Ya en la casa de los gritos, Sirius dejó que Remus se pusiera los pantalones y luego se dedicó a curar la herida de su hombro.
A pesar de que conocía de sobra aquel pecho pálido surcado de cicatrices, no podía evitar sentirse excitado. No era la primera vez que curaba las heridas del licántropo, así como no era la primera vez que fantaseaba con aquel torso suave y fibroso.
Trató de apartar ciertos pensamientos que no deberían rondar por su mente mientras realizaba una tarea tan delicada, pero no era capaz de sacudírselos del todo de encima.
-¿Sirius?
-Eh, ¿Qué?
-Ya está, creo que ya llega de ungüento. Véndalo y ya está, ya podrás irte.
-Ah, vale, lo siento.
Terminó con lo que estaba haciendo y vio con ojos golosos cómo su amigo se ponía la camisa.
-Bueno, Sirius, te debo la vida, otra vez.
-Hombre, la vida no, pero una cerveza de mantequilla podrías pagármela algún día.
Lunático sonrió, divertido, pero la mueca se transformó en su rostro, deformándose hasta adquirir un matiz de dolor. Se dobló sobre sí mismo y se sujetó el pecho agarrando firmemente la camisa. Sobresaltado, Sirius se apresuró junto a su amigo.
-Remus, ¿Qué te pasa? ¿Qué te duele?
-Sirius… vete… por favor…
-No. No sé qué te pasa, pero nos vamos ahora mismo junto a Dumbledore.
-No… Estoy bien… pero tienes que irte.
-No te voy a dejar aquí así.
-Por favor. Estoy a punto de perder el control.
-Te ayudaré a recuperarlo. No te transformarás, no me harás daño, no te preocupes. Estoy contigo.
-No es eso, Sirius. ¡Vete!
Cuando Remus levantó la vista, Sirius se quedó prendado de sus ojos. Tenía las pupilas tan dilatadas que el dorado de sus iris era apenas visible. Su rostro estaba terriblemente sonrojado y jadeaba bajito.
-Sirius… Sirius… por favor…
-Remus, no…
No pudo continuar. Remus saltó sobre él, derribándolo en el suelo. El golpe contra la polvorienta madera lo dejó aturdido y sin respiración durante un instante. Pero lo que de verdad le quitó el aliento fue lo que vino después.
El rostro de Remus estaba apenas a unos centímetros del suyo, rozando nariz con nariz. Aquellos ojos de pupilas dilatadas estaban imposiblemente cerca… y de pronto, el lobo unió sus labios con los de él.
El beso era frenético, demandante, todo saliva y dientes, y mordiscos y ohdiossemoría…
No tardó un segundo apenas en corresponder el beso, de forma igual de demandante. Dios, había fantaseado tanto con algo así en los últimos años… entonces, Remus se separó de él y susurrando su nombre una y otra vez comenzó a morderle el cuello.
-Oh, dios, Moony, ¿Qué te pasa?- preguntó en un jadeo.
No obtuvo respuesta. Solo más mordiscos y lamidas en su cuello, y unas manos ávidas que empezaron a desabotonarle la camisa.
-¿Moony? ¿Remus? ¿Qué te ocurre, qué haces?
Entonces lo comprendió. No era Remus. Era el lobo. El lobo en plena adolescencia, que necesitaba… bueno, todos sabemos qué andaba buscando.
Entonces, la excitación de Sirius se vino abajo. No era su Remus quien lo besaba, sino el licántropo. No hacía aquello porque lo quisiera, lo hacía por puro instinto.
Apesadumbrado, retuvo las manos de su amigo, y como pudo los hizo rodar hasta quedar él encima. Le cogió las muñecas y las sostuvo por encima de su cabeza, inmovilizándolo contra el suelo. Al fin y al cabo, no se había transformado, por lo que Sirius era más fuerte que él.
El licántropo se removió inquieto bajo él, y entonces Sirius fue consciente de lo excitado que estaba su amigo.
Estuvo a punto, solo a punto de mandarlo todo al diablo y dejarse llevar. Pero no lo hizo. Supo que si le hacía aquello a Remus, no sería capaz de volver a mirarlo a la cara. Deseaba a su amigo, vaya si lo deseaba. Pero quería que hiciera aquellas cosas con él por elección propia, no porque su lobo interior anduviese caliente.
-Remus, tienes que volver en ti. Por favor, Remus, detente.
El licántropo le lanzó una dentellada, que no supo si interpretar como tal o como un intento de llegar de nuevo a sus labios. Lupin se revolvía y debatía bajo él, se arqueaba, rozando su excitación contra él, lo estaba volviendo loco y lo excitaba con cada roce, con cada movimiento y cada gemido, pero no podía. Nunca le haría algo a Remus que pudiera dañarlo.
Le soltó las manos y lo abrazó fuerte contra sí, impidiendo que volviera a unir sus labios.
-Por favor Remus, vuelve a ser tú. Por favor, para. Por favor- repetía una y otra vez.
-Sirius… ¿Sirius? ¿Qué?... ¡Oh, Dios, Sirius, suéltame, por favor!- No podía creérselo. Había sido como accionar un interruptor y el lobo caliente y cachondo se había evaporado. Ahora Sirius no sabía cómo sentirse, si aliviado o decepcionado- ¡Por favor quítate de encima, por favor!
Se apartó como si su amigo estuviese quemándolo y este se apresuró a levantarse. Sonrojado como nunca en la vida, el licántropo fue lo más lejos que pudo de su amigo, avergonzado.
-Por dios, Sirius, vete antes de que vuelva a pasar, por favor.
-Remus, ¿Qué te ha pasado? ¿Qué ha sido…
-¡Que te vayas! ¿No entiendes que no puedo controlarme si tú estás cerca?
-Pero… oye, ¿acabas de decir que… cuando YO estoy cerca?
Lupin quedó petrificado, como si acabara de decir algo indebido.
-Vete… por favor…- Sollozó-… lo siento, sabía que esto podía pasar. Dumbledore me lo advirtió, tenía razón. No puedo seguir cerca de ti, Sirius. No así, no ahora. No quiero que nuestra amistad se rompa, por favor, vete.
-¿Qué te advirtió Dumbledore? ¿De qué hablas?
El corazón de Sirius latía más fuerte que en toda su joven vida. Tanto que notaba que podría escapársele del pecho.
-No puedo contártelo, Sirius. Me odiarías, no puedo soportar la idea de que me odies.
-No te odiaré, Remus. Por favor, te juro que no hay nada en esta vida que puedas hacer para que te odie. Por favor, cuéntamelo- dijo acercándose y tomándolo del hombro suavemente.
-No puedo resistir, Sirius. El lobo dentro de mí… lo que siento, yo… no sé cómo explicártelo. No puedo explicártelo.
Sirius Black no era tonto. Estaba empezando a sumar dos y dos, y el resultado lo dejaba estupefacto. Estupefacto y contento como no había estado en su vida.
-Moony… Te voy a hacer una pregunta, y espero que seas sincero. ¿Tu "pubertad" lupina, este descontrol… tengo algo que ver con él?
Remus asintió.
-¿Solo yo?
Asintió de nuevo.
-Remus, ahora por favor, contéstame. ¿Qué fue lo que hablaste con Dumbledore anteayer?
-No puedo, Sirius.
-Remus, por favor.
-Le dije que… que tal vez estaba atravesando esta etapa porque… estaba enamorado. Dumbledore me dio la razón, dijo que era lo más probable. Por eso el lobo se rebela, porque tiene tan cerca el objeto de su deseo, que no se puede resistir, y pierdo el control, y… por favor, no me obligues a seguir.
-No hace falta.
Lo volteó con suavidad y lo abrazó con ternura.
-No hace falta que sigas, Moony- dijo besándolo dulcemente.
Pero el licántropo se apartó de forma brusca.
-No, Sirius, no sabes lo que haces. No hagas esto, por favor…
-¿No hacer el qué? ¿Algo que llevo años queriendo hacer y que ahora me entero que tú también?
-¿Qué estas…
-Te quiero, Remus- cortó-. Te quiero desde hace mucho. Y…
Pero Remus no le dejó continuar. Unió sus labios de nuevo de forma suave. Pero aquel beso suave se fue volviendo más y más ávido, más caliente.
-¿Y ahora quien… quien me besa? ¿El lobo o mi querido Remus?- preguntó jadeando cuando se separaron
-Los dos por igual. Porque los dos te queremos y te deseamos más que nada en este mundo. ¿Quieres que pare?
-Por Merlín, ni se te ocurra- dijo volviendo a comérselo.
-Sirius, es en serio. Si no paro ahora, no creo que pueda detenerme…
-Y yo digo, de nuevo, que ni se te ocurra parar. ¿Acaso tú quieres que nos detengamos ahora?
-No… cada célula de mi cuerpo clama por ti, Sirius. Te necesito tanto…
Decididamente le iba a dar un infarto. Ni en sus mejores y más húmedas fantasías había soñado con escuchar aquellas palabras de la boca de Remus… dirigidas hacia él.
No le hacía falta nada más en esta vida. Se abalanzó sobre él y se lo comió a besos.
