Sabaku no Temari POV
Estaban completamente locos, Itachi había aparecido en mi habitación sangrando, con una astilla clavada en el abdomen y con el kunai que utilizaba para transportarse en la mano. Por mí podía decir misa sobre que estaba bien y que no me preocupase, pero claro que me preocupaba después de haberle escuchado quejarse y después de ver esa sangre. ¿Cómo narices quería que no me preocupara?
Le ayudé a ponerse en pie y ni siquiera era capaz de ponerse solo. Lo acompañé hasta la ducha y lo metí dentro abriendo el agua caliente. Puede que quisiera aparentar fortaleza, pero le veía temblar, su cuerpo temblaba sin remedio por el dolor y me daba igual lo fuerte que fuera, sentía dolor como todos, él no era diferente a todos nosotros, era humano, por mucho que se creyera superior a todos, seguía siendo humano, sufría como los demás.
Se tapaba la herida con la mano aunque el agua caía sobre él y se la aparté yo misma para comprobar la gravedad del asunto. La astilla estaba clavada hasta el fondo, no sabía ni cómo narices había llegado hasta aquí aún consciente con lo que debía estar doliendo esto. Se quejaba y no me extrañaba.
- Quédate quieto y ponte esto en la boca – le dije cogiendo una toalla y él se la colocó mordiéndola con fuerza.
Le miré un segundo, sé que esto le iba a doler mucho y también sabía que Itachi tenía en mente por qué le había dado la toalla, pero es que tenía que sacar la astilla y dolería demasiado, no podía evitar que gritase, pero podía camuflarlo todo lo posible. Menos mal que prácticamente todos habían salido a una misión y no volverían en unos cuantos días, estaban ya muy lejos de Suna, de hecho… creo que sé por qué estaba herido Itachi, habían encontrado a Akatsuki. Tiré de la astilla sacándola con cierta lentitud, más de lo que me esperaba pero es que la tenía incrustada hasta el fondo y gritó, mordía la toalla con fuerza y se agarraba con más fuerza a un trozo de metal de la ducha.
- Lo siento – le dije – lo siento mucho – le repetí arrodillándome ahora con él mientras trataba de volver a su estado de antes cogiéndose la herida que ahora sangraba más.
- No te preocupes – me dijo como pudo – tenías que sacarlo, era necesario.
- Estás sangrando mucho, debería mirártelo un médico.
- No puedo ir a ningún médico y lo sabes, me matarán, me capturarán.
- Lo sé – le dije – pero yo no sé nada de medicina.
- Yo te ayudaré con lo más básico – me comentó.
- ¿Sabes de medicina?
- Muy poco, pero cuando me fui de Konoha, tuve que aprender lo básico para poder curarme yo mismo las heridas, ningún médico volvería a tratarme. Sólo soy un criminal más, les da igual si vivo o muero, de hecho… me prefieren muerto – me comentó intentando sonreír.
- Pues mientras yo esté aquí tú no vas a morir ¿Me oyes? – le dije y él sonrió.
- Vale.
Le ayudé a lavarse toda esa sangre y luego le paré la hemorragia con una de las toallas ayudándole a tumbarse en mi cama mientras sacaba un botiquín de primeros auxilios y empezaba a curarle la herida. Tenía muy mala pinta pero aún viendo aquello, no pude evitar sonrojarme al ver su abdomen perfecto. Itachi me enseñó como terminar de curarlo y me tocó revisar dentro por si aún quedaban astillas más pequeñas y cuando acabé, lo cosí y lo vendé.
Itachi aguantó el dolor todo ese tiempo tratando de aparentar fortaleza, sé que debía estar sufriendo, pero no le dije nada, si prefería resguardarse en su coraza para evitarme a mí más preocupación estaba bien, no sería yo quien rompería esa coraza que solía ponerse para defenderse de todo y de todos.
Me acosté a dormir a su lado y es que debía estar muy cansado, no me dio tiempo a nada, se durmió enseguida y le dejé hacerlo. Tirado allí en mi cama parecía casi como un niño pequeño desprotegido que necesitaba que le cuidasen, que estuvieran encima de él cuando se ponía enfermo pero no dejaba de pensar al mismo tiempo… que era Itachi Uchiha, él siempre parecía estar por delante de todos, era uno de los más fuertes, un genio y yo… yo sólo era esta chica asustada y preocupada que trataba de ayudarle.
Me recosté pasando mi brazo por encima de su cintura teniendo cuidado de no tocar su herida para no hacerle daño y por supuesto… tuve mucho tacto para no despertarle tampoco, necesitaba dormir. Cuando me desperté a la mañana siguiente, Itachi seguía allí y eso me extrañaba, era de día y él nunca se quedaba cuando el sol aparecía, pero estaba aquí.
Salí del cuarto teniendo cuidado para no despertarlo y preparé el desayuno para subirlo a mi habitación. Por suerte no había apenas gente, todos se habían marchado a esa misión de la que supongo… venía esa herida que tenía Itachi. Sí que escuché algo de que habían encontrado a Akatsuki y que iban a por ellos, pero no me lo terminaba de creer, siempre ocultaban muy bien sus rastros, pero al parecer sí los habían encontrado.
Cuando entré en la habitación, Itachi se había despertado y lo vi en el baño mirándose en uno de los espejos mientras se quitaba la venda con mucho cuidado para inspeccionar mejor la herida. Se le estaba infectando un poco, algo normal después de lo que le había hecho y enseguida llegué para volver a curársela.
Se quejó un poco como el día de antes, pero se aguantó el dolor como pudo, intentaba no aparentarlo y es que este chico no tenía remedio. Tuve que volver a vendarle entero y reñirle para que no se quitase la venda hasta que yo se lo dijera, al fin y al cabo, era yo quien le estaba curando. Él sonrió y me hizo caso tumbándose de nuevo en la cama y dándome las gracias por haberle llevado el desayuno, así que por primera vez… desayunamos juntos y eso me hacía feliz, casi podía vernos como una familia aunque jamás la tendríamos, aunque él y yo no pudiéramos estar juntos.
- Es de día – le dije como si él no se hubiera dado cuenta.
- Lo sé – me comentó
- No te has marchado.
- ¿Querías que me fuera? – me preguntó.
- No – le dije – me gustaría estar siempre de esta forma, siempre como hoy.
- Lo sé Temari, a mí también me gustaría, pero no puede ser.
- ¿Entonces cual es el motivo de que sigas aquí cuando el sol ha salido?
- Akatsuki está dividido en este momento, todos huimos con nuestras propias habilidades y dijimos de encontrarnos en otra base al norte de aquí, tendré que ir, seguramente todos estén ya de camino a la base.
- ¿Está muy lejos?
- Sí – me dijo – no puedo llegar mediante el sello, hace demasiado tiempo que estuvimos en esa base y yo no había aprendido aún esta técnica, así que no dejé ningún sello allí, tendré que ir caminando.
- No puedes caminar con esa herida Itachi.
- Lo sé – me dijo – sería una locura marcharme, por eso estoy aquí de momento. Pero… si no llego quizá empiecen a preocuparse y no quiero que empiecen a buscarme, es una decisión complicada.
- ¿Qué les dirás cuando llegues? – le pregunté.
- Que me hirieron y necesité parar a curarla – me dijo – no sé Temari, algo me inventaré, al menos tengo un día más para estar aquí contigo.
- Recupérate entonces y luego ve hacia allí antes de que sospechen – le dije.
- Sí – me comentó besándome – pero ahora estoy aquí contigo, dejemos de pensar en todos los problemas.
- ¿cómo quieres que no piense en los problemas si casi te matan? ¿cómo narices te han dado? Tú esquivas siempre muy bien.
- No lo vi – me dijo – simplemente me pilló por sorpresa.
- A ti nada te pilla por sorpresa, siempre vas dos o tres movimientos por delante de lo que vaya a hacer el rival, eso no me cuadra contigo Itachi.
- Pues este no lo esperaba – me comentó.
Volví a agarrarme a él y fue entonces cuando sentí los brazos de Itachi rodearme para abrazarme. No pude evitar llorar, estaba demasiado preocupada por él, no quería perderle y empezaba a ver una posibilidad, eso no me gustaba nada, siempre había visto al Itachi invencible, no creí que alguien pudiera arrebatármelo de este mundo, eso jamás lo esperaba.
- Estoy bien Temari – me dijo tratando de calmarme – mírame, estoy bien, estoy aquí contigo y te quiero.
- Pude haberte perdido.
- Pero no lo has hecho, sigo aquí – me comentó.
- ¿Qué haría sin ti? No puedo estar sin ti Itachi, te quiero, te necesito a mi lado.
- Temari… soy un ninja y eso quiere decir que siempre estamos poniendo nuestra vida en peligro.
- Tú no, eres Itachi Uchiha – le dije – tú siempre eres muy fuerte.
- Soy fuerte Temari, pero no soy invencible, algún día alguien podría matarme, alguien acabará conmigo, es la vida que elegimos, tú también la elegiste.
- Lo sé, pero no quiero perderte.
- Temari, no lo hagamos más difícil, sabes que no puedo dejar esta vida, sabes perfectamente cuánta gente hay detrás de mi recompensa, no puedo evitar que la gente quiera matarme, soy un criminal.
- Me has asustado – le dije de golpe llorando – me has asustado mucho.
- Estoy bien Temari, estoy bien – me repitió tratando de calmarme y entonces cogió mi rostro elevándolo para besarme.
Jamás imaginé que me preocuparía tanto si un criminal de rango S de la villa de Konoha viviera o moría, nunca imaginé que me importaría tanto salvar a Itachi Uchiha, asesino de todo su clan, pero ahora mismo… parecía tan irónico todo, me había enamorado de alguien que había asesinado a todos los de su clan por una misión, por su villa, por defender a su hermano, me enamoré del que había capturado a mi hermano para que su organización lo matase, trataba de salvar a un criminal que ahora lo veía como casi un héroe, la vida era demasiado impredecible, tanto… como la vida y la muerte.
- Itachi… te quiero – le dije
- Y yo a ti.
- Sé que no puedo impedir que te vayas, sé que este es el camino que elegiste… pero… no soporto ver como das tu vida siempre por los demás, tu sacrificio es demasiado.
- Mi sacrificio da felicidad a la villa, mi sacrificio hace que Sasuke viva, mi sacrificio ha hecho posible que te conozca – me dijo – no me importa cuántos me vean como ese criminal mientras tú sepas la verdad, mientras pueda volver aquí y sentirme seguro contigo.
- Conmigo siempre estarás a salvo Itachi, yo no dejaría que nadie te hiciera daño.
- Lo sé Temari, pero eso es algo mío, yo soy quien te protegerá de esto, no tienes la culpa de haberte enamorado de un criminal como yo y sé que estarás en peligro en algún momento, no quiero ponerte en peligro.
- Me da igual el peligro e incluso la muerte si estoy contigo para la eternidad Itachi.
- Yo no soportaría que te sucediera algo Temari, ya tengo las manos demasiado manchadas de sangre, no quiero añadir tu muerte por mi culpa. Sabes que te amo, pero tenemos que tener cuidado si quieres que sigamos con esto.
- Si quiero – le dije – quiero que sigas dándome tus noches, pero hoy… dedícate a descansar, yo cuidaré de ti esta noche.
- Vale – me dijo y como solía pasar, yo me salí con la mía.
Itachi se quedó aquel día entero aunque no pudo salir de mi habitación. De su herida me ocupé yo y esa noche, también decidió quedarse, pero al alba se marchaba de nuevo a buscar la base de Akatsuki, esa base en la que todos habían quedado después de que se dispersaran para salvarse de la emboscada.
