Sentimientos Silenciados
Otro día mas que no podíamos hablar, en los últimos casi tres meses no sabía nada de él, no es que fuera ese tipo de mujer intensa ni nada de eso, es solo que me molestaba, de por si la situación ya comenzaba a frustrarme; entre sus estudios que incluían una carrera totalmente absorbente, los deberes y proyectos, nunca sacaba un poco de tiempo para hablar conmigo; nada era como al principio y eso era lo que me enfadaba, sin embargo no podía hacer nada ya que sola me había metido en este enredo, por lo que me tocaba ser comprensiva y tener paciencia, mucha paciencia.
Mire el último mensaje que había recibido, - Discúlpame, de veras que he estado muy ocupado, además no he podido dormir, te prometo que este fin de semana nos pondremos al día en todo, cuídate y no te enfades conmigo, son las responsabilidades de la profesión ;) – Si, las responsabilidades, eso ya lo tenía claro pero aun así me molestaba, como era posible que yo hiciera todo lo posible para darle por lo menos quince minutos de mi tiempo para que el me responda siempre con una despedida, simplemente se notaba el poco interés de su parte.
Preferí dejar la cosa hasta ahí, y darme un baño; solo el agua podría despejar mi mente y aclarar las ideas respecto a este chico que solo me confundía, creo que tenía problemas de personalidad ya que a veces era demasiado tierno conmigo y otras veces tan cortante y frio que comenzaba a cuestionar si era la misma persona que me perseguía en sueños.
Y pensar que todo había comenzado en una convención a la que había asistido hace más de un año, había asistido únicamente para apoyar a mis compañeros de universidad en uno de sus trabajos, pero a pesar de no haber sido un buen evento, me atrevería a decir que fue uno de los días más importantes en mi vida, ya que aquel día lo conocí, muchos dirían que fue amor a primera vista y en verdad no se equivocaban, quede prácticamente hipnotizada del chico de ojos tan oscuros como el ónix, con su tez tan blanca que contrastaba con perfecta sintonía con su cabello azabache ligeramente despeinado, y que decir de su bien formado cuerpo que debajo de ese buzo azul oscuro marcaba sus músculos bien trabajados, su altura rondaba el metro setenta y ocho o quizás un poco más, además no solo era la belleza física la que me atraía a dirigirle la palabra, había algo más, algo que no podía descifrar, su mirada tan enigmática le daban un aura misteriosa, por lo que pude ver andaba solo y al igual que yo, parecía que tampoco le había agradado ir a la convención.
Desde ese día simplemente me había flechado ese tonto de cupido, era increíble de creer que la persona más apática a cosas del amor, romance y cualquiera de esas cursilerías comenzara a frecuentar todos los eventos relacionados con esa convención solo por la vana ilusión de volver a verlo.
Con todos los intentos fallidos por encontrar al tipo de ojos como la noche, mi espíritu y pronto enamoramiento comenzó a darse por vencido; y la verdad era que me alegraba volver a ser la de antes y dejar esas ilusiones para las personas desesperadas por encontrar el amor verdadero.
Lo único que me alejaba de deprimirme debido a mi primera ''desilusión'', eran mis amigos, la universidad y mi trabajo, trabajaba como asistente financiera en una reconocida empresa comercial y por las noches estudiaba Finanzas en la universidad central de la ciudad, con todo eso siempre estuve ocupada, así que nunca me había puesto a pensar en esas ridiculeces del amor y todo lo demás; pero desde que lo había conocido, o mejor dicho lo había visto, a veces me perdía imaginando que hubiera sido si me animaba a hablarle, pero al cabo de unos momentos reaccionaba y volvía a pisar tierra firme.
Y luego de un par de meses, tiempo en el cual mi vida había vuelto a la normalidad, lo volví a ver, así sin más, como si fuera una cruel broma del destino, debía volverlo a ver justo cuando comenzaba a superar mi temprana ''ilusión'', debía verlo justo en mi trabajo y no como cualquier cliente, sino como el sobrino de mi jefe; vaya que tenía suerte.
