Titulo: La joven secretaria

Autora: Mazii.

Resumen: Hinata Hyuga era la secretaria del magnate Sasuke Uchiha pero una noche ambos cometen el error de compartir sabanas. Hinata se enamoró de su jefe sabiendo que era prohibido. "Esa noche nunca pasó." Le había dicho Sasuke, pero… ¿Cómo iba a olvidar si estaba esperando un hijo de él?

Advertencia: Posible OoC. Contenido levemente sexual. Sasuke es mayor que Hinata. Universo Alterno.

Declaración: Los personajes de Naruto no me pertenecen.

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—Déjenos solos.

Hiashi volvió a parpadear. Aparte de eso, no movió ni un musculo. La miró y escrutó su rostro. Enarcó una ceja. Hinata se encogió por dentro, tal vez no la creía.

—De dos meses.

Él frunció el ceño y entreabrió los labios. Miró su vientre, que ella se sujetaba inconscientemente, y después su rostro de nuevo.

—Voy a tener un bebe –dijo Hinata.

Las palabras colgaron en el aire unos segundos mientras él seguía mirándola, atónito. Después se puso en pie y cruzo la habitación.

Aún no había dicho una palabra.

Hinata se estremeció y miró el suelo, oyendo sus pasos alejarse. Había sido incapaz de imaginar cómo reaccionaría. Nunca lo había visto perder los estribos. Su ira era silenciosa y controlada. Se preguntó si estaba enfadado.

Se atrevió a alzar la vista y, justo entonces, él se volvía hacia ella. Sus ojos ardían y su expresión era rígida, inescrutable y atemorizadora.

— ¿Has guardado el secreto dos meses? –las palabras sisearon de entre sus labios prietos y cerrados.

—Sí –susurró ella. Se le encogió el corazón al ver una sombra de confusión en su rostro. Unos segundos después, se acercó a ella, invadiendo su espacio con su sombra.

— ¿Puedo ver tu vientre? –su voz sonó serena, pero exigente. No era una petición educada, pero la situación tampoco era habitual. Hinata se puso en pie. Ruborizada, se levantó la camiseta.

Evitando sus ojos. Hinata se miró el vientre. Parecía vulnerable y pálido, y una suave curva anunciaba la presencia de una tercera persona en la habitación.

Hiashi alzó la mano derecha y tocó su abdomen con la punta de los dedos extendidos. Gradualmente, con suavidad, bajó la mano hasta cubrir su vientre.

Ella sintió un intenso cosquilleo con el contacto. Intentó controlar la respiración, sin atreverse a mirarlo.

—Te casaras – él apartó la mano.

— ¿Qué? –Hinata apenas reconoció su voz. Sonó estrangulada y distante. Con esfuerzo tremendo, lo miró a la cara.

Sus ojos llameaban fuego negro. La miraba con expresión determinada.

—Te tienes que casar.

Ella se colocó la camiseta, cubriendo su vientre. Se sentía desnuda y expuesta ante esa orden autoritaria.

Pero negó con la cabeza.

Hiashi estrechó los ojos, pero no habló.

—No puedo casarme –dijo con voz clara y resuelta.

— ¿Por qué no? –gruñó él.

—Porque… - "porque no me ama", pensó, pero fue incapaz de decirlo.

Hiashi se alejó de su hija lo bastante como para observarla de cuerpo entero. Superficialmente no tenía ningún cambio, ni siquiera su vientre se veía abultado, pero en su interior ahí fue ya no era la misma niña a la que había dejado marchar. No, ella ya no era más su niña.

—Espero que sepas lo que haces.

(…)

Hiashi desvió la mirada y cruzó la habitación. Su mente era un torbellino de pensamientos confusos.

"Hinata está embarazada"

Había tenido que poner la mano en su vientre para aceptar la verdad. Y su corazón saltaba de alegría. Su otra hija le daría un nieto.

Lo asaltó la visión de Hinata viviendo en la casa, de que todo fuera como antes. Pronto Hanabi también se iría de la casa, con su esposo; así mismo como lo hizo Neji con su mujer, no quería quedar en la soledad con su esposa.

Ya extrañaba las incontables risas de sus nietos y ya se podía imaginar la pequeña sonrisa del nieto que venía en camino. Le hacía ilusión tenerlo ahí, que viviera por lo que había vivido Hinata que compartiera las anécdotas con sus primos. Pero veía tan distante esa opción, estaba tan lejos de la realidad.

Y todos sus miedos se volvieron tan reales… Hinata lo dejaría para irse con el padre del niño, lo sabía, veía en la mirada de su hija ese profundo amor que sentía hacia la otra persona ¿Cómo negarse a que ella fuera feliz, a que ella pudiera crear su propia historia, a formar una familia?

Estaba vez haría lo mejor para su hija y próximo nieto, y si su felicidad se encontraba fuera del pueblo él la dejaría marchar….

(…)

Detrás del imponente hombre se encontraba Hinata escondida tras su espalda, recibiendo las preocupadas miradas de los mayores. Se mantuvieron en silencio esperando que alguno de los dos hablara. Hasta que el jefe de la familia habló.

—Celebraremos por el futuro nuevo integrante de esta familia

Hiashi llevó sus brazos a los hombros de su hija que, por fin pudo relajar, y sonrió como nunca.

Sonrió al ver a toda su familia junta.

Sonrió al ver ese calor que tanto le hacía falta.

Sonrió porque supo que ya nunca más estaría sola. Nunca más.

Y estaba vez lloró, pero no lloró de tristeza o soledad sino porque su vida por fin se estaba volviendo unir. Como tenía que ser desde un principio.

Toda la familia se acercó abrazarla mientras Hiashi se alejaba para mirar el cuadro de toda su familia juntos. Le hubiera gustado que esa imagen se congelara y durará para siempre.

Su mente divago hasta lo que había sucedido hace unos meses atrás donde Hinata se había marchado.

Ella había terminado hace algunas semanas la Universidad, se había enterado que renunció al supermercado justo antes de que la ascendieran de puesto. Y ahora se enteraba de que su hija tenía planeado irse de la casa.

Sola. A la gran ciudad.

No podía permitir que una de sus hijas se marchara a la gran ciudad y menos sola. No conocía a nadie allí ¿Qué iba hacer allá?

—No te irás a ningún lado Hinata –dictaminó él.

Esperando que la discusión acabara ahí. Pero Hiashi podía olvidar a veces cuan testaruda podía ser cuando quería. En ese aspecto se recordaba mucho cuando era joven y siempre iba contra su padre o su propia familia.

Él había cometido muchos errores. Errores que no quería que cometiera Hinata y si era necesario mantenerla en una burbuja lo haría.

La discusión se mantuvo por mucho tiempo, Hiashi no iba a dar su brazo a torcer. Ella no se movería de su hogar y punto.

—Ya soy mayor de edad como para tomar decisiones por mí misma.

—Estas bien aquí. No necesita de esa gran ciudad para demostrar que tú puedes.

Hinata se acercó al asiento de su padre y tomó sus manos, estaban tan frías como siempre, al igual que su dura mirada perlada.

Sus ojos eran tan similares pero al mismo tiempo tan distintos.

—Eso lo sé padre. Pero entiende que tenemos demasiadas deudas, además se estará acumulando los recibos de la universidad.

—Ya veremos cómo lo solucionaremos. Siempre terminamos solucionando todo. Recuerda que somos una familia.

Ella comprendió que su padre la estaba intentando persuadir por la vena de la familia y no caería en la trampa.

—No me perderás si me voy a la ciudad, siempre seré tu pequeña. La luz de tus ojos ¿recuerdas? Necesito ir

Hiashi supo que no podría hacerla entender que se quedará y sólo le quedaba la última forma de que recapacitara y que no se fuera de su lado.

— ¡Esta bien! Pero recuerda, sale por esa puerta y te olvidas que tienes un padre.

La última carta había sido tirada a la mesa, sólo quedaba que Hinata eligiera que iba hacer tenía dos opciones. Y para lamentó de Hiashi su hija había elegido irse.

Pero ya era momento de dejar todo eso atrás y comenzar como correspondía. Empezaría por saber todo de ese extraño hombre que había calado en el fondo del corazón de su hija, luego por conocer sus anécdotas que le ocurrieron en la gran ciudad. Y luego de muchas cosas más, le exigiría a Hinata que le diera la dirección de ese misterioso hombre para hacerle una visita y demostrarle que su mente era chapada a la antigua.

Porque ningún hombre dejaba embarazada a su hija y sin una alianza en su dedo.

(…)

Sasuke no dudo en interceptarla en la entrada de la casa. Ella se giró sorprendida por la visita del hombre pero con una sonrisa en su rostro le saludo.

Hubiera esperado el mismo saludo de vuelta pero las facciones del rostro del Uchiha estaban demasiado tensas, intentó decir una palabra pero los ásperos labios del hombre no permitieron dejarla hablar

—Os daré a ti y al niño todas las ventajas y oportunidades. Como esposa mía, no te faltara nada. Llevarás mi nombre y no te faltará nada. —anunció cuando se separaron.

— ¿Qué?

—Me considero responsable de esta desafortunada situación. Tú no tienes la culpa…

— ¿desafortunada?

—Lo anunciaremos mañana. Nos casaremos antes de que acabe el mes, y nuestro hijo no tendrá de qué avergonzarse.

Hinata se apartó de él. El movimiento hizo que la camiseta ciñera la nueva redondez de sus senos y de su vientre, y Sasuke tuvo que desviar la mirada. El embarazo no disminuía su deseo por ella.

— ¿Te estás escuchando Sasuke? Yo no me casaré contigo por darle un apellido a mi hijo, él no lo necesita para ser feliz.

—Pero necesita un padre…

—Y lo tiene… –interrumpió ella —Lastima que sea un idiota.

—Hinata…

—Escúchame Sasuke. Sé que este niño no fue planeado, fue algo de una noche, pero para mí no fue algo de que debo lamentar. Llevó un hijo del hombre que amo, que me recordara todo los días tú cara, tu sonrisa o quizás tus ojos… pero para mí esto es lo más maravilloso que me ha pasado. Ahora si tú piensas que yo me casaré por tu apellido o para que mi hijo lo tenga estas equivocado.

—Debes hacerlo.

—Sé que en ciertos sentidos el matrimonio parece lo más sensato, lo obvio, pero también sé que a la larga nos arrepentiríamos. Nos sentiríamos atrapados como si nos hubiera forzados a estar juntos.

Hinata dio dos pasos atrás, acercándose a la seguridad de su hogar.

—Quizás tú no sientes el mismo amor que yo siento por ti, pero no me casaré con un hombre que sólo quiere darle un apellido a su hijo. Sasuke no quiero que nos casemos por el que dirán en la empresa, quiero que nos casemos por amor porque estamos lo suficientemente seguro que lo nuestro es real. Piénsalo.

Con lo ultimo dicho giró sobre sus talones y se marchó a su hogar cerrando con pestillo. Sin esperar respuesta.

Sasuke se quedó ahí, quieto, mirando por donde se fue Hinata, esperando que ella regresara y se tirará a sus brazos diciéndole que se quería casar lo más pronto con él. Con las mismas ansias que él tenía de casarse con ella.

Pero no fue así. Aunque esto no lo haría desistir con la propuesta de matrimonio.

Señora de Sasuke Uchiha.

Admitió que el nombre no cuadraba con su cabello negro y grandes ojos color perla. Era un nombre pesado, con siglos de tradición a su espalda.

Pero sabía que el matrimonio podía funcionar. Formaban un gran equipo de trabajo. Y entre las sábanas… le subía la temperatura al recordar la sensación de estar dentro de Hinata. Excitación explosiva y satisfacción total. Nunca había sentido nada igual.

Mientras preparaba la boda de forma paralela tendría que demostrarle que el amor que sentía por ella era tan real y palpable que haría cualquier locura, comenzando por esa horrible bicicleta en la cual llegaba todas las mañana a la empresa. No permitiría que su mujer anduviera en algo tan peligroso.

(…)

Hinata se tensó cuando Sasuke apoyó el codo en el escritorio, y agitó las llaves que colgaban de su dedo.

Había insistido en que disfrutara con él en su despacho, a puerta cerrada, del delicioso almuerzo preparado por uno de los mejores chef

Volvió a presionarla para que aceptara el Mercedes Releases que había encargado sin consultarla.

—No, no puedo aceptarlo –se limpió los dedos en la servilleta y se reclinó en la silla.

—Es por pura eficiencia. Emplearás mejor tu tiempo trabajando que montando una bicicleta.

—No lo hago en horas de trabajo –protestó ella con ira —. ¿Acaso no soy la primera en llegar y la ultima en marcharme?

Él la observó en silencio un momento.

—Tu doctora debería aconsejarte que no montes esa maldita cosa estando embarazada. ¿No es un esfuerzo excesivo en tu estado?

—Dice que mientras no me sienta cansada o sin aliento, puedo hacer vida normal. De hecho, el ejercicio es bueno para el embarazo y facilita el parto.

—Bah. ¿Qué saben los médicos? Conducir un coche con aire acondicionada es más sano… y los demás conductores te ven llegar –insistió él.

—No puedo aceptarlo –ella se cruzo de brazos. No quería sentirse en deuda con él. Tenía que tomar decisiones basándose en lo que consideraba correcto.

—Es innegable que montar en bicicleta te mantiene en forma –Sasuke se recostó en la silla y se cruzó de brazos, imitando su postura. Miró sus senos, mucho más hinchados, y una sonrisa se curvó su sensual boca. A ella la irritó que se le endurecieran los pezones con su mirada de admiración. Lo maldijo para sí.

Era una nueva táctica. Desde que lo había vuelto de sus repentinas vacaciones, hace cuatro días, flirteaba con ella. Intentaba seducirla. En vez de sujetarle una puerta con rigidez para que pasara, ponía los dedos en su espalda y la guiaba con suavidad. En vez de mirarla de reojo, dejaba que su mirada descansara en su rostro y de vez en cuando en la curva de sus pechos hinchados.

La admiración oscurecía sus ojos y no lo ocultaba.

Hinata, siempre en lucha con su atracción por Sasuke, estaba desconcertada. Sabía que debería irritarla sus miradas, dignas de una denuncia por acoso sexual.

Pero sólo deseaba aceptar su silenciosa oferta de arrancarle la ropa y seducirla allí mismo, sobre el escritorio de su despacho.

Su nueva estrategia era muy, muy peligrosa.

—Perdone la interrupción, señor Uchiha –la señora Shizune asomó la cabeza un segundo —. Tiene una llamada urgente del señor Hatake.

—Me llevaré los platos –Hinata se levantó y recogió el escritorio, agradeciendo la escusa para poner fin a una conversación que seguía un derrotero peligroso.

Esa mañana las miradas de Sasuke la habían asaltado con miles de palabras no expresadas. Una parte de ella quería oírlas pero al mismo tiempo tenía miedo.

Era un hombre fuerte en todos los sentidos. Su impresionante físico era espejo fiel de su determinación. Tenía que mantener la perspectiva y la distancia, no dejarse arrastrar por la fuerza de voluntad de él ni por el deseo que la mantenía cautiva.

—Deja que las lleve yo –la señora Shizune se puso en pie cuando Hinata salió con la bandeja cargada.

—No hace falta. Las llevaré a la cocina y las pondré en el lavavajillas.

—Deja que al menos llevo los platos –alzó los platos sucios de la bandeja y pulsó el botón del ascensor —Me irá bien estirar las piernas. No podemos permitirnos que nos salgan varices, ¿no crees? –sonrió, y Hinata le devolvió la sonrisa.

A pesar de su rígida apariencia, la señora Shizune era una mujer agradable. Tan considerada que había que Hinata se sintiera egoísta y vana por su ansia de experiencia y progreso. Entraron al ascensor.

—Señora Shizune, sé que lleva años haciendo este tipo de trabajo y yo soy bastante nueva. ¿Dónde pone el límite entre las tareas que está dispuesta a hacer y las que no?

— ¿Límite? No ha límite. Mi trabajo es ayudar a un ejecutivo y hago cuando está en mi mano para satisfacer sus necesidades.

— ¡Eso suena peligroso! –rió Hinata —. ¿Qué es lo peor que le ha pedido un jefe que hiciera?

"Compartir sabanas con él". No se imaginaba que pensaría la señora Shizune si lo supiera. O si supiera que llevaba un hijo de Sasuke.

—Bueno –la señora Shizune frunció los labios. Sus mejillas empolvadas se tiñeron de rubor —Me temo que a veces mi función es ocuparme de regalos y favores para… ¿Cómo decirlo? –ladeó la cabeza —. Para sus amantes.

—Cielos, ¿todos engañan a sus esposas?

—No todos –la señora Shizune apretó los labios —. Pero debemos recordar que estos hombres tan poderosos se ocupan de problemas y crisis que desquiciarían a un hombre normal. Necesitan un escape para su estrés –parpadeó rápidamente.

—Ahí estaría mi limite. No haría recados para la querida de mi jefe –Hinata sintió un cosquilleo en la espalda que acabó poniéndole la carne de gallina.

—Quizás por eso las mujeres de mi generación seguimos teniendo trabajo –la señora Shizune sonrió —Los hombres tienen sus necesidades, es mejor aceptarlo –se inclinó hacia Hinata con aire conspirador —De hecho, está mañana el señor Uchiha me ha pedido que asegure y envié unas joyas a una mujer.

— ¿Qué? –la voz de Hinata sonó demasiado alta.

—Sí –llegaron a la pequeña cocina y dejaron la vajilla n la encimera —. Deberías verlas. Exquisitas. Encargas a Londres. Incluso me enseño unas imágenes en el ordenador y pidió mi opinión –tocó el brazo de Hinata —. Sesenta mil dólares –susurró — Quienquiera que las reciba, es una chica afortunada.

Unas manchas negras bailotearon ante los ojos de Hinata. ¿Una novia? Intentó controlar la respiración. O tal vez fueran para ella.

No habían vuelto a hablar de la propuesta de matrimonio. Por lo visto había perdido interés en el tema, lo que la tranquilizaba e incomodaba al mismo tiempo. Se preguntó si planeaba convencerla con joyas, miradas ardorosas y coches de ochenta mil dólares.

—Sí, una chica con suerte. Las entregarán en una dirección de Las Vegas.

Eso fue un golpe directo al plexo solar de Hinata. Las Vegas estaba a cientos de kilómetros. Había sido una estúpida al pensar que eran para ella. Una idea grotesca. Rechino los dientes. Nunca aprendería.

—Supongo que te resulta difícil imaginarte a nuestro señor Uchiha con una corista –rió la señora Shizune —, pero llevo trabajando el tiempo suficiente para saber que hasta los caballeros más serios disfrutan de la compañía de esas chicas alegres. ¿Y por qué no iba a tener una novia guapa, o diez? Al fin y al cabo no está casado.

No. No lo estaba. Pensar en Sasuke con otra mujer la dejó helada. Se preguntó si pretendía casarse con ella y tener otra mujer, o varias, a su disposición.

— ¿Estás bien, querida? Te veo pálida.

—Muy bien –contestó —. Tengo un poco de acidez.

—Bueno, será mejor que volvamos a nuestros escritorios. No sería bueno que el señor Uchiha y Uzumaki saliera y ninguna de las dos estuviera disponible.

—No –Hinata siguió a la señora Shizune. Se alegraba mucho de haber rechazado el coche. Si Sasuke creía que podía comprarla para incrementar su harem estaba muy, pero que muy, equivocado.

(…)

La luz del intercomunicador de Hinata parpadeo. Se preguntó que quería; estaba a punto de irse a casa. Llevaba todo el día requiriéndola en su despacho con un pretexto u otro y tenia los nervios destrozados. Necesitaba estar lo más lejos posibles de él. ¡Ni siquiera era su secretaria!

— ¿Sí?

—Ven, por favor.

—Ahora mismo –reunió coraje y entró.

—Cierra la puerta –Sasuke estaba en su sillón, con las manos detrás de la cabeza y los codos en el aire —. Felicidades –sonrió enigmáticamente un segundo —. Has conseguido la cuenta Hatake. Tu presentación y tu propuesta los impresionaron a muchísimo.

—Excelente –Hinata contuvo a duras penas el deseo de alzar el puño en el aire, en señal de victoria.

Excelente es la única palabra que describe tu trabajo últimamente. –se inclinó hacia delante y apoyo los codos en la mesa —. Dadas las circunstancias, pretendo aligerar tu carga de trabajo. Deberías estar durmiendo ocho horas, reservando tu energía y tomando comidas nutritivas y bien preparadas. Le pasaré la propuesta de Senju a Shikamaru, Ino y Chouji trabajarán en el proyecto Hokage y yo me ocuparé personalmente del proyecto Hatake.

—Pero eso me deja… -la sensación de alivio inicial se convirtió en alarma mientras él hablaba.

—Con tiempo para relajarte y disfrutar de tu embarazo. Últimamente pareces cansada y, como has admitido, no has ganado el peso suficiente. Debemos garantizarle a nuestro bebe las mejores condiciones, ¿no crees?

—Bueno, sí, pero… -iba a quitarle todos los proyectos. Y ya había delegado sus tareas administrativas en la señora Shizune. Tal vez pretendía que se pasara el día limándose las uñas o regando sus plantas. O atendiendo a sus otras necesidades.

Necesidades que una corista de Las Vegas satisfaría mucho mejor que ella. Apretó sus puños.

—Me gustaría concluir los cálculos de la propuesta Yuki yo misma. He investigado mucho, y creo que en este momento puedo ofrecer los datos más detallados… -su voz fue subiendo de volumen y Sasuke la silenció levantando una mano.

—Como quieras. Haku Yuki me ha comentado lo impresionado que estaba con tu detallado análisis de la complejidad del proyecto. Pero quiero que informes a Shikamaru de todos los datos –le lanzó una mirada devastadora —. Porque dentro de poco tendré para ti otro proyecto muy importante.

Ella intentó mantener una expresión impasible mientras su cuerpo ardía de ira y excitación

—Será mejor que me vaya –siseó —. Tengo revisión médica a primera hora de la mañana. Acabare sobre las nueve y media, así que llegaré antes de la reunión. La propuesta de Yuki estará lista a mediodía.

—No lo dudo –sonrió él —. Confió en ti plenamente.

Hinata se apresuró a salir, sintiendo el eco de su voz en los oídos. Lo había dicho como si se refiriera a mucho más que su capacidad de acabar un trabajo a tiempo. No sabía que pretendía Sasuke.

Ya junto a su bicicleta, miró con añoranza el coche plateado que había junto al de Sasuke. Durante un instante lamento no poder aceptarlo, igual que no podía aceptar convertirse en esposa de Sasuke. Cuando pensaba en pasar con él el resto de su vida sentía júbilo un instante, hasta que recordaba las palabras de su madre: "No te cases con un hombre que no te ame. Te arrepentirás toda tu vida."

Esas palabras siempre ponían coto a su febril imaginación y la devolvían a la tierra.

(…)

Sasuke miró su reloj otra vez, preguntándose donde estaba Hinata. La cita médica debería haber finalizado a las nueve y media. Fue a la ventana, buscando rastros de la maldita bicicleta a la que estaba tan apegada.

Una amplia sonrisa curvó su boca cuando la vio entrar al aparcamiento. Era grácil, atlética y se movía con la dignidad de una reina. Una reina con pantalones cortos elásticos y una deportiva camiseta de maternidad. Al menos la había convencido para que empezara a utilizar casco.

Sintió una cálida sensación mientras la observaba en el último giro e ir hacia la parrilla para bicicletas que sólo ella utilizaba. Un coche gris salió de repente y la lanzó al asfalto

El terror disparó todas las neuronas de su cerebro. Agarró el teléfono, salió del despacho y corrió escaleras abajo mientras llamaba a emergencias.

— ¿Cuál es el problema?

— ¡Una ambulancia! ¡La han atropellado!

—Disculpe, señor. ¿Puede hablar más despacio?

—Un coche ha golpeado a Hinata… Iba en bicicleta –jadeando, salió por la puerta de emergencia al sol cegador del aparcamiento —. En Delco Steet, 500. ¡Por favor, dense prisa!

Se le heló la sangre en las venas a ver a Hinata tendida en el asfalto y al conductor mirándola. Corrió hacia ella y se arrodilló. Puso la mano en su cuello. El pulso era regular.

—No la vi –aseguró el conductor. Sasuke lo ignoró. Hinata estaba inconsciente, pero respiraba.

Lucho contra el deseo de tomarla en sus brazos. No debía moverla por si tenía daños internos. Acarició su mejilla. Deseó gritar pidiendo una ambulancia, pero tal vez ella lo oiría y no quería asustarla.

— ¿Hinata?

No hubo respuesta, ni siquiera un parpadeo. El miedo oprimió su corazón y maldijo entre dientes. Se llevó el teléfono al oído.

— ¿Dónde está esa ambulancia?

—Va en camino. ¿Está consciente la victima?

—No –tragó aire —. No está consciente. ¡Dense prisa! Está embarazada.

— ¿Respira?

—Sí, respira bien.

—No la mueva. La ambulancia llegara en cinco minutos

El tiempo se hizo eterno mientras sujetaba su mano y contemplaba el ascenso y descenso de su pecho. Nunca se había sentido tan impotente, y ardía con la necesidad de hacer algo, lo que fuera, para ayudarla.

—Hinata ¿me oyes? –no hubo respuesta.

Una multitud se había congregado a su alrededor. Ella parecía pequeña y frágil tirada en el suelo, con el sol cayendo sobre ella. Deseo protegerla de sus rayos y refrescar el ardiente asfalto.

—Hinata –susurró. Sin respuesta.

Por fin la ambulancia entro al aparcamiento con la sirena aullando. La gente se apartó para dar paso a los paramédicos, que tomaron las constantes vitales de Hinata y la subieron a una camilla.

Sasuke montó una escena suplicándole que tuvieran cuidado; le revolvía el estomago ver a unos desconocidos tocarla y manipularla.

— ¡Apártense! –gritó el paramédico, antes de cerrar la puerta trasera de la ambulancia.

— ¡Déjame subir! –gritó Sasuke.

—Lo siento señor, no hay sitio.

—Pero es mi… soy su… ¡soy el padre del bebé! –su grito resonó entre las voces que murmuraban.

—Lo siento, señor la llevamos al hospital general, puede seguir a la ambulancia.

El sintió ira y desesperación cuando la ambulancia se puso en marcha. Maldijo en voz alta al comprobar que no llevaba encima las llaves del coche.

Apartó a los mirones y corrió al edificio y escaleras arriba. Entró al despacho y agarró el llavero que había en el escritorio. Cuando se sentó tras el volante de su coche, sudaba y jadeaba.

— ¡Que no sé muera! –gritó con desesperación, culpándose del accidente. Había pecado de negligencia al permitirle utilizar esa ridícula bicicleta en su estado. A partir de ese momento la cuidaría, le gustara o no a ella. Era su deber, y no volvería a fallar.

Llegó al hospital con un chirrido de ruedas y aparcó ante la entrada de urgencias. Salió del coche y empujó las puertas de cristal.

—Hinata Hyuga, ¿Dónde está? –le exigió a la recepcionista, interrumpiendo su conversación con otra mujer.

—Un momento, por favor,

—Acaban de traerla… ¡esta malherida! –se apartó del mostrador y fue hacia la puerta que había detrás.

—Señor, ¡no puede entrar ahí!

—Pero necesito… -dos guardias se acercaron y sujetaron sus brazos para impedirle que pasara —. No lo entienden soy su…

Su ¿qué? No era su marido, ni siquiera era su novio. Era su jefe.

—Señor, por favor, venga por aquí –había dejado de resistirse a los guardias y permitido que lo llevaran a otro mostrador y lo depositaran sin ceremonias en una silla.

—Hinata Hyuga –le dijo a la mujer de cabello plateado que miraba una pantalla de ordenador —. Necesito estar con ella –añadió con firmeza.

—Le entiendo. Deje que consulte su registro de entrada –lo miró con amabilidad y volvió a centrarse en la pantalla —. Está en una sala de examen, el médico está con ella.

Sasuke cerró los puños al imaginar a Hinata tendida en una mesa con las manos de un extraño sobre ella.

—Tendrá que esperar aquí hasta que el médico…

— ¡No puedo! –s levantó de un salto y, de inmediato, los guardias lo aferraron.

—Sé que es un momento difícil, señor, pero supongo que querrá impedir a médicos y enfermeras que realicen su tarea.

—No, claro que no –miró al guardia que tenía a la derecha, que lo observaba con pena —. Esperare.

Recorrió la sala de espera de arriba abajo, sin descanso. Todo era culpa suya. Habría roto sus propias normas y llegado a una situación sobre la que no tenía control. Hinata tenía que vivir. Debía vivir. Y él se aseguraría de que no volvieran a separarse.

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Continuara….

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Mi espacio oscuro:

Hinata no acepta la propuesta porque primero Sasuke debe de tener claro que no es sólo por el apellido. Dicho y aclarado.

¡Hola! Luego de mucho tiempo, tengo el siguiente capítulo en sus computadoras. Por favor no me odien.

Quiero decirle que este capítulo originalmente era casi de diez mil palabras y con más de veinte páginas de Word, pero no sabía si colocarlo sólo como un capitulo o dividirlo en dos, pero haciendo una pequeña encuesta decidieron que fueran dos. Así que, como pensarán el siguiente está listo esperare unos días haber que tal y los tendrán frente a ustedes.

En conclusión, el próximo seria el final…. Así que comienzo a guardar sus lindas palabras en una maleta para tenerla siempre en mí.

Gracias por leer.

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Respondiendo.

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AntoniaCifer: ¿Quién puede odiar a Konan? ¡Nadie! Kiba no dejara que Sasuke entre en la vida de Hinata a menos que esté seguro de que la quiere. Si son como hermanos. Ahora si te puedo decir que estamos casi en el final queda uno más y adiós. Que tristeza. Gracias por leer.

Fer: Gracias fer, todo su apoyo es tan importante. Disculpa por tardar tanto. Gracias por leer.

TsukiyomiHana: Disculpa por la demora, pero para el siguiente no me demoro nada. Gracias por leer.

Jeffy Iha: Aun queda uno más. Así que me pego a ti como una lapa. Sasuke aprenderá a que debe medir sus palabras y tendrá que saber ocuparlas. Gracias por leer.

SasuHinas fan: ¿Te gustaría asesinar conmigo? Últimamente ando muy sádica y necesito ver sangre recorrer mis manos… ejem… digo necesito calmarme. Gracias por leer.

MarthaIP: Gracias a ti por leer esto, escribir un comentario y seguir los capítulos. No muchos se dan ese tiempo y por eso te estoy tan agradecida. Muchas gracias por todo. Gracias por leer.

DanyMary: Me alegro de que te haya subido el ánimo. Es bueno hacer algo por alguien tan indirectamente. Créeme que a mi igual, ¡en realidad a todos! Gracias por leer.

Kattyto: Aun queda uno más, además del epilogo así que vendrán muchas sorpresas (bueno no tantas) A veces Itachi no es tan perfecto (mentira si lo es). Aunque Konan no es mi personaje favorito la respeto (estar rodeada de hombres no debe ser fácil) Me desagrada la Haruno, aunque no me gusta dejarla como mala. Gracias por leer.

Hinatacris: Creo que la reacción de Hiashi fue la de un padre preocupado, como cualquiera. Bueno sobre de pedir su mano eso se verá más adelante si es que Hinata acepta primero. Gracias por leer.

Elena Hyuga: ¿Te sentiste identificada con la historia? ¿Cómo? ¿Tienes un jefe tan sexy como Sasuke? Si es así dime donde trabajas. Gracias por leer.

Anna 04: ¡Eh aquí la continuación! Gracias por leer.

Yanisaku: En esa parte se refiere que nunca han hablado sobre el futuro del bebe y ahora como sabes Sasuke sólo quiere darle su apellido por cosas de honor, o eso es lo que piensa Hinata. Sabemos como es Sasuke de malo con las palabras xD espero haberte aclarado un poco. Gracias por leer.

Sasuhinaforever: Disculpa. Disculpa, no pensé que iba a demorar tanto. Me siento tan mal por eso. Pero espero que la curiosidad ya no afecte tanto y me puedas esperar para el próximo. Gracias por leer.

Kuragari Uchiha: La musa no quise ayudarme mucho… Ya sabes que cualquier cosa, aquí estoy. Gracias por leer.

Oniz Dorado: Muchas gracias por tus lindas palabras, pero hace muy poco me llegó la musa de casi un año de vacaciones. ¡Es una malvada! Pero ya está aquí. Para el próximo no tardo. Gracias por leer.

Sandy Hyuga: Mejor tarde que nunca. Discúlpame la demora. Gracias por leer.

Juls Noom: No. No lo he abandonado, sólo me que abdujeron los ovni y me siento tan mal por eso. Pero aquí está el capitulo y ya no queda nada para él fin. Gracias por leer.

Viictooriia Hyuga: La tan esperada continuación…. Gracias por leer.

Anime love: ¡Oh! Querida no te preocupes, lo importante es que lo hayas leído y estés aquí. Entiendo que no puedas pasarte muy a menudo, también estudio y prontamente comenzaré a trabajar y sé cuanta responsabilidad hay. Bueno el próximo es el último. :c Gracias por leer.

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Siendo esas las respuestas yo me despido. Cuídense, estudien, trabajen y sean exitosos.

PD: No daré excusas por la demora. Sepan comprenderme. Muchas gracias.