Itachi Uchiha POV
¿Se había atrevido esa pequeña chica a dejarme tirado aquí en el oasis? Pasaba ya media hora y no había ni rastro de ella ¿Quién se creía que era para dejar tirado a Itachi Uchiha? Ninguna mujer jamás me había dejado abandonado como ella se había atrevido a hacerme, todas caían a mis pies rendidas cuando yo estaba en Konoha, todas trataban de meterse bajo mis sábanas y sólo una lo había conseguido, la chica a la que maté cuando decidió ponerse en contra de la villa, mi novia, con la que estuve tanto tiempo y me traicionó, traicinar a mi villa era como traicionarme a mí, porque yo tuve que matar a todo aquel que quiso la revolución. Era asesinarlos a ellos o dejar de cumplir mi misión con la Villa, no podía dejar que hubiera tantos asesinatos, los Uchiha los habrían destrozado a todos, la villa se habría llenado de sangre de inocentes, no me quedó más remedio.
De pequeño soñaba con ser como el cuarto Hokage, llegar a lo más alto siendo tan joven, ser el mejor, proteger la villa, tener una familia, ser agradable, justiciero, sincero, valiente y capaz de hacer cualquier cosa por mi familia y por la villa, admiraba al cuarto Hokage y quizá por eso… hasta cuando Akatsuki nos había mandado capturar a Naruto, yo no podía hacerlo, porque el cuarto Hokage salvó la villa del Kyuubi, nos salvó a todos y yo no dejaría que a su hijo le hicieran daño. Aparentaba muchas veces ir tras él y siempre le dejaba ganar, me marchaba sin conseguir nada alegando que no podía contra Kakashi… pero la verdad, es que el amor que sentía por mi villa aún era demasiado grande, protegía a mi gente incluso en el exilio, protegía mi villa y no dejaría jamás que alguien le hiciera daño.
Siempre creí que me casaría con mi novia, una Uchiha, que tendríamos a nuestros hijos, que sería Hokage, que protegería la villa, que enseñaría a pelear a nuestros hijos y les inculcaría los valores necesarios para ser un buen ninja de la hoja, pero todo se había desvanecido en pocas horas, todos mis sueños se hundieron cuando decidieron los de mi clan hacer esa maldita revuelta y todo ¿Para qué? ¿Para tener control y poder? Era absurdo. Sasuke se había quedado sin familia por esa absurda idea, yo había perdido todo por esa maldita y estúpida idea. Yo no necesitaba el mundo a mis pies, sólo una mujer, una familia, a mi hermano y una Villa, no quería nada más.
Y aquí estaba ahora esperando a una mujer de Suna, a una chica rubia que habría sido capaz de dar su vida por su hermano, era igual que yo, esa chica tenía mis valores, mis sentimientos, seguramente sería la única capaz de entenderme y quería contarle todo, no porque fuera importante, me daba igual si alguna vez se sabía la verdad o no, yo sólo quería que alguien me entendiera, poder hablar… porque en Akatsuki era imposible hablar de sentimientos. Esa chica… me llamaba la atención.
Al transcurrir una hora y no aparecer esa chica, decidí ir a Suna porque estaba cansado de leer los escritos de Minato ¿Los había robado de Konoha? Es posible, pero a mí me gustaba pensar que los había tomado prestados, sólo por una razón, quería aprender sus técnicas, quería ser igual de rápido que el relámpago amarillo, quería igualar su velocidad, quería entender cómo podía utilizar la teletransportación y cuando leí sus técnicas, de verdad que era sencillo. Sé que enseñaba sus técnicas a los ANBU cuando él estaba como Hokage, pero yo no tuve la suerte de estar en su escuadrón, así que me tocaba aprenderlo por mí mismo, pero ya casi lo controlaba, los símbolos que utilizaba, esos sellos… no eran complicados, podía teletransportarme sólo me faltaba probar la habilidad… y esa chica me daba la ocasión. Tendría que ponerle el maldito sello.
Decidí ir a su casa… y pasar por todos esos guardias fue complicado, aunque claro… yo era Itachi Uchiha, llegar a la casa del Kazekage no fue muy complicado y una vez dentro, sólo tuve que buscar su habitación. El chakra la delataba y su armario aún más, aunque era una chica un poco extraña, no vi kimonos excepto uno negro mal tirado en el suelo, tampoco vi maquillaje, ni pinturas, sólo un cepillo del pelo y gomas, armas había para haber parado a un ejército y sonreí, me hice la idea enseguida de cómo era… una ninja de pies a cabeza, no se preocupaba de ella, si no de proteger a los demás, era como yo.
La vi llegar por la ventana de su habitación, venía con Naruto ¿Qué hacía ella con ese rubio hiperactivo? No lo tenía muy claro pero se veía que venía con su abanico a la espalda y su traje de combate, seguramente había pensado en venir a verme pero la habían interceptado en el camino ¿Qué podía esperarse de la hermana del Kazekage? Todos los guardias la vigilarían para que nada malo le ocurriera, era algo normal, pero supongo que ninguno pensó que yo estaría en su propia habitación.
Me escondí tras la puerta y escuché como Naruto se despedía de ella dejándola entrar en su cuarto y no lo pensé dos veces, antes de que pudiera darle al interruptor de la luz la agarré por la espalda bloqueándola y tapé su boca con mi mano cerrando la puerta. Ella se asustó, no esperaba encontrarse a nadie aquí y aunque trató de coger un Kunai de su cinturón, yo se lo impedí quitándoselo y lanzándolo al suelo. Me suplicó una vez me identificó por mis ojos, que no le hiciera nada a sus hermanos y hasta me dijo que ella haría lo que fuera, esta chica era una caja de sorpresas, pero su lágrima resbalando por la mejilla, me hizo ver que no estaba bien, aquella tristeza que había visto en sus ojos seguía ahí. La obligué a sentarse y lo hizo.
- ¿Qué quieres de mí? – Me preguntó llorando – ya tenéis lo que habíais venido a buscar, dejadnos en paz ya – me pidió.
- Quiero algo de ti – le dije
- ¿Qué? – me preguntó.
- Probar una técnica nueva contigo – le comenté.
- ¿Has hecho todo este viaje desde tu base sólo para probar una técnica nueva? – preguntó dudando.
- Sí – le dije.
- Estás loco – me dijo – sal de mi cuarto si no quieres que llame a los guardias.
- No lo harás, porque sabes que podría matar a todos en un segundo, quiero que hagas algo por mí – le dije levantándome y caminando hacia el kimono que había en el suelo – póntelo – le dije.
- No – me dijo enfadada – me niego.
- Póntelo – le ordené con voz seria y cogió el kimono de mala manera
¡Qué genio tenía! Me gustaba ese carácter duro, me iba a divertir con esta chica. Creo que me estaba confundiendo al buscar a las mujeres, no eran las de Konoha… eran las de Suna las que movían mi instinto, eran chicas de este carácter, duro, altanero, fuerte, a ella la había estado buscando. Qué bien me había venido lo del Kimono, porque necesitaba ponerle ese sello en la piel.
Se metió hacia el cuarto de baño y pegó un portazo cabreada por mi petición, no pude evitar sonreír aunque la puerta golpeó y volvió a medio abrirse. Yo no pensaba decirle nada, de hecho, estuve muy atento a cuando empezó a quitarse el vestido y aunque estaba de espaldas y veía muy poco, sí observé sus cicatrices y el moratón que le había dejado yo hace unos días en la parte baja de la espalda cuando la golpeé.
Me quedé hipnotizado mirando cuando terminaba de quitarse aquel vestido y cuando empezó a ponerse el kimono, pero cuando iba a subirlo de la espalda hacia arriba, abrí la puerta del todo y entré agarrándola de la cintura evitando que se vistiera. Se asustó al sentirme y sus manos fueron directamente a cubrirse el pecho. Sonreí, la verdad es que sólo necesitaba unos segundos tocando su cintura para poner el sello, no necesitaba más.
- No me toques – me gritó intentando apartarme y entonces observé el moratón que tenía.
- Siento lo del moratón – le dije y se extrañó parando de golpe, dejando mis manos aún en su cintura.
- ¿Qué? – me preguntó.
- Que lo siento, no quise ser tan bruto contigo.
- Matasteis a mi hermano… si no llega a ser por Naruto y su equipo estaría muerto – me dijo – sois unos desgraciados y no quiero que me toque un criminal de Konoha – me gritó y la volteé para besarla.
Se quedó completamente inmóvil, con sus manos aún cubriendo sus pechos y apoyándose en mi pecho. Le daba vergüenza que la viera medio desnuda como estaba, porque por lo menos estaba de cintura para arriba completamente desnuda y se tapaba como podía con los brazos. No se movió y creo que era para evitar que la viera, porque estaba sonrojada, con los ojos cerrados y dejándose besar.
Cogí su nuca presionándola más hacia mí para poder profundizar el beso, metiendo mi lengua en su boca buscando jugar con la de ella y la encontré, indecisa y sin apenas fuerza, sabía que le ocurría algo, no sé si la vergüenza o por otra cosa, pero no terminaba de permitirme el acceso, estaba tensa y entonces noté como la mano que tenía en su mejilla se humedecía, estaba llorando. Me alejé de ella, sabía que había hecho algo mal, no debí besarla, era solo un criminal y no querría nada conmigo, pero no había podido evitarlo, ahora lloraba.
- No… - trató de hablar y la voz se le fue – no lo vuelvas a hacer – me dijo al final – no te atrevas a volver a hacerlo, sólo eres un desgraciado de Konoha – me comentó y supe… que le había pasado algo con mi villa.
- Lo siento – le dije y no me dejó continuar hablando.
- Sal de aquí – me dijo – sal de mi habitación.
- No voy a irme hasta que no haga lo que he venido a hacer.
- Entonces prueba ya tu maldita habilidad nueva y vete – me gritó.
- ¿Qué te ocurrió en Konoha? – le pregunté y abrió los ojos como platos.
- Nada – dijo apartando la mirada.
- Yo ya no soy de Konoha – le dije – yo no tengo identidad, ni villa, ni clan, no tengo nada – le dije y pareció compadecerse de mí – yo lo perdí todo y ahora sólo soy esto que ves ante ti.
- ¿Por qué me dejaste viva? – me preguntó.
- Porque vi en ti algo especial, vi el amor hacia tu hermano, yo haría cualquier cosa por mi hermano, por eso te entiendo y creí que tú me entenderías, sólo quería a alguien con quien hablar.
- ¿Sólo hablar? – me preguntó – y yo que creía que sólo venías para ver a una chica medio desnuda – me dijo de forma borde y sonreí.
- Eso también – le dije para no aparentar ni débil ni sentimental - ¿Sabes cuánto tiempo llevo de destierro? No suelo ver muchas chicas en Akatsuki ¿Sabes? – le sonreí.
- Eres un capullo – me dijo – sólo quieres un conejillo de indias para tus... pruebas y crear habilidades.
- Acepta – le dije – ya sabes lo que puedo hacerle a tu familia si no me complaces en lo que te pido, sólo será un segundo, probar la habilidad y no volverás a verme.
- Está bien – me dijo – prueba tu maldita habilidad, vamos – me comentó cerrando los ojos como si fuera a hacerle daño y acerqué mis labios hasta su cuello besándola.
- Te veré mañana – le dije y se sorprendió cuando me vio caminar hacia la ventana.
- Pero… ¿Y tú habilidad?
- Mañana – le dije sonriendo con prepotencia.
- ¿Vas a venir también mañana? – preguntó casi cabreada.
- Vendré cuando me dé la gana… Chica de Suna – le dije.
- Temari – dijo y yo me sorprendí – me llamo Temari, no chica de Suna – aquello me hizo sonreír.
- Hasta mañana entonces… Temari, por cierto… vístete antes de que cojas frío.
- Imbécil – me gritó cuando ya me marchaba y sonreí. De verdad que me gustaba ese carácter altanero que tenía.
Salí por la ventana y me camuflé entre las sombras para salir de esa Villa. Por lo menos había conseguido algo de esa impenetrable mujer, conseguí robarle un beso, conseguí sentir su vergüenza, porque aunque parecía tan guerrera y con fuerte carácter, en realidad era una chica asustadiza y tímida, eso me gustaba, me gustaba su dulzura, su inocencia y su fuerte carácter, me gustaba todo lo que me había dejado ver por el momento.
