11. Costa Rica y su NO ejército

—Me ha gustado mucho —dice Italia por enésima vez, porque desde que han salido de la ducha, Alemania no dice palabra y parece avergonzado—. ¿Lo volveremos a hacer de vuelta en tu casa?

—¡No! Vístete —el rubio trata de normalizar su respiración, y es que Italia es un peligro para su autocontrol. A pesar de haberlo tratado con cariño, aún no puede creer ese arranque de hace un rato. Si Italia no lo hubiera parado, él habría consumado un acto aberrante.

Italia está aún más contento y gira y tararea mientras espera a Alemania, que aún no está listo. Al fin se dirigen hacia recepción, donde un vehículo los espera ya: una muchacha de tez tostada y cabello castaño largo y lacio, más bajita que Italia, pero más corpulenta, está apostada junto al coche.

—Pura vida —saluda, con su sonrisa brillante. Italia ya se ha lanzado a cogerle las manos.

¡Ciao, bella! ¡Muchas gracias por todo! Nos está gustando mucho tu casa, y tus animales —Costa Rica se vuelve hacia el rubio y le tiende la mano, que Alemania estrecha educadamente.

—Buenas noches.

—¿La pasaron bien? —sonríe la chica, cerrando sus ojos marrones, y les lleva en coche hacia su casa, a una hora de allí. Está anocheciendo, vuelve a llover y por las carreteras camina gente como si el agua no fuera impedimento para sus quehaceres.

—Nos mojamos —dice Italia entonces, recordando el momento en la playa. La mirada del rubio es de advertencia, pero él no pretende decir nada más.

—Sí, aquí es difícil no hacerlo. En sus países no hay estación lluviosa, ¿verdad?

—Donde Alemania llueve todo el año. Mi casa es más calentita, siempre sale el sol —explica Veneciano, saltando en el asiento.

—¡Estate quieto! —le ordenan, pero Costa Rica lanza una carcajada.

—No pasa nada, hombre, es un coche acostumbrado a la excitación. Alemania, usted no debería ser tan serio. Italia lo trajo aquí a que se relajara.

—Pero no hace caso —Italia hace un puchero—, sigue entrenando todas las mañanas...

—Bueno, eso está bien —indica el país anfitrión mientras observa el espejo trasero y gira el volante hacia un camino más angosto—, goza de buena forma.

—Se puede estar en buena forma haciendo... ¡ay! Alemania, me has hecho daño —el latino se lleva la mano a la cabeza.

—No digas idioteces —vuelve a ordenar, aún de brazos cruzados.

La casa de Costa Rica está situada en un hermoso y verde valle. El jardín está sembrado de árboles frutales, heliconias y amapolas. Varios gatos merodean alrededor. La casa huele a humedad y a madera, y la iluminación del salón es tenue. Hay dos mujeres preparándoles la mesa para cenar. Italia lo mira todo y después sale a jugar con los gatos mientras Alemania y Costa Rica discuten sobre la economía de ambos países y la organización de las exportaciones. El tema sigue en la cena hasta que Italia bosteza y entonces le preguntan qué es lo que más ha disfrutado en su viaje.

—Aparte de Alemania —una clara patada bajo la mesa que el italiano trata de ignorar—, me han gustado mucho los colibríes, las orquídeas y los pizotes. Los monos de cara blanca son malvados.

—Tus playas son cálidas y silenciosas —añade Alemania porque se avergüenza de la poca descripción que hace el otro—, y la gente es muy amable y solícita. Nos gustaría aprender eso. La gente también es puntual, es algo que agradezco.

—Oh, solo para los turistas —y lanza una carcajada—. Si vivieras aquí, colapsarías. Nosotros decimos que hay dos tipos de horarios: el tico y el normal. Cuando un tico queda a una hora, es posible que esa hora pase y aún no haya llegado.

—Oooh, en mi casa también —asiente Italia, mordiendo un taco de pollo. La gastronomía de Costa Rica es buena, aunque consiste en arroz y frutas en su mayoría, e Italia está un poco cansado de tanta piña y guayaba, frutas que toma Alemania todos los días como si siguiera una dieta especial.

—Muchas gracias por la cena —asiente educadamente el sajón una hora después de haber terminado y dejar de hablar de temas comunes. Se levanta para recoger los platos.

—Oh, no, no te molestes —pide Costa Rica—, Valeria y Celeste se ocuparán. Puedo llevarlos de nuevo de regreso al hotel o si lo desean pueden dormir aquí. Hay una habitación libre.

Alemania va a abrir la boca para declinar la invitación, pero cae en la cuenta de que molestará igualmente al país si le pide que les acompañe al hotel. En la casa donde se hallan no pasan autobuses, por lo que no hay otra opción para volver.

—Mm, con permiso de Alemania, a mí sí me gustaría quedarme. Costa Rica me dijo que el amanecer en su casa es maravilloso —Italia y sus ojos brillantes. ¿Cómo negarle nada?

La muchacha sonríe y su hermoso rostro se ilumina.

—No es molestia, de verdad. El cuarto está acondicionado ya, pueden pasar. Si necesitan ropa de cama pídanmelo y Celeste se encargará.

Alemania accede a la invitación y acompaña a Costa Rica al porche del jardín: ya es noche cerrada y se divisan las estrellas. La casa, rodeada de campos y árboles, está aislada de ruidos, aunque, explica, en la cercanía hay casas de gente que vive de la agricultura y el turismo. Alemania le pregunta por su ejército y se sorprende cuando Costa Rica hace referencia al americano. Al parecer, Estados Unidos les presta tropas para atender algunos asuntos porque ellos mismos no tienen ejército.

—¿No te parece bonito que un país no tenga ejército? —le dice Italia cuando ambos están cada uno en su cama, porque Costa Rica, afortunadamente, les ha prestado dos camas.

—No sé si es una ventaja o un inconveniente. De igual modo, si cuentan con la fuerza americana, de por sí ya son poderosos —opina el sajón.

—Costa Rica me contó que él y América se ven a menudo para tratar asuntos del ejército. Sus leyes también son supervisadas por los americanos. Es casi como si América protegiera a Costa Rica. Como tú haces con mi casa.

Alemania quiere decir que eso no es del todo cierto, porque sus jefes siempre han considerado a Italia como un chicle pegado al zapato más que como una nación colaboradora. Los italianos siempre han ido por libre, especialmente al huir. Realmente, es mucho más difícil proteger Italia que atacarla; si lo sabrá bien... leyó las estadísticas. Alemania quiere suspirar, pero una mano traviesa roza su cadera.

¡Mein gott! —da un salto, sobresaltado—, ¿cómo logras meterte en mi cama sin que me entere?

Italia no dice nada y solo lo abraza, esperando que Alemania le diga que puede quedarse, porque estar a dos metros de él no es ninguna garantía de protección, a pesar de que estén en un monte, junto a un país anfitrión y Alemania tenga la rapidez y la fuerza necesaria para defenderlo de cualquier cosa.

—Te quiero, Doitsu, y soy feliz a tu lado —susurra Italia arrimándose más.

—No puedes dormir aquí, esta cama es pequeña —suspira el sajón acariciando su cabello, pero Italia acaba de ponerse a roncar y ahí va esa noche sin dormir.

Afortunadamente, él está entrenado para hacer guardias, así que no se queja. De hecho, se duerme durante varias horas hasta que un sentido interior le despierta. Se levanta: Italia está diciendo "ve" en sueños, pero lo despierta porque está a punto de amanecer, y él estaba interesado en verlo.


CONTINUARÁ

La información es cierta, a mí también me sorprendió descubrir que Costa Rica no dispone de ejército propio.

Son bastante pacíficos y es por ello que Italia y ella hicieron amistad inmediatamente. Costa Rica no va a ponerse a fabricar banderas blancas, pero sí son pacifistas gloriosos. Hasta Alemania ha debido entender.

Gracias por leer.^^