6. Un mal despertar
Italia se ha quedado así, helado; abre la boca para llorar, creyendo que lo está haciendo mal, mas se detiene al escuchar la última frase, y ahora se queda mirando en shock a Alemania, que se ha retirado, muy sonrojado, hasta sentarse al borde de la cama.
—¿V-ve?
Alemania lo mira de reojo, nervioso perdido, después de haber gritado su secreto más oscuro y frunce el ceño aún más porque esa no puede ser la conclusión a lo que acaba de soltar.
—¿Eso es todo lo que tienes que decir? —se enfurruña, levantándose, y por primera vez Italia piensa y no se lanza como una lapa. Alemania, malinterpretando su silencio, da una orden clara—. Duérmete.
Italia se queda ahí temblando un poco porque Alemania se ha encerrado en el baño y no sabe si es para aliviarse él mismo (porque ya estaba duro) o bien para reparar su orgullo mancillado.
Enciende la tele decidido a esperar al teutón pero fracasa estrepitosamente porque está muy cansado por haber corrido por ahí, por haber llorado y porque a Veneciano le enseñaron a dormir mucho desde muy pequeño, y tiene muy bien aprendida esa lección.
Alemania se despierta cuando nota cierto airecillo en sus partes nobles, y se encuentra con un escenario bastante inusual: Veneciano está inclinado, sin pantalones ni… nada, alzando su cadera mientras mira la ingle de Alemania, cuyos calzoncillos dejan entrever mucho más de lo que quisiera desear —vamos, que se le sale porque tiene una erección de caballo—. No acierta a comprender qué demonios intenta el italiano, pero se siente violado y lo manda sin pensar de un empujón fuera de la cama.
Veneciano, consciente de que a veces, su compañero, tiene mal despertar, se soba la cabeza, porque se ha golpeado fuerte y duele, pero no dice nada porque inmediatamente el otro grita.
—¡A entrenar! —Veneciano se levanta a medias, muy lentamente, planteándose si decirle que están de vacaciones, pero una advertencia en su mirada y un rostro totalmente azorado le avisan de que será mala idea que le contradiga. Se pone la ropa y se planta frente a Alemania con un gesto muy conocido para el teutón.
—Hoy correremos un kilómetro más —advierte Alemania, le ata los cordones muy fuerte para evitar que se descuelguen, y se ajusta la gorra y el uniforme de entrenamiento.
Italia no llega ni siquiera a correr un kilómetro, ya está junto a la piscina tratando de recuperar la respiración y se entretiene mirando cómo nadan y ríen algunos huéspedes.
—¡Ciao! —saluda, sin preocuparse de nada, y se desembaraza de la ropa y se mete ahí en calzoncillos. La piscina, como las termas, está calentita y no tarda en hacerse el muerto y en suspirar y murmurar "esto es vida" y "estoy de vacaciones".
Un grito ensordecedor le devuelve a la realidad.
—¡Italiaaaaaaaaaaaaaaa!
CONTINUARÁ
Madre mía, este Italia la lía parda. Ahora se pone a comparar soldaditos XD
Perdonad por lo corto del capítulo, los que siguen son un poco más extensos.
Gracias por leer y comentar.
