Itachi Uchiha POV

Nadie jamás en la vida me había ganado a mí en una discusión, ni siquiera mi hermano Sasuke por el que yo tenía predilección. Recordaba como ese enano me seguía a todos lados insistiendo en que entrenase con él y como yo le daba largas. Siempre tenía una excusa para él, que si tenía que entrenar, que si tenía una misión, que si al día siguiente me iba con el equipo, siempre ganaba yo, siempre acababan todos haciendo mis planes y Temari creí que iba a hacer lo mismo, pero no, ella era una cabezota, tenía un temperamento difícil de dominar y no me extrañaba en absoluto que ese otro chico de Konoha no hubiera sabido llevarla como se merecía. Esta chica lo único que necesitaba… era un chico con carácter capaz de poder ganarla en algún momento pero sin acabar con su carácter, a veces… era necesario dejarla ganar en algunas discusiones.

Habría mentido si le hubiera dicho aquella noche que no deseaba venir todas las noches a verla, sería la mentira más grande que habría lanzado en mi mentirosa vida, porque deseaba ir, deseaba verla, por eso aquellas noches que no fui, había estado en el tejado de enfrente observando, estuve vigilando su sueño para que nada ni nadie pudiera hacerle daño, ella me importaba.

Llevaba una semana entera durmiendo con ella y ahora sabía uno de sus grandes miedos, creía que yo podía tener una chica diferente en cada lugar que pisaba, ella no quería ser como las otras chicas y no lo era, yo no tenía a ninguna otra y supuse… que el que le había metido esa idea en la cabeza, era ese tal Shikamaru, la había tenido para él y la tiró a la calle, pero ahora que empezaba a volver a ser feliz, ahora que estaba conmigo… él sentía celos y quería arrebatármela, eso no lo permitiría, ese chico la había perdido y no iba a permitir que me nadie me la quitase a mí.

Esquivar a los de la organización era cada vez peor. Kisame era pegajoso, no paraba de seguirme y tratar de descifrar donde iba todas las noches y menos mal que el Jutsu que inventó Minato Namikaze funcionaba perfectamente, al menos podía ir y venir sin que nadie se enterase, aunque quizá por no querer dejar mi rastro de Chakra en la habitación de Temari, me habían descubierto saliendo de su habitación, al menos una vez, porque luego tuve mucho cuidado de no volver a salir de esa habitación sin teletransportarme.

Ahora Temari también me obligaba a despertarla cuando me marchaba y me sabía un poco mal, se levantaba pronto, se iba a entrenar a sus alumnos, volvía tarde y se pasaba la noche conmigo ¿Cuánto descansaba? Yo no quería obstaculizar su vida normal, ella necesitaba descansar.

Sonreí estando ya en mi habitación. Esa chica me encantaba y tras una semana entera durmiendo con ella, no sé si sería capaz de mantenerme cuerdo mucho más tiempo, me volvía loco esa chica. Por una parte quería dejar todo esto, quería que ella pudiera tener una vida normal pero por otro lado… me negaba a renunciar a ella. ¿Cómo me vería ella a mí? ¿Seguiría siendo un criminal de Konoha o era el héroe de Konoha? Ya ni siquiera sabía yo mismo que era, creo… que yo sólo era un mentiroso de Konoha, un espía, ni siquiera me conocía yo mismo.

Esa noche cuando me tocaba ir a la habitación de Temari, no tuvieron otro momento para interrumpirme que en este momento. Pain había convocado una reunión y me tocó ir, no pude evadirla. Me crucé en el camino con Deidara que estaba bastante molesto con su nuevo compañero, era normal, a mí también me resultaba agobiante ese Tobi. Sonreí porque desde luego el pobre Deidara ya no sabía qué hacer para quitárselo de encima.

- ¿Quieres un nuevo compañero? – me preguntó cuando pasó por mi lado y yo permanecí serio.

- No, tengo bastante con aguantar a Kisame.

- Qué suerte la mía – me dijo sonriendo y entrando a la sala casi empujando a Tobi dentro.

Sinceramente… yo no querría un compañero como Tobi, eso sí era agobiante y me daba un poco de lástima Deidara por todo lo que tenía que pasar, pero no se podía hacer nada a su favor. Entré detrás de Deidara y Tobi a la sala y allí estaba ya Kisame esperándome, como me agobiaba mi compañero. Pain al final… después de tenernos casi quince minutos aquí, nos mandó a una misión. ¿No había más equipos que teníamos que ir Kisame y yo?

Salimos de la base para realizar la misión y quise hacerla cuanto antes, no quería perder tiempo para poder ir a ver a Temari. Kisame no paró de insistir una y otra vez en el motivo de que fuera tan rápido, pero yo no dije absolutamente nada, acabé la misión y desaparecí antes sus ojos, pero ya eran casi las cuatro de la mañana cuando conseguí librarme de todo.

Me teletransporté delante de los ojos de Kisame y me dio igual, él ni siquiera podía saber qué técnica estaba utilizando para hacerlo. Le dejé allí solo, pero ya volvería a la base, no creo que fuera tan idiota para esperarme allí, porque desde luego no volvería al lugar donde nos habían mandado la misión.

Temari estaba dormida cuando llegué a su habitación y no me extrañaba, era muy tarde. Me maldije por haber tenido que ir a esa maldita misión de improviso, si me hubieran avisado antes podría haber venido a avisarla, pero no, tenían que mandarla de urgencia y total… para la chorrada que había sido creo yo que podían haber mandado a cualquier otra pareja.

Me acerqué a la cama y acaricié su cabello sonriendo. Me gustaba verla dormir aunque pocas veces me dejaba verla tan calmada, siempre intentaba mantenerse despierta cuando estaba conmigo y ahora tenía la oportunidad. Entré un segundo al baño para mojarme la cara y limpiarme un poco todo el sudor de haber corrido para hacer la misión y cuando salí, prácticamente me dio el tiempo justo a coger a Temari que se había tirado encima de mío enrollado sus piernas en mi cintura buscando mis labios para besarme.

- ¿Por qué has tardado tanto? – me preguntó sin separar sus labios de los míos.

- Una misión – le dije – lo lamento, me interceptaron cuando venía hacia aquí, no pude evitarla.

- No pasa nada, ya estás aquí.

- Sí – le dije – ya estoy contigo – le sonreí.

- Eres… un tardón – me dijo sonriendo besándome y aproveché para apoyarla contra la pared.

- Lo sé, perdona – le dije – no sabes cuánto deseaba acabar pronto para venir a verte.

- ¿Lo sospechan tus compañeros? – me preguntó.

- No tanto como lo sospechan algunos de los tuyos.

- No saben nada… aún. Se creen que vas a por Naruto.

- Mejor, esperemos que sigan pensando de esa forma.

La besé esta vez yo a ella pasando mi lengua por su labio inferior pidiéndole permiso para que abriera la boca y lo hizo dándome paso a poder jugar con su lengua. Creo que hoy no estábamos ninguno de los dos para seguir manteniendo el control, después de una semana durmiendo con ella… mi cerebro sólo podía pensar en una cosa, en tenerla para mí y no sé si a ella le ocurriría lo mismo, pero por la forma en que se había lanzado sobre mí, me imaginaba que estaba pensando igual que yo.

- Te he echado de menos – me dijo seductoramente mientras me mordía con suavidad el lóbulo de la oreja.

- Y yo a ti preciosa – le comenté con una sonrisa volviendo a besarla.

Sus manos se colaron bajo mi camiseta y subieron por mi espalda acariciándome, supe en aquel momento, que yo no aguantaría como había estado haciendo todo este tiempo, esta chica me excitaba demasiado para estar sólo manteniendo sus besos y sus caricias, cada vez necesitaba más de ella y aunque no había querido forzarla a nada, creo que era ella quien lo estaba pidiendo esta vez y lo prefería así, no quería presionarla, por primera vez… me alegré de que ella también ganase esta batalla, aunque yo aún tenía algunas dudas.

- ¿Estás segura? – le pregunté entre besos – ¿No te arrepentirás de estar haciendo esto con un criminal?

- No me arrepentiré – me dijo – te quiero a ti, eso es suficiente para mí, no eres un criminal, eres el que salvó a toda tu villa.

- Puede – le comenté sonriendo – pero esa información no podrá salir nunca de esta habitación.

- Vale.

La sostuve con mi mano izquierda contra la pared mientras besaba su cuello y desabrochaba con calma los botones que mantenían la camisa de su pijama cerrada. Podía sentir sus dedos entrelazándose en mi cabello y acariciándome. Abrí su camisa sin quitársela y pasé mis manos a su cintura acariciándola, quería disfrutar de ella porque me parecía perfecta. Aproveché teniéndola así para colocar mi sello en su abdomen y aunque la vi morderse los labios supe que no le había hecho daño, quizá fue más una sensación de gusto por sentirse mía que dolor por haberlo colocado.

- ¿Qué has hecho? – me preguntó sonriendo.

- Protegerte – le comenté y sé que no lo entendió en ese momento, pero no pensaba dejar que le pasase nada, si alguien la atacase… yo podría llegar en un momento, no dejaría que le ocurriera nada malo - ¿Te molesta? – le pregunté.

- No – me dijo – si es tuyo me da igual lo que pongas

- Ven aquí pequeña – le dije empujándola aún más contra la pared y ella gimió enrollando con más fuerza sus piernas a mi cintura.

Supongo que yo nunca había sido muy convencional, ni muy calmado en estas situaciones, tampoco era de los que tenía paciencia y menos cuando tenía una chica que me excitaba tanto como ella. Quizá estaba siendo un poco bruto pero llevaba tanto tiempo solo, tanto tiempo deseando a esta chica que no podía contenerme estando con ella.

Sé que esto no le gustaría mucho, pero con uno de los kunais acabé rasgándole todo el pantalón para poder quitárselo al estar sujeta sólo entre la pared y mi cintura. No me equivoqué, se quejó con un "Ey" pero lejos de enfadarse conmigo sonrió y me llamó bruto, quizá lo era. Bajé mi mano hacia su intimidad metiendo suavemente un dedo dentro de ella y haciéndola gemir con suavidad, tratando de morderse el labio para impedir que nos descubrieran y eso me excitaba aún más. Cuando se acostumbró a mi intromisión empecé a aumentar los dedos en su interior y a moverlos tratando de dilatarla todo lo que pude. La escuché quejarse un poco y más cuando me coloqué para entrar en ella y me di cuenta de lo que estaba pasando.

- Temari… ¿Eres virgen? – le pregunté asustado al ver sus muecas.

- ¿Hay algún problema con eso?

- Dios… - le dije – sí, que no quiero hacerlo así tú primera vez, no contra una pared – le comenté.

- Pero… me excita como lo haces.

- Sí y a mí me excita hacerlo a lo bestia, pero no la primera vez Temari.

- Pero… yo quiero que seas tú mismo – me dijo.

- Temari, mírame… tengo todas las noches del resto de mi vida para compartir contigo, lo haremos como quieras, pero hoy déjame ganar esta discusión a mí, hagámoslo a mi forma, no quiero hacerte daño.

- Está bien – me dijo desilusionándose un poco – pero el próximo día quiero que seas tú mismo.

- Te lo prometo – le comenté besándola y la cogí apartándola de la pared y llevándola a la cama.

Me tumbé encima de ella con delicadeza y la besé para calmarla mientras comenzaba a entrar con suavidad. La vi morderse los labios y poner alguna cara de dolor mientras entraba, pero no quise pararme, quería llegar hasta el fondo para que se acostumbrase cuanto antes, para ir dilatándola. Me detuve sólo cuando llegué hasta el fondo y traté de calmarla besándola y mordiéndole con suavidad el cuello y la oreja mientras ella se agarraba con fuerza a mi espalda.

- ¿Estás bien? – le pregunté.

- Sí – me respondió

- ¿Quieres que siga?

- Sí – me dijo

- Vale, relájate todo lo que puedas, dolerá menos – le comenté empezando a moverme.

La oí quejarse un poco al principio pero no tardó en acoplarse a mí, podía notar la humedad propia de cuando se estaba excitando y al poco tiempo, empecé a escuchar el cambio de su respiración, se aceleraba y disfrutaba, lentamente sustituía su dolor por placer y es cuando me moví con mayor rapidez para conseguir escucharla gemir, deseaba escucharla y al final, lo conseguí. Hacía tanto tiempo que no tenía sexo, que ni siquiera tardé en irme y tuve que acostarme a su lado preguntándole si había llegado ella, porque llegué a dudar, no había estado tan pendiente de ella como me habría gustado, pero es que tanto tiempo sin hacerlo me había hecho despistarme de algunas cosas.

- Estoy bien – me dijo – no te preocupes.

- Lo siento… enserio, creí que aguantaría más pero llevaba tanto tiempo…

- Lo sé y en realidad eso hace que me sienta mejor, porque sé que te estuviste guardando para alguien especial y eso me gusta – me dijo sonriendo y yo sonreí.

- La próxima vez será mejor – le dije.

- Lo sé – me comentó besándome y dejando que recostase mi cabeza sobre su pecho durmiéndome con ella las pocas horas que me quedaban para marcharme.

Tampoco quise preocuparla mucho, pero después de esto… sentía el latido de mi corazón descompensarse, sé que estaba fallando, mi enfermedad seguía avanzando, cada vez estaba más ciego, cada vez mi corazón estaba más débil, no sé cuánto tiempo me quedaba, pero no quería dejar de mirarla… cuando me quedase ciego, quería haber podido grabar a fuego su rostro para poder recordarla siempre. No quería contarle esto, no quería su lástima ni su preocupación, quería que disfrutásemos el tiempo que nos quedaba juntos.