguna razón por la que sentiste la necesidad de traer a Ino aquí? —Pasó más allá de mi coqueta amiga y se dejó caer en el sofá.
—Durmió en mi casa —le contesté distraída. Estaba buscando las elegidas para el Juego 4.
—No hay ningún Juego 4 instalado —aclaró Deidara cuando le pregunté.
—Sí, pero, ¿no deberían tener ya la lista de las chicas? Para los anteriores la tenían con antelación —le contesté.
Deidara negó con la cabeza.
—Tal vez están asustados. Es decir, mira estos resultados. Más bien, la falta de resultados. Tal vez saben que algo está pasando y se están cuidando.
Ino se acercó al sofá y se sentó junto a Deidara.
—Me gustan los tatuajes.
Rodé los ojos.
—A mí también —respondió Deidara moviéndose al otro extremo del sofá.
No había querido hablar conmigo durante semanas, después de que traje a Ino a su casa por primera vez. Sí, no debería haberlo expuesto. Pero confiaba en Ino y, estábamos de camino al centro comercial. Habría sido extraño e inconveniente hacerla esperar en el auto o dejarla en algún lugar mientras recogía la nueva información de Deidara. Con el tiempo me perdonó, una vez que disfrutó el coqueteo con mi amiga.
—Entonces, ahora es un buen momento, ¿eh? —le pregunté.
—¿Para qué, para hacer estallar la tapadera? —me interrogó a su vez.
Asentí y se encogió de hombros.
—Lo siento, no pude conseguir la evidencia que quieres Sakura —me contestó. Parecía una disculpa genuina.
—Está bien. Me conformo con esto.
—¿Cualquiera de estas chicas están dispuestas a presentarse? —preguntó.
—Solo he hablado con dos de ellas y, tienes razón. Es injusto pedir que se expongan sin ninguna o con pocas pruebas. No sé lo que estaba pensando.
—Estabas pensando que esos chicos son unos idiotas que merecen ser castigados. No hay nada malo con eso —dijo Ino—. Estoy orgullosa de ti Sakura.
Sonreí.
—Bueno, creo que voy a reunir todos los documentos y luego averiguaré a quién quiero enviárselos.
—¿Te das cuenta de lo grande que esto va a ser? —preguntó Ino. Las palabras llenas de entusiasmo.
—No sé qué tan enorme —admití—, pero espero que sirva para que algunas chicas hablen.
Deidara asintió.
—Solo quiero que estés segura.
—Sí, sí —le dije haciendo un gesto con la mano—. Siempre dices lo mismo y siempre he estado segura.
Nunca le dije a Deidara la experiencia aterradora que tuve con Tim.
Ino se inclinó hacia Deidara.
—Así que, ¿cuándo me invitarás a una cita? Es obvio que te gusto. Es por eso que eres arisco conmigo y todo el tiempo me evades.
—¿Todo el tiempo? —preguntó Deidara divertido—. Te he visto un total de cuatro veces. Y eres demasiado joven para mí.
—Entonces realmente te gusto —dijo Ino, atrapando a Deidara en el extremo del sofá y apoyando la cabeza en su hombro.
—Tengo treinta y seis años —aclaró Deidara y me miró mientras luchaba con el deseo de poner el brazo alrededor de mi bonita amiga.
—Me gustan los hombres mayores —le susurró acariciándole el cuello.
—Oh, Dios mío. Todavía estoy en la sala —les dije.
Ino se sentó riendo.
—¡Solo estoy jugando Sakura! Por Dios, tengo diecinueve. ¿Te imaginas? Como en el episodio de Sex and the City en que Samantha tuvo una cita con ese viejo. ¿Te acuerdas que ella trató de tener relaciones sexuales con él pero luego le vio el culo flácido en la luz?
Deidara la miró indignado y no pude ocultar mi sonrisa.
—No tengo el culo flácido —reclamó.
Ino ladeó la cabeza y sonrió tímidamente.
—Quieres hacérmelo, ¿no?
—¡Alto! —grité—. ¡No quiero escuchar más de esto!
—¿Qué piensa Sasuke sobre la Liga de Fantasía de Zorras? —preguntó Ino, cambiando de tema. Fue completamente inesperado e hizo que mi corazón saltara.
—¿Qué quieres decir? —pregunté.
Los ojos de Ino se abrieron con incredulidad.
—¿No le has dicho nada?
—No sabía que tuviera que hacerlo —le contesté.
—¡Sakura, es tu novio por el amor de Dios! Te acuestas con él.
—Oh Dios —gimió Deidara.
—¿Y no le hablas de esta liga de sexo? —Ino parecía ofendida.
—¿Por qué habría de hacerlo? No quiero que se preocupe y no quiero involucrarlo. No es asunto suyo, ¿de acuerdo? —le dije.
La verdad era que no quería involucrar a Sasuke en las cosas que sabía acerca de Madara y sus amigos porque quería tenerlo apartado de ellos. Me gustaba poder escapar de todo cuando estaba con él. No había razón para hablarle de eso.
—¡Pero podría estar ayudándote ahora! —argumentó Ino—. Podría espiarlos o algo así.
—No lo creo —repliqué—. Madara lo odia profundamente. Sasuke no podría estar cerca de él.
—Aun así —presionó Ino—. Podría dar ánimos y apoyo, o algo así. ¿No es eso lo que hacen los novios?
—Ino, me gusta que no sepa nada. Me gusta así y no quiero hablar de la liga con él. Quiero olvidarme de todo cuando salgo con él, ¿de acuerdo? ¿Puedes entenderlo y dejar de insistir?
Cerré el portátil de Deidara y lo deslicé sobre la mesa de café.
—Sí, señora —murmuró Ino y rodé los ojos.
—¿Sería totalmente malintencionado decir que me alegro de que ustedes dos no se hayan conocido todavía? —le pregunté.
—Si serás cabrona —respondió Ino—. ¿Qué? ¿Vas a cancelar los planes de la cena que tenemos juntos?
—No. —Sentí que me sonrojaba.
—Bien, porque ya es hora de que lo conozca. No deberías haberlo mantenido alejado durante tanto tiempo. ¿Tengo que darte consejos sobre citas? —preguntó Ino.
—Um, no, ¿te has vuelto loca?
—No, no estoy loca —dijo Ino—. Solo me siento un poco abandonada, supongo.
Suspiré.
—Ino…
—Sakura, eres demasiado joven para tener relaciones sexuales —dijo Deidara.
Miré a Ino y ambas nos echamos a reír. Tal vez Deidara lo dijo solo para aliviar la tensión. Y funcionó.
—¿Qué? —preguntó Deidara—. ¿Soy una especie pasada de moda o algo así solo porque soy un poco conservador? Y, ¿qué tiene eso de gracioso?
—¿Conservador? —señaló Ino—. Tienes tatuajes por todas partes.
Deidara meneó la cabeza.
—Ino, no sabes lo que dices.
—Deidara, no vamos hablar contigo sobre sexo, ¿de acuerdo? ¿Podemos cambiar de tema? —pregunté.
—Bien, pero no entiendo a los jóvenes de hoy en día —respondió Deidara.
—Oh, ¿nos estás tomando el pelo? Lo sé todo sobre los años 90 amigo y puedo imaginar las cosas en las que estabas —le dije.
Deidara se sonrojó y sonrió.
—No me siento diferente al resto de las chicas —le dije.
—Exactamente —dijo Ino—. Y está comprometida en una relación.
Asentí y observé cuidadosamente a Deidara.
—Grandioso. Y por cierto, no dejes que nada me salpique cuando hagas pública toda esta mierda, ¿lo tienes claro? —dijo Deidara.
—Te repito: soy cuidadosa —le dije—. ¿Cuándo vas a confiar en mí?
—Confío en ti Haruno —señaló Deidara.
—Nunca te he visto tan sexy —dijo Sasuke con una sonrisa.
Era primavera y hacía buen tiempo. Estábamos parados en la calle y yo tenía un pie sobre su patineta. Estaba envuelta de pies a cabeza con el equipo de protección: casco, coderas, rodilleras, incluso guantes de hockey.
—¿Guantes de hockey? —había preguntado Sasuke anteriormente cuando buscó por todo su armario.
—Es inevitable. Voy a caerme y no quiero rasparme las manos —le contesté—. Solo dámelos.
Sasuke me entregó los guantes y besó mis labios.
—Eres adorable y te amo —dijo.
Mi boca se abrió en shock.
—No digas nada —dijo. Besó mis labios de nuevo—. No necesito ni quiero que lo digas. Pero quería decirlo porque es lo que siento. Y lo sé. Así que cuando estés lista, me lo dices. Pero ahora mismo, simplemente no digas nada.
Asentí con la boca todavía abierta.
—Y solo porque estás tan linda así de pie, incrédula, permíteme decirte una vez más: Te amo Sakura.
Lancé mis brazos a su alrededor y le pegué en la cabeza con el voluminoso casco.
—¡Ay!
—Lo siento —dije y aplasté mis labios contra los suyos. Podría haberme quedado de pie besándolo en su habitación toda la tarde, pero quería enseñarme a patinar.
Vacilaba cerca de su buzón mirando el asfalto. De repente parecía muy alarmante, especialmente si caía de cara sobre eso.
—Estoy profundizando en la imagen —dijo Sasuke—. Me gusta tu pie en mi tabla.
Me eché a reír.
—¿Qué? —preguntó Sasuke.
—¿Por qué me parece sucio? ¿Algo sexual?
Sasuke sonrió.
—Sakura, pon tu dulce y pequeño pie derecho en mi tabla. Te lo aconsejo Sakura. Mmmm.
Y me eché a reír de nuevo.
—Hablando en serio, no hay nada como andar en patineta. Los trucos son una historia diferente, pero todas requieren empujar con un pie y luego colocarlos en la tabla. Es lo más cómodo para ti.
—Tengo miedo de caerme —le dije.
—Bueno, lo harás. Para eso son todas esas almohadillas —dijo Sasuke.
Saludé a un auto que pasaba y que nos tocó la bocina. No era un Oye-sé-que-tocaste-la-bocina. Era un Oye-me-veo-tan-sexy-que-sé-que-es-un-saludo. Miré mis rodilleras. Tal vez estaba un poco sexy.
Sasuke me enseñó lo básico: empujar, posicionar los pies, detenerme, empujar hacia abajo en la parte posterior de la tabla. Estaba más que nerviosa. Nunca fui buena en patinaje sobre ruedas. Definitivamente no podía con el rodillo. De hecho, odiaba las ruedas excepto la de los autos debajo de mí. Estaba haciéndolo solo porque me gustaba lo suficiente como para sufrir una raspadura por él.
—Voy a llevarte de la mano al principio, solo hasta que te acostumbres a la sensación —dijo Sasuke.
—Más te vale —le contesté.
Empecé con Sasuke sosteniendo mi mano y corriendo a mi lado. Lo agarré con fuerza, tambaleándome con pies inseguros mientras rodaba por la calle.
—Está bien Sakura. Para —dijo.
Negué con un movimiento.
—Tú para. —Y le apreté la mano con fuerza.
Sasuke se detuvo en seco y, me caí. La patineta se salió de debajo de mis pies y rodó perezosamente por la calle mientras Sasuke me tendía la mano.
—Lo siento Sakura —dijo riendo entre dientes. Me ayudó a sentarme y comprobó si había daños. Creo que solo disfrutaba pasando las manos por mis piernas recién depiladas—. Te juro que no lo hice a propósito.
—Ajá, claro —le dije manoteando sus manos para alejarlas.
Él atrapó mis muñecas con las dos manos y las sostuvo en mis costados mientras llovía besos ligeros por toda la parte delantera de mis piernas.
—¿Mejor? —preguntó alzando la vista para mirarme. El sol estaba tan brillante que tuvo que entrecerrar los ojos y no sé si percibió mi gesto.
—Vamos a intentarlo otra vez —le dije y él corrió a recuperar la patineta.
Después de treinta minutos estaba impulsándome y rodando lentamente por mi cuenta. Siempre con los brazos extendidos, las piernas ligeramente flexionadas y el cuerpo tenso al máximo. Sabía que iba a estar adolorida mañana. Aprender a voltear fue un desastre y caía hacia adelante cada vez
que me inclinaba. Me di por vencida y le pregunté si podíamos jugar un videojuego.
—Cuando dices "jugar un videojuego", ¿de qué hablamos? —preguntó Sasuke, ayudando a levantarme de la calle por última vez.
—Me refiero a realmente jugar un videojuego. Dijiste que tenías un Wii. ¿No podemos jugar a Super Mario Brothers o algo? —le contesté, caminando con él a su casa.
—¿Nada de sangre y tripas de fuera?
—¿La verdad? Prefiero saltar sobre setas y tortugas voladoras.
—Tienen nombres, ¿sabías? —dijo Sasuke—. Tienes mucho que aprender Sakura.
—¡Goombas y Koopas, muchas gracias! —le dije muy satisfecha.
—Guau, creo que acabo de tener una erección —contestó Sasuke y le di un golpe en el brazo—. Pensé que no jugabas juegos de video. ¿Cómo conoces a Goombas y Koopas?
—Solía jugar con Matsuri cuando éramos niñas. Es el único juego que he jugado antes —le contesté, siguiendo Sasuke a su dormitorio. Se detuvo en el umbral y se volvió hacia mí.
—Bueno, no sé cómo voy a mantener las manos lejos de ti Sakura. Goombas. Koopas. Patinar con ruedas. Sin mencionar Asesino de Mente y Cuerpo. Eres mi chica de los sueños —añadió.
Sonreí.
—Ni siquiera pienses en distraerme.
Sasuke levantó las manos.
—Nunca. Estamos jugando juntos.
—¡Soy Mario! —grité, tomando el control #1 justo a tiempo.
—No tienes que tener el control #1 para ser Mario —dijo Sasuke, recogiendo el segundo control y colocándose a mi lado en el suelo—. Este no es el sistema original de Nintendo.
—Oh.
—Pero aun así te dejaré ser Mario. Porque te amo Sakura.
Y me derretí entera.
Leí la nota de nuevo, temblando y sudando.
Una pequeña perra ha estado utilizando la boca, ¿acaso sabes quién es?
Era todo lo que decía, pero la acompañaron con unos arañazos horizontales en los laterales de mi auto, hechos con una llave sin duda. Estaba enojada. Enfurecida y fuera de mí. Me di la vuelta y examiné el estacionamiento de los estudiantes. No había nadie a la vista.
Sabía que no podía esperar más. Tenía que tomar la información sobre la Liga de Fantasía de Zorras y hacerla pública inmediatamente. Tenía miedo de lo que estos chicos hicieran después. Estaban enojados porque no conseguían a nadie y yo era la razón. Dijeron que me hiciera a un lado, pero no los escuché. Este asunto comenzó en las gradas. Rápidamente se intensificó con una experiencia en la que casi me ahogo en la piscina de la escuela.
Finalmente había entrado en crisis con una llave decorando mi carro. ¿Qué vendría después? No quería averiguar. No quería imaginar. Me gustaría que la historia saliera a flote, que los chicos fueran castigados y que alguien pagara el puto daño hecho a mi auto.
—Hola Sakura —oí desde atrás. Me di la vuelta para enfrentar a Setsu, ¿de dónde había salido? Acababa de revisar todo el estacionamiento unos segundos antes.
—¿Tú has hecho esto? —le pregunté señalando los arañazos en la puerta del auto.
Setsu silbó bajo.
—Demonios, es una mala noticia.
—Vete a la mierda y procura mantenerte lo más lejos posible de mí — escupí buscando las llaves en mi bolsa de libros. Me sentía insegura. ¿Por qué nunca podía acordarme de sacar las llaves y tenerlas en la mano antes de salir de un edificio?
—Cálmate, Sakura. No le hice eso a tu auto —dijo Setsu.
No le creí ni por un segundo.
—¿Sí? Bueno, ¿y quién más podría ser?
—Tal vez alguien enojado contigo por entrometerte en los negocios que no son tuyos —dijo Setsu. Me arrinconó contra el auto y preguntó suavemente—. ¿Te has estado metiendo en negocios que no son tuyos?
—No sé de qué demonios estás hablando —dije. Busqué a tientas las llaves. Finalmente las encontré y las saqué de la bolsa—. Muévete.
—Bueno, parece que sí lo sabes —respondió Setsu sin moverse—. Ni siquiera puedo conseguir una cita.
—Tal vez sea porque eres un idiota.
Setsu esbozó una media sonrisa.
—Alguien tiene que lavarte esa boca Sakura. Absolutamente sucia.
—Déjame en paz o gritaré a todo pulmón —le advertí.
—Seguro que lo harías —se burló de Setsu—. Ahora escúchame.
Lo miré a los ojos. Juro que eran del color del carbón.
—Deja de ser entrometida. Deja que mis amigos y yo hagamos lo nuestro y estaremos más que dispuestos a dejarte hacer lo tuyo. Un tipo de tregua, ¿eh? Es decir, lamentaría mucho que alguien te encontrara en el fondo de la piscina de la escuela. ¿Entiendes lo que estoy diciendo?
Temblé violentamente haciendo sonar las llaves.
—Tim fue generoso. No sé si yo lo seré —dijo Setsu.
—¿Me estás amenazando? —susurré.
Setsu se echó a reír.
—¡Dios, Sakura! ¡No pensé que fueras una de esas perras tontas!
Llené mis pulmones con la máxima cantidad de aire posible y abrí la boca para gritar. Setsu me estrelló contra el auto y me tapó la boca.
—No te atrevas puta —susurró en mi oído—. Mete tu culo en el maldito auto y vete.
Me estrujó la cara antes de retroceder lo suficiente para que pudiera abrir la puerta del auto. Me relajé un poco cuando me deslicé adentro, giré la llave en el encendido y me fui. Sin embargo, una vez que di la vuelta en la calle me eché a llorar. Sollocé con tanta fuerza que avancé solo un kilómetro de carretera antes de encorvar los hombros y tener un ataque en toda forma.
¡Que se jodan!, me gritaba mi mente. No dejes que te intimiden. Han estado amedrentando chicas durante demasiado tiempo.
—¡Lo sé! —grité en respuesta—. ¡Voy a hacer algo! ¡Lo haré!
Pero primero lloré hasta que me quedé completamente seca. Lloré hasta que un oficial de policía se detuvo detrás de mí y me preguntó si todo estaba bien. Le dije que estaba molesta porque mi novio rompió conmigo y él me contestó que no debería estar conduciendo mientras estaba tan emocionada.
—Bueno, perdón por vivir —dije con desdén.
—¿En serio? —respondió.
—Bueno, entonces, perdón por ser mujer.
El oficial fue paciente.
—Solo trato de mantener las carreteras seguras, señora.
—Las carreteras son el menor de sus problemas —murmuré.
Vi una sonrisa aparecer en su boca.
—¿Cómo está eso?
Me limpié la última lágrima.
—Bueno, tienes ladrones, narcotraficantes, asesinos, todo tipo de muertes sin resolver y estás preocupado por un auto aparcado a un lado de la carretera.
—Sólo hago mi trabajo, señora. Que es asegurarme de que estás a salvo.
—Entonces, ve a arrestar a algunos violadores, o algo así.
—Haré mi mejor esfuerzo. Ahora abróchate el cinturón de seguridad y ten cuidado.
Le dije que se fuera a la mierda una vez que estuvo fuera de alcance. El cambio era exactamente lo que necesitaba. Eso me dio perspectiva. No te asustarán Sakura. Eres una guerrera Sakura y estás a punto de patear unos cuantos culos.
¿Quieren asustarme?
No lo lograrán putos.
