············································································································································································································································Hola :D
Alec tuvo que hacerse a un lado. Tenía un corte en el hombro izquierdo, una herida superficial, pero sangraba bastante.
-Alethea- decía Alec- ok, me convenciste eres tú. Ahora, por favor, cálmate.
La sonrisa en la cara de Alethea no era muy encantadora. Alec odiaba esa expresión vacía y carente de sentido común porque esa no era la mirada de Alethea
-Ja ja ja-río la hija de Einstein, tapándose la cara con una mano y con la otra tenía una onda de alma a punto de atacar.
Si, ella era Alethea Einstein. Hija de del profesor Einstein y Mary-sensei. Una de los más grandes técnicos de Shibusen a nivel mundial. Aunque padecía de un problema, la locura heredada de su padre corría en su sangre y muchas veces no la controlaba.
Flash back
-Alec-kun-llamaba, la pequeña Alethea de siete años de edad, al niño de ojos ambarinos de cuatro años
El niño volteaba con rostro taciturno a la pequeña peligris, peinada con dos coletas bajas y listones de estambre, notando su radiante sonrisa sin decir nada. El short blanco con mallas obscuras, tenis blanco y playera azul marino vestían a la tierna Alethea que se aproximaba al Shinigami
-¡Nuestros nombres se parecen, Alec!
El niño seguía sin decir nada. Sus ojos se centraban en los castaños claro de ella esperando a que continuara.
-Alec, Alethea. ¿No te suenan bien?-preguntaba la niña, tomando las manos de Alec con las suyas y moviéndolas de arriba abajo con alegría.
Alec sólo encogía los hombros y ladeaba la cabeza con una sonrisa sin entender el motivo de la emoción de Alethea. Era muy pequeño y el overol que traía puesto era perfectamente simétrico, negro y con una línea vertical en cada lado que combinaba con su playera blanca de manga larga y sus tenis del mismo color. De todos los hijos de nuestros personajes él único que conocía a Alethea era el pequeño Shinigami pues Einstein y Marie sensei se habían ido durante el embarazo de la profesora a Oceanía.
Alethea tenía nueve años y corría por el campo de calentamiento de Shibusen (en Oceanía) enfundada en su campera. Llevaba 2 kilómetros corriendo y para su corta edad le resultaba algo cansado, pero su padre le había impuesto el entrenamiento desde unos meses atrás. En las gradas la veía un niño pelinegro de seis años, también con campera gris que le quedaba un poquitín grande. No era como si el quisiera estar ahí, pero tampoco le desagradaba. Cada año su padre y el visitaban el Shibusen de Oceanía y el pasaba mucho tiempo con Alethea.
Cuando la niña, hija de Einstein, término dos kilómetros más se reunió con él.
-Alec, dame la mano, vámonos-lo invito Alethea que sonreía amable. Esperaba que Alec tomara su mano.
Sin embargo el niño no le dio la mano. Se puso en pie, sacudió el polvo de su pantalón y sus manos. Después de eso miro fijamente a la niña y, al ver que no hacía ni decía nada, espero. Alethea, casi por instinto se volteó y se puso en marcha a la salida con el pequeño Alec siguiéndola. Así era eso, Alec casi nunca respondía a nada que ella le dijera o pidiera, sin embargo la seguía de un lado a otro. En ocasiones la niña no sabía si se entendían muy bien o el tan sólo le seguía el juego.
Qué raro era ver a Alethea llorando. Después de todo ella es grande, tiene diez años y sus padres eran muy fuertes, pensaba Alec, que contaba con siete años, mirando a la niña que vestía un pescador morado pálido, una playera de manga tres cuartos gris y tenis blancos.
Se acercó a ella, las lágrimas resbalaban por sus mejillas y no paraba.
-¡Vete Alec!-le reclamo la niña al darse cuenta que Alec se acercaba.
Le daba vergüenza y se tapaba los llorosos ojos con el dorso del brazo para que, Alec, no descubriera lo rojos e hinchados que los tenía. Sentía vergüenza porque en ese momento tenía miedo, tenía terror, en esos momentos ella sufría, por así decirlo, un casi ataque de locura. Si, lamentablemente la niña heredo la locura de su padre y no las ondas sanadoras de su madre. En ese momento ella se sentía desesperada y sentía que podía perder el control en cualquier momento. Ya se encontraba tapándose los ojos con ambas manos y arrodillada gritaba cada vez más fuerte. Sus lágrimas brotaban y no la dejaban ver muy bien.
Alec no se fue, pero tampoco dijo nada. En un solo movimiento retiro una de las manos de Alethea de su cara y le dio de lleno en los ojos con la palma de su mano. No fue un golpe muy fuerte. Aun así provoco que la infante dejara de llorar por la sorpresa que le provoco su joven acompañante. Tal vez tuvo que ver también el hecho de que ese golpe iba cargado con una onda de alma curativa sin que el pequeño Alec lo supiera.
-Eres muy molesta-fue el reclamo del niño y se fue corriendo sin dar tiempo a la niñita de responder.
Desde entonces era él, Alec, quien podía mantener a límite la locura de Alethea.
Alec cumpliría ocho años pronto. Cada año su padre, no precisamente en su cumpleaños y a últimas fechas muy seguido, insistía en visitar al profesor Einstein. El niño no encontraba inconveniente, le agradaba ese profesor y Marie-sensei le daba galletas, además estaba Alethea.
Cuando llegaron quien abrió la puerta de la casa fue Alethea, en esa época tenía poco de cumplir once años. Su cabello era largo, por debajo de los hombros y del mismo color que el de su padre, sus ojos eran del mismo tono que los de Marie y era menuda. Tan frágil y débil pensaba Alec.
-¡Alec!-soltó la pequeña y lo abrazo-¡Cumpleaños feliz!
Así de grande y palpable era la emoción de Alethea, aunque el fuera tan huraño con ella, cada vez que veía al pequeño Shinigami, "un bebe Shinigami" lo nombro una vez Alethea lo que concluyo en los reclamos de Alec que insistía en que lo dejara de llamar de esa manera y que él en ocasiones la llamara llorona.
-Ya Alethea suéltame me asfixias-insistía el niño, que vestía, como siempre, con simetría total en su pantalón de mezclilla y su sudadera negra con logos de Shibusen en cada hombro, pero Alethea no le soltaba.
-Espera un poquito más-pedía la niña tomándolo entre sus brazos como cuando tenía cuatro años.
Kid veía todo esto con alegría hasta que por fin la niña los dejaba entrar para ver a los padres de ella.
"Había una razón para que Kid llevara cada dos por tres a su hijo a Oceanía. Era el único que calmaba los ataques de locura de Alethea. Cuando recién supieron de ellos era cuando la niña tenía diez años. La encontraron riendo como loca en un rincón de su habitación repitiendo palabras que no pudieron identificar. Sus murmullos eran para ella y se tomaba la cabeza con ambas manos, casi no se movía. Marie-sensei había intentado usar su onda curativa, pero por algún motivo no la curaba por completo. Maka también trató de ayudar en ocasiones con su onda anti-demonio ¿el resultado? El mismo que con Marie, no la calmaban del todo. Estaban tratando de llegar a una solución y concluyeron que al tener la locura heredada de Einstein lo mejor sería usarla en favor de sus propias capacidades como técnico. La cuestión era ¿cómo?
El día que por fin Kid llego a Oceanía para ayudar a Alethea llevaba consigo a su hijo. Alec con sus siete años le había prácticamente exigido a su padre que tenía que ver a Alethea, pues, le había oído decir que la niña estaba mal. Lo que el chico interpreto a que estaba enferma. Recién abierta la puerta de la casa del profesor Einstein y su familia Alec corrió a la habitación de Alethea aprovechando que su padre saludaba al de ella. Al abrir la puerta de la habitación noto el desorden, alguien de seguro aventó los libros en todas direcciones. Vio a la niña sentada en su cama, con la espalda recargada en la pared, las rodillas recogidas y las manos aun sosteniendo la cabeza. Traía puesta el pijama blanco. Frunció el ceño, él, en varias ocasiones ya la había visto así, pero no decía nada a los adultos porque ellos no entendían nada. Se acercó a la cama y se subió. Alethea dio un respingo cuando noto el movimiento oscilante del gateo de Alec hacia ella. Lo miro, como si no entendiera que se proponía el niño, se hizo un poco más atrás, aunque la verdad no tenía espacio para eso.
Alec también la miro. No le gustaba esa mirada medio perdida que en ocasiones tenía, ya que, reflejaban una pupila sin brillo, confusa y así no era ella. Al llegar a su altura se arrodilló y con la mano izquierda le acaricio, suavemente, la cabeza
-Cálmate Ali.- Sólo en esas ocasiones Alec la llamaba así, porque después ella no lo recordaba-¿Ves? No pasa nada y ya no llores.
Segundos después ella dejaba de temblar y se recostaba con Alec, aun acariciando su cabello.
-Eres muy molesta-rezongaba el niño ya más tranquilo
Todo esto lo observaron Kid, Einstein y Maka. Estaban sorprendidos, pero ya sabían que debían hacer."
Esa era la razón para que en ese momento Kid visitara a su antiguo profesor. Hablaban de asuntos de la escuela mientras el Shinigami más joven le hacía compañía a su amiga. Podían estar haciendo cualquier cosa desde jugar, hablar, o sólo hacerse compañía mientras ella estudiaba y el la miraba. Alec disfrutaba con eso. Verla y que ella fuera simplemente ella.
Ese año Alethea le regalo a Alec chocolates por su octavo cumpleaños. Gran error a él no le gustaban los chocolates. Igual se los comió.
Él nunca supo que lo que Alethea tenía era locura, al menos, hasta su viaje en el tiempo.
Con doce años Alethea entraría a Shibusen oficialmente ese año. Por otra parte Alec viviría en esa casa a partir de sus nueve años. ¿La razón? Sencilla. Ahí podría aprender más, le dijo su padre.
El niño veía a la jovencita preparar sus cosas
-Mira Alec, este es el uniforme que escogí-mostrando la falda negra entablillada y la sudadera blanca con emblemas de Shibusen.
Alec le miraba pretendiendo que no le importaba. Tenía un semblante de inocencia y taciturnidad que provoco que Alethea le abrazará
-Alethea, suéltame-se quejaba, pero la niña no le hizo caso. Siempre era muy efusiva con él-Me arrugas la ropa y papá se pone como loco. Debe estar simétrica, ¡Alethea!
-No te pongas así. Pronto iras conmigo y nos veremos todos los días aquí.-explico Alethea, inocentemente, mientras le seguía abrazando.
Alec se sonrojó tiernamente sin que Alethea le pudiera ver. Ambos se veían muy tiernos. Alethea sostenía al niño aunque él nunca le correspondió el abrazo.
Habían pasado tres meses desde que Alethea ingreso al Shibusen en Oceanía el cual estaba a cargo de su madre. Pero Alec no le dirigía la palabra y ella no sabía el porqué.
-Alec, no seas cabezota y contéstame-pedía la técnica
Él no contestaba
-Dime ¿por qué no me hablas?
-Cállate Alethea-pedía el niño tranquilo-deja de molestarme. No es nada.
La jovencita no le creyó y tomo una de sus manos con ambas suyas. Con eso le pedía desde lo más profundo que le diera la razón de su enojo. A ella le dolía que Alec la tratara así. El niño frunció el ceño y se soltó.
-Vete, vete con tu arma nueva a entrenar y déjame a mí.
Apenas unos días antes se enteró que Alethea escogió a un compañero y, que no fuera mujer, le causó una gran molestia al niño ¿por qué tenía que escoger a un chico? Recordando eso se jalo del agarre de Alethea y se fue corriendo. En ese entonces ambos eran aún pequeños y nadie le hubiera podido explicar a ella que lo que sentía por el pequeño Shinigami era más que simple cariño. Y nadie le había explicado a él que lo que sentía eran celos por el arma que tanto tiempo pasaba con Alethea.
Al niño pelinegro le molestaba el hecho de que Alethea fuera más alta. Le sacaba quince centímetros para los tres años de ventaja que le llevaba y él únicamente tenía diez años. Pronto crecería y la dejaría atrás
-No me importa-susurraba para si Alec sentado amarrando una de sus agujetas.
-¿Qué no te importa?-le pregunto una niña peligris con la cabeza casi en su hombro tras él.
Alec se asustó, como si Alethea pudiera leer sus pensamientos se alejó de ella un poco poniéndose en pie. La chica se enderezo, a su lado se encontraba Cork quien era su arma.
-Dime-pidió la joven acercando su cara a la de él
Cork parecía muy indiferente a esa rara charla entre Alec y su compañera.
-Eres tonta-le dijo Alec tranquilamente, queriendo dar entender que no diría una sola palabra frente a Cork
-¿he?-se sorprendió Alethea
-Y demasiado alta, enorme, diría yo-dijo, igual de tranquilo.
-Alec ¿Por qué...?
Alec se metió las manos en los bolsillos y se fue, pero alcanzo a escuchar.
-Es un mocoso insolente. No hagas caso Alethea.
Entrometido de Cork, pensó Alec recordándose que no debía desquitar su enojo con Alethea
Alethea mantenía la vista fija en el horizonte, recargada en el marco de su ventana abierta. Por el momento estaba sola en la casa. Sus padres salieron de Oceanía por tres días por asuntos internos de Shibusen, volverían mañana. Alec tampoco se encontraba, así que, no tenía con quien hablar. Aunque el niño no hablara mucho con ella su compañía no era mala, todo lo contrario. En ese momento lo extrañaba en demasía. Alec pasaría una semana de vacaciones en Death City con su padre.
Y por alguna razón en esos momentos le daban dolores de cabeza. "Podría no volver" Escucho una vocecita, casi un susurro, en su interior. Se presionó las sienes con ambas manos para reducir un poco el dolor y sin saber por qué se dijo: "Por supuesto que volverá, lo prometió. Dijo que llegaría el día de mi cumpleaños. Si el día de mi cumpleaños catorce"
Ya no le abrazaba tanto como antes. Los pensamientos de Alec se arremolinaban para recordar ¿Cuándo fue que Alethea dejo de perseguirlo siempre para abrazarlo? Si, tenía relativamente poco, apenas un mes atrás. Después del cumpleaños número quince de la chica. A pesar de que Alec siempre se quejara de los abrazos de la joven, no tardó en darse cuenta que la chica ya no lo hacía y menos tardo aún en extrañar lo cálidos que eran. "Total no importa, ya no soy un bebé y Alethea debe tratarme como alguien mayor. Así debe ser" pensó a sus doce años Alec y tomando de un trago el jugo que Marie-sensei le pasaba. Al otro lado de la mesa Alethea lo observaba con una sonrisa y tomaba lentamente el desayuno. Cuando el niño abandono el comedor ella siguió desayunando sin seguirlo. Eso molesto mucho al niño.
-"Es absurdo. Es un bebé todavía. Yo no debería pensar así de él"-pensaba Alethea tomando su desayuno
Alethea cocinaba la cena esa noche y esperaba a que su joven compañero llegara de la escuela. Sus padres fueron de investigación a Europa.
Alec llego bostezando. Se aburría mucho en la escuela, porque como Shinigami ya lo sabía todo sobre el estudio de las almas, así que únicamente paseaba por las instalaciones. No entendía por qué a sus trece años él debía ir a Shibusen. Dejo sus cosas en el sillón y saludo a la joven sacudiendo la mano
-Te saltaste otra vez las clases-sentenció la chica con cucharón en mano. Aún traía el uniforme de la escuela y un delantal morado sobre este.
-Para nada-mintió él, pero viendo el semblante de la joven dijo-no te preocupes, yo estudio mucho con mi padre.
Alethea le creyó
Terminaron de cenar y la chica se puso a estudiar. Sin embargo, Alec sólo le miraba
-Alethea, quita esa cara de concentración-le pidió el Shinigami
Ella quito la vista del libro que leía y lo miro
-¿Y qué quieres hacer?-pregunto. Nunca le negaba nada a Alec o casi nunca
-Podemos salir a caminar
-Está bien, pequeño Shinigami- dijo ella con una sonrisa
-¡Hey! Dijiste que ya no me llamarías de ese modo
-Supongo que si lo dije, pero yo digo muchas cosas. ¿Quieres salir o no?-evitando el tema
Si, el aún era pequeño, pero ella podía y quería esperar.
"Puede que él no quiera que lo esperes"
"Y puede que a mí no me importe eso. Así que cállate"
¿Qué más daba tres años? Ella podía esperar
Ambos salieron a caminar. Al final era Alethea la que pasaba todo el rato hablando y Alec escuchando.
-¿Qué te pasa? Deja de mirarme, Alethea- se quejaba Alec dejando su maleta de viaje sobre la cama. Siempre la llevaba cada vez que visitaba Death City.
Visitaba a sus amigos. Tomaba clase con su padre durante unas dos semanas y volvía a Oceanía. Algunos cumpleaños los pasaba en Death City y otros con la familia Einstein. Ese año, su cumpleaños catorce, lo pasó con su padre, en casa de las pistolas gemelas, Elizabeth y Patricia Thompson. Conoció a Liz Thompson, ella sería su arma cuando volviera permanentemente a Shibusen.
-Acabas de volver y me agredes-dijo la chica fingiendo tristeza, sentándose en la cama del joven.
-Claro que no-tratando de mantener la calma. Guardando su chaqueta en el closet, suspiro y se acercó a su cama.
A veces Alethea podía ser muy bipolar aunque al final siempre lo perdonara.
-¿Qué piensas?
-¿Hace cuánto llevas sola en el Shibusen? -pregunto Alec recostándose en su cama con los brazos detrás del cuello.
-Varios años. Bien, sólo dos años-admitió la joven
-¿Por qué?
-Pues transfirieron a Cork a Europa. Pero yo soy como mi padre puedo usar cualquier arma por eso no hay problema. Pero, dime ¿Por qué lo preguntas?
-Es Yuki, Nakatsukasa Yuki-corrigió sabiendo que Alethea lo reconocería por su apellido-lleva un rato en Shibusen y no tiene compañero y hay muchos que quieren serlo
-Déjale, escogerá compañero un día de estos. Tú tienes a Liz, pero ella es más como una herencia. ¿O no? Además hasta hace poco no la conocías.
-Sí, un poco de eso. Es una buena chica y entiende mis chistes. Volviendo a Yuki no crees que...
-Tú eres un entrometido por naturaleza es normal que te moleste que alguien no te diga sus motivos para efectuar algo. -explico Alethea pacientemente.
Casi recién cumplidos sus diecisiete años su voz había cambiado mucho. La vocecita aniñada de antaño fue sustituida por una femenina y sensual voz, al menos eso pensó Alec para sí mismo.
Tenía poco de haberse dado cuenta que se encontraba enamorado de Alethea. Cosa que no le confesaría, en ese momento, a la chica.
-Es mi obligación.
-Porque serás el próximo director de Shibusen-repitió Alethea esa frase que Alec le pronunciaba seguido.
-Si. Sólo el director de Shibusen- corrigió Alec
-¿Sólo?
-Es natural que me haga cargo de los alumnos de la escuela y del bienestar de la misma. Y si únicamente el director. -zanjando la pregunta de la muchacha. Se puso en pie y dijo-deberíamos cenar. Tu madre me dijo, al llegar, que la cena estaba lista. Bajemos.
Alethea no dijo nada, pero siguió al joven Shinigami a cenar.
Alethea no tenía la culpa de su mal humor. Que le pudo haber pasado al chiquillo que ella antes cuidaba y que ahora se la pasaba molestándola. ¿Cómo podía alguien con quince años ser tan irritante?
Prefirió ponerse a estudiar con su puerta cerrada. Pasaron unas horas y tocaron insistentes.
-Alethea ¿Desde cuándo me cierras la puerta?-la voz de Alec era tranquila, comprensiva y fluida
-Desde que eres un idiota- contesto secamente Alethea. Pasaba las hojas de su libro tranquilamente.
-¿En serio?-pregunto el joven divertido desde el otro lado de la puerta
-Ya la abriste Alec. No te burles de mí. Entra. Tus trucos como merodeador experto me sorprenden mucho.
El chico entro y se sentó en una orilla de la cama y le sonrió torcidamente a la chica. Ella le devolvió la sonrisa de manera tierna. Un golpe directo al corazón del joven. Por más que la molestara esa sonrisa era para él, siempre para él.
Se volteó para no mostrar la timidez en su rostro
-Pásame ese lápiz-pidió la chica
-Te la vas a pasar estudiando
-Que tú seas un Shinigami que sabe todo no quiere decir que todos seamos como tú-le corrigió la chica tomando el lápiz que le pasaba el chico-Además la investigación es muy interesante, esto de ir descubriendo lo que nadie sabe es
Alec la miro largo rato y ella le hacía preguntas que él contestaba con "Búscalo tú" ella rodaba los ojos le sonreía y seguía buscando.
-Te vas en poco menos de un año-soltó la joven
-Sí, pero tú eres muy lista. No me necesitas
-No vuelves
-No tan seguido.
-...
-¿Es todo?-pregunto Alec
-¿El qué?
-¿Es todo lo que vas a preguntar?
-Sí, pero te pediré que me escribas. Cuéntame sobre todos allá.
-Y yo ¿te puedo pedir algo a ti?
-¿Tú pidiendo algo a mí?-se sorprendió la chica-eres tú el que siempre me niega cosas
-¿Y ahora tú quieres negarme algo a mí?-cuestiono el joven
-Tendría el poder. Jajajajajaja- se burló la chica-Y ¿qué es?
-Nada- término por decir Alec
La joven ladeo la cabeza curiosa por saber, con la mirada llena de expectación
- Podría diseccionarte- repetía Alethea la típica frase de su padre, que no era nada creíble con su voz femenina.
-Como si pudieras- contesto Alec le dio con una mano en la frente y la empujo a la almohada. Él se puso en pie y salió del cuarto oyendo su risa burlándose de él. A veces esa chica era muy molesta.
Eso era lo que el joven iba a pedirle. Que dejará de ser tan coqueta y hermosa mientras él no estaba en Oceanía. Aun peor era demasiado inteligente y curiosa para su propia seguridad. ¿Quién la cuidaría de todos los aprovechados? Bueno ella podía cuidarse ¿No?
Había cumplido dieciséis años. Sus maletas ya estaban preparadas para regresar a Death City como lo predispuso su padre desde un principio. Él fue a Oceanía a entrenarse como el futuro Shinigami-sama que debía ser, no para otra cosa, aunque todavía se cuestionaba eso de ser el futuro Shinigami. El Dr. Einstein le dio el mejor entrenamiento del que disponían, a pesar de su edad, muy por encima de lo que podían ofrecer Maka-sensei u Ox-sensei.
-¿Te vas precisamente hoy?
-¿Qué haces aquí?-pregunto el joven Shinigami dando un último chequeo a su maleta y volteando hacia la voz proveniente de la entrada de su cuarto.
-Contéstame. ¿No puedes esperar ni siquiera porque es tu cumpleaños?-preguntaba la chica de 19 años parada en la entrada de su puerta.
Alethea tenía poco de cumplir los 19, pero era algo menuda. Constantemente su madre le decía que aún le faltaba crecer para formar algunas curvas y la chica se enfadaba, ya que lo decía delante de Alec que se hacía el desentendido.
Ese día llevaba el gris cabello, proveniente de los genes de su loco padre, en una coleta, no llevaba flequillo pero algunos mechones sobresalían coquetos. La cara limpia de maquillaje mostraba una piel tersa e inmaculada como la seda, no había un sólo poro abierto y por alguna razón las mejillas tenía un bonito y saludable matiz rosa pálido. La mirada por el contrario era melancólica como si sus ojos emitieran las palabras que ella no podía pronunciar. Vestía sencillo, un pantalón de mezclilla que escondía sus muy bonitas piernas y una playera blanca de manga larga.
-Pues no es cuestión de cumpleaños o no. Así es como lo acordamos mi padre y yo.-contesto el Shinigami sin darle importancia
-Siempre tan frío y creyéndote genial. Cuando ambos sabemos cómo eres en verdad.
-¿En serio? ¿Y cómo soy?-pregunto picando a la chica
Alethea suspiro y dijo acercándose al joven
-Ten. Puede que entonces no nos volvamos a ver-le ofreció una única caja de color ámbar con moño negro.
-Claro que nos veremos. Pero ten en cuenta que también tengo amigos allá, Yuki, Yuta, Katie ¡Ah! Y este año conoceré a Sue Evans Albarn. Puedes ir cuando quieras.-Alec tomo la caja y agradeció.
La chica lo abrazo una última vez. Ella nunca advirtió los fugaces sonrojos de Alec. Y él nunca admitiría lo que sentía por la muchacha, él nunca llego abrir ese regalo porque no podía aceptar que lo suyo con Alethea terminara sin siquiera haber comenzado.
Fin del Flash Back
No fue una noche muy agradable en Shibusen y menos para los chicos del futuro. Pero de eso ningún técnico del pasado se enteró. Ellos solo sabrían por la mañana que Soul Eater fue herido de gravedad. De todas maneras no podían enterarse de lo que paso con Alec Death, Alethea Einstein, Yuki Nakatsukasa y Sue Evans.
-Maka es demasiado terca como para estarse quieta, Kid, pero cuando le digas a Tsubaki lo que descubrimos no creo que se quede tranquila. ¿Cómo la vas hacer decir? Se trata de sus hijos-decía Soul de forma preventiva a Kid.- Además Mifune…
-Lo sé, pero ¿qué opción nos queda? No quiero ir ocultando secretos a mis amigos y suficiente tenemos con que Alethea tampoco aparezca.-Respondió Kid, decidiendo que lo mejor era que Maka se quedara, no podía hacer nada en su estado
La Death Room tenía el aspecto acostumbrado de un eterno mediodía, Kid y Soul discutían acerca de que era lo que tenían que hacer.
Cuando Alethea no regreso y dejo de mandar informes se preocuparon y ellos mismos partieron a Suiza a escondidas. Encontraron a una de las brujas, compañeras de Kit. La única ventaja es que al capturarla pudieron sacarle muchísima información, por no decir que les contó todo. Ahora sabían lo que planeaban y como lo harían. No era un alma la que querían devolver a la vida sino dos. La primera era la de Mifune y la segunda: el hombre que casi se convertía en demonio, Masamune Nakatsukasa, el hermano de Tsubaki. Era obvio que toda la información obtenida la aprovecharían y esa misma noche atacaron su guarida. La única que escapo sería Kit. Después de eso volvieron a Shibusen para marcar un nuevo plan.
-Un viaje en el tiempo-razonaba Kid- si es verdad solo nos queda ir nosotros mismos. Soul llama a Kim Diehl. Necesitamos que nos ayude en esto
Kim, a pesar de estar muy sorprendida con lo que pasaba, se puso a investigar mucho, con libros y camaradas brujas. Logro encontrar el método de cálculo mágico para viajar en el tiempo. Prepararon las cosas y se regresaron a Suiza gracias al espejo y los poderes de Kid.
-Es por aquí-decía Kim, mientras Kid la seguía con Soul a su lado y las hermanas Thompson en sus manos -hay vestigios de magia por todas la bruja caminando por el prado
-No me creo que toda esta cosa nos esté pasando a nosotros-se quejaba Soul, caminando, intentando parecer tranquilo.
-¡Por allá!-Kid corrió seguido de sus compañeros.
Cuando llegó al claro, ahí estaban todos o casi todos en el piso se encontraban Yuta, Katie, Liz, Daniel, James y hasta Mina. No había señales de Angela, Yuki, Alec, Alethea y Sue.
-Sangre negra ¿Cómo es posible? Ella debió heredar una onda anti-demonio de su madre-comentaba Alec. Su voz sonaba pesimista.
-Y la tiene-aseguraba Yuki-pero... yo ni siquiera sabía que era eso de la sangre negra, ella nunca me lo dijo.
-Pero ¿qué?-cuestionaba Alec, pero recapacito e hizo un gesto fastidiado-Porque ella tampoco sabía, sus padres nunca le dijeron nada. A mí me lo contó mi padre ¿Qué rayos les pasa a los Evans? ¿que quieren olvidar el pasado?-Alec se ponía una mano en la frente para poder pensar.-lo único bueno de esto es que los demás volvieron
-Si es que volvieron-intervino el abuelo de Alec con su voz nasal
-Necesitan calmarse jóvenes-decía Einstein con semblante serio y las manos en los bolsillos -no me dejan pensar. Se están ganando que les meta un bisturí y no solo por el torso. Suficiente tengo con saber que tendré una hija con Marie
Alec se calló en ese momento, pero con el ceño fruncido y mirada sería. Para no quedarse sin hacer nada pregunto:
-¿Qué paso? Abuelo. ¿Por qué Sue reacciono así?
-Tengo una teoría, Al, pero sólo eso. No sabemos mucho de la sangre negra, no más de lo que nos contaste
-No importa, dila-pidió Alec
-Si Sue heredo la onda anti-demonio de su madre, debemos tener en cuenta que la onda debe aprender a usarse y hasta el momento ella no había dado inicio de poseerla. En cambio la sangre negra no necesita de control, todo lo contrario, explota en cualquier momento y supongo que la sangre que heredó de su padre reacción con la explosión de locura de Alethea y viceversa. Sangre negra y locura, parece ser, se complementan para vivir. Además ella debió entrar en resonancia con su padre, lo que podría ser peor y si lo que nos cuentas acerca de esa sangre negra es cierto… Einstein hazle estudios a Soul y ten vigilada a medusa-sensei
-Entendido.-respondió Einstein-le informare al profesor Sid para que la investigue. Con todo esto deberíamos dejar la fiesta de conmemoración de Shibusen, Shinigami-sama
-¿He? Pero la fiesta les vendría muy bien a los chicos- se quejó el dios con gestos infantiles de cara y manos-Además podemos celebrar que tendrás una hija.
Todos lo vieron asombrados y Alec lo pudo evitar una sonrisa que muy pronto se desvaneció al recordar a Alethea. En ese momento no sabían en donde se encontraba ni ella ni Sue. Y los demás habían vuelto, al perecer, solo quedaban Yuki, Sue, Alethea, Angela y él en esa época. Eso era lo mejor, así se preocuparía por menos cosas y si ellos volvían a su época su padre los protegería
Sue no lograba reconocer ese lugar y en ¿qué momento cambio de ropa? Era una falda amplia de campana hasta las pantorrillas y una blusa lisa de hombros descubiertos y mangas amplias que cerraban en el codo y volvían abrir 2 cm después. Fijándose bien era un vestido de dos piezas. Y llevaba unas medias y tacones altos de punta cuadrada, todo en color negro. Lo último que recordaba fue que casi llegaba a la enfermería, pero… sí, claro se desmayó y… esa música de ¿dónde provenía? Era un jazz
-¿Qué pasa mocosa?
-¿He?-voltio Sue
-Vaya eres tan lenta como él. No me extraña, él también es idiota, pero creí que obtendrías más cerebro y carácter de la otra, al menos ella parecía estable aunque sosa.
Un demonio estaba sentado frente a una mesa con un gramófono que emitía el Jazz que a ella le gustaba, sin embargo esta pieza era un tanto diferente. Se le hacía familiar, pero no la conocía.
-¿Quién eres? ¿Dónde estoy?-
-¿Esperas que yo te conteste? Vaya, si eres idiota- dijo el diablillo chasqueando los dedos al ritmo del Jazz
Sue no parecía muy contenta de escuchar eso ¿Quién era el para juzgarla? Se giró para buscar la salida y vio una puerta a la que se dirigió de inmediato. La abrió pero al ver lo que se encontraba se alcanzó a sostener del pomo de la puerta para no caer en ese abismo oscuro.
-Per ¿Qué?...-volvió a entrar a la Black Room- ¿Qué pasa en este lugar?
-No es como si te quisiera decir, pero podría hacerlo a cambio de tu cordura
-¿Mi… cordura?-Sue no contesto, recordando las palabras que su madre le dijera una vez después de salir del hospital, cuando su alma ya estuviera del todo estable "Sue no vuelvas a ceder cosas tan importantes como tu alma a alguien, apréciate más. Y… recuerda que tanto tu alma como tu mente son lugares importantes" eso ¿aplicaría también a su cordura?-No
- Vaya, entonces no podemos hacer nada.
-Espera…
-¿Me estás diciendo que realmente viajaron en el tiempo?- dijo Soul- si no fuera por la situación diría que es cool.
-Ya déjate de eso, Soul, lo primordial es regresar con tu esposa. Angela tendrá que encontrar el modo de regresar sola con los demás. Ahora, después de lo que nos contaron los jóvenes, no podemos dejar a Shibusen ni a Maka sin protección -decía Kid mientras pasaba por un espejo para llegar rápido a Death city.-
Los demás jóvenes ya habían pasado, después de explicarle toda la historia, lo que querían era regresar lo antes posible a la escuela y ver que Maka-sensei se encontrara bien
-Lo sé, luego regresaremos a por Sue y los demás-pensado en lo fuerte que debía ser su hija y lamentando que hubiera heredado su sangre. "Claro, tu hija ha de ser igual de cobarde que tú y sosa que ella" "dijiste que te ibas a ir" le dijo Soul de mal humor al diablillo. "Como quieras, pero… bueno tal vez después nos entendamos" "Eso nunca, joder"
Llegaron directamente a la Death Room, y Soul apenas tocaba el piso cuando noto que los jóvenes no estaban esperándolos. El único ahí era Daniel que los apresuro diciendo:
-Evans-senpai, Tsubaki-san estaba aquí y nos dijo que Maka-sensei esta...
Soul entro corriendo a una sala de espera y no podía estar tranquilo, no lo dejaron entrar a la sala de parto y hasta el momento no le daban información de Maka. Daba vueltas en los extremos del pasillo ni siquiera su chaqueta le podía quitar el frio
-Soul-kun, deberías…-comenzó Tsubaki
-No me pidas que me calme, lo siento Tsubaki, pero mi hija sigue en el pasado y mi esposa… no me dan información de ella… y…-como le explicaba en esos momentos a sus compañeros que el nuevo enemigo estaba tras uno de sus hijos y detrás de toda su familia.
-Maka aguantara. No es tan débil como tú crees
-Lo sé, Black Star
-Entonces cálmate. Si aguanto un golpe mío aguantara un simple dolor de parto.-decía Black sentado en un sillón de la sala con los brazos tras el cuello
Soul lo miro frunciendo el ceño, pero al ver que una doctora se acercaba ignoro a su amigo. El doctor le proporcionó información sobre Maka, él abrió mucho los ojos y la boca. Salió disparado en dirección de los cuneros del hospital. Una vez ahí lo vio, como no podría verlos. Eran dos perfectos gemelos de cabello blanco y ojos rojos, estaban durmiendo uno a lado de otro y dos enfermeras los cargaron. Soul iba a hablar, pero alguien le dijo:
-Ya puede ver a su esposa. En este momento les llevan a los niños.- La voz tranquila de la doctora le decía a Soul que todo había salido bien.
-Creí que solo era uno-dijo el albino camino a la habitación de Maka
-Suele pasar que uno de ellos oculte al otro durante los ultrasonidos-dijo la doctora abriendo la puerta del cuarto de Maka y dejando a Soul con Maka-Felicidades es usted padre de un niño y una niña. Son dos gemelitos muy monos.
Maka cargaba a uno de los pequeños mientras que la enfermera que quedaba le entregaba el otro a Soul y salía de la habitación. Soul vio a su esposa y Maka alzo la mirada del pequeño con los ojos llenos de lágrimas y con una sonrisa
-Quiero que Sue-chan este aquí-y las lágrimas fluyeron libres de sus ojos hasta su garganta
Soul la miraba sin poder darle explicación y en verdad se sentía mal por eso. Miro al bebe que tenía en brazos y dijo
-La vamos a encontrar y podrá ver a sus hermanos.
Maka asintió, Soul nunca la había defraudado.
-Después de que Sue se desmayó Yuki corrió a ayudarla, sin embargo ella se reía como loca y empujo a Yuki. Hecho a correr y mi hermano la siguió, pidiéndonos a Katie y a mí que nos fuéramos a buscar a Einstein-sensei del pasado. Antes de llegar a la enfermería nos encontramos con Daniel, James, Liz, Mina y Angela-sensei. Nos dijo que debíamos irnos ya, pues ella y Ángela decidieron regresar antes por que descubrieron que si seguíamos ahí no duraríamos mucho- Yuta tomo aire mientras le explicaba a Kid-sama todo lo que paso. Se encontraban en la mansión de Kid, esperando más noticias de Maka-le explicamos lo que habíamos visto y la oímos murmurar "Alethea y Sue, maldición. Sangre negra" nos encargó con Mina y abrieron un portal.
-Le dijimos que no nos iríamos, pero prácticamente nos ató con magia y nos empujó al portal-terminaba Katie- y después de eso solo se fue en dirección de la Death Room.
-Hizo bien-se dijo Kid más para el que para los chicos
-¿Qué hizo bien?-se quejó Daniel- nuestros compañeros se quedaron en el pasado y Su…-el chico se calló, no quería admitir que se preocupaba por su albina compañera.
-Además ¿Qué es la sangre negra?-preguntaron Katie y James al mismo tiempo
-De acuerdo les contare porque necesito tantos técnicos y armas con los que podamos contar-respondió Kid-La buena noticia es que atrapamos a todas las brujas. Solo queda su líder Kit y ya nos enteramos de sus planes por una bruja que capturamos antes. Así que si le proporcionamos a Maka la seguridad suficiente no debemos temer a que le pase algo, y tampoco a sus bebes. – Kid continuo-Por el momento no volveremos a Suiza no me arriesgare a dejar Shibusen solo. Confío en Angela y en Alec. También en todos los demás. ¿entendido?
Nadie dijo nada y asintieron, algunos de mala gana, pero no podían hacer más. Lo único que podían hacer en ese momento era descansar
Sue estaba sentada en aquella silla enfrente del gramófono
-Esto me está molestando un poco ¿sabes? Ni siquiera tocas como se debe
-¿Y porque no lo haces tú?-le dijo el diablillo en tono conciliador
Sue suspiro. No tocaría para alguien, no le gustaba el público. En ese momento escucho un ruido. Se fue detrás de una cortina. Quien sabe con qué más se toparía en ese extraño lugar. Se quedó con la boca abierta al ver quien entraba. Era su padre, bueno la versión adolescente de su padre, con un traje a rayas camisa roja y corbata negra. En ese extraño cuarto todos cambiaban su atuendo o ¿Qué? "Maldición, ese tipo de seguro le dirá a papá que estoy aquí. Que no lo diga que no lo diga"
-Es la tercera vez que sueño contigo en esta semana- dijo el joven albino- solo eres molesto
-Entonces solo despierta y ve a rogarle a tu compañera-le dijo el diablillo muy diplomático
El albino le puso mala cara. Sue detrás de la cortina se molestó con el enano. Después de un rato y discusiones, Soul termino por ser echado de la habitación de aquel enano que lo saco por la puerta que te dirigía a una oscuridad absoluta. Y de nuevo quedo Sue sola con el diablillo. Escuchaba como su padre tocaba la puerta y pedía entrar. Ella misma se dirigió para abrir la puerta, pero salió disparada al otro lado de la habitación
-El ridículo de tu padre se calmara, siempre pasa. Además ¿Cómo le vas a explicar quién eres? ¿O solo te presentaras como la poseedora de un alma rota?
-Tú, debes saber dónde está mi cuerpo. Lo necesito para despertar y salir de aquí o ¿no?- le pregunto la chica de forma acusadora al diablillo, poniéndose de pie, con ambas manos en la cintura. Tratando de restar importancia al comentario atinado del diablillo.
-¿Cómo estás?-preguntaba Alec a Yuki
-Voy a estar bien. Pero Sue y Alethea…
-Ellas van a estar bien-afirmó el shinigami a su amigo-Lo bueno es que Sue solo corrió hacia su casa, bueno la que será su casa en un futuro, la encontramos bastante rápido. Lo bueno es que sus jóvenes padres no estaban. Y Angela se acaba de comunicar, dijo que encontró a Alethea y que la traerá. Sé que son amigas, pero conociendo a Alethea-Alec suspiro y metió las manos en sus bolsillos-Ángela lo tiene bastante difícil, así que, yo mismo voy por Alethea. Tú cuida de tu novia.
Yuki miro a su amigo y dijo
-Nunca lo dijiste
-No había nada que contar-dijo el Shinigami, encogiendo los hombros-¿algo más?
-Lo que dijo Angela ¿es cierto? Lo que Mina le conto durante la misión de Zebu y que no nos quiso decir antes
-Al parecer sí. Es la única opción que te queda-corroboro Alec sin inmutarse
-¿¡Sabes lo difícil que será esto para mi madre y tendrá que repetirlo!?-grito Yuki, reclamándole a su amigo por primera vez enfadado.
-Tu madre no es tonta y no es débil. Sabe lo que hace-siguió Alec sin inmutarse
-Va tener que matar a su hermano de nuevo. Hoy se fue hacerlo, hoy fue tras el sable demoníaco, Masamune Nakatsukasa- dijo el joven pelinegro viendo el paisaje que ofrecía el balcón de la escuela- si reviven a mi tío será la ruina para mí y si no lo matan ahora mi madre no le quitara la habilidad de sable y por lo tanto no la heredare yo. Dejare de ser Yuki el sable demoníaco. Y pensar que dependo de la muerte de alguien para vivir.
Alec lo vio de mala manera y dijo:
-Podrías ser un buen técnico y si la dimensión cambia tanto como Mina le contó a Angela puede que hasta Sue sea un arma. Igual serian pareja ¿no crees?
Yuki lo miro burlón
-Eso es para animarme, supongo
-La verdad… es que si-soltó Alec y ambos se rieron
-¡sácame ahora mismo de aquí!-exclamaba Sue
-La única que puede sacarte de aquí eres tú. Lo único que me interesa de ti es tu cordura-decía el diablillo, señalando la puerta de salida de esa habitación
¿Cuántos días habían pasado y ella no podía salir de allí? Vio a su padre unos días, algunos permanecía más que otros. En ese momento se decidió y rápidamente fue, se plantó frente a la puerta, la abrió y se lanzó a la oscuridad. Eso sí que daba miedo, tal vez era como estar muerto o dormido. La chica no tenía ni idea. En un momento abrió los ojos. Despertó en la cama de la enfermería Yuki estaba a su lado recostado también. Parecía cansado
-Yuki, Yuki, despierta
-¿Qué?-el joven parecía pálido-¡Sue por fin despiertas!
El chico la abrazo y se fueron ambos para atrás quedando recargados en la cama
-¿Cuánto llevo dormida? ¿Tú estás bien? ¿Los demás?
Enderezándose el contesto
-Lo demás están bien. Parece que volvieron. Y Angela, Alec y Alethea no tardaran en volver. Después de que regresen tal vez podamos regresar
-Mis padres… es verdad
-Me enoja que sea así-declaraba Angela subiendo la escalera del Shibusen-
-¿En serio? A mí no-contesta Alec
-Porque tú la qu…-Angela se calló al ver el semblante de enojo del shinigami que cargaba a la joven peligris a horcajadas
-Te molesta porque no pudiste traerla. Es demasiado fuerte para ti. Tuve que ayudarte-le regañaba Alec mas en son de burla que de regaño-Mira que quedar así de mal por una pelea con ella, pero ni me extraña.
Angela sabía que Alec solo se burlaba de ella, pero no pudo evitar decir:
-Solo te hace caso porque te qui…
-Cállate, no lo digas-la censuro el pelinegro de manera tranquila, dejando que la barbilla de la joven Alethea descansara en su hombro.
-Está bien, entiendo. Ustedes dos son bien raros-declaro Angela alzando los brazos, fastidiada y cansada-por cierto…
Apenas llegaron a la explanada que terminaba la escalera cuando una voz de chica interrumpió a Angela con un conjuro que los transporto muy lejos de Shibusen. Angela sintió una pesada bota en su garganta que no la dejo moverse.
-Por cierto nada. Me arruinaron los planes-Era Kit- Y con este conjuro supongo que ya varios técnicos se percataron que había una bruja en Shibusen. No me preocupa soy bastante rápida ¿sabes? Y este bosque es muy solitario para que nadie los oiga
-Kit…-gesticulaba Angela sin moverse y Kit puso la bota en su garganta
-Ni te muevas Shinigami, podría aplastarle el corazón ahora mismo sabes-explicaba Kit, al ver que Alec iba a bajar a la chica que tenía en su espalda y continuo- Sabes quien acaba de matar a su hermano. Si, Tsubaki mato a Masamune, pero no pudo quedarse con la habilidad de sable demoníaco, la robe antes-decía la bruja sonriente-es muy curioso como un solo hecho cambiara toda una dimensión. Si Tsubaki no tiene esta habilidad se van a evitar muchas cosas. Como la muerte del espadachín Mifune…
Angela abrió los ojos más que nunca y pataleaba sin poder usar la voz para conjurar su magia.
-Tsk-chasqueo el shinigami la lengua por lo que Kit acababa de contar y con Alethea aun en su espalda
-También ese chico tan guapo… cómo se llama… si, Yuki. Me encantaría ver qué pasa con él y todo a su alrededor-la sonrisa de la bruja destilaba felicidad - de haber sabido que con esto haría el cambio no me hubiera molestado en hacer tantas preparaciones para obtener almas. Lo único malo es que ustedes no están en su época para que sientan por completo el cambio-se lamentó Kit como una niña a quien le niegan un helado doble.- Ya no importa
Agacho la cabeza hacia Angela para dar un golpe final. Alec no dijo nada, solo enmarco una sonrisa y contesto "Ok" en voz baja a una buena petición.
-¡Onda de alma!-grito una joven en el momento preciso en que la bruja iba conjurar, acertando un golpe en el pecho de la misma y recargándola en un árbol cercano- Soy aún más rápida que tù.
-Eso piensas-sonrió Kit conjurando a la joven hacia otro grueso árbol
Alethea se posiciono en la misma pose de pelea que su padre le enseño años atrás, sin preocuparse del primer golpe recibido, y ataco a Kit al mismo tiempo que esquivaba la magia de la bruja. Sus movimientos eran rápidos y certeros y aventajaban mucho a los de Kit. Igual le hubiera encantado tener un arma en esos momentos
-¡No la mates Alethea!-le grito Alec, incorporando a Angela que tosía -puedo ver que desde antes ya se comió la habilidad de sable demoniaco
-Lo sé, también la siento en su alma-le confirmo la joven sin dejar de sostener a la bruja por el cuello de su ropa ahora que la había logrado atrapar con su onda de alma.
Con media sonrisa Kit dijo:
-Ya esta
Alec sintió el cambio en la dimensión. Esto no iba bien, para nada bien. Tomo a Angela de la mano corrió hasta Alethea y la jalo por la cintura. Esta se quejó y él le dijo:
-Nos vamos con Yuki y Sue. ¡Ahora!-sabiendo que la chica protestaría
Alethea le miro enojada, pero asintió. Ya nada podían hacer; Kit se había desvanecido en las manos de Alethea. Todo el ambiente parecía eclipsarse y desmoronarse en partículas de arena. Los tres compañeros se juntaron más hasta que los tres se desmayaron. Sue y Yuki estaban en las mismas condiciones.
Sue se despertó, pero maldijo por no estar en otro lugar. Estaba encima de esa misma silla enfrente del gramófono
-Vaya que andas muy perdida, mocosa-era el diablillo sentado en el banco del piano.
-Y supongo que no me dirás como encontrarme ¿no?-reclamó la albina
-JAJAJAJAJA. Ni siquiera sabes a que me refiero de verdad-se burló el diablillo bajando del banco-te darás cuenta antes que tarde, por lo mientras vete de aquí. No te necesito y puede que tenga visitas.
-Mi padre, déjame hablar con el-pidió Sue que era empujada a la puerta de salida
-Olvídalo. Recuerda, alma rota-le dijo el diablillo abriendo el pestillo y jalando de la mano a la joven, aunque ella se resistía
La empujo dentro de la oscuridad y ella no pudo hacer otra cosa que pensar en esas palabras, "alma rota" murmullo entre sus labios y la inconsciencia le trajo el vago recuerdo de Yuki.
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Hola :D
Por fin publico. Puede que este capitulo lo sientan algo revuelto y confuso, pero espero les guste.
Siento que esto tomo un giro inesperado, al menos eso espero. Por cierto este capitulo tuvo un pequeño apartado sobre Alec y lo hice en agradecimiento de alguien que me ha motivado con sus reviews y opiniones. Y que ama a Alec con locura. ¡hikary-neko muchas gracias! espero te guste ese pequeño flash back acerca de la vida de ese joven Shinigami
Y también gracias a todos los que pasan y leen la historia. Los quiero XD
Espero les guste :D
Adiós
