Itachi Uchiha POV

¿Me había utilizado? Vale no me importaba mucho mientras consiguiera que me besase… pero no me gustaba sentirme el segundo. Había tenido algo con ese ninja debilucho de la aldea de Konoha, de eso estaba seguro sino no se habría tensado como lo hizo cuando escuchó su voz, no habría vuelto más apasionado su beso conmigo, pero es que yo no quería que viera a ese chiquillo cuando me besase, quería que me viera a mí, yo ya no era un crío para estar jugando, era todo un hombre y sabía perfectamente lo que quería, la quería a ella, pero no sólo su cuerpo, la quería entera, su mente, su corazón, su cuerpo, todo.

Lo peor de todo… es que encima me fui sin ponerle el sello, el sello del Jutsu del Dios Trueno volador. Tampoco me hacía falta ponérselo siendo sincero, quería aprender esta habilidad sólo por mi hermano, básicamente porque era el único al que yo siempre quise proteger por encima de cualquier cosa. Esa habilidad me permitía trasladarme al momento a aquel lugar donde había puesto los sellos y ya la había probado, de la base a la habitación de Temari, sólo me faltaba ponerle el sello a mi hermano y a ella, básicamente por si alguna vez estaban en peligro poder llegar hasta ellos al momento.

Volví a la base y Kisame me interceptó en el camino preguntándome dónde había ido ¿Este se creía de verdad que no sabía que me controlaba? Medio Akatsuki le habría pedido que me vigilase para que no cometiera locuras, todos aquí sabían que yo por mi villa mataría si era necesario, ahora estaba con ellos porque no podía volver, tenía que ocultarle el secreto de todo a mi hermano, por nada más. Según el tercer Hokage… fui un Héroe… yo me sentía como el peor de los criminales, desterrado… exiliado y acogido en esta banda criminal a la que yo mismo habría dado caza si hubiera seguido en Konoha, sino hubiera aceptado la misión de Danzo.

Pasé de Kisame, no me apetecía hablar y es que me había afectado más de lo que quería haber visto como esa chica seguía enamorada de tipo de Konoha. ¿Cómo iba a convencerla de que estuviera conmigo? ¿Cómo iba a seducirla? Pero lo más importante… ¿Debería yo estar seduciéndola? ¿Qué iba a ofrecerle a esa pobre chica? Absolutamente nada, mi vida era un desastre, mi hermano me quería matar, Konoha me quería matar, las otras villas me querían matar… todos querían verme muerto y estaba aquí, en una base huyendo siempre de los que trataban de matarme… ¿Esto podía ser una vida para ella? No lo era. Debía ser consciente de estas cosas… yo no sería jamás un ciudadano de ninguna villa, me odiaban demasiado y ella no se escaparía conmigo para meterse aquí en Akatsuki y que todos quisieran matarla. Quizá lo mejor… era olvidarme de ella y dejar que hiciera su vida, pero no podía sacarla de mi cabeza.

- ¿Dónde estabas Itachi? – me preguntó Kisame.

- Entrenando – le mentí con mi tono más serio.

- Creía que tú no entrenabas – me dijo sonriendo.

- Pues creías mal – le dije pasando de él y entrando hacia mi habitación.

Estuve unos días pensando en todo esto, no había ido a ver a Temari, pero eso no quería decir que no la espiase, porque lo hacía. La veía entrenar con sus alumnos y mirar el cielo buscándome. Muchas noches las pasé en uno de los tejados observando su habitación, viendo como me buscaba y deseaba que apareciera, pero yo dudaba, no sabía si esto estaba bien, no quería involucrarla en mi penoso mundo. Ella tenía todo lo que yo había deseado, una villa, su familia… sus hermanos, yo no tenía nada.

Cuando volví aquella mañana a la base tras estar toda la noche desaparecido, Kisame como siempre me estaba esperando. Creo que algo intuía y también me daba la sensación de que me tenían demasiado controlado, quizá porque pensaban que si alguna vez me enamoraba, me iría de Akatsuki o a saber… pero yo sólo tuve un gran amor en mi vida… mi novia a la que maté cuando quiso hacer aquel golpe con el resto de los Uchiha. No sé si alguna chica sería capaz de volver a confiar en mí después de lo que le hice a mi novia, tampoco es que pensase mucho en empezar una relación o en enamorarme, de hecho hacía años que no había vuelto a estar con ninguna chica y aunque sé que los de Akatsuki pasaban por algunos pueblos y ligaban con alguna… o pagaban por sus servicios, yo no lo había hecho y me costaba bastante ahora estar cerca de Temari sin tener estos instintos, sin tener ganas de sexo.

Intentaba no pensar mucho en aquel chico con el que había tenido algo Temari, pero me saltaba una y otra vez miles de dudas, no sabía lo que había pasado realmente entre ellos, lo único que tenía claro… es que ella lo estaba pasando mal, porque aquellos ojos de tristeza no podían ser sino por culpa de él, le había hecho algo y aunque no sabía qué era, podía imaginarme cosas. Quizá tenía algo de celos, no estaba seguro, sabía que esa chica me llamaba la atención y que me excitaba su cuerpo, que me atraía su carácter, pero ni siquiera la conocía bien.

No salí de mi húmedo cuarto en todo el día y es que vigilar el sueño de aquella chica me robaba el mío, debía dormir por las mañanas y prácticamente toda la tarde para hacer guardia en la ventana de la chica de Suna ¿Me estaba volviendo loco? Era posible, porque ella no necesitaba vigilancia, toda Suna la vigilaba, era la hermana del Kazekage, jamás permitirían los ninjas de la aldea que le ocurriera nada, pero yo igualmente vigilaba su ventana, vigilaba que no le ocurriera nada y cuando salí aquella tarde al anochecer para ir a verla, me crucé con el pesado de Kisame preguntándome donde iba a estas horas. Mi contestación fue simple "a entrenar", siempre le decía lo mismo y al ser más rápido que él, no conseguía seguirme, así que al menos, esa chica estaba a salvo, ella era mi mayor secreto ahora mismo.

Salté al primer árbol que vi y activé mi velocidad para evitar que Kisame me siguiera y cuando estuve a cierta distancia, aún sintiendo como el chakra de Kisame estaba a mi espalda y no me dejaría seguir avanzando sin él, sonreí y saqué un Kunai con el sello grabado del jutsu del Dios del trueno que tan famoso hizo a Minato y me teletransporté a la habitación de Temari perdiendo definitivamente el chakra de Kisame, él ni siquiera se esperaría que desapareciera tan rápido, ahora estaba a unos cuantos kilómetros de distancia de mí, ni siquiera sería capaz de sentir mi chakra.

Como sospeché, Temari no estaba, seguramente a estas horas aún estaría con sus alumnos, pero no tardaría en llegar. Quise esperarla aquí, no sé si era buena idea o no, llevaba días sin haber venido a verla y entonces, cuando pensaba salir por la ventana e irme a mi lugar de siempre para velar por su sueño, escuché la voz del Kazekage que iba por el pasillo discutiendo con unos guardias.

- Encontradla – les decía – me da igual cuánto tengáis que recorrer, traed a mi hermana de vuelta.

- Señor… no sabemos dónde está – le decía uno de los guardias y me asusté un poco ¿Se había ido?

- Yo mismo la buscaré si es necesario, que salgan las patrullas que haga falta, pero traed a mi hermana de vuelta sana y salva.

Salí por la ventana en un instante y corrí por los tejados ocultando mi chakra hasta que salí al desierto. ¿Dónde buscarla? La verdad es que no era un buen rastreador de chakra, si estaba bastante cerca y en combate aún, pero así a larga distancia… no conseguiría localizarla. Corrí por el desierto buscándola con desesperación y tuve que esconderme de un par de patrullas de Suna que también la buscaban incansables.

Tras más de tres incesantes horas de búsqueda, localicé su rastro y menos mal… porque empezaba a cansarme de caminar por este maldito desierto, de gastar mis energías y de mantenerme atento a su chakra, pero venía del norte, la había encontrado y corrí hacia ella. ¿Qué narices hacía tan lejos de su casa? ¿Cómo no me había dado cuenta antes de que no estaba en la villa? Tenía que ponerle ese maldito sello de inmediato para no volver a perderla, para poder teletransportarme hasta ella de inmediato sin tener que buscarla durante tres horas.

Cuando me acercaba al lugar, escuché los gritos de ella y desde luego era ella así que apresuré el paso para verla como no… en problemas ¿Es que no podía estar sin pelear ni un momento? A este paso se parecería a mi hermano, que buscaba siempre pelea en todos los lugares. Había varios hombres rodeándola y tenía su abanico desplegado. La miré un momento desde cierta distancia, estaba cansada y no me extrañaba, había viajado demasiado lejos y aquellos hombres parecían meros saqueadores del desierto, ladronzuelos con alguna habilidad, de hecho algunos ya estaban inconscientes en el suelo y es que esa chica era de armas tomar. Sonreí, porque era increíble.

Sé que peleaba muy bien, que era fuerte y había que tenerla en cuenta, sabía defenderse, pero aunque esperé un poco para no entrometerme en su pelea, cuando la vi ya en demasiados apuros, entré al combate derribando a todos ellos en un único ataque y la cogí en brazos antes de que cayese al suelo. Se asombró de verme allí pero lejos de pelearse conmigo como solía hacer, me agradeció la ayuda con una sonrisa y eso me extrañó de ella.

- ¿Se puede saber qué haces tan lejos de casa? – le pregunté.

- Buscarte – me dijo de forma seria.

- ¿Por qué? – le pregunté – no deberías andar sola por el desierto y menos a estas horas.

- Quería disculparme contigo por lo del beso – me dijo – sé que llevas días evitándome porque te sentó mal y lo siento, no debí hacerlo.

- Vale, olvídalo. Joder estás loca – le dije de golpe

- ¿Qué? – me gritó ella a mí.

- ¿Cómo se te ocurre salir sola al desierto, ni siquiera sabes dónde está mi base y es peligroso andar sola, podría matarte cualquier criminal.

- ¿Cómo tú? – me preguntó.

- Sí – le dije y se calló

- Yo no tengo valor alguno – me dijo - ¿Qué querrían de mí? No soy de un clan prestigioso ni tengo habilidades especiales de un clan como pueden ser tus ojos, todos quieren capturarte y robarte tus ojos pero yo no tengo nada.

- Eres la hermana del Kazekage – le dije – ya sólo por eso tienes valor monetario, para llegar a tu hermano te utilizarían a ti. No hace falta que tengas habilidades especiales de un clan como yo – ella se quedó callada reconociendo que tenía verdad en eso - Voy a llevarte a casa, odio el desierto, es un maldito laberinto de arena.

- Pero… está muy lejos – me dijo pero yo sacando el kunai, me teletransporté a su habitación y se quedó atónita.

- ¿Cómo lo has hecho?

- Era una antigua habilidad del cuarto Hokage – le expliqué – era la técnica que quería probar contigo, puedo llegar en un instante a cualquier lugar que tenga mi sello. Así es como conseguía Minato moverse tan rápido – le aclaré – Creo que deberías ir a avisar a tu hermano, está mandando patrullas al desierto desesperado por encontrarte.

- Sí, vuelvo enseguida – me dijo y la bajé de mis brazos viendo como desaparecía por la puerta de su habitación hacia el pasillo.

Escuché a su hermano hablando con ella y también escuché como mandaba llamar a los guardias de regreso y les daba un día de descanso por el esfuerzo que habían hecho por ir a buscar a su hermana. En realidad creo que era un buen Kazekage y lamentaba haberlo tenido que matar, eran órdenes y yo siempre las cumplía, pero no tenía nada en su contra personalmente. Cuando volvió Temari la abracé con fuerza y puede que ella no lo entendiera, pero me había preocupado saber que había estado en peligro ¿Y si yo no hubiera llegado a tiempo? Todo el mundo estaba acostumbrado a que yo siempre hacía las cosas perfectas pero no era cierto, también había perdido compañeros, yo no era diferente a otros ninjas.

- ¿Qué te ocurre? –me preguntó.

- Quería abrazarte – le dije.

- No es eso… ¿Verdad? ¿Qué me ocultas?

Me quedé paralizado ¿Me había descubierto una mentira? ¿A mí? Yo era un gran mentiroso… y ahí estaba Sasuke para demostrarlo, él seguía queriendo matarme por lo que le hice al clan porque no se enteraba de que le había salvado, yo siempre fui un gran mentiroso, el mejor espía en Raíz, uno de los mejores ANBU de Konoha.

- ¿Te estás despidiendo de mí? – preguntó de golpe – no te atreverás – me dijo enfadada.

- Tengo que hacerlo, yo no puedo darte nada Temari.

- Me he disculpado contigo ¿Sabes lo que me cuesta pedirle perdón a un criminal? Eres un imbécil – me recalcó de nuevo y sonreí, creo que me estaba acostumbrando a que me llamase así.

- ¿Qué voy a darte Temari? Me gustaría poder venir a verte siempre, estar contigo, pero no tengo nada, solo soy como tu bien dices… un criminal, no voy a darte mi penosa vida a ti, no voy a permitir que huyas constantemente y que tu vida esté siempre en peligro, aquí estás a salvo.

- No necesito que me des nada – me dijo – sólo un rato de tu tiempo.

- Sólo podría darte mis noches Temari, cuando no esté de misión.

- Eso me basta – me dijo.

- No Temari… no lo entiendes, un día encontrarás un buen ninja que te quiera, tendrás una familia ¿Qué tendrías conmigo? ¿Sólo noches de pasión? ¿Te convertirías simplemente en mi amante por las noches?

- Sí – me dijo casi llorando – dame tus noches – me dijo y yo dudé.

- Necesitas un buen ninja que esté siempre contigo – le recalqué y cuando iba a marcharme se cogió a mi espalda con fuerza abrazándome.

- Te quiero a ti, no a otro ninja, dame tus noches – me volvió a pedir – por favor… dame tus noches.

- Temari… - traté de buscar las palabras – enserio… no puedo darte nada, no puedo darte una familia, ni estabilidad, no podría vivir contigo nunca, no quiero que seas solo mi amante a la que tengo a mi disposición sólo para satisfacerme las noches, no eres eso para mí, no quiero que te puedas sentir así. No volveré, Temari – le dije.

- Si no vuelves, saldré a buscarte, me pondré en peligro las veces que haga falta pero te encontraré y si me pasa algo sabrás que fuiste tú el que me impulsó a ello.

- Eso no vale – me dijo – sabes que ya cargo el sufrimiento por el daño que hice a mi clan, no soportaría más muertes a mi costa.

- Entonces dame tus noches.

- No – le dije arrinconándola contra la pared activando mi sharingan para intimidarla, pero ella se lanzó acercando su frente a la mía y me besó.

- Dame tu maldita noche – me dijo poniéndose seria y mira que era cabezona… me recordaba a Kushina Uzumaki… que jamás le dejó ganar ni una discusión a Minato.

- No voy a convertirte en… - no quería decirle ni amante, ni mi chica para ciertas ocasiones, sonaba muy mal – es un no – le remarqué.

- Si mañana no has venido, iré a buscarte – me amenazó y yo me fui antes de que siguiera insistiendo.