NOTA: ¡Hola! Aquí tienen el capítulo prometido.
Esta vez decidí realizar un experimento y TODO el capítulo está en primera persona, desde el punto de vista de Pan.
Es la primera vez que lo hago y espero sea de su agrado.
¡Disfrútenlo!
Renuncia: La historia y personajes de Dragon Ball Z / GT no me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama; yo sólo escribo sin fines de lucro por amor a su obra.
"Aprendiendo a vivir"
~Pan POV~
Y aunque al principio me negué a aceptarlo, lo sabía. Este era el día que cambiaría mi vida. Ya nada sería igual. A partir de hoy iniciaba mi vida a ciegas.
Poco a poco fui despertando. No sé cómo ni por qué, pero sentía que algo me faltaba. Con mis manos, tantee mis brazos y mi espalda, como si buscara aquel calor que me fue arrebatado.
Vagamente recordaba el día anterior. Junté mis manos, apretándolas y rogando para que las imágenes que tenía en mi mente fueran sólo parte de un sueño...
Involuntariamente comencé a temblar y lentamente abrí mis ojos. No veía nada.
Acerqué mis manos, para checar sí mis párpados se habían separado, una lágrima me lo confirmó y con ello sentí un dolor punzante en mi pecho... efectivamente, había abierto los ojos, pero no podía ver nada. Corrección, sí podía ver algo, un color: negro.
―Entonces no fue sólo un sueño...
Sentí una ola de tensión invadiendo mi cuerpo y concentrándose en mi tórax. Mordí mi labio inferior, las lágrimas brotaron sin mi autorización. ¿Qué se suponía que haría ahora? Estaba confundida, no sabía exactamente cómo reaccionar. ¿Qué sería de mí de ahora en adelante?
Aun así, el golpe fue menos duro que ayer, ¿acaso me estaba acostumbrando? No, lo que me sucedía era algo a lo que seguro jamás me acostumbraría.
Tragué saliva, tratando de contener el llanto... después de todo, y por más doloroso que fuera, sabía que con llorar no solucionaría nada, llorar no me devolvería la vista.
Aun así, en estos momentos lo difícil era no llorar.
Una vez que las lágrimas cesaron un poco, fui tanteando con mis manos el lugar donde me encontraba, como ganando terreno. Estaba obviamente en una cama, al parecer era grande, puesto que por más que estiré mis brazos no encontré el final. Pero lo que más llamó mi atención fue que el colchón estaba sumido, justo del lado derecho a donde me encontraba...― Como sí alguien hubiese dormido aquí... ―deseché de inmediato cualquier idea tonta de mi cabeza, seguro era mi imaginación o quizá mi papá que se había quedado a cuidarme.
Y como si lo hubiera invocado, en ese momento escuché la voz de mi padre.
―¿Pan?... ¿Bebé, has despertado?
Y pesé a que no estaba con ánimos para nada, no pude evitar fruncir el seño cuando me llamó bebé. Desde que recuerdo, uno de mis mayores problemas existenciales ha sido tener que cargar con el peso de ser la pequeña de la familia.
Sin querer, me sobresalte un poco cuando posó su mano en mi cabeza, y es que, literalmente no lo vi venir, suspiré con melancolía ante tal ironía.
También escuché la voz de mamá, llamándome ―Pan, cariño. Soy yo, mamá. Dime amor, ¿Co-cómo amaneciste? ―pude escuchar su voz temblorosa y en exceso preocupada, y aun así supe que en sus palabras había un poco de esperanza.
Estiré mi mano, buscando a mi madre, en menos de un segundo mis dos padres tomaron mi mano, pude sentir el cariño que ese toque irradiaba.― ¿Mamá? ¿Papá? ―los llamé, y fue en ese momento cuando escuché lo pésimo que sonaba mi voz. Pensé que había logrado controlar las lágrimas, pero mi voz quebrada no mentía.
Mis padres me dijeron que no me preocupara, que estaban conmigo y que todo iba a pasar.
¡Me sentía tan impotente! En medio de lágrimas y desorientación causada por tanta obscuridad me acerqué a ellos, tratando de abrazarlos, y de que ellos me abrazaran, quería sentirme protegida, como cuando niña. Supongo que iba para el lado equivocado, porque unas manos me jalaron hacía la dirección opuesta y me atraparon en un abrazo... ¡qué torpe me había vuelto! ¿Así sería de ahora en adelante?
Podía sentir mi cuerpo temblar, al igual que el de mis padres que me abrazaron. Me sentí mal, los estaba haciendo sufrir, y eso no me gustaba. No más, ya no más, ya no quería hacer sufrir a mi familia...
¿Qué es la ceguera?... ¿La ausencia de todo color? ¿O es cuando el negro cubre todos los colores y formas?... No lo sabía, pero creía que para mí era un castigo, un castigo justo, lo merecía por no haber valorado la vida cuando tuve la oportunidad...
Ahora ya nada sería igual.
Por la mañana ¿Mañana?, supongo que era la mañana, puesto que fue cuando desperté... en fin, después de despertar y de que se me pasará el shock inicial, mi papá me dio un discurso sobre lo que sucedía, dentro del mismo utilizó términos médicos o frases esperanzadoras...
Todos me dicen que no me preocupe, que todo volverá a la normalidad pronto. Quería creerles, pero no podía, algo dentro de mí me decía que las coas no serían tan fáciles, y eso me dolía tanto.
Después del discurso "motivador" de papá, la abuela Milk y la tía Bulma me prepararon algo de desayunar... Ahí comenzó la tortura.
Me sentí tan inútil, simplemente para trasladarme hasta el comedor necesité de la ayuda de mamá, no pude evitar derramar lágrimas en todo el trayecto. Parecía como si tampoco supiera caminar, y eso me molestaba. No desayuné nada, aunque me dijeron que era sólo una carne asada me dio mucho asco, y es que al no poder verlo sólo me guie por su olor y textura, cosas que lograron revolverme el estómago instantáneamente. Y aunque primero me insistieron en que comiera algo, al final terminaron concediéndome el deseo de no desayunar, cosa en sobremanera rara en mi.
Como sea, no tenía ganas de desayunar, de hecho, no tenía ganas de nada.
Se me ocurrió fijarme en las energías de los demás, como lo suponía ahí también estaban Bra y Goten, me pregunté qué haría ahí el señor Vegeta, pero la duda me duró muy poco, ya que en ese momento, una parte de mi alma se estremeció al sentir entre los presentes a un ki muy conocido... él.
No había prestado mucha atención, la verdad era que estaba muy confundida, desde que amanecí todo era tan diferente, literalmente tan obscuro... pero sí mi día ya era complicado, mi corazón se paralizó cuando sentí el ki de Trunks.
¡Qué horror! ¿Por qué Trunks tenía que estar aquí?... y entonces caí en cuenta, estaba en la Corporación Cápsula, lo supe por los muebles, bastó con tocar el ya conocido sofá con esa textura suave que tanto me gustaba.
Y entonces, no sabía si era verdad o sólo un producto de mi imaginación ―seguro era sólo mi mente― pero sentí a Trunks, es decir, su ki acercándose hacia a mí. Y aunque deseaba con todo mí ser tenerlo cerca, no podría, no podría soportarlo.
―Papá, me-me siento un poco mareada. ¿Crees que podamos ir a casa? ―fue mi excusa para alejarlo. Me aterré cuando sentí a Trunks todavía más cerca de mí, como si se hubiera apresurado al escuchar mis palabras (seguro era sólo mi imaginación) para mi suerte, mi papá estuvo conmigo en menos de un segundo.
No supe cómo reaccionar cuando me dijo que no podíamos ir a casa... porque iríamos al hospital. ¿Hospital?, bueno, debí suponerlo. ¡Todo esto era tan nuevo para mí!
Era como si estuviera aprendiendo a vivir, bueno en cierto modo lo estaba haciendo. Me lastimaba tanto el sentirme tan inútil, tan pérdida... tan ciega.
Y lo siguiente fue a un peor...
―Cariño, ven, ¿por qué no tomas un baño?, mientras tu papá arregla lo necesario para ir al médico. ―Fueron las palabras de mi madre... y poco a poco sentí como el calor inundaba mis mejillas. Sé que no tenía motivos para avergonzarme de ese modo... pero el hecho de no poder ver a nadie y que todos me vieran a mi me hacía las cosas tan frustrantes.
Creo que la vista es algo que no valoramos, algo que damos por sentado, pero es ahora, ahora que no la tenía cuando sabía lo importante que era. Dependía tanto de mis ojos que se me dificultaba de un modo insoportable la vida sin ellos.
Mi madre, Videl, me ayudó a bañarme. Sé que es tonto, pues ella me ha de haber visto millones de veces desnuda, pero aun así durante todo el transcurso del baño no pude evitar apenarme e incluso sentí ese sonrojo de mis mejillas.
La tina del cuarto de baño que Bulma me había proporcionado era enorme. Pero ese malestar que sentía dentro de mi me impedía disfrutar del agua caliente y las burbujas. Al principio le dije a mi madre que no era necesario que estuviera ahí, que yo podía hacerlo sola... deje de insistir en el momento que por tratar de buscar el jabón me resbalé y caí en la bañera casi ahogándome...
―¡Que frustrante! ―me dije a mi misma mientras trataba de cubrir lo más posible mi cuerpo con la toalla. Ya que pese a mi insistencia de "no entres hasta que este vestida", Bra había entrado a prestarme ropa y ayudarme a peinar.
En definitiva era mi mejor amiga... siempre tan linda, y ahora más, podía sentir en el tono de su voz su preocupación.
―¿Q-qué te gustaría ponerte Pan? ―pausó un poco― lo que tú quieras, tu sólo dime que de seguro en mi guardarropas lo tendré.
―¿B-Bra?... ¿No piensas obligarme a utilizar tus ropas raras? ―le pregunté, tratando de amenizar el ambiente...
―N-no ―respondió tierna, con una risita...
―Está bien, sólo tráeme lo que quieras. ―me sorprendí, era la primera vez en toda mi vida que Bra no me obligaba a vestirme como ella quería... supuse que me compadecía, o algo por el estilo.
―Aquí tienes ―me dijo después de unos minutos. Toqué un poco la ropa que me había prestado y la sentí muy suave― Es un pants, muy cómodo por cierto. Ojalá te sientas cómoda con él. ―me dijo, confirmando mis sospechas.
―Gracias. ―le respondí con timidez. Y después, aunque yo no quería, Bra me ayudó junto con mi mamá a cambiarme de ropa.
Ambas me dijeron que me veía muy bien... cosa que por supuesto no creí.
Sólo venimos mis padres y yo al hospital.
Aun así, sabía que este era un momento esperanzador para todos... menos para mí.
Estaba sentada junto a mi madre en lo que me dijo era la sala de espera. Ella acariciaba mi cabello con ternura. Me decía que me calmara, aunque la calma le hacía más falta a ella.
―¿Dr. Son? ―escuché como una grave voz llamaba a mi padre.
―¿Dr. Usami, es usted? ―preguntó mi padre, pude escuchar cómo se levantaba de su asiento y caminaba.
―Por favor, llámeme sólo Misaki. ―El nombre se me hizo conocido...― Pasen por favor, no necesitan esperar.
―¿Usami Misaki? ¿Misaki Usami? ―Traté de recordar el nombre para ver si conocía a la persona, pero lo único que se me vino a la mente fue unos personajes de una serie de televisión que veía con mis amigas de la preparatoria.
En fin, mi mamá me tomó suavemente del brazo y me condujo a lo que supuse era el consultorio del Dr. Usami. Fue entonces cuando empecé a sentirme preocupada. Cada paso que daba era como si fuera hacía mi propia condena... No quería ¡no quería entrar ahí!, no quería que me dijeran que ya no había esperanzas, porque escucharlo de otra voz me dolería bastante.
―Por favor pasen, siéntanse cómodos ―repetía él.― Déjenme ver, ¿Señorita? ―escuché como buscaba entre papeles, supuse que era mi expediente o algo así.― Listo, señorita Son, ¿Pan, cierto?
Asentí con la cabeza.― S-si ―repetí, pensando que quizá no me había visto
―Tranquila ―me dijo.
Y en ese momento sentí que algo me tomaba por el hombro. Me tomó por sorpresa y me retiré rápido.
―Soy yo, señorita Son. Por favor mantente tranquila ―dijo amablemente para después volverme a sujetar, esta vez por el brazo y con mucha delicadeza. Me sorprendió un poco que me hablara de tú, pero no le di importancia. ―Por favor, siéntate aquí. ―me dijo y él me condujo hacia un sillón muy cómodo.
―Tranquila hija, el Dr. Usami es una eminencia en el campo del la oftalmología, seguro te ayudará. ―me dijo mi padre.
No respondí nada, la verdad era que estaba cansada. Era más bien un agotamiento emocional... quería irme a mi casa, a mi cama y dormirme, dormir para no pensar en nada más.
El médico comenzó a hacerme el clásico interrogatorio, preguntándome si padecía diabetes o alguna otra enfermedad, si me había golpeado la cabeza y muchas otras clásicas preguntas. Yo sólo contestaba brevemente, no es que no quisiera recibir su atención, era obvio que la necesitaba, pero la verdad es que estaba muy incómoda.
―Pan, creí haberte dicho que te calmaras ―me dijo el Dr. Usami― en todo lo que llevamos no has parado de temblar.
―Ahhh... ―no me había dado cuenta de que estaba temblando, incluso mi corazón palpitaba con fuerza.
―Cálmese, venga por aquí. ―y me condujo para sentarme esta vez en un asiento más pequeño, creo que era un banco, no tenía respaldo.
―Así que díganme, dicen que la ceguera se dio repentinamente ¿sin ningún motivo?, fue instantánea o tiene algún antecedente ya sea personal o familiar.
―Ahhh... ―me quedé en blanco, no supe que decir, "¿ocurrió en una pelea?"así que mejor esperé a que mi padre intercediera o algo.
―Fue repentino Misaki, es por eso que quería más que nada consultar tu opinión ―Enfatizó la palabra opinión... supuse que él como médico se encargaría, ya que estaba enterado de cómo habían sucedido las cosas, pero seguro que quería consultar la opinión de su colega.
―Perfecto, entonces déjame ver. ―Contesto el médico.― Linda, voy a hacerte unas pruebas, no te preocupes, no dolerán nada y yo te iré informando de cada cosa que realice. ―me dijo y yo asentí tímidamente... las pruebas si bien no fueron muchas, a mi me dejaron fastidiada.
Después de que terminamos el Doctor nos dijo sorprendido que no encontraba una razón para mi padecimiento, pero que seguiría haciendo más pruebas.
―Puede ser algún problema con la córnea ―nos decía― No distingue colores, pero ¿estás segura que tampoco ves sombras? ―Lo negué, la verdad era que no veía nada, ¡nada!― Entendido, entonces puede ser algún daño en el segundo par craneal.
Mi padre y el médico empezaron a discutir con seriedad el tema, podía escuchar el tono preocupado de mi padre. Yo les entendía, pues era lo que estaba estudiando: Medicina...
―Estaba ―pensé... seguro que ahora ni la universidad podría terminar. Una lágrima rodo por mi mejilla y rápidamente la retiré. Me sentía mal, triste, desganada.
―De acuerdo, lo mejor será que pase unos días aquí en el hospital mientras se realizan los estudios correspondientes. ―Fueron las palabras que me hicieron volver a la realidad.
―¡¿Qué? ―debían estar muy locos si creían que yo me iba a quedar unos días en este horrible hospital. ―¡no! ―eso era algo que jamás sucedería. Pero a pesar de todo, a pesar de lo que sentía, mi padre insistió en que era lo mejor.
―Cariño, aquí estaremos contigo, no te dejaremos, será lo mejor. ―me decía papá mientras me tomaba las manos.
―¡Papá no!, por, por favor no. ―le rogaba. La idea de quedarme en un hospital no me agradaba en lo absoluto.
Pero como siempre, la voz de la niña pequeña de la casa no tenía valor y fue ignorada.
Esa misma tarde fui internada en el hospital Satán sin saber que me esperaba...
Era como si estuviera yo sola, rodeada de un abismo cargado de peligros.
Al no ver, me sentía desprotegida, claro que podía sentir el ki de todos los que se acercasen a mí, pero no era lo mismo...
Me encontraba recostada en una cama del hospital... no era tan cómoda ni mucho menos cálida como la cama de la casa de Bulma.
No me movía, porque cada que lo hacía, las agujas clavadas en mi brazo me lastimaban.
Conectado a mi brazo izquierdo tenía un esfigmomanómetro que cada quince minutos medía automáticamente mi presión arterial.
Eso era lo que podía sentir... lo demás no lo sabía. No tenía idea de cómo lucía la habitación del hospital, aunque supuse que tenía la clásica decoración antipática. Al menos el tener conocimiento del manejo y detección de ki me permitía saber que estaba sola, la habitación era para mí, cosa que en cierto modo me agrado.
Sin saber que más hacer y pensando que mis papás tardarían más en llegar, mientras hacían el papeleo y todos los trámites, me dejé caer en la no tan cómoda almohada...
―Auuuu ―dije cuando sin querer me enterré un poco más la intravenosa.
Me sentía tan mal... sin motivaciones, cansada, con una apatía enorme, todo era tan aplastantemente molesto. Y pese a todo ya no lloraba... había roto mi propio récord (cosa impresionante) y por el momento no tenía más lágrimas que derramar.
Me quedé recostada en la cama pensando... pensaba en aquella ves que pensé en quitarme la vida... si bien la plática con mi abuelita Milk me hiso creer que había sido la idea más tonta que se me pudo haber ocurrido, ahora no sonaba tan desagradable...
―¡NO!, no, no y no... ―pensé mientras desechaba esos pensamientos. Últimamente había tenido ideas medio suicidas, y aunque a mí me daba lo mismo, me retractaba pensando en lo mucho que lastimaría a mi familia con tales ocurrencias.
―Mi familia... ―pensé... y no pude evitar pensar en aquel que siempre fue mi modelo a seguir: mi abuelo Goku.
¡Como lo extrañaba! De seguro él jamás hubiera permitido que me internaran en este horrible lugar llenó de agujas y frio. De seguro él sabría qué hacer en estos momentos...
―Abuelito... ―tenía tanto que no pronunciaba esa palabra, que hasta sonó extraña en mis labios. Irónico que antes era la palabra que más repetía.
No supe cuanto tiempo, pero me quedé recostada pensando en lo fácil que era la vida cuando yo era pequeña... es como si todo se hubiera complicado en cuanto crecí. Como quisiera volver a aquella época en donde todo era felicidad y no había dolor.
Dolor, ese que parecía acompañarme permanentemente.
El llamado de la puerta me sacó de mi ensimismamiento...
―Pa-pase... ―contesté más por costumbre que por deseo.
―¿Cómo se encuentra, señorita?
Era la enfermera, la verdad no le respondí nada... ya me tenían harta con ese tipo de preguntas torpes... ¡obvio me encontraba mal!, pero no iba a decírselo.
La mujer se acercó a mí y trató de cepillarme el cabello.
―Así estoy bien... no... estoy bien... no es necesario... ¡BASTA! ―me tuve que poner enérgica para que dejara de acomodarme el pelo. Últimamente no me gustaba que la gente me tocara, me repudiaba. Es que, me agarraban por sorpresa y la sensación era desagradable.
―¡Bah!... Como quiera... yo sólo quería arreglarla para que su novio la viera guapa.
―¿¡QUÉ!... ¿Qué diablos había dicho la enfermera? ―mi respiración se paralizó, y pese a que no podía ver nada abrí los ojos como platos...
―Bueno, los dejaré solos. Con su permiso. ―dijo en un tono tajante y después escuché que sus pasos y su ki se alejaban.
Intenté detenerla, pero ya era demasiado tarde.
Y lo peor vino cuando sentí el ki que se acercaba cada vez más y más a mi... ¡tenía que ser una broma!
―Pan... ―me dijo con su voz suave.
Abrí mi boca, tomando aire, pero no pude decir ninguna palabra, fue como si en ese momento el mundo se detuviera.
Mi corazón comenzó a latir rápido, indicándome que él seguía ahí.
―Vete... ―le dije en un susurro mientras agachaba la cabeza.
―Pan... ―volvió a llamarme con esa voz que lo hacía tan irresistible.
En ese momento, se me vinieron encima todos los recuerdos. ¡Era tan doloroso!... cada palabra suya, su mirada, sus besos. Todos los recuerdos que tenía me dolían y se me clavaban en el alma como millones de puñales afilados.
―¡Por favor!... vete. ―le dije. Sorpresivamente no salían lágrimas, pero sí sollozos.
Escuché sus pasos, se acercaba más. ¡No podría soportarlo!... no podría soportar volver a tenerlo cerca para después perderlo.
Instintivamente me hice para atrás, no quería que él llegara hacía mí.
―¡Aaaahhhh! ―Arqueé mi espalda. Me había olvidado de las agujas en mi brazo y ahora se me clavaban en una forma que me resultó bastante dolorosa.
Haberme olvidado de las agujas fue mi error... y no por el daño físico que me causaron, más bien porque gracias a eso en menos de un segundo tuve a Trunks a mi lado...
―¡Pan!... Tranquila, tranquila, enseguida las quito.
―¡N-no..! Yo... yo puedo sola. ―Pero era inútil, no sólo la situación era inútil, yo también era inútil. Y como el dolor estaba aumentando, dejé que él las quitará.
Tomó una de mis manos y con la otra sostuvo mi brazo... me sorprendí... era extraño, pero yo no había repudiado su contacto como lo hacía con los demás.
―Te dolerá un poco ―me dijo... y después sacó la aguja que tenía clavada. ―Ya está. ¿Te duele? ―me preguntó sin soltar mi mano y haciendo círculos con alguno de sus dedos en la zona dañada.
No respondí nada. Sí bien era obvio que lo había extrañado no pensé que tanto... era ahora cuando me daba cuenta.
Su contacto, sus manos sobre mi piel... se sentía tan bien. Pero no. Rápidamente retiré mi mano de la suya y cruce mis dos brazos en mi pecho.
Como esperaba, él no hizo nada por buscar mi mano de nuevo. Lo que no esperaba... era que en vez de buscar mis manos, buscara ¡mis labios!
Fue algo totalmente sorpresivo... de repente sentí sus labios calientes sobre los míos. ¿¡Era una mala broma acaso!
―Tru... ―intenté hablar, pero sus labios no me lo permitían. Además era inútil... perdí el control de mi misma en el momento en que me besó.
Su beso era dulce y delicioso. Sabía que debía retirarme, terminar con ese beso y esa situación antes de que me dañara más, pero no podía... o no quería.
No sabía lo que hacía... no podía verlo, pero este hombre me hacía perder el control.
Introdujo su lengua en mi boca, aunque no la mantuvo ahí, en cuanto la introdujo la retiró... ―es como si estuviera tratando de contenerse― pensé.
Era obvio que estaba sonrojada... eso era lo que él provocaba en mi. Pero mi sonrojo se fue hasta los cielos en el momento en que me di cuenta de que la única ropa que traía era la holgada bata de hospital que cubría poco o nada...
Ahora sí no me importó nada, y como pude me alejé de Trunks para cubrirme un poco con una sábana que tenía a mi costado.
Supongo que él entendió el problema de mi vestuario, ya que se alejó de mi― l-lo lo siento ―me dijo claramente apenado.
No le respondí nada, me limité a sonreír levemente. Estuvimos varios segundos callados, ninguno de los dos dijo nada. Y aunque disfrutaba de su compañía, creía que lo mejor sería que se marchara.
―Pan... tenemos que hablar ―dijo después de un rato. Percibí su tono de voz serio.
Él tomó mi mano y entonces supe que ya había sido demasiado.
―N-no... ―le dije en un tono que pareció súplica.
―Pero...
―Trunks ―no tenía idea de lo difícil que resultaba sólo pronunciar su nombre― por la... por la amistad que alguna vez tuvimos... no hagas esto más difícil y déjalo así. ¿De acuerdo?
Él suspiró pesadamente y apretó mi mano― de acuerdo... por ahora.
Traté de alejar nuevamente mi mano de la suya, pero no lo permitió y la atrajo más contra sí.
―Por favor vete... ―le dije, y las lágrimas que tanto había resguardado comenzaron a salir, él las limpió rápidamente con sus dedos.
¡Acaso no entendía el daño que me hacía con tan solo tocarme!
―Vete... ―le dije de nuevo. Mi voz sonó aguda e infantil. Con la mano que me quedaba libre traté de ocultar nuevamente mi rostro, pero él me la tomó dejándome al descubierto.
―No... ―Susurró― No pan. Esta vez NO me iré. ―Tuve un gemido ahogado ¿Qué no se iría?...
Quise decirle que se marchara de una buena vez, que no hiciera las cosas tan difíciles... pero no pude, de un modo inesperado sus palabras me habían llegado al alma. Y aunque mis ojos no podían ver, sí podían llorar.
―¿La enfermera dijo que venía mi...? No.. olvídalo ―pregunté tontamente.
―¡Ah! Eso, bueno, fue, fue lo que dije para que me dejaran entrar...
Claro, debí suponerlo. ―Ahhh... bueno, entonces ya te puedes ir.
―No te dejaré Pan... Te dije que NO te dejaría más. ―me repitió nuevamente y lo confirmó con un beso.
Soltó mis manos y con las suyas me sostuvo de la cabeza y la cintura, sentándome en la cama y atrayéndome hacia él.
El beso fue largo y profundo, no apasionado como el anterior.
Poco a poco cedí y con busqué su pecho para poder pegar ahí mis frías manos en busca de calor.
Cerré mis ojos... aunque daba lo mismo que lo hiciera o no.
No sabía por qué Trunks hacía esto... pero me encantaba.
Corrección... mientras él enredaba sus manos en mi cabello lo supe...
Trunks me besaba y me decía que no me iba a dejar por una simple razón: Lástima. Y cuanto me dolía que así fuera.
Notas:
¡Hola! Aquí está la forever alone que actualiza el día de noche-buena xD
¡No, no soy tan looser! Obvio sí tengo planes xD Lo que sucede es que el capítulo estaba planeado para ayer y ya lo tenía, pero anduve haciendo compras navideñas y me quedé a dormir con mis primos, por lo que ya no tuve chance de agarrar la computadora y subir el capítulo. Una disculpa, pero hoy sin falta me encuentro aquí, subiré el capítulo y me iré a preparar los últimos detalles para la fiesta ;D
Espero que les haya gustado el capítulo. Como ven, la narrativa es diferente, así que cuéntenme: ¿Qué les pareció? ¿Debo dejar de escribir en primera persona?... BTW, fue sólo un experimento.
El nombre del Doc. es combinación de los nombres de los protagonistas del anime que veo actualmente (quien entendió, entendió ;D)
Como siempre agradezco a TODAS las que me leen y dejan comentarios. Millones de GRACIAS. Por falta de tiempo no he podido responderles, pero sin falta en la semana me pongo al corriente. De todo corazón GRACIAS.
Y que creen... Esta noche es especial. ¡Chan, chan...!
Esta será una noche que representa tanto, independiente de la religión de cada uno, esta será una noche cargada de esperanzas y amor.
¡Esta noche es navidad!
Espero se la pasen de maravilla en compañía de todos los que quieren. Abramos nuestro corazón por un día y seamos felices.
Les deseo a TODOS una feliz navidad. No tienen idea de lo importantes que se han vuelto en mi vida, gracias por todo y FELICIDADES.
Bueno, me voy. ¡A celebrar se ha dicho! ¡Vamos con todo! XD
Próximo Capítulo:
Estará entre el viernes 30 de diciembre y el lunes 2 de enero. Estén pendientes ;)
Los quiere: Apailana*
