8. Ti amo
—¿Qué es eso, Alemania? —Italia piensa que la nota puede tener que ver con su comportamiento en la piscina o con las molestias que causó al perderse, porque Alemania tiene una cara seria. No es fácil saber qué piensa, siempre pone esa cara. Cara de póker.
—Solo es un aviso de que ha llamado mi hermano.
—¡Oh! ¡Qué bien, devolvámosle la llamada! —Italia ya está saltando por ahí y es él quien marca el número, mientras trata de quitarse las botas. No tiene éxito y el otro corre a socorrerle—. ¡Ciao, Prusia! Sí… todo es estupendo… ah, pues… no se me ocurrió preguntar. No, yo también te aprecio mucho. Mmm… veeeee —como Alemania aún está inclinado sobre él, desabrochándole las botas, Veneciano le toca el pelo—. Pero a mí me gusta más Alemania…
El aludido se levanta, mirándole acusador, y le arranca el teléfono. Ambos comienzan a hablar en alemán e Italia se escabulle porque le da miedo. Se sienta de nuevo sobre la silla, en su pequeño patio y alza la vista hacia el volcán, cubierto con la neblina. Se pone a cantar y comienza a llover poco después (no necesariamente en ese orden, quizá ya chispeaba). Italia no sabe cómo ni de qué forma ha acabado empapado y ya está el otro gritándole que es un insensato. El latino no se queja ni un poco porque las manos de Alemania están recorriéndole todo el cuerpo, despojándole de la ropa. El italiano lo mira, y entonces el otro cae en la cuenta.
—Si… sigue tú, maldita sea.
—No. Me gusta que me quites la ropa.
—¡No digas esas cosas! —dice Alemania, y se da la vuelta, no se sabe si para darle privacidad o por esconder los rubores previsibles en su piel cremosa y blanca.
Unos brazos lo rodean por detrás. Alemania suspira y pone la mano sobre ellos.
—¿Qué le dijiste a Prusia? —Alemania abre los ojos como platos, cogido por sorpresa.
—¿D-de qué?
—Bueno, él me dijo que yo le gustaba y tú enseguida me quitaste el teléfono. ¿Le regañaste?
El rubio se vuelve, con la garganta seca y un dolor en el pecho. Italia lo mira, sin camisa, con ojos ansiosos por saber. ¿Qué espera que responda?
—Él… ¿te gusta? —Veneciano lo mira como si le hubiesen salido tres cabezas.
—Él me agrada, sí.
—Tú… tú le gustas a todo el mundo —dice el rubio, más para él que para su interlocutor, aunque Italia le oye.
—Yo solo quiero gustar a una persona —Alemania se sonroja porque desea que hable de él pero sigue en negación absoluta—, pero no me toma en serio. Creo que no quiere rechazarme para que no me ponga triste. Y tiene razón. Porque me pondré triste. Me haré un ovillo y lloraré y lloraré, y Venecia se inundará.
Alemania se queda sin palabras y tras la pausa, ordena:
—Vístete o cogerás frío.
—¿Ves? Lo estás haciendo otra vez —y Veneciano no puede evitar medio sonreír, porque su Alemania es TAN denso, que no se entera. Le coge la mano y se la pone en el pecho desnudo. Luego alza los ojos y proclama—. Escucha cómo mi corazón late por ti, Alemania. Escucha y recházame si no me quieres, pero no juegues conmigo.
El rubio tiene la ceja en un sube y baja ante lo que acaba de oír. Veneciano no le ha dicho eso. Él no acaba de escuchar una declaración cursi de ser la única persona para Veneciano, porque sabe que no es cierto. Tiene a otras chicas, y coquetea con Prusia y Francia.
—¿Jugar contigo? —dice, algo molesto—. A lo único que juego contigo es al fútbol.
Dios. Veneciano se desespera y probablemente, los lectores también. Y la autora lo entiende.
—Dímelo —exige, rotundo, tiritando—. Dime que no me quieres. Seré tu amigo igualmente, Alemania.
El rubio sabe que no es verdad. Y sabe que debe salir de esa negación, porque, efectivamente, está hablando de ESO.
—Qu-quererte, como un amigo, sí te quiero.
—¡No, maledizione! —grita, y Alemania se queda a cuadros. Él nunca le ha oído gritar así—. ¡Deja la farsa! —El grito produce un cortocircuito en su pequeño cerebro e Italia recupera su reacción lanzando lágrimas—. Como amigo, no. Quiéreme como tu amante.
Y ahora se ha hecho una pausa tan grande como el Louvre de París: una pausa en la que Veneciano teme que Alemania salga corriendo y en la que el rubio espera a que lo abduzcan extraterrestres porque Italia le acaba de gritar, ENFADADO, y ahora confiesa que le quiere.
—Ya… ya sé que soy un chico y todo eso, y que no soy buen soldado y a veces me odias por eso, es que no me gusta pelear, pero... ti amo, capitano —y añade, como para enfatizar—. Solo a ti.
Y Alemania, que ya estaba perdido desde la primera palabra, baja por fin la guardia y deja entrar todo eso porque, qué demonios, él también se siente igual y lleva todo el viaje negándolo solo para respetar a Veneciano. De hecho, los sentimientos no se han desarrollado desde que cogieron el avión, sino mucho más atrás, pero es más práctico y útil hundirlos como nación que aceptarlos como persona.
Ahora, el italiano se acerca y le mira intensamente a los ojos, porque el otro aún no le ha dicho nada, y porque quizá los ojos azules de su amado puedan gritar lo que su boca calla. Quizá. Y como no es rechazado y es obstinado (herencia del abuelo Roma, por supuesto), se acerca, acaricia sus mejillas y se pone de puntillas para alcanzar sus labios. Nota una mano en la parte baja de su espalda, acercándole con posesividad mientras es correspondido en el beso, torpemente, pero con mucha dulzura. Después, Alemania le besa en la frente y susurra:
—Seguiremos luego, pero báñate o cogerás frío —con esa promesa, el chico se quita la ropa sin miramientos y corre, contento, hacia la ducha.
Alemania piensa, piensa y piensa, mientras mira el volcán, que apenas es divisable porque ya anochece. Ha parado de llover y ahora lo único que escucha es la voz de Italia cantando. Se pregunta por qué demonios no ha metido en la maleta un manual de instrucciones para parejas. Concluye en que Veneciano es imprevisible, así que ningún documento podrá prepararle para lo siguiente. Solo se sienta en la cama y aguarda, hasta finalmente tumbarse y poner los brazos tras la nuca, preguntándose qué esperará de él de ahora en adelante.
CONTINUARÁ
Pero mira qué morro el germano, eludiendo la respuesta a la confesión de Italia... ya sabemos que éste va a entender que ha dicho que sí.
Pues nada, veremos cómo se las apañan.
Tenemos aún cinco capítulos más para que retocen... o no. XD Se admiten apuestas.
Gracias por leer.^^
