Llegó la noche previa a la luna llena, y Remus no se encontraba muy bien. Vale que nunca se encontraba al cien por cien la noche previa a su transformación, pero esa noche un sentimiento raro lo invadía. Era como una llamada, una urgencia, un presentimiento de que algo iba a pasar, y no precisamente bueno.
Caminaba por el castillo, siguiendo a sus amigos hacia su siguiente clase, cuando notó que le costaba respirar, jadeando, se apoyó en una pared, tratando de recobrar el aliento y de normalizar los latidos de su corazón.
-Lunático, ¿qué te pasa?- preguntó James preocupado, al ver que su amigo se quedaba rezagado.
-No… no sé qué me pasa… no me encuentro bien- dijo entre jadeos.
Sirius se acercó apresurado a ver qué le pasaba, pero su pervertida mente enseguida empezó a trabajar. Y es que Remus, el maldito Remus, estaba colorado como un tomate. Y sudaba. Y jadeaba, por Merlín, ¡Estaba jadeando!
Sin darse cuenta Sirius empezó a ponerse algo rojo también. Pero es que… no podía evitar pensar en ciertas cosas. Pero cuando Remus lanzó un gemido (por Merlín, ¡Un gemido!) y se encogió sobre sí mismo, temblando, la preocupación le ganó la mano a la libido y se agachó para coger a su amigo.
-Venga, nos vamos a la enfermería.
-No, la enfermería no… al director… a Dumbledore…
-Moony, ¿Qué está pasando?- preguntó James.
-No lo sé… necesito ver a Dumbledore.
Los cuatro merodeadores se encontraban ya en el despacho de Dumbledore.
Obviamente, el director conocía la condición de Lupin. Remus estaba en deuda con aquel hombre, ya que no solo lo había admitido en la escuela a pesar de su maldición, aún por encima le había proporcionado un lugar donde pasar las noches de luna llena y le hacía llegar puntualmente cada mes la poción matalobos, para que pudiera controlarse en sus transformaciones.
Remus estaba por jurar que incluso conocía el hecho de que sus amigos se habían convertido en animagos para estar con él, pero había guardado el secreto.
Tras examinarlo, le hizo beber una poción que era bien conocida por el joven licántropo. Era poción Matalobos.
Tan pronto se la tomó empezó a encontrase mejor, hasta que por fin su pulso y su respiración se normalizaron.
-Director, no debería haber tomado esto hoy. Se supone que la luna llena es mañana, ¿Qué voy a hacer entonces?
-Mañana deberás tomar la poción de nuevo. Lupin, me temo que te encuentras en una etapa muy delicada.
-¿A qué se refiere con etapa delicada, director Dumbledore?- preguntó Sirius.
-Los hombres lobo, a pesar de adquirir su condición en lugar de nacer con ella, también pasan por etapas de crecimiento y desarrollo. Dichas etapas son diferentes a las que experimenta el humano, por lo que a veces se producen desajustes entre el humano y el lobo.
-Y eso, explicado en idioma para el pueblo llano, ¿Qué significa?
-Significa que el lobo está creciendo. Está pasando de cachorro a lobo adulto. Sería, para que nos entendamos, que la parte de licántropo del señor Lupin se encuentra en la pubertad.
-O sea, ¿Qué le van a salir granos, más pelo y va a entrar en celo?- preguntó Sirius.
-¡No seas idiota, tómatelo en serio!- recriminó Remus.
-Pues… no, no y tal vez sí- contestó Dumbledore.
-¿En serio, director?- preguntó Remus perplejo.
-Mucho me temo que es una posibilidad. Por lo pronto, habrá que doblar las dosis de poción Matalobos. Y, dependiendo de cómo evoluciones, podría ser incluso peor. Dependiendo de las fases de la luna y de cómo se vaya desarrollando el cambio, puedes experimentar cambios de humor, descontrol emocional, y muchos otros síntomas. Si siente algo raro, señor Lupin, venga a verme de inmediato.
-Lo haré, director. Pero, ¿por qué nunca me había dicho que esto podía pasar? Es decir, usted siempre supo de mi condición, ¿por qué nunca me habló de esto?
-Podía ocurrir o podía no llegar a darse nunca. Estos descontroles púberes parecidos a los que experimenta el ser humano. Pueden darse con fuerza o pueden pasar sin pena ni gloria, tal vez nunca llegar a darse. Pensé que sería lo correcto hablar de ello si llegaba el momento.
-¿Y no irá a peor? ¿Qué pasará cuando llegue la luna llena? ¿Perderé el control aún con la poción?
-Puede ser. Es necesario que extreme las precauciones en la luna llena, señor Lupin- dijo, dedicando también una mirada esclarecedora a sus amigos.
-Entiendo. Chicos, ¿podríais dejarme un momento a solas con el director?- pidió a sus amigos.
-Claro, te estaremos esperando fuera- contestó James mientras se iban.
Cuando se hubieron quedado solos, Remus hundió el rostro en las manos un instante y luego se dirigió a Dumbledore.
-Director, no sabría cómo agradecerle todo lo que está haciendo por mí. De hecho, nunca podré agradecérselo lo suficiente.
-No tiene que hacerlo, señor Lupin. Es usted un mago con un gran talento, además de una persona responsable, íntegra y bondadosa. Sería una crueldad desperdiciar tanto talento negándole sus estudios por algo que no es su culpa. Pero supongo que no es esto de lo que quiere hablarme ahora mismo, ¿me equivoco?
-No. Hay algo más que me preocupa, señor.
-¿De qué se trata?
-Es por lo de mi descontrol. Tengo algo de miedo, si he de ser sincero.
-No debe tenerlo, Lupin. Con cuidado y responsabilidad, esta etapa habrá pasado antes de que se dé cuenta.
-Ya… el caso es que…
Remus calló. Le costaba sobremanera decir aquello, sobre todo delante de su director.
-Adelante, señor Lupin. No debe tener miedo de contarme nada. Ni vergüenza tampoco. ¿Qué le preocupa?
-Verá, director…
-¿Qué deberíamos hacer con Remus?- preguntó James.
-¿A qué te refieres?- dijo Peter.
-No lo sé. Quiero decir, me gustaría saber cómo podríamos ayudarlo con todo esto. No sé, seguro que podemos hacer algo por él, ¿no? Aunque no se me ocurre cómo.
Sirius permanecía callado, pensando.
Así que al lobo le había llegado la pubertad… y podría andar en celo. Se sonrojó al pensar en ciertas cosas en las que no debería andar pensando sobre su amigo, pero se le pasó de pronto al pensar en una cosa.
¿Y si su amigo se enamoraba de alguien? ¿Y si encontraba una pareja? De pronto, sintió celos. Unos celos mal encauzados de los que no se libraba absolutamente nadie en aquel colegio…
-…Sirius… ¡Sirius!
-¿Eh, que?
-Estabas en babia, colega. ¿Qué opinas tú de todo esto?
-No sé qué opinar, James. No tengo ni idea.
