A CIEGAS

Epílogo: Para siempre.


"I don't think we did go blind, I think we are blind, Blind but seeing, Blind people who can see, but do not see."
― José Saramago, Blindness


Yuma: Su nombre era explicado como permanencia, verdad, realidad y genuinidad. Si pudieran agregarle un kanji más, sería alguno relacionado con belleza.

La pequeña muchachita de quince años, correteaba por el jardín de la preciosa casa, persiguiendo los gritos infantiles que desde la lejanía la llamaban, retándola. Ingenuos gritos, pues ella en menos de un segundo pudo haberlos alcanzado, aunque claro, del mismo modo también ellos en un segundo hubiesen podido huir.

Y es que todos eran herederos de una antigua raza de guerreros del espacio, todos ellos, en su sangre espesa, compartían la responsabilidad de saberse los más fuertes, los más poderosos y los más apreciados, también… porque, como una vez le dijo su madre: "Si puedes mirar, ve… Y si puedes ver, repara". Y sí, siempre que llegasen nuevas aventuras y nuevos enemigos, debían saber que su fortaleza no era de a gratis, que grandes dones conllevan grandes responsabilidades y que no podían quedarse tranquilos sin hacer nada, sabiendo que tienen la capacidad de hacerlo.

—¡Te encontré! —dijo la quinceañera entre risas, después de un rato y tomó en brazos a su hermano, involucrándose al instante en una lucha con él. Con rapidez, el otro menor, que acompañaba a su hermanito, se unió a él para derribar a Yuma.

—¡Eso es trampa! —dijo la mayor entre risas y se tiró al suelo junto con los menores.

—¡No, no lo es!

—¡Sí lo es! Mira que juntarse para derribar a una chica débil.

—¡Tú no eres débil! —le dijeron los niñitos entre risas.

—¡Lo sé! —les dijo ella con un guiño divino, coquetería heredada, sin duda, de la familia de su abuela paterna. Yuma rio con los muchachos y los distrajo un poco, mientras esperaban que la comida estuviese lista, era obvio que la impaciencia ya los volvía locos a todos.

—¡Hey! ¡Candy! Ven con nosotros, Yuma nos está derribando, es nuestro momento de unirnos para vencerla. —dijo un menor de cabellos azules y revoltosos al notar a su hermana sentada bajo un árbol.

Candy, la aludida, dejó la pantalla de su laptop por un momento y se giró a mirarlos con curiosidad. Después de un rato, sólo bajo la mirada y continúo tecleando en su computadora.

—No la molesten, chicos— les dijo Yuma con una sonrisa maternal.

—¡Oh, no es justo! —replicó molesto el de cabellos azules— yo también quiero tener una hermana divertida y genial como Yuma.

A lo lejos, Candy sólo bajó la mirada, aguantándose.


Cuatro chicos, dos niños y dos mujercitas. Todos herederos de la raza de guerreros del espacio.

Un saiyan los observaba mientras se recargaba en un árbol, con su pose seria que, por supuesto, tenía que mantener. Sus nietos, ellos, los cuatro, todos lo hacían aún más orgulloso de lo que era, y a todos los quería de igual modo.

Yuma y Shigo. Los retoños de Trunks y Pan.

Candy y Zub, las cosas pequeñitas y hermosas de Goten y Bra.

Todos tan distintos y a la vez tan parecidos, todos formados por esas dos familias de héroes, todos dignos herederos de sus genes saiyan.

Yuma Brief, la mayor, era considerada por muchos como la belleza de la familia. A unos meses de cumplir dieciséis ya daba indicios de la hermosa mujer en que se iba a convertir. Con sus cabellos lilas, largos y lacios que le llegaban a la cintura, su piel blanca y tersa como la de su madre, y unos preciosos ojos violetas, únicos en su tipo, que muestran el brillo y fortaleza de una guerrera y la determinación, y astucia de sus abuelas. Porque Yuma no sólo era hermosa, sino fuerte, como digna hija de Pan y nieta de Goku y Vegeta, estaba decidida a ser la mejor guerrera del universo.

Son Candy, con una sangre tan parecida a la de Yuma, misma que las unía a las dos, era tan diferente a ella como el agua del aceite. No era tan guapa ni tenía tantos atractivos, era más bien lo que su padre llamaría tierna y su mamá "mona". Tenía un cabello azul corto y un poco ondulado, algo rebelde a veces por lo que solía atarlo en dos trenzitas cortas. Sus ojos también azules, no reflejaban la temeridad y coquetería de Bulma y Bra, sino que en esos ojos se extrañaba el negro de Goku y Goten, pues su mirada era la misma, sólo que teñida de un turquesa precioso. Ella, sin duda, había heredado la inteligencia de su abuela Bulma, y para deleite de su abuela Milk, tenía un carácter más pasivo y hogareño, que tal vez únicamente Gohan podría llegar a medio comprender. No era fácil ser una criatura tímida y hogareña en medio de una familia de guerreros extrovertidos y mujeres divinas y determinadas. A sus dieciséis años de edad, estaba segura que quería dedicarse a la corporación, pero no a dirigirla ni administrarla como sus padres, sino a inventar, a crear cosas por amor a la ciencia. ¡Ah, cómo le hubiera gustado conocer a su bisabuelo materno, el Señor Brief!

Los dos menores, por su parte, tenían la felicidad de tenerse a sí mismos para ser cómplices de travesuras y aventuras, así como una vez sus padres lo fueron.

Son Zub, el mayor, era el hijo menor de Goten y Bra, de tan solo doce años. Él había heredado el carácter determinado de su madre, aunque también en su mirada se escondía parte de la nobleza de Goten y Goku, y muy dentro de su ser se escondía el orgullo innato de Vegeta, dispuesto a estallar si así fuese necesario. Al igual que su hermana tenía el cabello y los ojos azules, como Bra, aunque su cabello sin duda había heredado el desorden total de su padre, eran mechones azules rebeldes, nunca manteniéndose quietos y enchinándose siempre que tenían la oportunidad, dándole pinta de genio loco.

El menor de todos, Shigo Brief, el bebé de Pan y Trunks, de diez años recién cumplidos. Tenía el cabello lacio de Trunks y lo mantenía en el mismo corte que su papá, aunque por su color negro intenso también recordaba a Gohan de niño, en la época que fue al espacio a buscar las esferas a Namek. Su cabello negro y lacio, herencia de ambos Padres, y sus ojos, azules, preciosos zafiros que recordaban a su padre. Tenía la nobleza de sus padres.

Y así, con los años, la familia había crecido. Todos habían encontrado su estado de gracia y la paz se había instaurado en la tierra.

—¡Ya es hora!, chicos, ¡vengan a comer! —gritaban Bulma, Videl y Milk, quienes al fin habían terminado su festín. Era todo un banquete, pero podían hacerlo, después de todo llevaban años siendo las mujeres de los guerreros del espacio.

Gohan y Goku comenzaron a sacar las mesas al jardín, para que todos se pudiesen acomodar.

Desde lejos, Yuma los miró con cariño. Pudo observar la preciosa casa de su abuela, la Corporación Cápsula. Le encantaba ir de visita, aunque siempre añoraba su hermosa y acogedora casa, así como su hermoso jardín cultivado por su madre, lleno de flores, de peonias, de vida. Sonrió, sonrió feliz por todo lo que tenía, por la maravillosa vida que le había tocado, por ser una guerrera fuerte y digna heredera saiyan, por su grandiosa familia. Y su sonrisa se hizo más grande al ver a sus padres, salir de la casa, hacia ellos.

Trunks, galante como siempre, iba orgulloso y feliz, con su preciosa Pan del brazo. Ambos lucían felices, en su estado de gracia. Yuma sonrió enormemente al mirar a sus padres, su guapo padre, y su madre, a quien tanto amaba, en su precioso vestido blanco que ella le regaló por su cumpleaños y con su cabello negro en el precioso recogido que Yuma le hizo. De inmediato, tanto ella como Shigo corrieron hacia ellos.

Ambos de inmediato los recibieron, Pan tomó a Shigo en sus brazos, él era su bebé, su adoración. Yuma llegó y se abrazó a su madre, la amaba, la amaba demasiado, y aunque sabía que era fuerte como ella, no dudaría en asesinar si alguien la lastimase.

—¡¿No hay cariño para su padre?! —dijo Trunks divertido y muy feliz al ver a sus dos hijos pegados a su esposa. Al instante, Yuma lo abrazó y los unió a los cuatro en un precioso abrazo.

Era un día feliz, un día de celebrar. Shigo cumplía sus diez años y todos estaban ahí para celebrarlo.

Después de un rato, los demás guerreros Z comenzaron a llegar, todos unidos por una amistad y un cariño especial, así como por una responsabilidad especial por salvaguardar su planeta.

…..

—Te ves preciosa hoy, ¿Ya te lo dije?

—Sí, ya me lo dijiste… cuatro veces—respondió Pan entre risas, sintiendo como su esposo la abrazaba por detrás y le daba un suave beso en su cabello, en su mejilla, en su cuello, en sus labios.

Goten le sonrió a Trunks a lo lejos y alzó su copa hacia él, en señal de camaradería. El moreno sostenía a su bella mujer, Bra, en sus brazos, mientras ella miraba con una sonrisa de complicidad a su hermano y a su mejor amiga.

Trunks les sonrió y les devolvió el gesto, para después voltear a su mujer y tenerla frente a él. Mirarla, amarla, cuidarla, besarla.

—Pues te lo recordaré todos los días, te ves preciosa, pequeña Pan.

La morena sonrió y le dio un beso apasionado y amoroso a su amado.

Después de un rato se les unieron sus hijos.

Goten le daba un abrazo a su hija, Candy era su adoración, el saiyan le acarició sus cabellos azules reconfortándola, desde que la tuvo en sus brazos supo que la amaría infinitamente y que le daría todo su amor y protección de padre, todo el cariño, cuidados y complicidad que él no tuvo en su infancia, pero no era por eso precisamente, sino por el amor que los ojos de Candy despertaron en él desde que la cargó de recién nacida. Bra los miraba con cariño mientras conversaba con el parlanchín de Zub, ellos tres eran su familia y los amaba, los amaba inmensamente.

Por su parte, Pan no podría sentirse más feliz con sus dos hijos, sus dos bebés, y el hombre al que tanto amaba. Ellos, su felicidad, su vida, y, sin duda, su luz. Estos niños, quienes nunca habían mirado raro a su madre por no poder verlos, ellos que la amaban más que a nada, ellos eran la luz de Pan, ya no habría oscuridad, no con sus tres amores en su vida.

Estarían juntos, para siempre.


Con un bostezo, Candy miró el reloj que mostraba la pantalla de su ordenador… — 3 AM… —Suspiró con pesadez y un bostezo mientras frotaba sus párpados. Había estado trabajando con unas muestras de ADN hasta tarde, y aunque aún podría aguantar más, decidió irse a su cama para disfrutar la calidez de sus cobijas. Con pereza se deshizo el moño que había formado con sus cabellos azules, lo dividió por la mitad y trenzó ambas partes, todo en menos de dos minutos, pues su corto cabello que le llegaba por los hombros ayudaba a no perder mucho tiempo en su arreglo. Todavía recordaba cuando se lo cortó, su madre la miró con una mueca graciosa y le preguntó si estaba segura, pues tan sólo contaba con siete años. Ella asintió, aunque en el fondo se sintió un poco culpable. Fue su tía Pan quien la consoló, contándole que de chica ella había llevado el cabello incluso más corto.

Después de un rato, la joven saiyan subió las escaleras que conectaban su querido laboratorio con su cama. Amaba el laboratorio que Bulma le había construido en la corporación, aunque también el que mantenía en casa de sus padres era genial.

Se puso su pijama y se asomó por la ventana, sintiendo el frío y la soledad de la noche… sintiéndose sola. Con cautela, se acomodó en su cama, sintiéndose melancólica mientras abrazaba su serpiente de felpa. Candy suspiró, a veces sentía que no encajaba en su familia, y hoy era uno de esos días.

Ella sabía que la amaban, sin duda, pero a veces se preguntaba si había algo mal en ella… si hacía falta algo para que la miraran de otra forma… —de la forma en que miran a Yuma… —pensó muy dentro de sí, y sus ojos se humedecieron un poco.

Hace un par de años, en el cumpleaños número 13 de Yuma, Bulma sonrió encantada al recibir a su nieta, la abrazo y la mimó y le dijo que ya daba muestras de la preciosa mujer que llegaría a ser de grande —sin duda, la belleza de la familia. — le había dicho la científica con complicidad, mientras sin ser notada, en un rincón, Candy se ocultaba tras su libro de física, fingiendo no haber escuchado, fingiendo que no le importaba, que mientras ella fuera la lista todo estaría bien, que no le importaba ser el eslabón débil y no agraciado de la familia. Fingiendo como siempre…

Y sólo las dulces palabras de quien menos las esperaba le dieron un poco de consuelo…

Tú también eres muy bonita, Candy, además de muy inteligente como Bulma. —Le dijo su abuelo Goku, como quien no quiere la cosa.

Candy siempre pensó que así como Vegeta, él también prefería a Yuma, por ser la que se dedicaba a entrenar y a ser fuerte, pero esas palabras le dieron consuelo y Candy pensó que quizá, después de todo, su abuelo Goku también veía algo bueno en ella.

La peliazul sonrió melancólica, si no fuera por su padre, se hubiera dejado caer hace tiempo. Era sólo Goten, quien le daba lo que necesitaba. Él había comprendido el carácter débil y taciturno de su hija desde que era muy pequeña. Él que la amaba tanto se había empeñado en mimarla, en hacerla feliz y en protegerla siempre, siempre. Y Candy se lo agradecía en el alma, su padre también era su adoración.

Con un suspiro lleno de pesadez, se giró varias veces entre sus mantas, aferrándose a su peluche y luchando por dormir…

No supo cuánto tiempo, tal vez minutos, tal vez horas, pero no mucho, en realidad… justo cuando se encontraba en el trance de la vigilia...

Un ruido estruendoso la despertó, y con un grito ahogado, Candy se levantó de la cama, mirando asustada para todos lados. —¡Pero qué rayos…! —dijo alarmada. Con rapidez, la menor salió de su cama y salió sigilosa a ver que rayos pasaba, con cautela, tomó la pistola de laser que ella misma diseñó y guardaba bajo su cama, por si se ofrecía. Sin querer, recordó como su padre, Goten, se había reído para después mirarla con ternura y asegurarle que no era necesario, que él siempre la protegería.

Siguió avanzando por los pasillos de la corporación, temerosa sin saber por qué. De pronto, vio una silueta pasar frente a ella, casi se le sale el corazón, pero se mantuvo firme y sostuvo el arma… se le acercó… ahogó un grito.

—¡Y-YU-YU-Yuma…! —dijo Candy en un suspiro.

La menor miró el arma de la peliazul con extrañeza y le indicó que la bajara, que era ella, que estarían bien.

Se habían quedado todos a pasar el fin de semana en la corporación, y por primera vez, en mucho tiempo, Candy agradeció que Yuma estuviera ahí.

La saiyan miró con cariño el rostro afligido y temeroso de Candy y la acogió en sus brazos.

La peliazul se pegó a su prima.

El mismo ruido de antes las interrumpió de nuevo.

—Vayamos a ver…—le dijo Yuma en un susurro.

Candy asintió, sintiéndose más segura.

Ambas caminaron en sigilo… sin saber que lo que iban a encontrar iba a cambiar el curso de sus vidas, para siempre.

Bajó de su nave y por un momento sintió que la cabeza le daba vueltas. Como pudo, se salió de esta. Se revisó a sí mismo y comprobó que sus heridas ya habían sanado. Después de un rato, miró a su alrededor. Todo le era tan lejanamente familiar y tan nostálgicamente distinto. Bajó su mirada, perturbado… este era el futuro que él había creado, con base en la destrucción de su presente. Este era el universo que él había salvado….

Con tristeza, miró la Corporación Cápsula, más imponente que nunca, más grande, más brillante. Miró el cielo, limpio y puro. Nada era como en su tiempo… nada nunca sería como en su tiempo. Y no se arrepentía, nunca lo haría… de hecho, lo volvería a hacer… los volvería a salvar, aún si su futuro pagase las consecuencias… después de todo, para eso había regresado.

Trunks sonrió con nostalgia al pensar en su futuro… en sus sacrificios… y en todo lo que había pasado a lo largo de su vida. Quién se iba a imaginar que la tecnología de viajar en el tiempo iba a traer después grandes problemas… porque no sólo la fuerza… sino que también el conocimiento conlleva grandes responsabilidades.

Trunks sabía que había un nuevo enemigo… mezclándose en el pasado, cambiándolo para poner las circunstancias en maleficio de los saiyans y del universo… no sabía mucho, pero lo averiguaría… y lo combatiría. No dejaría que afectaran a otra línea temporal más, no lo permitiría. Porque no importa que tan dura se ponga la vida a veces… siempre hay que seguir adelante, siempre habrá algo por que luchar y alguien a quien proteger. Siempre.

No se daría por vencido, el primer paso era venir a esta línea temporal y conseguir ayuda. Después crearía una especie de patrulla del tiempo que no sólo combatiría la amenaza actual, sino que, aún después de su muerte, resguardaría la paz en el tiempo.

Trunks se quitó su chaqueta con el viejo logo de la Corporación Cápsula y miró al frente… entonces, sin quererlo, él mismo cambió la historia.

Frente a él, se encontraba una criatura pequeña y tímida, con cabellos y ojos azules, envuelta en una pijama rosa y abrazando a una serpiente de peluche. En lo profundo de su mirada azul hubo algo que removió el interior de Mirai Trunks, que lo hizo sentir vivo de nuevo.

De pronto detrás de la niña, apareció otra chica que sin dudarlo la colocó detrás de sí. — No la toques. —le dijo con determinación.

Mirai Trunks creyó haber visto en ese momento la perfección manifestada en ese ser de cabellos y ojos violetas, envuelto en un sensual camisón morado, casi negro.

...

Candy se quedó sin habla al ver al hombre de cabellos largos y espada frente a ella… Ya no necesitaba la ciencia, ni los libros… Sus ojos se tornaron un poco húmedos por su epifanía. Lo iba a amar, lo iba a amar mucho… o quizá ya lo hacía, lo empezaba a hacer… un fuerte sentimiento comenzó a crearse en su corazón virgen en el mismo momento en que lo vio frente a ella. Y por primera vez, Candy deseó algo con su corazón… siempre se conformó con todo, no pidió más, pues sabía que era Yuma quien recibía lo que quería. Una sonrisa melancólica y nerviosa se instauró en su rostro y sus mejillas se tornaron rosadas mientras veía al hombre frente a ella. Un vínculo comenzó a formarse en su alma.

Yuma miró al hombre frente a ella, no sabiendo qué pensar… y después, miró a su prima… vio la manera en que lo miraba, la manera en que sus facciones de niña se suavizaban mostrando por primera vez una expresión de indicios de mujer. Y entonces, Yuma, por primera vez en toda su vida, sintió celos.

Porque nada es estático… siempre habrán nuevas aventuras y nuevos enemigos. Y pase lo que pase, debemos mirar al frente y luchar, luchar para encontrar el amor a ciegas.

"Perhaps only in a world of the blind will things be what they truly are."
― José Saramago, Blindness


16/04/2015

Equis, somos chavos. YOLO. Yo tampoco sé qué es esto xDDDDDD

Quise escribir un epílogo y no sé cómo salió esto, pero se formó en mi cabeza y no pude dejar de escribir :3

Quizá les gustó, quizá no, quizá me odien xDDD dejen en los comentarios su opinión, incluso si quieren matarme xD

Pueden quedarse con este capítulo hasta antes del sueño de Candy... o sino sólo ignoren este epílogo y quédense con el final del fic.

A veces la historia se te sale de las manos, hoy me pasó eso.

En fin, gracias por leer este epílogo. Y gracias a .311, a Rouce DBZ y a Angie The Killer por sus comentarios en el final del fic.

Yo sé que esto se sale de A ciegas, que en vez de cerrar abre otro camino... pero creo que así es la vida, a veces si se cerrara un círculo sería perfecto, sería como el final de un libro... pero la vida no es así, llegan nuevas cosas que debemos enfrentar para salir adelante, siempre. Sino, sólo ignoren este raro epílogo.

En fin, les deseo lo mejor, siempre. ¡Nunca se rindan!

Apailana*