Renuncia: La historia y personajes de Dragon Ball Z/Dragon Ball GT no me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama; yo sólo escribo sin fines de lucro por amor a su obra.
"Pan en el país de las maravillas"
Sonrió levemente mientras bebía el último trago de su malteada, amaba esa sensación única del chocolate derritiéndose lentamente en su boca. No entendía que tanto le veían al alcohol o a las drogas ¡Sí el chocolate y los postres eran lo mejor!
―¡Va a querer algo más mi bomboncito hermoso!
―¡Abuelo! ―Le dijo mientras reía y fingía una mueca de molestia. Después de tantos años no le quedó más remedio que acostumbrarse a los repentinos ataques de melosidad por parte de su querido y atolondrado abuelo Satán. ―Podemos pedir el pastel. Y más malteada. ―Respondió con una gran sonrisa.
―¡Lo que tú quieras bebé! ―Contestó con otro acaramelado mimo mientras ordenaba otra ronda. Aunque bueno, él no se quedaba atrás, si de comer golosinas se trataba Mr. Satán también era como un niño. Incluso después de tantos años con Boo su gula por los dulces había aumentado.
Siguieron comiendo tranquilamente, bueno, no tan tranquilos ya que de vez en cuando algún fan se acercaba a pedir el autógrafo del gran Mr. Satán.
―Sabes, me encontré a tu amiga de pelo azul ayer por la tarde. ―Le comentó a su nieta mientras saboreaba su delicioso pastel de fresas y chocolate.
Pan no estaba prestando gran atención a su abuelito, pero ese comentario la inmutó levemente. ―¿Pelo azul? ¿A Bra?
―Sí, a la hija de ese saiyajin, Vegeta. ―Satán se estremeció al mencionar dicho nombre.
―¿Qué raro, donde te la encontraste? ¿Fue aquí en Ciudad Satán? ―Preguntó Pan con un poco de curiosidad.
―No, fue en la Capital Oeste, en uno de mis institutos de artes marciales del gran Mr. Satán ―respondió con sus ya conocidos aires de grandeza.
Pan abrió los ojos como platos ―¿Dijiste artes marciales? ―Sin duda esto estaba rarísimo.
Bra queriendo aprender ¿Artes marciales?... Y para colmo en la escuela de su abuelito Satán… No, eso tenía que ser una falacia.
―Sí, no sé si quería entrar o algo. Al verme se molesto mucho y me dijo que no me entrometiera en su camino, después se fue. ―Comentó algo pensativo Satán. Esa familia de Vegeta, los Briefs lo asustaban con sus explosivas personalidades y gran fuerza.
Pan no le dio mucha importancia al asunto, ya después arreglaría cuentas con Bra. Quizá sólo iba pasando por ahí. Puede que incluso estuviese buscando a la misma Pan.
Siguieron hablando de cosas triviales, hasta que su abuelito hizo una pregunta para la que Pan no estaba nada preparada, esa era LA pregunta.
―Así que dime Pan, sabes tú siempre serás mi pequeña bebé, pero aun así supongo que te debe interesar algún muchacho ¿no es así? ―Dijo el campeón del mundo con un poco de inseguridad. Estos no eran sus temas, pero trataba de ser un abuelo comprensivo. Aunque la verdad, le estaba costando mucho. Para él nadie seria jamás lo suficientemente merecedor de su nieta.
Pan se atragantó con su malteada ante tal pregunta, lo miró brevemente, tenía una expresión de complicidad. Sonrojada rodó los ojos y le dio una mueca de disgusto… ¡Su abuelito Satán era un chismoso!
―¿Enserio quieres hablar de esto? ―Cuestionó Pan incrédula. ―¿O es qué sólo quieres sacarme información…?
―¡Oh vamos! Pequeña, sabes que puedes contarme y que siempre contarás con mi apoyo.
Pan notó un gesto de sinceridad por parte de su abuelito; notó como él detestaba tanto como ella tocar el tema, además de que obviamente la prefería alejada de los chicos. Sonrió ante el repentino apoyo que su abuelo le estaba brindando, pero su sonrisa se desvaneció un poco al notar que no tenía respuesta a su pregunta. ―¿Y ahora qué le respondo? Bueno, sí me interesa un muchacho, pero… Esto está mal muy mal, mi vida amorosa es patética…
Se quedó pensativa, volvió unos años atrás, recordó que había salido con algunos chicos cuando adolescente, normalmente terminaba en desastre. Además de que obviamente ella sabía a quién amaba y a quien nunca podría olvidar.
Había salido con varios muchachos que le presentó su amiga Bra; y en otra ocasión salió con Poperú, un chico de su secundaria con quien intentó algo, pero la rechazó asustado por su gran fuerza. Sonrió ante tal recuerdo, había salido con Poperú para tratar de demostrarle a Trunks que era una chica grande y que también podía tener citas. Fue en esa misma cita cuando se topó con su abuelito Goku convertido en un niño después de años de no verlo, y fue también ese mismo día cuando tomó la decisión de irse al espacio con su abuelo y con Trunks.
Se entristeció levemente ante las memorias de su abuelito, pero después sonrió levemente recordando ese año en el espacio, su sonrisa era una mezcla de alegría y nostalgia.
―¿Pan, me estás escuchando? ¿Pany? ―Le dijo mientras pasaba una mano frente a sus ojos para llamar su atención.
La chica se encontraba absorta en sus pensamientos por lo que no había atendido a su abuelo. Al percatarse de su llamado lo miró fijamente volviéndole a prestar atención.
―Te decía que no quiero que te involucres con cualquiera, ya sabes que una de mis condiciones es que cualquiera que ose tratar de relacionarse con mi preciada nieta deberá superar mi fuerza. ―Afirmó Mr. Satán levantándose de la mesa y alzando una mano con aires de grandeza total.
―Siendo así no creo que tengamos ningún problema. ―Se dijo a sí misma con una gran sonrisa. Suspiró ante lo platónico de su idea.
Hace un rato que había dejado de volar, ahora se encontraba caminando, a esa dirección, a esa casa, a ella. No sólo porque lo había prometido, también porque quería hacerlo, tenía un gran deseo de hacerlo.
Se sentía levemente contrariado sobre ir, después de todo no habían quedado en nada, ni siquiera había llamado para avisar. Pero bueno, no estaban tan mal sus acciones, eso es lo que hacen los mejores amigos, salir y divertirse.
Por suerte caminar era relajante, podía pensar y pensar mientras se acercaba. Su mente divagaba en muchas cosas, su vida, el pasado, el presente y el futuro… pensaba también en ella, obviamente, después de todo era a ella donde se dirigía. Habían pasado dos semanas desde la última vez que se vieron, de esa última vez que notó cuanto había crecido y cambiado, al menos físicamente porque ella siempre sería su misma Pan.
Apresuró un poco su paso al divisar la casa. La puerta de la familia Son estaba cerrada, pero no con llave, por lo que la abrió, como siempre que iba a visitarlos lo hacía. Aunque bueno, tenía mucho tiempo sin ir, más bien ellos eran los que casi vivían en su casa. Sonrió ante el recuerdo de tan longeva amistad.
―¿Hay alguien? ―Preguntó con simpleza Trunks mientras se adentraba.
La sala de estar estaba vacía. Siguió buscando, al no encontrar a nadie se concentró en la energía, y para su mala suerte no pudo sentir ningún ki cercano, el también bajo su energía mientras esperaba a que alguien llegara, quizá al menos podría darle una sorpresa. Frustrado suspiró y se dejó caer en el sofá.
Se levantó al escuchar unos ruidos provenientes del piso de arriba, por lo que sin pensarlo tanto subió las escaleras en busca de algo o alguien. Había una recamara abierta y pudo ver como por la ventana también abierta el viento se llevaba papeles y ropas. Rápidamente cogió los que pudo y cerró la ventana. Todo ocurrió en menos de un minuto, y una vez que los documentos estaban a salvo se dio cuenta de que eran trabajos escolares de ella, y que por lo tanto debía estar en la habitación de ella… de Pan.
Rápidamente los volvió a acomodar. Estaban bastante arrugados, abrió un cajón del escritorio para guardarlos y se encontró con una gran sorpresa: Ahí estaba una foto de él, Giru y su pequeña en el viaje espacial.
Se llenó de felicidad con tal recuerdo, pero al tomarla se dio cuenta de que estaba bastante arrugada. Como si lo hubiesen hecho a propósito.
―Debió haber sido un descuido. ―Dijo mientras trataba de quitarle algunas rugosidades.
Mientras miraba la foto todos los recuerdos vinieron a su mente. Casi seis años, no parecía que hubiese pasado tanto tiempo. Sin embargo así era, prueba de ello es que su pequeña niña había crecido. Le costaba creer que era una mujer, pero tenía que aceptarlo.
¿Ya no era SU nena? ¿Cambiarían las cosas entre ellos?, y ¿Cómo la debería tratar ahora que ya no era suya, es decir, su peque? Porque no lo era…
Sonrió levemente recordando la última vez que la vio, había cambiado bastante y estaba bellísima.
―Ha crecido, ya es una mujer. ―Afirmó. Pan ya no era más su pequeña, ahora era una mujer, a la cual no podría llamar su mujer…
Se sintió repentinamente sobrepasado por la verdad de sus palabras. Confuso se dejó caer en la cama.
Miró a su alrededor, el cuarto de una joven normal, a pesar de eso cada cosa que había allí le interesaba. Tenía años sin entrar, prácticamente desde que Pan era una niña.
Volvió a mirar la vieja fotografía arrugada.
―¿Qué estas mirando?
Una voz llena de sorpresa lo sacó de sus pensamientos, rápidamente volteo a verla, Pan.
Pan acababa de llegar a casa y estaba extremadamente confundida, ni en sus más bizarros sueños se imaginó encontrárselo tendido en su cama... Lo miró con suspicacia al notar que tenía entre sus manos esa foto que había intentado destruir para olvidar, pero no pudo, ya que la mejor parte del olvido es el recuerdo.
Trunks notó su mirada confusa, y rápidamente se puso de pie. ―Lo siento Pan, había venido a buscarte y como no había nadie en casa decidí quedarme a esperar. Espero no te moleste.
Decidió continuar con su explicación al ver como la duda sólo aumentó en el semblante de la joven. ―Después escuché un ruido y subí a ver, era el viento que se llevaba algunos de tus papeles. ―Señaló a la ventana ahora cerrada. ―Discúlpame si me he entrometido. ―Dijo finalmente con algo de pena, después de todo no sólo se había metido a su casa, también a su habitación.
―No hay problema. ―Respondió tímida pero sinceramente Pan.
Ambos se miraron y rieron un rato con su situación. Ese reír era alegría pura.
―Entonces, ¿Has venido a verme? ―Le cuestionó Pan como que no quiere la cosa, esa pregunta estaba cargada de duda, alegría e incluso esperanza.
―Sí. ¿Recuerdas que te prometí visitarte para hacer algo divertido?, pues aquí me tienes.
―¿Tienes un plan? ―Preguntó Pan con su más grande sonrisa. No sabía que pensar de toda la situación, pero si sabía que la iba a disfrutar. Estar con él la llenaba de vida, de esa vida que en ocasiones la tristeza y frustración le arrebataban. Estar con él era simplemente perfecto, no importaba que después sufriese con su ausencia, no importaba que sólo serían siempre amigos, nada importaba por una simple razón: porque lo amaba.
―¿Te sirvo más?
Goten miró a Bulma, tenía un gesto cómplice en su siempre lindo rostro.
―¡Por favor! ―Le respondió alegre, casi de una manera descarada.
Bulma sonrió y atendió el pedido del joven. En estas alturas de la vida ya estaba acostumbrada a alimentar a saiyajins.
¿Quién lo diría?... Jamás en su vida imaginó lo que le esperaría al salir a buscar por primera vez las esferas del dragón, la primera vez que había salido en busca del amor, en busca de la felicidad.
Había realizado lo que la mayoría de las personas consideran imposible, había tenido numerosas aventuras, aunque también había estado expuesta a numerosos peligros. Sin embargo no se arrepentía de nada, ni siquiera de las veces que estuvo frente a la muerte, no se arrepentía porque había valido la pena. Había encontrado lo que salió a buscar, amor.
Miró a Goten, era un vivo recuerdo de su padre. Sonrió nuevamente, sólo que esta vez su sonrisa tenía un poco de añoranza, no sólo por el recuerdo de su amigo Goku, también con las memorias de aquellos viejos tiempos.
Bulma salió de su ensimismamiento con el sonido de su móvil, rápidamente lo vio, era un mensaje de texto.
―Lo siento Goten, en verdad quería analizar las nuevas propuestas, pero te tendré que dejar, me han avisado que ya tienen las piezas, sabes que son muy importantes. ―Le dijo agitada. Esperaba dichos materiales hasta dentro de una semana, y sí no iba a recogerlos de inmediato, alguna otra compañía los adquiriría.
―No te preocupes Bulma, suerte con el proyecto.
―¡Gracias!, te quedas en tu casa.
Goten miró como Bulma salía rápidamente de la cocina. Ella había prometido ayudarle con el trabajo, pero por lo visto sería en otra ocasión.
Se apresuró a comer, a pesar de ser sábado se encontraba adelantando todo su trabajo pendiente.
―Genial, eso me pasa por postergar todo. Ahora tengo millones de propuestas que revisar que no creo acabar ni en un mes.
Miró su reloj y vio que aún le quedaba tiempo, tomó un poco de agua del frigorífico iba a beberla, pero se olvido por completo de su agua y su comida cuando sintió un ki familiar entrando a casa.
Su día se iluminó por completo cuando vio a Bra entrar por la puerta de la cocina; ahí la tenía, ese pelo azul que tanto le gustaba, ese menudo cuerpo siempre moviéndose con una gracia que opacaría a cualquier bailarina profesional y esos ojos perfectos. Era ella, esa chica a la que tanto amaba. Sonrió ampliamente con su simple presencia.
Sin embargo, su semblante pasó rápidamente de una alegría inmensa a uno de preocupación al ver que por las mejillas de su princesa se deslizaban unas lágrimas.
―Bra… ¿Estás bien?
Goten percibió que el rostro de Bra reflejó una gran sorpresa al verlo, vio como ella se empezó a secar las lágrimas mientras se alejaba. Fue por eso que la sujeto suavemente del brazo.
Confundida Bra lo volteo a ver, lo que menos se esperaba era encontrárselo a él, no en su propia casa.
Su confusión aumentó a mil cuando sintió como él la rodeaba con sus brazos.
Goten al no saber que palabras decirle fue lo único que pudo hacer, abrazarla. Necesitaba consolarla, se le partía el alma con sólo ver a su princesa llorar. Sintió que ella se estremecía entre sus brazos por lo que la apretó contra él aun más fuerte. A pesar de que le encantaba tenerla entre sus brazos, no soportaba sentir sus lágrimas, daría todo por evitar su sufrir.
Las lágrimas de Bra habían cesado, intentó soltarse pero él la tenía abrazada de manera fuerte. No sabía ni que pensar.
Después de unos momentos que para ellos se hicieron eternos y que obviamente disfrutaron al máximo se separaron.
Se miraron a los ojos. Sin poder evitarlo Bra le dio la mejor de sus sonrisas a Goten, él correspondió inmediatamente.
―No me gusta verte triste. ―Le dijo en un momento de franqueza. ―¿Quieres hablar?
―No estaba triste.
―Estabas llorando. ―Goten la miró confundido, quizá ella no quería contarle. ―Sabes que puedes contar conmigo, sí me lo propongo puedo ser bueno para escuchar ―le dijo tratando de inspirarle confianza.
―Fue por coraje, no por tristeza. ―Respondió sinceramente Bra.
―¿Coraje? ―El rostro de Goten reflejaba bastante confusión. Notó que Bra estaba dudosa sobre si continuar hablando. No es que fuera un chismoso, pero quería ayudarla de algún modo por lo que la animó a continuar. ―Cuéntamelo todo.
Bra supo que Goten estaba siendo sincero en sus palabras, preferiría no contarle nada y mostrarse fuerte frente a él, pero necesitaba un amigo. Al menos podrían llegar a ser amigos, y para eso necesitaba darse la oportunidad de confiar en él.
―¿Te acuerdas de Alek? ―Comenzó, sí, confiaría.
―Tu… ¿novio? ―Cuestionó Goten recordando al molesto chico del otro día.
―No es mi novio, es decir, sólo estábamos saliendo. ―Miró a Goten quien asintió invitándola a continuar. ―Bueno… terminamos.
―¿No qué no eran nada? ―El saiyajin trataba de calmarse, no toleraba verla llorar, menos por ese tal Alek, nadie tenía derecho de lastimarla.
―No, es decir, nada formal. Pero aun así fue raro… Te digo que no estoy triste, sólo molesta. Es un tonto, no vale la pena.
―¿Terminaste con él? ―Le gustó la idea de que ella lo haya terminado, y sí, no valía la pena.
―No, fue él… él quien, te-termino conmigo. ―Bra se sintió minimizada.
―¡¿QUÉ? ¿Por, por qué? Eso es imposible Bra, ¿cómo alguien terminaría contigo? ―Sin duda le costaba creer que alguien fuera lo suficientemente estúpido como para rechazar a una mujer tan perfecta como su princesa.
La joven saiyajin no comprendió muy bien la reacción de su amigo, pero prefirió no darle importancia.
―Me dejó porque cree que soy demasiado fuerte para funcionar. ¿Puedes creerlo?
―¿Demasiado fuerte para funcionar? ―Goten aun seguía asimilando toda la información, con qué era eso, ese terrícola se había intimidado por la fuerza saiyajin de Bra. ―Es un tonto. ―Pensó Goten, cualquiera que no valorara a esa mujer ya era un tonto, y aun más por ese irrelevante motivo.
―Sí, a mí me parece una exageración total.
―Pues a mí me parece que él es un tonto. ―Goten miró a Bra tratando de reconfortarla.
Ambos saiyajins continuaron mirándose hasta que estallaron en risas. Las diferencias que su ascendencia extraterrestre les brindaba podían llegar a ser magníficas y útiles, pero también podrían llevarlos a terminar en situaciones bizarras y hasta peligrosas.
A Goten le gustó verla así, radiante como siempre. No le gustaba verla llorar y no permitiría que nadie más la lastimara.
―¿Sabes qué es lo más gracioso de todo esto? ―Comentó Bra ya más entrada en confianza, mientras se sentaba en una de las sillas del comedor.
―Cuéntalo. ―Le dijo divertido Goten mientras se sentaba frente a ella.
―Que ni siquiera soy tan fuerte…
Goten notó una baja de ánimo en Bra al decir que no era fuerte.
―Oh vamos, eres la princesa de los saiyajins, obviamente eres muy fuerte Bra, siempre lo has sido y siempre lo serás.
―¡No, no lo soy!, a penas y puedo volar. Es ridículo. ―Su tono denotaba mucha molestia y frustración. Apretó fuertemente los párpados tratando de calmarse.
Y claro que estaba molesta, estaba harta de ser hecha a un lado por no haber entrenado desde pequeña.
La gota que derramó el vaso había sido días atrás cuando fue a reclamarle a su hermano por entrometerse en su cita doble. Trunks sólo la sujetó de los hombros y la apartó, así de fácil, se deshizo de ella, sin ningún esfuerzo; ni siquiera se dio cuenta de que lastimó el orgullo de su hermana. Y eso colmó la paciencia de Bra, jamás dejaría que la volvieran a humillar de esa manera. Es por eso que quería entrenar, volverse fuerte.
―No creo que sea tan tarde para comenzar a entrenarme. ―Sentenció finalmente la digna hija de Bulma Briefs, en su tono había mucha convicción.
Esta vez sí que sorprendió a Goten, no tenía ni idea desde cuando su princesa se interesaba en la fuerza o en entrenar, pero le encantaba.
―¿De verdad? Vaya, no sé ni que decir. Sólo te aseguró que puedes contar conmigo. Tal vez yo, yo podría ayu-ayudarte…
Bra abrió ampliamente sus azules ojos, no se lo esperaba. ¿Debía aceptar? El amor de su vida no sólo la había abrazado hoy, también le ofrecía su apoyo incondicional, era maravilloso.
Sabía lo que quería hacer, decirle que sí. ¿Pero era eso lo que debía hacer?
―¿ENTRENAR? ¿Ustedes? ¡Bah!
Ambos jóvenes se inmutaron totalmente cuando Vegeta los interceptó en la cocina mientras hablaban sobre sus posibles planes.
Goten sólo esperaba que el señor Vegeta no lo considerase demasiado atrevido con su hija.
Mientras que Bra se molesto muchísimo por la aparición de su padre. Justo lo que no quería, que él se enterase de sus planes. Cerró los ojos con frustración mientras esperaba que Goten dijera algo, pero al igual que ella se quedo callado.
―Pues si tanto quieren entrenar… Síganme. ―Les dijo con su "amistoso" tono, mientras los dirigía a su preciada zona de entrenamiento.
A Goten casi se le salen los ojos de la tremenda sorpresa.
Bra abrió la boca grande pero no pudo decir nada. Ya era suficiente con tener que entrenar con Goten, demasiada belleza le distraería, pero ahora ¿Su padre?...
―¿Qué pasa, no vienen? ―Les dijo finalmente el príncipe de los saiyajins con una mirada que les advertía que ya no era una petición, sino una orden.
Ambos jóvenes mitad saiyajin miraron con miedo, duda y complicidad antes de entrar a la famosa cámara de gravedad de Vegeta, lugar donde iniciarían su "entrenamiento".
Ella se encontraba sentada, él acostado. Ambos sobre la arena.
Podían oler y saborear ese ambiente salado y cálido. Las olas les hacían cosquillas al rozar sus piernas para después retirarse y de vez en cuando los bañaban completamente.
El sol comenzaba a ocultarse, tiñendo el cielo de rojo y propiciando una vista divina.
―¿A esto llamas entrenar? ―Preguntó mientras se acostaba junto a él.
No respondió, sólo volteo la cabeza para mirarla y le sonrió, de esa manera tan sensual propia de él.
Ella correspondió a su sonrisa mientras miraba a sus ojos azules fijamente. Le costaba creer que tanta perfección fuese posible.
Ambos yacían acostados juntos en la playa, mirándose. Cualquiera que pasase cerca de ellos podría jurar que se aman y están juntos.
―Pan…
―Trunks…
Él sólo continuo observándola, podría hacerlo por siempre. Al observarla su alma se llenaba de la más grande paz.
―Parece que fue ayer ¿No crees Pan?
―No ha pasado tanto.
No dijeron nada más, porque las palabras sobraban.
Dijeron que iban a pasar el día entrenando en la playa. Pero no, terminaron tumbados en la arena recordando todos los momentos que juntos vivieron, cuando Pan era niña, el viaje espacial, y los últimos años. Recordando lo mucho que siempre si quisieron. Porque sí, de un modo u otro ambos siempre se han querido y siempre lo harán.
A lo largo del día habían reído como locos, habían disfrutado su compañía como si no hubiera un mañana.
Para Pan nada podía ser más perfecto, estaba en su país de las maravillas. Con él todo era felicidad, junto a él ya no habrían miedos ni tristezas. Sin quererlo volvió a perderse en esos orbes azules, esos que tanto amaba.
Trunks tampoco podía quitarle la vista de encima, con delicadeza colocó un mechón de cabello de su rostro a su oreja.
Pan se estremeció con el contacto y retiró la vista de él. Miró al cielo, el único testigo de la maravilla que estaba viviendo.
―Es hermoso… ―Dijo casi en un suspiro. Se encontraba abstraída, no era tan hermoso como sus ojos pero sin duda era bello. ―¿Qué es? ―Le preguntó como si aun fuese una niña pequeña.
Trunks siguió la mirada de Pan. Lo que vio le sorprendió un poco, pero no pudo negar que era hermoso.
Sobre ellos, en ese ya oscuro cielo, se desplegaba una especie de lluvia de meteoros. No eran meteoros, de eso estaban seguros. Eran unas luces turquesa y lavanda que destellaban lentamente. Prendían y apagaban, se movían.
No tenían parecido a los fuegos artificiales, iban más lento, de una forma más estilizada. Era como una danza, una preciosa y elegante danza de luces de colores. Tenían el más bello resplandor.
―No estoy seguro, debe ser algún fenómeno astronómico. ―Comentó sin dejar de admirar ese cielo nocturno.
Era misterioso, pero hermoso. No creyeron que algo tan hermoso pudiese dañarlos.
Pan se quedó hipnotizada con esas luces, eran tan preciosas como él. Con esos colores lavanda y azul. ―Justo igual a él.
Ambos se sentaron en la arena para observar más de cerca las luces… Llevaban minutos admirándolas.
Casi al mismo tiempo a ambos se les ocurrió volar, para estar más cerca de esa belleza nocturna. Justó en ese momento una gran ola los bañó de pies a cabeza. Prácticamente los revolcó dentro del mar.
La primera en salir fue Pan, se retiró el cabello de la cara mientras buscaba a Trunks.
El salió escupiendo un poco de arena.
Pan lo miró algo preocupada, pero después ambos comenzaron a reír alegremente con la situación. Siempre es mejor reír que lamentarse.
Volvieron a mirar al cielo, el espectáculo había concluido.
Ambos sonrieron. Ahora el lugar estaba obscuro, más aún porque había luna nueva.
Se miraron, estaban completamente empapados.
La noche había caído, con lo que la temperatura también había descendido. Una corriente de aire llegó hacia ellos, con lo que Pan tembló involuntariamente.
Trunks no pudo quitar su vista de ella, vio que temblaba. Esta nueva mirada que le dio era distinta, era más profunda. Al verla ahí, mojada, la sintió indefensa. Quiso protegerla, quiso tenerla para cuidarla siempre.
Le sonrió levemente mientras rodeaba su pequeño cuerpo con sus fuertes brazos.
Habían tenido un exceso miradas profundas a lo largo del día, pero esta iba cargada de algo más.
Ella se embelesó en ese hermoso azul, podría pasar toda su vida mirándolos y no se cansaría.
Él se perdió en ese profundo negro. Era lo que más le gustaba de ella, sus ojos; porque siempre estaban llenos de vida, de un brillo único. En esos ojos siempre podía encontrar lo que necesitase, comprensión, cariño, irradiación de vida e incluso esperanza. Amaba sus ojos, y en cierta forma ya se empezaba a dar cuenta de cuánto la amaba a ella.
Este abrazo no era como el del otro día, él no lo sabía, pero este abrazo no estaba cargado de instinto, sino de amor. Puro amor.
Pan seguía rodeada por los también mojados brazos de Trunks, ambos escurrían, sus cabellos goteaban al igual que todo su cuerpo. De pronto sintió como él elevaba su ki. Al principio no comprendió, pero después todo tuvo sentido. Se sintió envuelta en el ki de Trunks de una manera cálida y reconfortante; en cierto modo se sintió dentro de él. Y después de unos segundos ambos estaban completamente secos.
Ese resplandor blanco proveniente de Trunks los cubría a ambos de una manera cálida y reconfortante, maravillosa.
Pese a que ya estaban secos él no bajó su ki.
Los dos saiyajins se sentían de una manera estremecedora y completa.
Ella se sentía protegida ―no es necesitase serlo―, pero aun así sabía que nada le pasaría mientras estuviese con él, bajo esa áurea. Ambos se sintieron unidos.
Pan lo abrazó por la espalda. Se miraron nuevamente, sonrieron y así ambos comenzaron a acercarse un poco más…
*Mientras tanto en una galaxia muy, muy lejana:
―Camarada, tengo noticias, la expedición ha concluido.
―Comunicádmelos de inmediato. Necesito la información urgente.
―Como diga camarada. ―Asintió mientras movía algunos controles de una compleja tecnología tratando de establecer contacto.
Unos hologramas aparecieron en una especie de teleconferencia.
El "camarada" miró al holograma, esperando expectativas.
―Son fuertes. ―Le respondió finalmente con algo de duda. ―Muy fuertes. Quizá deberíamos abdicar. ―Miró a su "superior" en busca de respuestas. Como respuesta sólo obtuvo la más macabra de las risas, una risa terrorífica, que dejaría sin aliento a muchas legiones del infierno.
―¿Fuertes? ¡Bah! Me he cansado de repetirles que la inteligencia le gana a la fuerza, y así será… ¡Por qué yo soy la justicia! Al fin… ¡Al fin mi venganza será realizada!...
CONTINUARÁ…
NOTAS :)
¡Hola! Antes que nada en verdad mil disculpas, se que dije que subiría el capítulo antes pero se me complicaron las cosas, anduve mega ocupada la semana pasada y hasta ahora puedo subirlo.
De nuevo mil gracias a todos los que siguen la historia. Os prometo que pronto vendrá la parte más esperada ;)
Pues ya inicie clases, el curso está algo pesado; lo único bueno es que como ya es por área son materias que me gustan. Trataré de hacerme espacios para seguir con el fic y actualizar la historia de manera constante.
Sobre el capítulo pasado, bueno que les digo, Pares es una ingenua [Para suerte de nuestra querida Bra] ;)
¡Los quiero!... Nos leemos pronto.
Apailana*
