Adaptación de "Goin Under" de S. Walden.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
*"Recuerdos"
*Relato
*Pensamientos
Capítulo 23
Tres años más tarde.
—Y estoy muy orgullosa de tu progreso, Sakura —dijo la Dra. Senju por teléfono.
—Gracias, doctora —le contesté, girando en mi silla de la computadora. Estaba sola en mi apartamento compartido con Leslie, mi nueva compañera de cuarto, transferida de UNC y quién se había mudado a Chapel Hill.
—Oh, Sakura. Odio cuando me dices eso. Es tan frívolo, como si no estuvieras tomando nada de esto en serio —dijo la Dra. Senju.
Me reí y abrí mi laptop.
La doctora me ignoró y siguió.
—¿Estás saliendo con alguien?
Me puse un poco tensa, y juro que ella pudo sentirlo por el teléfono.
—No tengo tiempo para chicos —le dije a la ligera.
—Sí, sí lo tienes.
Pensé por un momento.
—Bien, no hay nadie aquí que me guste.
—En todo el campus de la universidad, ¿no hay chicos que te gusten? —preguntó la Dra. Senju.
No le respondí, pero me di la vuelta lentamente en la silla.
—¿Hay alguien en otra escuela al que desees en su lugar? —la Dra. pinchó.
Ni siquiera sabía si él estaba en la escuela, así que no podía responder a esa pregunta de todos modos. Además, incluso si lo hiciera, estoy segura
de que la Dra. Senju me taladraría por el daño adjunto malsano o emocional o algo como eso.
—¿Sakura? No hay nada malo en estar enamorada de Sasuke.
Pude sentir mi cara drenarse de todo su color.
—¿No?
—No, no lo hay. Y creo que piensas que no te está permitido tener sentimientos por él, porque su foto apareció en la televisión con los otros chicos —dijo la doctora.
Esta no era la primera vez que me lo explicaba. Había estado haciéndolo durante tres años. Pero supongo que todavía no estaba convencida, o estaba asustada. Tal vez ambas cosas.
—Él no es como esos otros chicos, Sakura. Y en el fondo lo sabes. Es por eso que todavía estás enamorada de él y quieres estar con él. Sólo piensas que te desacredita como verdadera víctima salir con un chico que supo de una violación y no informó de ello. ¿No es así?
—No.
Solté el aliento que no sabía que estaba sosteniendo con el sonido de esa simple palabra.
—Debes perdonarlo, Sakura. Si no es por él, entonces por ti —dijo la Dra. Senju—. Pero sospecho que deseas perdonarlo por los dos porque lo amas.
Ni siquiera pensé en ello. Lo dije.
—Lo amo.
—Lo sé. Lo he sabido desde hace tres años —respondió la doctora.
—Estoy segura de que me ha superado, sin embargo —le dije.
La verdad era que esperaba que Sasuke hubiera podido avanzar de alguna manera, haber encontrado una especie de paz que le permitiera perdonarse a sí mismo. Quería eso para él a pesar de mi persistente ira. Creo que era sobre toda la rabia de no querer que nada de eso fuera verdad, no quería verlo como un individuo imperfecto, porque por gran parte de mi tiempo en Charity Run, él había sido mi salvador. Era perfecto a mis muy inmaduros ojos, y ahora tenía que enfrentar a Sasuke como otro humano ordinario: bueno y malo, y la mezcla confusa de esas cosas en medio.
Colgué el teléfono con la Dra. Senju y continué mi trabajo final de pruebas para la inscripción del curso de profesores de la Dra. Hoskins.
No recibiría una licenciatura en educación, sino mi licenciatura en justicia criminal, pero había tomado el curso de la Dra. Hoskins porque me gustaba. Lo tenía para la composición de estudiantes de primer año, me encantaba su estilo, y tomaba una clase cuando encajaba en mi agenda.
No me podía concentrar, sin embargo, con las palabras de la Dra. Senju repitiéndose una y otra vez en mi cabeza. Debes perdonarlo.
Era una segunda decisión dividida de mi parte, y estoy contenta de haber marcado su número antes de perder los nervios.
—Necesito un favor —le dije en el teléfono.
—¿Qué sucede, cerezo? No me digas que descubriste información acerca de otro club de sexo en la escuela —respondió Deidara.
—Lindo. Y no. No se trata de un club de sexo —le dije.
—Bueno, ¿me puedes culpar por pensar así? Quiero decir, aquí estás yendo a la escuela de justicia penal. ¿Podemos decir, "cliché" por cierto? —preguntó Deidara.
—¡Cállate! —Me reí.
—¿Qué sigue, Erin Brockovich?
—En primer lugar, su gran caso no tuvo nada que ver con la violencia sexual. Fue un caso ambiental. En segundo lugar, sucede que estoy yendo a la escuela de derecho.
Deidara silbó largo y bajo.
—Por Dios, cerezo. Tienes que tomarlo con calma y salir a una cita o algo así.
Me encogí de hombros.
—¿Crees que hay algo malo en mí al no haber querido salir en tres años?
—Sí.
Puse los ojos en blanco.
—Bien, es por lo que estoy llamando.
—Cerecito, eres linda y todo, pero la diferencia de edad sólo sería demasiado…
—¡Asco! ¡No saldría contigo ni en un millón de años! —exclamé—. Es Sasuke. Llamo por Sasuke.
—¿Sasuke? ¿Cómo en Sasuke Uchiha? —preguntó Deidara.
—Sí.
Hubo una breve pausa.
—¿Por qué quieres saber algo de Sasuke? —Sonó defensivo.
—Porque sí. Tengo algunas cosas que tengo que decirle. ¿Quieres averiguar dónde está? ¿Lo que está haciendo? He tratado de buscarlo y termino con las manos vacías.
—¿Estás segura de que quieres ir allí? —preguntó Deidara—. Quiero decir, ¿después de todo?
Tomé una respiración profunda.
—¿Deidara? Quiero ir allí. ¿Podrías encontrarlo por mí?
Otra pausa.
—Sí, lo haré.
Me tomó dos horas y media llevar el auto de Chapel Hill a Wilmington. No tenía idea de que Sasuke estuviera tan cerca. Lo último que supe, era que su familia se había mudado al norte para estar cerca de sus familiares, en Pennsylvania. Supuse que se quedaría allí para siempre, porque siempre me decía que quería vivir junto al mar.
Me sentí un poco culpable por haber plantado a Ino. Habíamos planeado un fin de chicas en Raleigh ya que no la había visto en un mes, pero había insistido que fuera de una vez cuando le conté mis planes para contactar a Sasuke.
—Bueno, ¡ya era hora! —gritó ella por teléfono.
—¿No estás enojada? —le pregunté.
—¡Dios, Saku! ¿Me estás tomando el pelo? Ve. Te ordeno que te vayas. Sal y folla sus sesos todo el fin de semana. Y es una orden —respondió Ino.
Me reí.
—No te puedo prometer eso. Ni siquiera sé si se acuerda de mí.
Ino se echó a reír.
—¿Qué? —le pregunté.
—Confía en mí, Sakura. Se acuerda de ti.
Entendí lo que Ino había querido decir, pero creo que entendió mal mi declaración. Sabía que Sasuke se acordaría de mí, pero no estaba segura de sí recordaría el amor que una vez había tenido por mí.
—Gracias por ser tan dulce al respecto —le dije.
—Por supuesto —respondió Ino—. Pero será mejor que me cuentes todo. Y me refiero a todo, Sakura Haruno, o estaré enojada contigo.
Sonreí.
—Está bien.
Mi pulso se aceleró al cruzar el puente de Harunosville Beach. Sasuke no estaba bromeando cuando había dicho que quería vivir junto al mar. Esa no era una unidad a diez minutos del agua. Él vivía sobre el agua en un pequeño cómodo y confortable apartamento. Me tomó unos minutos encontrarlo. Su apartamento era en realidad uno de los varios que componían una enorme casa de playa. Imaginé que su renta sería astronómica sin importar el tamaño de su hogar.
La puerta principal daba al mar, me di cuenta, y a pesar de un camino de piedra que conducía a la entrada, decidí quitarme las chanclas y caminar en la arena. Era suave y sedosa, abriéndose camino entre los dedos de mis pies. Cuando llegué a la puerta de su casa, me quedé helada. No estaba segura de lo que quería decirle. No había visto a Sasuke en tres años, me había negado a hablar con él antes de que su familia se mudara al norte.
Me arrepentía de esa decisión desde entonces, pero mi corazón todavía peleaba con mi mente, negándose a perdonar, creyendo que era un monstruo, ignorando las súplicas de Hinata de que era todo lo contrario.
Llamé a la puerta antes de perder los nervios. No se me ocurrió que no podía estar en casa. Eran las cinco de la tarde, tal vez aún estaba en el trabajo o en clase. No tenía ni idea de si aún asistía a la universidad.
Hinata había hecho la promesa de dejar de darme actualizaciones sobre él después del primer año. Hablaba con él semanalmente y trataba de deslizar información aquí y allá durante nuestras conversaciones.
Cuando llegó a ser demasiado doloroso para mí, le dije que no quería saber más.
Salté cuando la puerta se abrió. Era una mujer. Y era la mujer más hermosa que jamás había visto. Cabello negro brillante, ojos oscuros. Su camisa azul colgaba de un hombro para revelar una delgada correa rosada. Llevaba jeans cortados, con cortes que destacaban bronceadas piernas delgadas.
—¿Puedo ayudarte? —preguntó.
—Oh, lo siento. Pensé que alguien más vivía aquí —le dije.
—Alguien más vive aquí —respondió ella con una sonrisa—. Sólo soy una visita.
—Oh.
Me sentí extraña, un poco mareada y ridícula. Me presento después de tres años, ¿y qué? ¿Esperaba que siguiera soltero? ¿Qué estuviera suspirando por mí? Tenía un montón de mierda de coraje.
Me di la vuelta para irme.
—¡Oye, espera! —llamó la mujer—. ¿Buscas a Sasuke?
Me detuve en seco. No quería decirle "sí". No quería que me dijera que era su novia ahora y que podría enojarse. Pero me di la vuelta para mirarla de cualquier forma, mi cabeza subió y bajó en un gesto desesperado. Debía parecer a punto de llorar porque cerró la puerta suavemente y se lanzó en mi dirección.
—Está bien —dijo ella, envolviéndome en un abrazo.
No tenía ni idea de quién era esta chica, y estoy bastante segura de que la odiaría si era la novia de Sasuke, pero estaba agotada emocionalmente y con adrenalina y no me importó. Dejé que me abrazara mientras lloraba en su hombro.
—Soy una lesbiana total —dijo a mi oído—. Está bien.
Me aparté, limpiándome con torpeza la cara.
—¿Eh?
—No soy la novia de Sasuke. Soy Karin. Cien por ciento gay —aclaró.
—Está bien —le dije—. ¿Por qué me dices eso?
Ella se rió y me agarró la mano, tirando de mí hacia la playa
—Oh, Dios mío. ¿Hablas en serio? Es obvio que estás enamorada de él y pensaste que era su novia —me dijo, paseando por la orilla del agua.
—¿Por qué estamos aquí? —le pregunté.
—Porque necesitas conseguir juntar tu mierda —dijo Karin—. Ahora respira profundamente y deja de llorar.
No me di cuenta de que todavía estaba llorando. Pero creo que mis lágrimas se transformaron de shock y dolor a euforia. Nunca había llorado lágrimas de alegría antes. Se sentían raras, y no me gustaron.
—En serio, chica. ¡Endereza la boca! Vienes todo el camino para ver a Sasuke, ¿después de cuántos años? Y le das… —Hizo una pausa, mirándome de arriba a abajo—… ¿esto?
—¿Cómo…?
—Oh, Dios mío, Sakura. ¡Capta una pista! Eres todo de lo que siempre habla. Se está haciendo tan jodidamente viejo, demasiado. Sabes, al segundo que abrí la puerta, supe que eras tú. Describió todo sobre ti, hasta la maldita nariz.
—¿Mi nariz? —pregunté instintivamente tocándola.
Karin asintió.
—Ahora cálmate y límpiate la cara. Recupérate antes de ir de nuevo a esa puerta.
Pasé mis dedos por debajo de mis ojos y le pregunté a Karin si había limpiado el delineador de ojos que tenía. Asintió.
—¿Él sigue hablando de mí? —le pregunté, mi voz tembló ligeramente.
—Durante tres años, muuuucho —respondió Karin.
—Pero nunca me llamó —le dije.
—Cambiaste tu número.
—Pero nunca me vino a ver a la escuela.
—Te cambiaste de escuela. ¿Te acuerdas?
¿Cómo sabía ella de todo eso?
—Si realmente me extrañaba, ¿por qué no trató de encontrarme? —le pregunté.
Karin suspiró con paciencia.
—Lo hizo, Sakura. Te encontró. Y quiso hacer las cosas bien. Pero luego pensó que no debería molestarte. Si nunca habías intentado encontrarlo o hablar con él, quiso respetar tu espacio.
—Tenía miedo —le dije en voz baja. Me sentía a la defensiva, como si tuviera que justificar mi comportamiento con esta extraña—. ¿Sabes lo que hizo?
—Me dijo todo —dijo Karin.
—¿Cómo puedo amar todavía a una persona que hizo eso? ¿Qué dice eso acerca de mí? —Sentí las lágrimas frescas juntarse rápido dentro de mis ojos.
—No es lo que hizo, Sakura. Es lo que no hizo. Y era joven y estaba asustado. Cometió un terrible error. Y pagó por ello. Te perdió.
Me limpié con torpeza la cara.
—Sakura, ¿por qué viniste aquí? —preguntó Karin.
Me encogí de hombros.
—No lo sé.
—Inténtalo de nuevo —dijo Karin.
—Lo echo de menos. Quiero verlo, pero me da miedo —le contesté.
—¿Por qué?
—¡Por amar a alguien que guardó un secreto tan horrible!
—¿Sakura? Supéralo. Todo el mundo comete errores. Y sí, algunos son peores que otros, pero si estás esperando que todo el mundo esté de acuerdo con que ames a Sasuke, entonces tendrás que esperar el resto de tu vida. Que todo el mundo se vaya al demonio. Haz lo que creas que es correcto, y tienes todo el derecho de amar a quien quieras.
Sentí el viento golpearme.
—¿Estás segura de que siquiera quieres estar aquí? —preguntó Karin.
—¡Sí! —dije antes de que incluso registrara pronunciar la palabra.
Karin sonrió amablemente.
—¿Mejor? ¿Crees que estás lista?
Di un último y largo aliento por si acaso, sequé las lágrimas restantes, y asentí.
—Está bien, entonces —contestó ella—. Hagamos esto. —Me agarró la mano y fue conmigo del banco al apartamento de Sasuke.
—Espera —dije, hundiendo mis talones—. ¿Te quedarás alrededor para ver esto?
Su boca se curvó en una sonrisa.
—¿Quieres que lo haga?
Negué.
—No lo creo. Voy a nadar. Quizá te vea por ahí más tarde —dijo, y regresó a la playa, arrancándose la camisa y los pantalones para revelar un pequeño bikini rosa. La vi serpentear en el oleaje antes de caminar hacia las Karin. Me volví hacia la puerta de Sasuke y llamé de nuevo.
Esta vez, él respondió.
Nos miramos el uno al otro por lo que pareció una eternidad. Finalmente, se hizo a un lado para permitirme entrar. Entré tímidamente, mirando alrededor de su apartamento para ver si había algo familiar, como su vieja habitación, de vuelta en su casa.
No era así. Él era un hombre nuevo, al parecer. Sus muebles reflejaban a un hombre en el limbo: no un adulto, pero mayor que un adolescente. Tenía mesa en el comedor. No estaba segura de que algún chico de su edad tuviera mesa en el comedor.
El apartamento rezumaba un estilo surfista relajado: sillas de mimbre y pinturas con temas de playa. No eran horribles o cursis, sin embargo. Eran piezas de arte abstracto, pero que evocaban el mar.
Finalmente reuní el coraje de mirar la cara de Sasuke. Él me había estado observando todo el tiempo. Me puse nerviosa. Él había cambiado. Aun así, tenía el cabello oscuro y desordenado. Aun así, estaban sus fascinantes ojos azules. Pero algo había cambiado. Se veía cansado. No viejo ni demacrado. Sólo cansado, como si necesitara tomar una siesta y no hubiera encontrado tiempo para eso en los últimos tres años.
—Hola —me las arreglé para decir.
—Hola.
Arrastré mis pies.
—Probablemente te estés preguntando qué estoy haciendo aquí —le dije.
—Un poco.
Tragué. No sabía lo que tenía que decir. Nada se me ocurría, así que le pregunté acerca de Karin.
—Mi mejor amiga —respondió—. La conocí en una clase de filosofía en la escuela.
—Es realmente… perceptiva —le dije. Iba a decir "amable", pero "perceptiva" era mucho más exacto.
—Sí, lo es —respondió Sasuke.
—Entonces, ¿estás en la universidad? —le pregunté.
Sasuke asintió.
—Tomé un año sabático antes de aplicar a la UNCW. Trabajo a tiempo completo y voy a la escuela a tiempo completo.
Asentí. Sasuke no dio más detalles. Me miró, y yo estaba cada vez más incómoda tratando de pensar en otro tema general de conversación.
—Cometí un gran error —espeté en su lugar. Salió de la nada, y en realidad puse mi mano por encima de mi boca una vez que lo dije.
—¿Venir aquí? —preguntó.
Negué, mi mano aún cubría mi boca.
—¿Puedes explicarte? —dijo.
Dejé caer mi mano.
—Lo siento, Sasuke. Fui injusta contigo.
Sasuke apartó la vista.
—No, no lo fuiste.
—Sí, ¡lo fui! Jesucristo, ¡Hinata te perdonó! ¡Hinata! Yo debía poder hacerlo también.
—Hice una cosa terrible, Sakura. No te lo dije porque sabía que me odiarías por ello. Te mentí. No es fácil perdonar. El perdón de Hinata es algo completamente distinto. Ella me perdonó por ser un cobarde. No es lo mismo que ser un mentiroso. Entiendo por qué no podías dejarlo pasar. Lo entiendo.
No sabía qué decir. Me puse de pie, boquiabierta, estupefacta.
—Pero estás aquí ahora —continuó Sasuke—. ¿Quieres decirme por qué?
—Te lo dije —le dije—. Cometí un error. Cometí un error al no perdonarte. Hinata me dijo que estaba cometiendo un gran error. Lo supe desde el principio. Lo supe todos estos años, pero dejé que mi corazón se endureciera porque tenía miedo de que si tomaba el teléfono para hablar contigo, no querrías que lo hubiera hecho. O tal vez sabría que estabas con alguien más y no podía soportar la idea. O tal vez…
Sasuke caminó hacia mí, deteniéndose a centímetros de mi cara. Cerré la boca.
—Quiero besarte, pero sólo lo haré si tú me lo permites.
No lo pensé dos veces. Tiré mis brazos alrededor de su cuello y apreté mis labios en los suyos. Todo fue familiar, y ya no tuve miedo. Nunca dije las palabras para él en el pasado porque tenía miedo de Karin. Pero ya no más. Las murmuré contra sus labios una y otra vez.
—Te amo. Te amo —le dije, hasta que su lengua invadió mi boca, mutilando mi declaración.
Me aferré a él con un ardor extraño para mí. Sentí que estaba recuperando el tiempo perdido. Tres años de estar sin él, y mucho que aprender. Me aparté y sostuve su cara entre mis manos.
—Necesito que me digas todo —le dije—. ¿Lo harás? Quiero saber todo acerca de tu vida. Te he extrañado mucho, Sasuke, y no quiero perder la oportunidad de nada.
—Te lo diré —dijo—. Pero primero, permíteme decirte cuánto te amo, Sakura. Te lo dije hace mucho tiempo en un mal lugar cuando era una mala persona. No estoy allí más, y no soy ese chico, pero mi amor por ti nunca ha cambiado. Te amo. Siempre te amaré. Simplemente no hay nadie más.
