Hola. Un saludo enorme :D
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Más viajeros.
-No, no quiero- decía Maka.
Soul llevaba media hora tratando de convencerla para que se quedara en casa y no fuera a Shibusen.
-¿Por qué tienes que ser tan terca, Maka? No puedes andar de un lado a otro. Dentro de tres semanas vas a tener un bebé-argumentaba el de los ojos rubí, atrayéndola hacia él para calmarla y la abrazo.
Se encontraban discutiendo en la sala. La rubia se levantó del sofá y firme dijo:
-Y mi otra hija ¿qué? ¿Cómo es posible que tú y Kid no sepan en dónde se encuentran? ¡Y lo que es peor, me lo ocultaste durante una semana! ...¡Podría haber ayudado!-las palabras de Maka ya iban acompañadas de sollozos.
Algo que no sabía el padre de Sue es que su esposa mentía. Desde un semana atrás, Maka se dio cuenta que no podía emplear su percepción de almas y no sabía la razón.
-No, no puedes-dijo el albino moviendo la cabeza en negación y sentándola en el sofá-Sue la pasaría mal si algo les pasara-y señalo a Maka, totalmente llorosa, refiriéndose a ella y al bebé-además ella ya no es una bebé.
-Eso no lo pensabas cuando comenzó a salir con Yuki-interrumpió la embarazada. Sofocando sus hipos y gimoteos.
-Eso y esto son da cosas por completo diferentes-insistió Soul.
No era fácil convencer a su esposa. Pero, ¿cuándo lo había sido? ¿Desde cuándo Maka Albarn se detenía sólo porque su esposo se lo pidiera? Pues nunca.
-Tengamos confianza en ella. Así como tu madre te tuvo y te tiene confianza a ti.-argumento el albino.
Y con eso desarmo a la rubia. Soul tenía razón, pensó Maka con bastante mal humor, ya no tenía con que reclamarle a su marido, pero eso no significaba que se encontrara menos preocupada. Y de todos modos no pudo, en ese momento las náuseas repentinas le acarrearon la necesidad de salir, cual conejo blanco con reloj, en dirección al sanitario.
Soul, suspiro y fue con Maka. Cuando la embarazada no pudo devolver más, él la ayudo a limpiarse y cambiarse. Los dos se fueron a su cuarto. Maka no tenía fuerzas para seguir discutiendo con Soul, y él la recostó en la cama para que descansara. Sentándose a un lado de ella la tomo de la mano. A los pocos minutos, Soul, hizo ademán de levantarse, tenía que ir a Shibusen, pero la mano de Maka no lo soltó.
-No te vayas-el albino noto que la mujer, la razón de su vida, hablaba dormida.-no me vuelvas a dejar.
Soul, se sintió mal al ver la mano que apretaba la suya. Era verdad que se fue en el pasado, poco después de la batalla de la Luna, que había dejado a Maka con apenas una cuartilla de carta a modo de explicación que, en realidad, no explicaba mucho.
Cuando regreso, obviamente, Maka no le hablo en semanas. No la culpaba. Se había largado poco más de un año, pero el se insistía que fue necesario. Miro el semblante de la mujer y forzó una sonrisa. Él no quiso causarle ningún sufrimiento. Wes fue quien le pidió volver en esa época
-Y por cierto que piensas hacer con tu mocosa hija- pregunto el diablillo en su mente.
El hombre puso mala cara, pero con cuidado se soltó de la mano de Maka que ya dormía más profundamente.
-A ver, no conté con la oportunidad, pero ahora te pregunto, ¿qué mierda haces? ¿Por qué estás aquí?-gesticulaba Soul irritado.
-¿No lo recuerdas? Tú eres yo.-respondía el diablillo burlón
-Para nada. Tú únicamente eres una parte de mí y te controlo como me dé la gana
-Has tomado valor, Evans, pero sigues siendo un imbécil. Lástima por ti.
-Deja de joderme y quédate callado.
Y fue lo que el mini-demonio hizo. Soul no sabía que ese silencio le costaría caro. Lo que pensaba en esos momentos, es ¿en dónde encontraría a su hija? Y a los compañeros de ella. Él no podía salir a buscarlos, no dejando a Maka. Su única esperanza era Alethea y ya eran cuatro días desde que se marchó para dar con los estudiantes perdidos.
Tocaron la puerta. Eran Black Star y Tsubaki. Saludaron y entraron para tomar asiento.
-¿Y Maka-chan?-pregunto Tsubaki algo nerviosa.
-Se acaba de ir a dormir. Imaginen, quiere ir a buscar a los críos. Aún a sabiendas de que apenas si camina-contesto Soul, dejándose caer en el sillón individual-¿Y ustedes qué? Pensé que alcanzarían a Alethea.
-Kid-kun, nos dijo que no. Que debíamos quedarnos al margen hasta que Alethea-chan se comunicara y pudiéramos intervenir-respondió, con las manos sobre las piernas, Tsubaki mirando a Black Star.
-¡Kid, se ha vuelto un desquiciante de lo peor!-grito el hombre estrella casi dios. Lo que provoco que Maka despertara.
-Soul ¿Dónde estás?- se escuchó la voz salir desde el cuarto de la pareja.
-Gracias, Black Star- fue la contestación del albino que miraba a su amigo hurañamente.
-Es que es la verdad. Nos prohíbe ir a buscar a esos niños.
-Sabes que Kid-kun tuvo sus razones, Black Star.
El Star bufo por lo bajo para demostrar su inconformidad.
-¿Qué pasa, Tsubaki?- pregunto Soul, deteniéndose en el pequeño camino que separaba la sala de su cuarto para ir con Maka.
-Por eso vinimos, Soul. Si quieres trae a Maka-chan. Kid-kun no tarda en llegar.
-No puedo creer que aún no encontremos a Yuta y Katie. Ya pasaron tres días y nada-exclamaba la joven Evans.
Yuki y ella estaban comiendo su almuerzo en el patio de Shibusen, en poco tendrían una reunión con los demás debían seguir buscando a sus compañeros. Lamentablemente ignoraban que sus camaradas fueron enviados aún más atrás en el pasado.
-Además el doctor Einstein esta algo pirado ¿sabes de donde lo conoce Alec?
-Nunca lo menciono. Seguramente fue de cuando estuvo un tiempo en Oceanía. Yo sabía que su padre lo mando a estudiar ahí.
No hablaron más sobre el asunto y terminaron el almuerzo. Después se dirigieron a la Death Room.
Apenas unos días atrás el antiguó profesor de Spartoit decidió dar clase en la sección EAT. Pero un día antes de que sucedieran estos eventos los jóvenes vieron como Einstein le daba una clase de repaso a los padres de Sue y Yuki. Si bien les pareció algo loca esa clase y demostraba lo sádico y demente del profesor, también probaba lo buen técnico que era.
-Lo que si pienso es que nuestros padres eran muy hábiles para su edad-dijo Yuki mientras caminaban a la Death Room.
-Mamá y papá peleaban mucho. No lo hubiera imaginado nunca. Y tu padre no ha cambiado casi nada-sonrió la jovencita
-Me pregunto si...
-No me término de convencer de las razones para tenerte con vida, Aime- decía una pequeña bruja, Kit, manteniendo a su compañera colgada mediante magia, por un solo tobillo. Se encontraban en su escondite, en la montaña
-¡Yo únicamente te obedecí!-contesto Aime ya mareada y con el cabello ondeando en el aire.
-Cuando te dije: "Mándalos lejos" no quería decir que los mandaras juntos-reprocho la mini bruja Kit
-Eso puede entenderse como muchas cosas-se quejó la bruja arremetiendo con los brazos, quería ser bajada de esa posición inmediatamente.
-Oh claro, pudo entenderse, según tú, como: mándalos al pasado a todos, exactamente a la época a la cual Yumi ¡también va! ¡Lo hiciste todo al revés! A esa tal Smith la mandaste a otro lado. ¿Quieres qué te repita a QUIEN necesito?-contó con los dedos-al bebé de los Evans por su alma inocente, Sue Evans, estoy segura que tiene una onda antidemonio, Katie Smith por su alma Gregory, Daniel Willer por su valentía y en cuanto a las armas me lo he estado pensando. Me encantaría usar el alma de Soul Eater, pero si vamos por él no creo que podamos tener a los dos o tenemos al pequeño o a The Last Death Scythe. Así que mí segunda opción es Yuta Nakatsukasa, que mejor que él, que viene de esa gran familia de armas. ¿No te parece?-término emocionada, como una coleccionista sus ojos brillaban emocionada cual niña pequeña.
Su compañera se estrépito en el piso, soltando un gruñido de dolor por el golpe en la cara.
-¿No sería más sencillo ir al tiempo que quieres?-propuso la bruja, limpiándose el polvo.
-Eso vamos hacer, pero sin los ingredientes no podríamos sustentar el alma que pensamos regresar a la vida y en este tiempo.
-¡Pero si tan sólo es un alma humana!
-Por eso. Todas esas almas mantendrán estable a la primera, y tú lo que tenías que hacer era dejar a Evans, Smith, Willer y Nakatsukasa, pero no. Mandaste a tres humanos a un viaje en el tiempo. ¡No tienen magia! ¡Si perdemos esas almas será tu culpa!
La primera bruja bufo y su flequillo se alzó un poco.
-Ok, yo voy por ellas, prevengo a Yumi y ya se arregla ¿no?
La pequeña bruja torció la boca, de mala gana, pero asintió.
-Entonces me voy- dijo la hechicera y saliendo del cuarto murmuro-cualquier cosa a seguir aquí contigo.
-¿A dónde vas?-pregunto una muchacha joven, como de unos 25 años, cabello lila largo a la cintura y ojos verdes. muy guapa.
-No te importa-contesto la bruja deteniéndose en el oscuro pasillo, alumbrado por unas cuantas luces mágicas en el aire. El ambiente era lúgubre.
-Yo voy-pidió la chica repentinamente.
-Para nada. ¿Cómo es que andas por aquí como si nada?
-Pronto me liberaran-fue la contestación de la chica cruzando los brazos satisfecha y sonriendo-ya hice lo que me pidieron.
-Si claro, pero vete y déjame en paz
-Pero... voy contigo-contesto decidida la peli-lila
-Dije no. ¿Y para qué?-pregunto para tantearla-si pronto nos dejaras.
-Nunca he viajado en el tiempo- fue la sencilla contestación.
-Estás loca-dijo Aime con un gesto de la mano y alzando el rostro de forma altiva.
-Podría ayudarte-propuso la joven.
La bruja lo pensó.
-Si te escapas ella no lo dejaría pasar-y señalo la puerta por donde había salido.
-Convéncela-insistió la joven.
La bruja no parecía dispuesta, pero se lo pensó mejor y fue hablar con su superior para que le permitiera llevar a la joven. La respuesta de Kit fue afirmativa.
-Y en cuanto tengas la menor oportunidad la matas. Hazlo antes de que regreses. Ah, y otra cosa, al parecer Yumi se encuentra, gracias a ti otra vez, en la época donde están Smith y Nakatsukasa. Tú ve por Evans y Willer
-Está bien-respondió Aime y ya afuera de la cueva llamo a la chica de pelo lila.
-Bien, necesito de tu magia, sólo por eso te llevo.
-Como no hay más remedio-dijo la muchacha resignada.
La bruja la tomo de la mano e hizo el cálculo mágico para poder viajar. Decidiendo ir primero por Daniel y Sue. Llegaron pronto al pasado. El problema era entrar a Death City, pues, una de ellas debía utilizar el Soul-Protec.
-¿Sólo debemos entrar y ya?-pregunto la peli lila
-Si. Como si estuviéramos de vacaciones. ¿Por qué?
No recibió respuesta, al contrario. Lo que sintió fue un choque mágico.
-Jamás te haría caso a ti, bruja loca-se quejó la joven ante la bruja desmayada-menos mal que eres lenta. Ahora, ahora debo encontrar a Evans.
-Nada de eso, Alec hago lo que quiero tonto idiota Shinigami-Ángela se quedó sin aire al decir toda esa frase.
-Entiendo que no tenemos tiempo, pero explícame el porqué de tu locura.-dijo el Shinigami Alec, conservando la calma
-Te diré el porqué: no sabemos cuánto hemos cambiado de este pasado y por tanto de nuestro futuro y te recuerdo que debemos irnos por el bien de ellos-señalo a los dos técnicos
Era cierto los dos se veían aún pálidos y bastante cansados. Ángela se preocupaba porque en esos tres días ambos técnicos ya no pudieron entrar en fase con sus armas. Tal vez esto se debía al esfuerzo que hacían sus almas por mantenerse. Sue y Daniel insistían en no sentirse muy mal, pero sus mareos eran constantes. Shinigami-sama interrumpió para decir:
-Ellos dos se queda hoy para descansar.
-No quiero descansar-contestaron los dos al unísono para después mirarse mal uno al otro.
-Hay que encontrar a Katie-insistió Sue.
-Pero no pueden hacer sincronía con ningún arma-sentenció Einstein.
Era cierto. Ninguno de los dos podía entrar en fase y lo intentaron de igual manera con Liz y James. Hasta convencieron a Daniel a intentarlo con Yuki y viceversa, pero no resultaba. Todo lo contrario lo que consiguió Daniel fue quemarse las manos.
-Yo saldré con Alec, Liz, James y Yuki para buscar a sus compañeros.-ordeno Ángela
Los demás se despidieron de los técnicos, Einstein y de Shinigami. Y el Dios les dijo ya solos.
-Salgan a tomar algo de sol, jóvenes, se ven muy pálidos. Deben recostarse ambos en el pasto
Los técnicos se vieron de reojo. No les agradaba la idea, pero no tuvieron opción, ya que, Shinigami les insistía con señas a que salieran. Salieron al patio, se recostaron no muy juntos, cuidando de no tocarse y verse.
-Esto no me agrada más que a ti, Evans
-Cállate. No te pienso hablar
-Mocosa
Pero la ojiverde no contesto, sólo respiró hondo. A causa del cansancio se quedaron muy dormidos.
Sue pensó que eran los mareos lo que la despertaron, pero se dio cuenta que no era eso, los mareos no tienen manos para zarandearte, ni boca para maldecirte
-¡Mierda! Levántate ahora Evans. Eres un técnico, actúa como tal.
Sue apenas podía abrir los párpados, no reconocía la figura borrosa que tenía casi sobre ella. Y se puso de rodillas en el piso, frotándose los ojos.
-¡Con un demonio, Evans, espabila!-volvió a decir la voz. Sin que Sue pudiera hacer un reconocimiento apropiado de esa voz, pues aún no podía ver bien la silueta de quien le hablaba, opto por intentar abrir bien los ojos
Demasiado tarde, Sue, fue a dar al suelo, pero le sirvió para despertar. Ya no se encontraba en el patio de Shibusen.
-¿Pero qué...?
-Evans, no puedes dejar que la locura se apodere de las almas que están bajo el resguardo de Shinigami-sama
Sue por fin reacciono. A pesar de que no conocía a la chica, que le exigía que cumpliera con su deber de técnico, opto por aceptar su petición. La joven era castaña, cabello a los hombros y ondulado, ojos negros, nariz pequeña y labios carnosos, con una piel morena.
-Pero necesito de un arma- que importaba que se sintiera cansada por el viaje en el tiempo, lo importante era proteger al mundo de la locura.-tu voz...
-Yo soy un arma-interrumpió la joven castaña, a punto de perder la paciencia.
Se transformó rápidamente y cayó en las manos de Sue. Era una guadaña por completo blanca. La hija de Maka no lo podía creer ¿Por qué podía entrar en sin sincronía con una desconocida y no con su compañero? Con el arma en ristre volteo en búsqueda de Daniel, sin embargo no lo encontró. Ni siquiera se encontraba en el Shibusen ¿qué diantres sucedía?
-Explícame que pasa
Era verdad, Sue no sabía que pasaba. Pero podía sentir lo pesado del ambiente como si estuviera sumergida en ¿agua? No. Se trataba de algo más denso. La presión que comenzó a sentir en el pecho le impedía respirar bien. Nunca había experimentado algo parecido.
- Es locura-dijo la chica desconocida, ya en su forma de arma-pero no debes temer. Ten coraje. Superare a ti misma.
La jovencita asintió para demostrar que podía hacerlo, pero igual insistió:
-Explícame un poco la situación.
La otra iba a contestar, pero no contó con tiempo para hacerlo. De entré los árboles un látigo le dio de lleno en la cara a Sue que cayó de espaldas sin soltar el arma
-No hay tiempo. ¡Concéntrate en ese desquiciado! Es lo único que importa ahora.
La ahora pelinegra se limpió la sangre del corte, que iba de la mejilla al labio, con el dorso del brazo y se puso de pie.
-De acuerdo-fue la respuesta de Sue.
-Ni si quiera una molesta piltrafa con onda anti demonio te salvara-se escuchó una voz ronca y fría
-¿Qué sabes tú de salvar? lo único que haces es destruir. Es por tu estupidez y temor que ahora todo se está poniendo de cabeza-replicaba la chica-arma.
De entre los árboles la joven Evans pudo distinguir a una silueta que se acercaba. Y cuando por fin salió de la oscuridad vio a un hombre de piel aceitunada y ojos grises, la nariz era aguileña, los labios finos y parecía medir cerca del 1.90 cm. Aquel hombre no gusto a Sue para nada, emitía locura y en grandes cantidades. Además...
-Hay dos almas con él...
-Sí, lo sé-contesto la guadaña-son compañeros míos. Los capturo.
Sue pudo sentir la tristeza y coraje que emitía el alma de la joven al decir eso. Después de eso ya no pudieron seguir hablando. El hombre mostró una sonrisa que rayaba en lo maniático y salió disparado en la dirección donde arma y chica se encontraba. Con el hombro empujo a Sue y tirándola en el piso dio un nuevo latigazo. Esta vez la joven lo esquivo girando y una vez boca abajo se impulsó con ayuda de la guadaña para alzarse casi dos metros y cayendo de pie dejo una nueva distancia entre ambos de cinco metros. Sue opto por la ofensiva y dio un largo movimiento en vertical para cortar a su adversario. No funciono, pero siguió dando varios cortes en U logrando unos cuantos cortes en su adversario. El hombre se molestó a la tercera tajada que recibió.
-No pensé que una mocosa fuera tan molesta. Me irritas- el hombre saco otro látigo. Ambos los dirigió al pecho de la oji verde. Sue dio dos mortales atrás, apenas escapando del látigo. La respiración de la joven era agitada, prueba de ello era su pecho que ascendía y descendía de manera pausada en un intento de recuperar un ritmo cardíaco normal.
-¿Sabes emplear caza demonios?-pregunto el arma.
-Para fortuna de... él, no.-dijo entrecortadamente, Sue
-¿Entonces qué hay de tu onda?-fue la siguiente pregunta del arma
-No sé...de... qué me hablas.
-¿Qué me dices de un cazabrujas?
-Sí, eso sí, pero no sé si pueda tener una resonancia tan alta contigo.
-Confía
Sue se concentró, sintiendo el alma de la chica desconocida. Le sorprendió darse cuenta que podía sincronizar, no tan naturalmente como con su padre, pero si fácilmente con el arma. Giro la guadaña varias veces en torno a ella cambiándola de mano. Para al final sostenerla con ambas manos, separando las piernas para tener mejor apoyo y girando su torso, para tomar más impulsó.
Lanzo el ataque que tenía un color azul pálido en dirección de aquel hombre que le sonreía, esperando, como si la joven le lanzará, en lugar de un ataque, una pelota y él esperara recibirla.
-¡Maldición!-vocifero Sue, al ver que el hombre tomaba el cazabrujas con una mano. Sin embargo se le ocurrió algo al ver que no lograría atravesar al hombre.
Lanzo a la chica-arma hacia arriba, perdiendo la sincronía y el cazabrujas, la guadaña giro en el aire clavándose en la tierra mojada. Aprovechando su velocidad y la sorpresa del hombre, Sue corrió hacia él.
Pudo llegar hasta este, le tomo la muñeca y le logró quitar un látigo y arrojarlo, pero fue lo único que pudo hacer. Inmediatamente, recuperado de la sorpresa él se soltó y tomo a Sue por el cabello, sin alzarla del todo del piso.
-Mocosa, no debiste hacerlo- en ese momento le dio varios golpes en el estómago, a la hija mayor de los Evans, provocando que la chica escupiera saliva mezclada con sangre.
La joven sintió el suelo duro muy repentinamente. Alguien había empujado a quien la había golpeado. El dolor no la dejaba ver muy bien y no se había dado cuenta que en cuanto cayo, el látigo que le quitó al portador de locura se transformó en una persona; era un arma, una chica para ser exactos. La nueva mujer tenía un cabello negro, lacio y corto, ojos azul oscuro, profundos tal cual cielo estrellado. La castaña para ayudar a Sue había utilizado a la morena. Dio un latigazo en el pecho del malvado, provocando que soltara a Sue. En cuanto la soltó la castaña logro derribar al hombre, pero no fue empujándolo como pensó Evans. Lo que hizo la guadaña fue, con la ayuda del látigo, jalar el pie del hombre, desequilibrándolo para que cayera, además de una descarga, emitida por el látigo, de onda del alma que lo paralizo por un momento.
-Vámonos-dijo la castaña, ayudando a Sue a levantarse-¡Julieta! Vámonos
-Pero... Falta Michael- trataba de quitar el segundo látigo al hombre, que no tardaría en moverse.
-No podemos hacer nada, y mírala-refiriéndose a Sue- ya la entrometimos demasiado en nuestros asuntos.
Julieta hizo un último intento, pero nada.
-Mierda-desistió y siguió a las dos jóvenes y sin voltear dijo-Michael, aguanta. Volveremos por ti.
Las tres chicas corrían todo lo que podían. Sue se rezago, pero Julieta la tomo de la mano para instarla a seguir.
-Tenemos que llegar a Shibusen-dijo Julieta-Magcori, ¿falta mucho?
La castaña se detuvo.
-Menos de un kilómetro, pero ya no hay que correr. Zebu se fue. -y las tres se detuvieron.
Era cierto, Sue, ya no sentía locura en el lugar, pero en cambio un fuerte dolor punzaba en la boca del estómago y las costillas del lado izquierdo
Oyeron ruidos de la maleza y voltearon. Eran Einstein y Daniel que corrían hacia ellas.
-Daniel...-alcanzo a articular Sue y cayó al piso sobre sus rodillas.
-¡¿Dónde estabas?¡ ¿Qué paso?-pregunto el chico, intentando aparentar calma.
Daniel la cargo en su espalda, la joven gruño levemente y le dijo "cállate" no pudo decir más. El cuerpo apenas le respondía, pero pudo mantenerse consciente.
-Ustedes ¿quiénes son?- pregunto el Doctor Einstein.
-Profesor...-Julieta se calló al instante.
-Somos alumnas de Shibusen-contesto Magcori.
Einstein se colocó una mano en las sienes, con el dedo pulgar en una y el anular en la otra
-Vamos a hacerlo más sencillo para ustedes o me dicen la verdad o las disecciono aquí mismo- quitándose la mano y mostrando una mirada por completo penetrante y medio demente.
Las chicas no tuvieron más opción que contestar, pues brincaron del susto y muy tiesas, casi gritando dijeron:
-¡Bien, si somos alumnas del Shibusen, pero lo vemos mucho más joven Doctor!
-¿Cómo saben que soy Doctor?-pregunto el hombre con la mirada de amenaza.
-¡No hemos visto a nadie más con un tornillo en la cabeza!-gritaron las chicas.
-Pero usted se ve demasiado joven-gesticulo Julieta.
-Esto sí que es querer joderme-fue la contestación del Doctor con una sonrisa torcida.
Caminado unos diez minutos para llegar a los jardines traseros de Shibusen. Daniel cargaba a Sue, ella no podía quejarse por el cansancio.
-A la enfermería-ordeno Einstein.
Llegaron los dos con la enfermera Medusa.
-¿Pero que le paso?-exclamo Medusa cuando los dos entraron en la enfermería.
-Una misión algo fallida, doctora-contesto el rubio, dejando a la chica en una cama-que cansancio.
Sue, aún sentada, permanecía callada. Pensaba en el otro látigo al que Julieta había llamado Michael. Y sin saber porque derramo gruesas lágrimas que nada tenían que ver con el dolor punzante y la falta de aire en su vientre. Ni siquiera noto las preguntas de la doctora Medusa, hasta que ella le toco la frente y en un arrebato, Sue la aparto de un manotazo. Alzo la mirada para ver quien la tocaba. Fue instantáneo, no la conocía, pero desconfió de esa doctora desde el principio.
-No es necesario que me toque.
-Claro que lo es, si no ¿cómo va curarte?-reclamó Daniel.
-Es cierto, pequeña-dijo Medusa con su falsa sonrisa de doctora.
No dijo nada, sólo asintió y se dejó revisar. Sue no sabía que aquel sentimiento de desagrado al estar frente a Medusa era mitad instintivo mitad heredado. Sus padres nunca le habían hablado sobre la temible bruja Medusa, sus padres casi nunca contaban cosas de su pasado y eso causaría algunos inconvenientes para los jóvenes que estaban en el pasado.
-Tiene las manos frías-fue la última queja de la muchacha al contacto de las manos de la doctora con su piel. Lagrimas aun le recorrían el rostro.
Daniel pensó que eran a causa de las heridas que llevaba. La chica, claro, no pudo ver su aspecto pero tenia la boca llena de sangre, una marca en la mejilla y brazo izquierdo y la piernas muy raspadas.
Después de que la hubieran revisado, dado medicina y limpiado, Sue, se puso un pijama nueva. El uniforme con el que peleo tenía restos de sangre. Cuando por fin se cambió entraron en la enfermería Shinigami-sama, Einstein, Daniel y las dos extrañas chicas.
-Al parecer estas muchachitas están en una situación similar a la de ustedes.-dijo sin rodeos el Dios de la muerte.
Ambas veían a Sue, que se encontraba recostada en la cama de la enfermería, con aire de desconcierto, y la primera en hablar fue la castaña
-En verdad lamentó que tuvieras que pelear por nosotras-acercándose a la albina y tomando su mano, pero Sue la retiro de inmediato
-¿porqué?
-¿qué cosa?
-¿Por qué sabes mi nombre? Lo pronunciaste en aquel claro.
Einstein inmediatamente tomo a Julieta por los hombros, en forma de precaución por si intentaban algo, pero Julieta no dijo nada. Por otra parte la castaña suspiro y respondió
-No le hemos contado todo Shinigami-sama, pero si me permite le juro que responderemos todas sus dudas, al menos hasta donde podamos-respondió la chica resignada
-Bueno, bueno entonces empieza ¿quiénes son ustedes?-preguntó Shinigami-sama.
-Yo me llamo Ceres Magcori y ella es... pues ella es Julieta-Señaló a la muchacha de ojos azules que Einstein había soltado- y no sé cómo continuar...
-Entonces nosotros haremos las preguntas-dijo Einstein.
-¿De dónde vienen? Y ¿qué hacen aquí?.
- Por lo que yo misma entiendo, de un Shibusen en el futuro y nosotros veníamos huyendo de ese hombre al que te enfrentaste, Evans.
-Y por qué sabes mi nombre-insistió Sue.
-Yo únicamente te llame como lo hizo esa otra muchacha en el claro-explicó suspirando Ceres-me pareció lo más educado.
-¿Otra chica?-de repente Sue se dio cuenta-No es posible, en primer lugar yo me encontraba con Daniel durmiendo sobre el pasto y cuando desperté tú me llamabas.
-Yo venía huyendo, corrí bastante por el desierto antes de llegar a ese pequeño claro y cuando te vi una chica de cabello lila te llamaba y movía. Me acerque y al verme salió corriendo a las afueras de Death city.
Julieta miraba fijamente a Sue parecía sondearla.
-Magcori hay que contarles desde el principio, deja, yo me encargo.- y Ceres le agradeció en silencio.
-No les diremos exactamente de que año venimos, pero si somos de Shibusen. Teníamos una misión, Magcori es nuestra meister, aunque tiene sangre de arma. La razón de esto es que además de nuestros padres ella es la única que puede sincronizar con... Mi... Michael y conmigo, los látigos gemelos. Terminamos bien nuestra misión; pero Zebu nos intercepto.
-¿Quién es Zebu?-pregunto Einstein
-Es un casi Kishin en nuestra época. Pero lo único que sabemos de él es que tiene por objetivo a Michael y a mí. Y pues hoy se pudo hacer con nosotros.
-Yo intentaba llegar a Shibusen para pedir ayuda, pero de repente me di cuenta que algo no iba bien. Y en ese momento me desmaye. Cuando desperté me encontraba en el desierto a las afueras de Death City, algo raro, ya que nosotros estábamos en Suiza.
Ceres término su relato y vio a Shinigami-sama de un modo que suplicaba que les creyera. Julieta no apartaba la vista de Sue.
-Parece que tienes alumnos nuevos Einstein-kun-dijo Shinigami sonriente.
-Debe ser un tipo de maldición. Primero curar a esa niña de la NOT, luego cuidar de ellos,-señalo a Daniel y a Sue-volver como profesor de la EAT y finalmente llegan más niños del futuro. Espero al menos tener una muestra de cada uno para probar mis experimentos.
-Que gracioso eres Einstein-kun-rió Shinigami-sama
-No le basto con intentar desvestir a mamá esa noche-se quejó la primogénita de Maka, aún recostada en la cama
-Ni siquiera corte un centímetro de piel, mala suerte para la ciencia-se lamentó el doctor.
Daniel y Sue lo vieron mal. Por otro lado las chicas y el primer Shinigami hablaban.
-¿Death the Kid? Si se refiere al Shinigami de nuestra época es Death-sama-contesto Ceres-
-Eso no me dice mucho niñas-dijo el primer dios de la muerte.
-¡Shinigami-sama! No es conveniente que sepamos mucho sobre el futuro-lo regañó Sue.
-¿He? Pero yo quiero saber Sue-chan-dijo el Dios juntando ambos dedos índices, fingiendo tristeza.
-¡Sue! ¿Sue Evans?-exclamo Julieta, que queriendo corregir su error se calló al instante y miro al piso para ocultar un sonrojo.
-Moooo ¿cuándo aprenderás a ser discreta?-se quejó Ceres, echándole un vistazo a Sue, algo escéptica-Lo siento. La verdad es que no sabemos hasta donde debemos contarles. Pero qué tal si por el momento nadie hace preguntas referentes a nuestros tiempos. No queremos que vaya a suceder una tragedia.-y guiño un ojo.
-Sí, es lo mejor-respondió Einstein, no muy convencido.
Cuando los demás regresaron, fueron sorprendidos con la noticia de la pelea de su compañera y la llegada de otras chicas. El novio de la albina salió disparado a la enfermería, donde aún descansaba ella. Mientras que a los demás los ponían al tanto de la nueva situación.
-Esto se está complicando mucho-dijo Ángela cansada-¿Dónde están esas chicas ahora?
-Descansando en una de las habitaciones. Una como las de ustedes.-contesto Shinigami, muy tranquilo.
-¿Qué podemos hacer? -pregunto Alec.
Todos estaba preocupados no sabían que hacer.
-Einstein-kun-pronuncio el Dios de manera enigmática y repentina.
-Sí, Shinigami-sama, parece que tenemos visitas. Vamos jóvenes.
Y todos salieron. Shinigami-sama se les separó en uno de los pasillos, pero no se dieron cuenta, iba en dirección de la enfermería.
-Ni se te ocurra abrazarme, no es nada personal, pero estoy hecha polvo-le había dicho Sue a su novio cuando llego a la enfermería.
-¿Nunca te puedes estar quieta?-dijo él, entré enojado y preocupado, sentándose en la orilla de la cama.
-No-contesto inflando las mejillas, Sue.
-Si ya veo. Sigues siendo la misma chiquilla testaruda de siempre-él decía eso, pero por otra parte se reprochaba a sí mismo.
-No pienso aceptar reproches por hacer lo correcto-la chica volteo a un lado para no ver a su novio, torció la boca y apretó la sábanas con los puños.
-Se supone que mi deber es cuidar de ti-dijo Yuki agachando un poco la cabeza.
-Soy capaz de cuidarme sola-recalcó Sue en un arrebato de inferioridad.
-Entonces el incompetente soy yo-terció él.
La plática tomo un giro bastante inesperado.
-Yo no dije eso-en un intento por arreglar las cosas, Sue prosiguió-es sólo... Que por el momento no podemos sincronizar.
-Lo que me vuelve un arma inútil. Reemplazable-sentenció Yuki. Recordaba las palabras de Daniel.
-¡Ya te dije que no es eso!-Sue alzo un poco la voz. "La incompetente soy yo" pensó la joven sintiéndose cada vez más enojada y comenzando a gritar-¡Siempre eres tan obstinado y sobre-protector, no necesito eso, no tienes que estar siempre al pendiente de mí, concéntrate en comportarte como lo que eres! ¡Mi arma!
-¡Eso hago y para tu información yo no estaría detrás de ti todo el tiempo si cuidaras más de ti! ¡Así que ni siquiera me recrimines, Sue Evans!
Los dos se veían a la cara con el ceño fruncido. La mirada del joven era penetrante y la de la chica obstinada. Hasta ese momento jamás se habían gritado así.
-Entonces, ¡al infierno con todo esto…!- la joven no termino de hablar porque alguien la interrumpió.
-Bueno es normal que ambos no sincronicen en estos momentos. No se puede sincronizar con algo que no existe o con algo que pronto no existirá.-sentenció una voz tranquila.
Einstein, Ángela, Alec, Liz, Daniel y James llegaron a la entrada de Shibusen y vieron a alguien que terminaba de subir las inmensas escaleras de la escuela. Ángela, grito:
-¡Por Shinigami! ¿¡Eres tú Alethea!?
La bruja corrió hacia la chica que vestía un pantalón negro de una sola pierna, botas cafés y con agujetas hasta las rodillas por lo que dejaba ver su pierna izquierda que iba descubierta, y un poncho del mismo tono café que sus botas. Su cabello gris y lacio le llegaba hasta los hombros dándole volumen gracias a que estaba degrafilado, su piel era blanca, su nariz respingona y pequeña y sus ojos castaño claros denotaban seriedad absoluta. Paso de largo a la bruja y fue directo a donde estaba Alec. Ya frente a él le dio una palmada en la mejilla y lo tomo del cuello de la ropa, no toscamente, pero si firme.
-Llevo cuatro días buscándolos ¿saben lo preocupados que están sus padres?-su voz era tranquila y arrastraba un poco las palabras, a pesar de eso, el tono, timbre y color de su voz era sumamente femenino.
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Bueno, aquí esta la que iba actualizar pronto, pero no había podido por falta de acomodo en esta historia D:
Aun así espero disfruten el capitulo. Prometo actualizar más seguido.
Espero sus review.
:D
