4. Ay, duele.

Alemania se levanta, nervioso, todo el frescor de la tarde-noche golpeándole en el cuerpo, en contraste con la temperatura de las termas. Mira a uno y otro lado, sin poder localizar a Italia. Se quedó traspuesto por el cansancio del viaje y la caminata que se había pegado para ir hacia recepción y ahora Italia no aparece por ninguna parte. Cubierto por la toalla y con las chanclas mojadas, Alemania registra los alrededores. Un costarricense del hotel se ofrece a acompañarle en su carrito de paseo, y ambos buscan al desaparecido hasta que una llamada al transmisor de radio de recepción comunica al conductor el paradero de Italia.

Alemania no puede enfadarse cuando se encuentran, solo se dirige hacia él y lo abraza con tanta fuerza como si temiera que se desintegrase por momentos.

Italien…

Scusa, Germania.

Al parecer, el italiano no tenía intención de perderse. Solo quería "dejar solo a Alemania para que descansara de su presencia", y al parecer, paseó, vagando por los jardines, entreteniéndose con los colibríes y las iguanas, hasta desorientarse.

—Debe tener cuidado, de noche aparecen serpientes terciopelo que son muy venenosas —le advierte el costarricense, llevándolos de nuevo a su cuarto en el carro de paseo—. Podrían morderle y si no tenemos antídoto a mano, usted podría morir.

Italia abre los ojos con horror, ahogando un grito; en su hombro, un apretón por parte del rubio, no se sabe si para tranquilizarlo, por simple posesión o miedo a perderlo.

Italia se acurruca contra él hasta llegar a la casita, donde se despiden del conductor del carrito y donde Alemania se da cuenta de que Italia cojea.

Italien, ¿estás herido? —el castaño se encuentra con una preocupada mirada azul acompañada de ese ceño fruncido. Alemania es mono incluso con el ceño fruncido, o eso piensa él.

—Veeeee~ —y sin más, el rubio le coge en brazos y le deposita en la cama, todo azorado.

Italia piensa que si estuvieran casados, esa sería una buena muestra de cruzar el umbral, una tradición probablemente no conocida en el país de las salchichas, pero sí en la zona mediterránea. Hasta España hubiera silbado al verlos.

Cuando Alemania está preocupado, la vergüenza no tiene cabida en él; y así, retira el calzado de Italia para ver un corte profundo en la planta del pie. Veneciano frunce el ceño al contacto con la mano de Alemania, quien cierra los ojos, suspira, se levanta y rebusca en su maleta para volver con un botiquín lleno de gasas y desinfectante, como buen previsor que es.

Italia se recuesta en la enorme cama, mirando fijamente cómo las manos largas acunan su pie y comienzan a curar su herida.

—¿Con qué te hiciste esto?

—Mmmm… no lo sé —pero Italia sí lo sabe, salió demasiado apresurado de las termas, no llevaba chanclas y una de las piedras bajo el agua le cortó el pie. Estuvo llorando varios minutos hasta que vio pasar los colibríes y las iguanas y se le olvidó todo: su tristeza porque Alemania estaba harto de él y su dolor sangrante en el pie. Se cubrió con sus zapatillas y eso fue todo.

Vorsichtiger sein, ScheiBe (1) —suelta el otro en alemán, y aunque Italia no entienda aún su idioma, sí puede adivinar algunas cosas.

—Veee~, Alemania dijo una palabrota.

—No puedo dejarte solo —es toda la conclusión a la que llega el teutón, mientras el otro se le agarra del brazo posesivamente.

—Si es que yo no quiero que me dejes, Alemania. Quédate conmigo para siempre —palpa el brazo musculado, haciéndole morritos, mientras apoya su mejilla en él, ignorante de todo lo que pasa por la mente de su aliado y en ese instante suena el teléfono de la habitación, interrumpiendo su momento romántico.

Hallo.

—¡Tú, coglione, porquéhicistelloraramihermano, stronzo di merda,! ¡Voy a ir con un fucile da cacciaa petarte el culo!

Alemania retira el auricular porque sus pobres oídos no esperaban tantos insultos y se lo tiende a Veneciano.

—Es para ti.

Al parecer, Italia tiene problemas en controlarlo, porque Romano no quiere hablar con él, ha llamado para hablar con el bastardo patatas y recordarle cuánto lo odia por llevarse a su hermano allí, al otro lado del mundo, a su merced y que él nunca se fió de sus intenciones, y si ha sufrido un solo rasguño lo enterrará vivo, y blablablá, mientras Italia del Norte trata de calmarlo, en italiano, ajeno al suspiro de Alemania, que se ha enfrascado en la lectura de un libro muy interesante.


CONTINUARÁ

(1) Mierda, ten más cuidado.

Pues nada, como nadie reviewea, Feliciano hace tonterías.