9. Alemania ya es mío.
Cuando Veneciano vuelve, se encuentra al rubio tumbado sobre la cama, esperándolo. Se echa sobre él y llena de besos su cara. Cuando termina, el rostro de Alemania parece un tomate como los que cultiva España. Italia inclina la cara hacia un lado y proclama:
—¿Puedo... puedo decir que eres mi novio?
Alemania aparta la mirada y murmura:
—Tu hermano no se alegrará con la noticia.
—¡Veee, ya me encargaré yo de él! No te preocupes —el rubio asiente y baja la mano por la espalda de su compañero.
—¡Italiaaaaaaaa! ¿Qué haces desnudo? ¡Vístete!
—Pero vamos a hacer cosas... —pone pucheros, casi roga, y por supuesto, se frota contra él. Casi no siente ya la herida del pie, aunque Alemania sí se acuerda y en lugar de estamparlo contra el colchón se levanta a por su botiquín—. Estoy bien, vee
El teutón, ignorando la dureza que siente en sus regiones vitales, hace un buen trabajo limpiando y vendando y le besa en la mejilla.
—Grazie, Germania —Italia vuelve a enredársele, todo desnudo, y esta vez Alemania se deja llevar. Le abraza, le besa y le toca con efusividad, y hasta el italiano está gozando y disfrutando... hasta que lanza un chillido—. ¡Ay! Se me clava tu cinturón —tira de su camiseta hacia arriba, tratando de deshacerse de ella—. ¡Esto fuera, veee!
Le quita los pantalones y el cinturón (Alemania no entiende por qué él puede obedecer tanto a Italia cuando su compañero nunca le escucha), se deja hacer, aunque sienta su rostro caliente y algo de inseguridad porque él es virgen y nunca ha estado así con un chico. Como Veneciano hace ruiditos de placer decide que no debe hacerlo muy mal, a pesar de sentirse totalmente inexperto. Se siente raro estar así, intimando con Italia, dando rienda suelta a sus deseos, después de negárselo durante tanto tiempo.
—¿Ve?
Italia abre los ojos porque está muy a gusto y su Alemania ha parado de hacerle caricias. Le mira con intensidad. Esa mirada le recuerda a… alguien. Tan fría y tan penetrante. Tan familiar… tan suya. Con ese rubor tan delicioso rodeándole. Sonríe, abrazándolo.
—Qué musculoso —comenta al pasarle la mano por el bícep, y Alemania no está seguro de si es un halago o no. De momento se concentra en no sudar demasiado, porque tiene a Veneciano sometido, desnudo, y sus partes bajas están rozando las suyas, que amenazan por escaparse del calzoncillo. Italia se da cuenta y lo agarra con ambas manos de ahí, provocando que Alemania dé un respingo.
—¡Italiaaaaaaaaaaaaa!
—Vee, quiero jugar —dice el otro, travieso, sin dejar de mover las manos sobre las regiones vitales alemanas, y sus ojos se abren sobremanera cuando nota tanto… volumen ahí abajo—. ¡Oh, es enormeeeee! ¿Crees que quiera jugar con la mía, Doitsu? ¿Doitsu?
Alemania, por impulso, clava con su mano a Italia contra la cama, fuerte. Tiene los ojos cerrados, la respiración contenida y una máscara de humillación que amenaza romper su estoicismo tan entrenado. Por suerte, ha parado a tiempo. Ha estado a punto de hacer el ridículo delante de Italia. ¿Qué hubiera pensado de su inexperiencia y su poco aguante? Demonios, si hasta él es soldado sobresaliente en procedimientos de tortura. Suspira, volviendo a recuperar la respiración y abre los ojos. Veneciano lo mira, sin entender, a punto de llorar porque cree que ha pasado un límite peligroso.
—Dame un minuto —pide, sin tratar de sonar demasiado avergonzado.
Tiene suerte porque Italia no lo pilla, y para cuando Alemania se deshace de la ropa y vuelve a acariciarlo tiene unos minutos más de gloria hasta que los dedos del italiano le rodean, otra vez. No reprime un jadeo y además se mueve sobre él, buscando más contacto.
—Italia… —susurra, completamente mesmerizado por la vista frente a él. Acaricia y besa con vehemencia el cuello de su compañero, e Italia se queja porque es muy sensible ahí y Alemania tiene ese toque tierno y entregado de las personas que no lo han hecho nunca pero dan lo mejor de sí mismos, pasionales a su modo.
Ambos comparten un poco más sus cuerpos, sus jadeos y unen sus corazones hasta alcanzar un bonito final quizá demasiado rápido, urgentes, inexpertos, conociéndose íntimamente por primera vez.
CONTINUARÁ
Pobrecito Doitsu. Este italiano será su perdición.
Algunos me habéis preguntado que de dónde soy. Soy española, yo creí que se había notado por mi modo de escribir, ya que aquí no utilizamos el usted y por otras expresiones. En Costa Rica sí, por eso los costarricenses, cuando hablan en el fic, usan la jerga de su propio país.
¿Te ha gustado? Sería maravilloso que lo comentaras.^^
